viernes, 28 de febrero de 2014

Pequeño teatro; de Ana María Matute

"Las cosas no se quedaban a su lado. Las cosas huían de ella, irremisiblemente. Zazu iba a rastras del amor, con su gran sed, con sus pies descalzos y sus manos vacías. Zazu pensaba siempre en el amor, y nunca había amado a nadie. El cuerpo de Zazu era un cuerpo duro y bello, un cuerpo delgado y casi adolescente, donde la sangre era como una oscura línea de fuego, oculta y siniestra. Zazu tenía un cuerpo apretado y sencillo, un cuerpo ahogadamente ceñido a sus caminos de sangre, como largos ríos de sed. Zazu tenía un pequeño cuerpo amargo y triste, que la empujaba dulcemente, que la empujaba fatalmente. Ella amaba su delgado cuerpo, fino y oscuro, su cuerpo tierno y frágil, su cuerpo desoladamente vencido. Ella amaba su cuerpo y sentía piedad por él, como se apiada uno de los perros perdidos que gimen en las cunetas, como se siente piedad por los gritos de los niños que sueñan en naufragios. Zazu odiaba su cuerpo, porque era cruel e indiferente, como las palabras de los niños, porque era agudo e hiriente como los aullidos de los perros."
SINOPSIS
Teatro de títeres: humildes muñecos movidos por la destreza de un anciano bondadoso... Pero seres humanos también, seres humanos que palpitan y bullen en la ciudad, dejando al descubierto sus propias miserias, sus inclinaciones, sus torpes sentimientos, sus mezquindades, sus odios, sus reacciones... En torno a un adolescente desamparado, agítanse las pasiones de seres cuyas ruindades - fantochadas, hipocresía, ambición, crueldad, sueños engañosos - adquieren, a lo largo de la narración y por la lograda delimitación de los personajes, caracteres de símbolos, aunque sin perder en ningún momento su condición humana. Un hálito poético, como corresponde a la fina sensibilidad de la autora, anima todas las páginas de esta interesante novela, galardonada con el Premio Planeta 1954.
Me enamoré de las letras de Ana María Matute con la lectura de Olvidado Rey Gudú, y por eso no quise perder de vista sus obras. Así que cuando me encontré esta antigua edición de Planeta por 1 euro en la cuesta de Moyano, me lo compré como quien se compra un dulce (que a nadie le amargan). Así pues, tenía puestas ciertas expectativas en Pequeño Teatro. No muchas, porque me sonaba haber leído opiniones moderadas sobre ella, pero sí las suficientes como para haberme llevado una pequeña decepción. Y no por sus letras, que siguen enamorando con sus sensibles combinaciones, sino por la historia, de la que he sacado poco en claro.

No creo que pueda decir mucho de la trama, porque o bien no la hay como tal, o bien no he sabido seguirla. Sí que hay un final, pero los acontecimientos que ocurren antes del mismo me han resultado caóticos y algo repetitivos. Aunque también es cierto que la vida puede ser así: caótica y rutinaria. 

La novela comienza situándonos en un pequeño pueblo pesquero llamado Oiquixa, un escenario que invita a la tranquilidad y a la nostalgia, y que nos hace evocar continuamente el sonido de las olas de fondo

Y si el nombre de la población os ha resultado tan curioso como me lo pareció a mí, el del protagonista, Ilé Eroriak, no es para menos. En realidad, algo que me ha gustado de Pequeño Teatro ha sido la originalidad y musicalidad de algunos nombres propios. Ilé es un sucio y pobre muchacho que vagabundea por las calles de Oiquixa, más dado a escuchar que a hablar. Al principio su único amigo es Anderea, un titiritero, pero Ilé también sirve de enlace para que conozcamos al resto de "marionetas" de este Pequeño Teatro. No son muchas: el extranjero Marco, de carácter complejo y que despierta el interés de los lugareños; Kepa Devar, melancólico hombre de negocios y propietario del mejor hotel de Oiquixa; su hija Zazu, que no conoce o no entiende el amor; y las dos tías de la misma. Y me parece que no me dejo ninguno, a excepción de algún que otro secundario que forma más parte del escenario que del reparto. A veces me identificaba mucho con algún personaje, y otras no comprendía en absoluto sus sentimientos o actuaciones, no sabía si las cosas eran ciertas o todo una gran mentira en la que unos manejaban los hilos de otros... ¿Será, de nuevo, un reflejo de la vida real, de la complejidad del ser humano?

