miércoles, 15 de febrero de 2012

El cielo es azul, la tierra blanca; de Hiromi Kawakami

"Cuando giré la cabeza, ahí estaba el maestro. Llevaba una chaqueta ligera que parecía abrigar y su inseparable maletín en la mano. Estaba de pie, tieso como de costumbre.
-¡Maestro! ¿Qué está haciendo aquí?
-He salido a dar un paseo. Hoy hace una noche espléndida.
Me pellizqué el dorso de la mano para asegurarme de que aquello no era un producto de mi imaginación, y me dolió. Por primera vez en mi vida, constaté que el truco de pellizcarse para comprobar que uno no estaba soñando funcionaba de verdad.
-Maestro-lo llamé en voz baja, todavía sin acercarme.
-Tsukiko-respondió él. Sólo pronunció mi nombre."

SINOPSIS
Tsukiko tiene 38 años y lleva una vida solitaria. Considera que no está dotada para el amor. Hasta que un día encuentra en una taberna a su viejo maestro de japonés. Entre ambos se establece un pacto tácito para compartir la soledad. Escogen la misma comida, buscan la compañía del otro y les cuesta separarse, aunque a veces intenten escapar el uno del otro: el maestro, en el recuerdo de la mujer que un día lo abandonó; Tsukiko, en un antiguo compañero de clase. Con una prosa sensual y despojada, Kawakami nos cuenta una historia de amor muy especial: el acercamiento sutil de dos amantes, con toda su íntima belleza, ternura y profundidad. Todo un descubrimiento literario.

Es una pequeña gran historia. Sus 210 páginas son capaces de enamorar, entretener y apaciguar. Son un remanso tranquilo, un camino sin sobresaltos con un final que, en el fondo, el caminante-lector ya conoce. Es el ejemplo perfecto de que "no es tan importante lo que se cuenta, como la manera de contarlo", y de "cómo transformar un argumento simple en una narración emocionante". Es, en definitiva, literatura japonesa; esa literatura en la que los hechos más cotidianos se nos revelan no sólo importantes y dignos de contar, sino también hermosos.

A mi me ha conquistado poco a poco, lo cual tiene su mérito si se tiene en cuenta su corta extensión. Lo encontré en la librería de mi casa (una reciente adquisición de mi progenitora), y me atrajeron su fino perfil y elegantes colores, su lomo delgado entre los orondos libros que suelen poblar por lo general la estantería. Solo con ojearlo y leer el principio, decidí que sería mi próxima lectura, y cuando terminé con El baile de los secretos así lo hice (aunque ya había leído unas cuantas páginas del primer capítulo en varias incursiones previas).


Los capítulos tienen un título sugerente y una longitud muy cómoda. En ellos, se narra el acercamiento paulatino, o más bien el caminar paralelo y sutilísimos roces, entre un maestro y su antigua alumna. ¿Es una historia de amor como reza la portada? Tal vez, pero muy poco usual. Hiromi Kawakami hace que sea el propio lector quien intuya ese amor, sin llegar apenas a expresarlo directamente. Maneja a sus personajes de manera que son sus gestos, acciones y palabras los que nos hacen intuir una relación que, muy paulatinamente, se va perfilando, pero que rara vez llega a hacerse completamente palpable. Eso otorga a la narración su mayor atractivo, mantiene en vilo al lector, aguanta su aliento por momentos para de repente expulsarlo en una exclamación de sorpresa o en una risita incrédula. Y, latente entre las palabras, se agazapa la belleza de la sencillez.


Como dije, me atrapó poco a poco: al principio era un libro normal y corriente, pero cuando me quise dar cuenta me había embrujado. Me encanta esa sensación que producen algunos libros que, mientras no los lees, estás continuamente echándolos de menos. De alguna manera, viven dentro de ti.

