domingo, 17 de febrero de 2013

La juguetería errante (Un misterio para Gervase Fen); de Edmund Crispín

"-También podríamos jugar un rato mientras esperamos-dijo Fen, que todavía tenía una buena cantidad de whisky en su vaso-. ¡Personajes de ficción detestables! Ambos jugadores deben estar de acuerdo en la solución, y cada jugador tiene cinco segundos para pensar en un personaje. Si  no lo consigue, pierde el turno. Deben ser personajes que el autor haya intentado que resulten simpáticos."
SINOPSIS
Cuando el poeta Richard Cadogan decide pasar unos días de vacaciones en Oxford tras una discusión con el avaro de su editor, poco puede imaginar que lo primero que encontrará al llegar a la ciudad, en plena noche, será el cadáver de una mujer tendido en el suelo de una juguetería. Y menos aún que, cuando consigue regresar al lugar de los hechos con la policía, la juguetería habrá desaparecido y, en su lugar, lo que encontrarán será una tienda de ultramarinos en la que, naturalmente, tampoco hay cadáver. Cadogan decide entonces unir fuerzas con Gervase Fen, profesor de literatura inglesa y detective aficionado, el personaje más excéntrico de la ciudad, para resolver un misterio cuyas respuestas se les escapan. Así, el dúo libresco tendrá que enfrentarse a un testamento de lo más inusual, un asesinato imposible, pistas en forma de absurdo poema, y persecuciones alocadas por la ciudad a bordo del automóvil de Fen, Lily Christine III.

Rebuscando Entre montones de libros me topé con este, con el cual acabé un año y empecé el siguiente. No me van mucho la historias de detectives, pero de vez en cuando alguna cae, sobre todo si tienen un aire original. Como esta. Con ese título, yo no sabía si imaginarme una juguetería mágica o una juguetería sobre ruedas. La verdad es que no tenía idea de qué me iba a encontrar, pero intuía que no sería una historia de las del montón. Y no lo es.

Me ha recordado mucho a cuando conocí por primera vez a Sherlock Holmes: tal vez por ese ambiente antiguo e inglés. "Las novelas de Crispin  no podrían ser más british ni aunque vinieran acompañadas de fish and chips"; reza una acertada cita de New York Times en la contraportada. Sin embargo, difiere en muchos aspectos de las novelas de Conan Doyle y creo que, si tuviera que elegir, me quedaría con Gervase Fen. Es uno de esos personajes que derrochan carisma, el alma de la historia

Tal vez no haya leído esta novela en las mejores circunstancias, asediada por exámenes y sin apenas tiempo, por lo que ha habido momentos en que la lectura quedaba estancada y al retomarla perdía un poco el hilo de lo anterior. Pese a todo he pasado buenos ratos con ella pues, además de mantener el interés por el propio conflicto que presenta, contiene otros elementos como son el humor o las continuas alusiones al mundo de la literatura. Y entre unas cosas y otras, cuando uno no está intrigado por saber cómo se resolverá el crimen, está entretenido conociendo algún estrafalario personaje o divertido ante las ocurrencias de los protagonistas y las perlas que sueltan por la boca.

El primero que entra en escena no es Gervase Fen, sino Cadogan, un poeta famoso que, tras una discusión con su editor, decide que necesita unas vacaciones y que va a pasarlas en Oxford. Cadogan está hastiado de su monótona rutina y desea vivir alguna aventurilla. A quien quiera que sea el encargado de cumplir su deseo, la cosa se le va de las manos ya que, en su primer día de vacaciones, Cadogan aterriza en el escenario de un crimen. A quién se le ocurre entrar en una juguetería oscura con una puerta abierta y chirriante.

Cadogan y su viejo amigo Gervase Fen, personalidad estrafalaria que ejerce como profesor en la Universidad de Oxford, se unirán con el objetivo de desentrañar los hilos de la insólita situación. Y es que tras acudir a la policía para denunciar el asesinato, Cadogan pierde toda su credibilidad de persona cuerda: lo que el creía era una juguetería con un cadáver en su interior, es ahora una tienda de ultramarinos de lo más normal. Y encima, la puerta no chirría.

Entonces los acontecimientos se precipitan en un tiempo más corto de lo que en principio le pueda parecer al lector. Por un pequeño plano de la ciudad de Oxford (que se incluye en las primeras páginas del libro) y también un poco más allá, empieza a pasearse un desfile de personajes variopintos y peculiares. No solo "poetas fisgones" y "profesores problemáticos"; también "abogados parlanchines", "janeaustenianos indignados", "ilustres camioneros" o "médicos neuróticos", entre otros, dan nombre a los capítulos. Sospechosos, implicados. ¿Quién es el asesino? Esa es la pregunta que se resuelve al final y, sin embargo, no es lo que más sorprende de esta historia.

Es graciosa la forma en que el autor crea ambiente, y lo digo pensando sobre todo  en Mace&Spectre, el bar en el que transcurren varias escenas. Todo establecimiento de estas características tiene sus clientes habituales, y este no va es menos: así, entre las conversaciones de los protagonistas intercala el autor las del resto de parroquianos. Resulta especialmente inolvidable la forma en que Hoskins, estudiante del college que frecuenta también el Mace&Spectre, se relaciona con las jóvenes. Incluso los personajes secundarios tienen su toque de gracia, sus muletillas características.

Me ha gustado la forma elegante en que está narrada y las notas a pie de página que incluye, muy necesarias para entender muchos de los diálogos, que con frecuencia se refieren a obras literarias y autores que yo al menos no conocía, así como otros datos anecdóticos.

Pequeños detalles son los que hacen de esta una peculiar novela de detectives, ideal para pasar el rato, sonreír, aprender curiosidades literarias (¿habrá quien aumente su lista de lecturas pendientes?)... y conocer a Gervase.
3,5