Creo que la mayor riqueza de esta novela reside en el lenguaje, en las sensaciones que puede llegar a transmitir a través de lo que piensan o sienten sus personajes. Es verdad que tiene párrafos con gran fuerza, evocadores, preciosos, delicados, profundos. Pero más allá de eso, no he encontrado demasiada solidez en el todoPuede que si navegara un poco por la red (o hiciera una segunda lectura más atenta) pudiera hacer una interpretación más apropiada de todos los significados y mensajes escondidos de este Pequeño Teatro que se me han podido escapar...

En definitiva, si yo fuera vosotros, si tuviera la oportunidad de acercarme de nuevo a esta novela desde cero, lo haría no con la idea de disfrutar de una historia atrapante sino, más bien, de saborear una prosa hermosa, que a veces se hace poesía, porque en eso si que no me ha fallado Ana María Matute. 

Y a vosotros, ¿qué os parece la autora? ¿Habéis leído algo de ella? Me parece que mi próximo intento será con su novela Luciérnagas.

domingo, 16 de febrero de 2014

Maldito chino; de Paco López Mengual

"Dejó caer la cortina y se dirigió muy despacio, casi arrastrándose, hacia la cama. Decidió acostarse y cerrar los ojos para espantar los temores. Ni siquiera se distrajo pensando en los problemas de España. A veces, repentinos ataques de cordura le llevaban a considerar ridículos los asuntos que tanto le obsesionaban durante el día.
Como ocurría al término de cada jornada, Ricardo se dormía en la angustia de la noche para despertar con un día lleno de actividad por delante. El sol volvía a despertar otro Licenciado Beltrán distinto al que se había acostado; un Beltrán vigoroso, vivo; con ganas de sentarse en la taza de un retrete a leer a Cortázar, de escribir artículos, de desahogarse ante un espejo, de regenerar el país.
Quizás para vivir tan intensamente el día era necesario morir por la noche."
SINOPSIS
Al igual que otras mascotas del barrio, Sansón, el chihuahua del Licenciado Ricardo Beltrán ha desaparecido sin dejar rastro. Su dueño, un hombre culto, obsesivo, admirador a ultranza de la obra de Arturo Pérez-Reverte y que sueña con la regeneración de España, centra las sospechas por las extrañas desapariciones en el chino que regenta el restaurante instalado en los bajos de su mismo edificio. Durante nueve frenéticos días –los mismos que restan para la presentación de la nueva novela del escritor cartagenero-, el titánico esfuerzo realizado por Beltrán para recuperar con vida a su mascota irá desencadenando una serie de acontecimientos y terribles confusiones, en las que se verán involucrados un grupo de nostálgicos del franquismo y un altísimo cargo del Estado, que lograrán colocar a España al borde del abismo.
Llevaba tiempo detrás de una obra de Paco López Mengual. Había pensado más en sus otras novelas, El mapa de un crimen y El último barco a América. Pero quiso el destino que esta se cruzara antes en mi camino, pues el año pasado el autor tuvo a bien venir a presentárnosla a los madrileños, y una no le dice que no a la oportunidad de una tarde literaria y un ejemplar firmado. La tarde, además de literaria, fue lluviosa y desapacible. Pero los asistentes a la presentación nos resguardamos en la calidez de la sala y de las palabras de los presentadores, y tanto el escritor como su "oriental" acompañante nos hicieron pasar un rato divertido.