Es algo difícil de explicar; por eso voy a mostraros algunas citas con las que me siento más identificada: 
El cielo es azul, la tierra blanca es una de las historias de amor más bellas que he leído en mi vida. No me refiero a uno de esos amores cursis y pretenciosos que proliferan tanto en cierto tipo de libros, sino a algo mucho más profundo y real, la lenta y sólida relación de dos seres solitarios, necesitados el uno del otro, capaces de encontrar la ternura y de compartirla con el amado en medio de los más pequeños gestos cotidianos, comer, beber, dar un paseo, sentarse junto a una ventana en la oscuridad... Y narrado de una manera tan delicada, tan justa, que parece un pedazo de vida real –quizá lo sea– pintado en un lienzo y ofrecido a nuestros ojos para ayudarnos a ser más sabios. Léanlo y disfruten”.Ángeles Caso, La Vanguardia.
“Lo que Hiromi Kawakami cuenta es tan carnal, hermoso y estimulante para el lector, que no exige ser más explícita. Su misterio radica en el extraordinario poder alusivo de la escritura, legado de los grandes artistas de la narrativa japonesa moderna. Sin duda.”Robert Saladrigas, La Vanguardia
“Esa gradación contenida, demorada, es quizá el mayor encanto de una novela que deja un poso de sosiego y armonía, que propugna por encima de la aridez y la soledad una reconciliación con la vida.”Carlos Martínez Shaw, El Periódico

La autora (sí; Hiromi es un nombre femenino), nacida en Tokio, estudió Ciencias naturales y fue profesora de Biología hasta que en 1994 apareció su primera novela. Sus libros han recibido los más reputados premios literarios, que la han convertido en una de las escritoras japonesas más leídas. 
Esta novela es su primer libro traducido al español, recibió el Premio Tanizaki y fue llevada al cine con gran éxito (por más que he buscado, he podido encontrar poco rastro de la película a excepción de esto). Su título original, Sensei no kaban, significa algo así como La maleta del maestro (aunque leí en un blog que kaban no solo se refería a maleta, sino a todo contenedor de objetos personales).
En español tiene publicados otros dos libros, uno de relatos y otro al que ya le tengo echado el ojo: Algo que brilla como el mar.

Ahí lo dejo caer.

domingo, 5 de febrero de 2012

El baile de los secretos; de Jesús Cañadas

"Gabriel, desde la puerta, mira la nieve en la ventana.
—Debo reconocer que me has sorprendido, Javi.
La nieve.
—¿Por qué?
En la ventana.
—Has actuado estupendamente. No te ofendas, pero al principio dudaba si darte un personaje tan relevante como Tasianara. Me alegra ver que lo has llevado a la perfección.
[...]
—Entonces, ¿qué es lo que me va a suceder?
—Vas a morir.
—¿Cómo? —pregunta, escandalizado—. Tío, pero si vamos muy bien. ¿Precisamente ahora quieres matar a mi personaje?
Gabriel apaga la luz.
—No he dicho nada de tu personaje.
La nieve se arremolina en la ventana."
SINOPSIS
Algo oscuro se ha desatado sobre la ciudad de Mandressla. Una horda de monstruos recorre las calles amparados en un manto de niebla roja. Zeppelines vivos sobrevuelan los tejados, arrastrando cementerios ambulantes bajo su sombra. Un relojero loco ha robado el tiempo y lo ha escondido. Niños ciegos se esconden en la oscuridad bajo sus camas y escuchan las historias que cuentan los muertos. Hombres de ceniza protegen las lágrimas de desamor de la ciudad. Es el fin.
La única esperanza reside en un puñado de desconocidos provenientes de un lugar siniestro y maldito; un lugar llamado Tierra. Sólo ellos pueden ponerle nombre a la enfermedad que devora a Mandressla. Sólo ellos pueden terminar con el baile de los secretos.
Este va a ser difícil. Mi primer encuentro con El baile de los secretos fue peculiar, pero también fue amor a primera vista. He aquí el lugar de los hechos: ¡aquí, aquí! En fin, que cuando leí el dossier se me cayó la baba con la impresionante prosa del autor. Me arrodillé ante él y no me pude quitar el sombrero porque no tenía. Y la impresionante prosa anidó en mi cerebro, y creció y creció, y creció aún más cuando leí, también de mano de Galtzagorri, su reseña.
Pedí en la Fnac que me lo trajeran, porque no lo tenían en stock, y esperé ansiosa. Sólo lo conocía por fotos en internet, ¡nunca lo había visto en persona! Así que cuando me dijeron que ya podía ir a recogerlo, fue como tener una cita con un libro.
Lo instalé con sus compañeros en un apartamento del segundo piso de la librería de mi habitación, y allí vivió apaciblemente hasta que encontré un hueco para leerlo.