Creo que la descripción que aparece en la contraportada, la de "Una novela escrita con humor y mala leche", es una perfecta definición para Maldito chino. Yo no lo sabría describir mejor. Y he apreciado ese humor y esa mala leche, y también un derroche de ingenio para lograr ambas cosas, pero (qué puñeteros son los peros) he tenido la sensación de no sintonizar del todo, de no estar en la onda en algunas ocasiones. Creo que ha sido culpa de Franco. (Lo de Franco va en serio. Maldito chino tiene un trasfondo político y en él adquiere la figura del dictador una importante relevancia. Pues resulta que uno de mis "defectos de fábrica" es que esa temática no me va mucho, y creo que ha influido en que no terminara de conectar.)

Los personajes están como una cabra (¡ahora no se me ocurre uno ni un poquito normal!). Son una caricatura en toda regla, tanto ellos como las situaciones que viven. Según leía, me lo imaginaba todo como una de esas películas de Mortadelo y Filemón (cierto artilugio podía ser perfectamente un invento del profesor Bacterio). Y lo escribo antes de recordar que la contraportada reza precisamente eso: "Una comedia gamberra con influencias de Wilt, La conjura de los necios, Lo mejor que le puede pasar a un cruasán e, incluso, Don Quijote de la Mancha. Todo ello condimentado con pinceladas de aventuras de comics- Mortadelo y Filemón- y unos gramos de cine casposo- Torrente-." Vamos, que lo que dice la contraportada va a misa. Porque aún hay más: aunque leí La conjura de los necios hace ya tiempo,¡indudablemente ese Ricardo Beltrán trae a la memoria a Ignatius Reilly!

En fin, si me pusiera a hablar de los personajes no terminaría nunca y os perderíais la emoción de conocerlos uno tras otro, a ellos y a sus rarezas: el carácter rebelde del Licenciado Beltrán con sus artículos y "Cartas al director" para el periódico El Matutino, la disparatada lucha que emprende para recuperar a su queridísimo chihuahua desaparecido, los extraños rituales de su tía (con la que vive) a la hora de acostarse, la locura homicida de su amigo Antón... El etcétera es largo, porque como ya he dicho son todos unos raritos, y quien no lo es lo termina siendo por contagio. Personalmente no he podido sentir empatía por ninguno, aunque supongo que de haberlo hecho sería preocupante, porque creo que el verdadero objetivo es el humor puro y duro y desvergonzado y sin pudor. Y cuidado los que os escandalizáis con facilidad: abundan los actos deplorables y los pensamientos impuros.

Hablaba sobre lo caricaturesco de las situaciones. Una parte que aporta mucho dinamismo a la novela es el hecho de que nunca sabes qué va a ser lo siguiente que pase, pues es inmenso el abanico de posibilidades que ofrece lo rocambolesco. No es que cualquier cosa pueda pasar, porque existen leyes físicas, aunque incluso estas son a veces violadas en esta novela para introducir una pizca de realismo mágico y nos encontramos, así, con objetos imposibles y poderes místicos. 

En general, las letras consiguen sin excesiva dificultad hacerme llorar (y de un tiempo a esta parte, me he hecho más sensible), pero cuando se trata de arrancar sonrisas tienen que esforzarse más (para las carcajadas, ya ni os cuento). Y, pese a mi incompleta sintonización con Maldito chino, sus letras me han hecho sonreír más de una vez, y bastantes veces si se tienen en cuenta las sonrisas internas, que aparecen en la mente pero no llegan a curvar los labios.

Pongo como ejemplos el uso que Ricardo Beltrán le da a los libros de Cortázar (y que me hizo rabiar aun sin gustarme especialmente lo que he leído del escritor), su devoción por Arturo Pérez Reverte (de éste no he leído nada) y la aparición del mismo como personaje, la forma en que el autor se las ingenia para aparecer entre las páginas de su propia novela, o el misterioso mundo oculto de los chinos que el avance de la trama va desentrañando. Y, para terminar, un más que acertado desenlace a la altura de la comicidad del resto de la novela.

Creo que Maldito chino no sólo puede hacer reír a mucha gente, sino también carcajear: aunque yo no haya sabido o podido aprovechar bien ese potencial, sé que otros lectores lo han pasado en bomba con las andanzas y pensamientos de Ricardo Beltrán y el resto de los personajes que pululan por sus páginas. Así que, si queréis pasar un rato divertido, y no pertenecéis a ninguno de los (innumerables) grupos de riesgo listados en la Nota del Autor (como los funcionarios, los católicos, los chinos, los admiradores de Cortázar...), es una opción importante a considerar. (Y si pertenecéis y no os importa reíros de vosotros mismos, también.)

3,5
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Hacía mucho que no dejaba booktrailers:

sábado, 8 de febrero de 2014

Los mumin: un regreso a la infancia y un milagro

Estoy entusiasmada. Aunque sería más correcto decir que lo está la parte de mí formada por una compradora compulsiva y caprichosa de libros. La otra parte está melancólica.

El regreso a la infancia

El jueves me regresaron a la memoria unos entrañables personajes que conocí cuando era niña. Y no eran de ningún libro, no. Hace unos años también me acordaba con frecuencia de estas criaturas, pertenecientes a unos dibujos animados que por alguna razón quedaron grabados a fuego en mi memoria. Me recordaba a mí misma hipnotizada frente al televisor, acudiendo a él con ilusión cada vez que sonaba la melodía inicial. Rememoraba la sensaciones que me transmitía, las cuales me cuesta describir, pero que variaron desde la alegría al miedo, pasando por la fascinación. 

El problema es que, al ser bastante desconocidos y haber transcurrido mucho tiempo, no recordaba su nombre. Hasta que un día, no sé cómo, lo conseguí. "¡Los mumin!" 



¡Es todo tan idílico! Sabiendo el nombre pude encontrar la melodía inicial, y me descargué y vi unos cuantos capítulos, y así quedé momentáneamente saciada.

Pero ayer volvieron. Estaba yo curioseando libros en Amazon y en catálogos de librerías de segunda mano cuando se me ocurrió introducir "los mumin" en el cuadro de búsqueda. Por qué lo hice, lo he olvidado. El caso es que había visto en alguna ocasión un cómic con las aventuras de estos personajes, y pensé que era de ahí de donde provenían, pero los cómics no me interesan mucho, así que ahí se quedó. Sin embargo, ayer encontré... ¡toda una colección de libros! Así que resulta que el literario es el verdadero origen de estos entrañables seres: ¡novelitas para niños! ¿Sólo para niños? Bueno, eso es lo que quiero averiguar. Porque en la página de la editorial Siruela encontré fragmentos que me parecieron muy bonitos y se me metió entre ceja y ceja que tenía que leerlos.

La escritora se llama Tove Hanson (1914-2001) y es finlandesa. Ella misma escribía e ilustraba sus pequeñas novelas que han ganado varios premios, entre ellos el Hans Christian Andersen 1966. La serie de los mumin por la que se hizo famosa está publicada por Siruela (y me temo que descatalogada) bajo los títulos de: La llegada del cometa, El sombrero del mago, Memorias de Papá Mumin, Verano peligroso, Invierno de troll, La niña invisible, Papá Mumin y el mar (fragmento) y Finales de noviembre.

Mis padres siempre lo dicen: "¡ya tienes otro tema!" Y es que cuando se me mete una cosa en la cabeza, y sobre todo si se trata de un libro... ¡lo quiero y punto! Averigüé cuál era el orden de lectura de la colección publicada por Siruela y empecé a buscar el mejor modo de hacerme, al menos, con el primero. No tenía muchas esperanzas de conseguirlo a corto plazo pues, aunque está disponible en Amazon, la economía no está para tirar cohetes y prefería esperar un poco o verlo físicamente antes de decidirme.

El milagro

Al día siguiente me encontraba con un estado de ánimo bajo: era uno de esos momentos en que parece que no hay nada que a uno le apetezca hacer. Algo tenía que hacer para remediarlo, así que pensé que tal vez ir en busca de "Los mumin", aunque fuera con la excusa de ver libros, podría levantarme la moral. Al fin y al cabo, los libros ya han conseguido en múltiples ocasiones proezas tales como quitarme el hambre o el cansancio: cuando salgo de una librería empiezo a ser consciente de cosas de las que no me había dado cuenta en el interior, como por ejemplo, que mi estómago ruge o que me duelen los pies de tanto andar. ¿No os pasa a vosotros?