El prólogo y al menos parte del primer capítulo lo había leído ya en este anticipo, pero fue igualmente placentero leerlo de nuevo. A propósito, el prólogo, esa parte de los libros que tanta pereza da leer a veces, me encantó (y además aprendí una nueva palabra: mingitorio).

Me gustaría decir que no me ha decepcionado, pero no es así. Tampoco puedo decir que me haya desencantado del todo. El baile de los secretos tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Lo bueno es que posiblemente la parte mala depende del lector, más en concreto, de su capacidad de comprender y de extraer con eficacia los dobles sentidos que (estoy casi segura) este libro esconde. A lo mejor, no basta con una única lectura para llegar a entender por completo El baile de los secretos.

El dossier no engaña: la prosa es perfecta. Sublime. No os vayáis a creer que han puesto ahí los cuatro mejores fragmentos del libro para haceros caer en la trampa. No, de esos (o mejores) los hay a montones. En cada capítulo. Párrafos que de bonitos te hacen volver a su primera palabra para releerlos. Y también los diálogos están muy bien logrados, recogiendo la tensión de cada conversación de una forma que a mi me ha encantado.

Lo que ha fallado en mi caso es que no me enteraba bien de lo que pasaba. El argumento (que, por cierto, también me ha sorprendido, pues no esperaba algo así) gira en torno a un grupo de viejos amigos que se reúnen después de varios años para jugar una partida de rol. A partir de ahí, se alternan los capítulos que narran la vida real con aquellos que relatan la historia que se va desarrollando a lo largo de la partida. Sin embargo, finalmente y de forma paulatina, la separación entre ficción y realidad se va diluyendo. A mí me encantaban los capítulos "reales", pero cada vez me desconcertaban más el resto (que, por cierto, eran los más largos).

Primeramente lo que me costaba era hacerme con los nombres y las identidades de los personajes fantásticos. Tuve que hacer un esfuerzo mental en el primer capítulo para unir ideas tales como Melquíades=nictomante=titiritero o Aisaan=suplicante. De repente aparecen un montón de palabras nuevas que no sabemos exactamente qué significan. Además, y esto me llevó varios capítulos y aún no sé si llegué a conseguirlo al finalizar el libro, estaba el hecho de asociar los personajes fantásticos a sus respectivos intérpretes de la vida real. No sé si esto le habrá pasado a más gente, o simplemente se trate de mí y mi dura mollera.

Después, ocurrían cosas cuyo sentido no me explicaba. Seguía leyendo con la esperanza de aclarar mis dudas, pero lo único que encontraba eran más dudas por el camino. No podía desembarazarme de la sensación de estar perdiéndome algo, de que había un sentido global que se me escurría de los dedos. Y es que juraría que El baile de los secretos es una gigantesca alegoría del amor, y me hubiera gustado captarla en su totalidad.

Como conclusión, diría que pese a lo anterior me ha gustado descubrir este libro. Una historia no sólo es especial por lo que cuenta, sino por la manera en que lo hace y por lo que logra transmitirte. Y, aunque sólo hayan sido ideas sueltas, me ha transmitido y, sobre todo, creo que va a influirme mucho ese modo de unir palabras que tiene Jesús Cañadas.

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