El primer destino fue La casa del Libro, una un tanto escasa, por cierto. Después de echar un vistazo a la sección de libros infantiles y juveniles y preguntarle por el título a un extrañado dependiente, salí con las manos vacías. Y, como sabía que saldría igual de cualquier otro sitio, ni me molesté en probar. La única opción que me quedaba era mi "librería" favorita: la cuesta de Moyano. Situada justo al lado del verde y frondoso Parque del Retiro, y a "dos pasos" de la estación de Atocha, este lugar se ha convertido en mi predilecto para zambullirme en un mar de libros a buscar tesoros escondidos. Si no me animaba eso, estaba perdida. 




Se trata de una Feria del Libro perpetua (algo así como un paraíso). Una hilera de puestos repletos de libros, tanto antiguos como nuevos, exponen sus mercancías al aire libre, bajo  los árboles en hilera de una calle peatonal. 

Para mi decepción, me encontré con una hilera de puestos, pero cerrados a cal y canto. ¡Ah, no! Parecía que al fondo había un reducto de supervivientes y voluntariosos libreros... En fin, no podría entretenerme mucho tiempo, pero algo era algo. Así que, un poco desganada, me puse a mirar, pensando que por lo menos podría tener la suerte de encontrar algún texto que me enamorara y me salvara de mi apatía.

Me hubiera gustado conservar una fotografía de mi cara cuando, tras separar un libro de otro, la portada encarnada de La llegada del cometa quedó al descubierto. No os exageraría si os dijera que estuve a punto de echarme a llorar. No había visto aquel libro en mi vida y, sin embargo, allí estaba, en uno de los únicos 2 puestos que había abiertos. ¿Existen las casualidades? 

El primer libro de la colección:
Un día todos los colores desaparecen del valle donde viven los mumin. ahora los árboles son grises, las flores son grises, el puente multicolor que acaba de construir papá Mumin es gris, incluso el río y el cielo son grises. Su hijo, el Mumintroll, junto con su amigo el animalito Snif, emprende una peligrosa misión en balsa río abajo para averiguar si realmente su valle está amenazado por la llegada de un cometa. Durante el viaje, harán amistad con un variopinto grupo de criaturas. Cada uno posee algo que es lo que más ama en el mundo y que quiere salvar del cataclismo... Tove Jansson, conocida por esta serie sobre los habitantes del Valle Mumin, creó un mundo paralelo, mágico, amable y sorprendente habitado por el Mumintroll y su familia. Jansson realizó un aporte novedoso y audaz al folclore nórdico: si hasta entonces el troll era un personaje temible, desmañado y estúpido, con estos cuentos para niños la palabra troll comenzó a identificarse con seres que resultan conmovedores por su profunda bondad y su sentido del compañerismo.

Pero lo  mejor de todo es que, mientras que en Internet puede encontrarse desde los 14 euros hasta los 72, yo me lo llevé por el irrisorio precio de 3 euros. Así es la cuesta de Moyano: un montón de puestos de chuches para lectores.

En cuanto al vendedor, le pregunté que si tenía alguno más de la colección y me respondió que creía que no, pero que tenía tal o cual libro, y empezó a sacarme novelas para niños como si pensara que yo buscaba libros para regalar a algún infante. Pues no, señor vendedor, aquí donde me ve, aún leo cosas de niños, y lo que busco es para mi disfrute... (Eso no se lo dije, soy muy cobarde.) 

Ahora me toca leerlo y contaros qué tal. Tengo la impresión de que es uno de esos libros infantiles que esconden algo más. Al menos, el universo que ha creado la autora es perfecto para transportarse, según reza la contraportada a "un mundo paralelo, mágico, amable y sorprendente": ideal para desconectar.

Y vosotros, ¿conocíais a "Los mumin"?



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