martes, 28 de julio de 2009

El planeta americano; de Vicente Verdú

"La hamburguesa es un producto bondadoso e inocente como muchos otros que exporta Estados Unidos y como son, en sustancia, los ciudadanos amerianos. Un producto sin grandes complicaciones; ni profundo, ni secreto. Más aún: la hamburguesa en principio no hace nada. Se deja comer."


SINOPSIS
A lo largo del siglo XX se han creado muchos mitos, pero hay uno, ahora que otros han muerto y el siglo declina, que se alza sobre los demás: Estados Unidos. Estados Unidos es ya algo más que esto y aquello, el cine o los automóviles, la música, los westerns, los multimillonarios, los rascacielos, Calvin Klein o la NBA. Cada elemento de este surtido ha dejado de ejercer fascinación como elemento aislado: el fenómeno ahora consiste en que es la totalidad norteamericana la que se importa como un lote completo. No sólo los modos de vida sino el contenido de la vida; no sólo la manera de divertirse sino la diversión; no sólo un estribillo sino una lengua; no sólo una receta sino la comida; todo, en fin, el espíritu familiar, las formas de comprar, las formas de , de vestir y de cenar, los planes de estudios y de jubilación y hasta las sectas, es de naturaleza americana. Da lo mismo que se atienda al fenómeno en Gran Bretaña, en Francia, en Italia o en España: bajo el pensamiento único, el mercado único y la aldea global se hacen a la americana, desde Indonesia hasta Chile pasando por Pekín. Este libro se ha escrito con el propósito de mostrar cómo los contenidos sociales, políticos o económicos que se están expandiendo son coherentes con los ideales fundacionales de ese país y su idiosincrasia peculiar, pero no por ello tienen que sentarnos bien a todos. Ni siquiera a buena parte de sus propios habitantes les hace ya provecho. Ahora que el mundo parece desarmado de ideologías reaparece una idea fuerte en nombre de la libertad, la calidad de la vida humana y el bienestar de la cultura: no rendirse a la fatalidad de un planeta americano.


Lo primero de todo: no suelen gustarme los ensayos; por tanto, no suelo leer ensayos, evito los ensayos, huyo de los ensayos. Por lo tanto este es un caso particular de lectura, un hecho insólito en mi historial de lectora que se ha producido debido a una serie de complejos acontecimientos en mi existencia relacionados con una compleja persona que ha pasado a formar parte de ella... De estas aclaraciones ha de deducirse que mi comentario respecto a este libro va a verse influido y manchado por mi no-gusto por los ensayos. Un ensayo, por regla-casi-general, no puede llegar a gustarme tanto como una novela y, por tanto, no podré cubrirlo de elogios. [Nota post-escritura-de-entrada: o eso creía antes.]

No obstante, y aclarado lo anterior, he podido leerlo.Y si he podido leerlo ha de ser por algo. Y si excluimos la posibilidad de que haya sido por miedo a la persona que me conminó a leerlo, la cual posee un porte y capacidad de liderazgo casi monárquica (y no, creo que no ha sido por miedo pese a todo), sólo se puede llegar a la conclusión de que el ensayo era interesante. Sí, incluso para mí.

La verdad es que no me he aburrido con él. Bueno, sí en algunas partes, pero al final se hace interesante. Hay datos alucinantes sobre la vida de los estadounidenses. Unos te hacen pensar que te gustaría vivir así, otros te hacen sentir una pena inmensa por ellos y dar gracias por vivir en tu bonito país. De verdad, muchos datos impresionan, y eso que el libro es de hace unos añitos (1996). ¿Estará ahora la cosa mucho peor?

En definitiva, Verdú expone la forma de vida estadounidense, sus ideales, introduciendo valoraciones personales. La idea que se me ha quedado de los estadounidenses es que son personas que se guían principalmente por el dinero (si algo no es rentable, descartado), que dedican su vida a obtener una buena posición en la escala social (y si para ello tienen que quitarse de vacaciones y de ocio, no pasa nada), y que van por individual. La estructura de la familia parece estar un poco destrozadita por la zona, y las relaciones entre las personas son mínimas y superficiales.

Seguramente se exagere un poco en muchos aspectos, y no todos los americanos y lo americano es igual ni mucho menos. Lo que sí pasa es que ahora cada vez que veo una película o serie me pongo a analizar si es americano, y si sé que lo es empiezo a buscar detalles que aparezcan en este libro. Así pues, parece que algo me ha hecho pensar. Un libro que afecta algún aspecto de tu vida tiene papeletas de ser un buen libro, según mis creencias.



domingo, 26 de julio de 2009

Primer "racimo" de haikus

Me atrevo. ¿Te atreves? Sigue siendo un reto...





I
ese horizonte
mantiene la costumbre
de comer olas







II
quería agua
mas de la regadera
brotó veneno







III
sigue soñando
que a él le crecen ramas
y al árbol brazos







IV
en un momento
sacó del agujero
toda su vida

jueves, 23 de julio de 2009

Haikus, mayúscula y punto


"las hojas secas
son como el testamento
de los castaños"

"hay pocas cosas

tan ensordecedoras

como el silencio"

"no sé si vengo
tampoco sé si voy
ando al garete"

"con la tristeza

se puede llegar lejos

si uno va solo"




...

Sin puntos ni mayúsculas. Así me los encontré yo en el libro de Mario Benedetti, Rincón de Haikus, hace escasas horas. No creo que sea una norma de los haikus ser escritos de ese modo, pero en mi opinión eso los hace más sencillos, más desnudos y libres de ataduras de todo tipo. Parece como que uno los lee y se le escapa la mente más fácilmente. ¿No es cierto? Me acabo de dar cuenta de algo... A veces la mayúscula inicial y el punto final forman como una cárcel que encierra las frases. Esa letra tal alta que vigila la puerta de entrada y ese mosquito que defiende la de salida crean en el lector un fenómeno extraño que parece que hace más difícil volar a la mente. Llegamos al punto y normalmente luego hay, a continuacón, otra gigantesca letra mayúscula que sortear y otra frase "encerrada". Vamos saltando de frase en frase y muchas veces nos quedamos ahí, dentro de cada una. Evidentemente no todos lo hacen. Pero a muchos no nos es fácil hacer volar la mente. Por eso he quedado sorprendida al descubrir la existencia de los haikus, en particular de los de ese libro, que están desnudos.

Se puede entrar al primer verso tranquilamente, como si uno fuera caminando y nadie le mirara e intimidara desde su mayúscula atalaya.
Luego se puede caer suavemente al segundo y tercer verso, sucesivamente. Ni siquiera hay comas que nos hagan tropezar en el camino, por lo que el tránsito por las palabras se asemeja a un navegar suave.
Y cuando se llega al final del último verso... ¡libertad!, ¡vuelo libre! La mente del lector se desliza por el borde de la última letra y queda flotando en el remanso de la idea sembrada por el haiku. Como cuado un río llega al mar. Y ahí uno puede quedarse disfrutando del vaivén de las olas de pensamiento, sin tener que verse forzado a saltar a una nueva frase fortificada.
Y todo esto lo dice una bastante estricta defensora de las normas ortográficas, no vayáis a creer...
Lo que sí debe ser una norma en todo haiku es el 5-7-5 como número de sílabas en cada uno de sus versos. Si os interesa saber más acerca de este tipo de creaciones literarias, podéis leer el libro que os he mencionado, donde hay una breve introducción que habla de ellas un poquito más en profundidad. ¿Para qué reescribir lo ya escrito? Además, he encontrado esta página.
Que lo disfrutéis y lo descubráis aquellos que no lo habéis hecho ya. ¿Quién se anima a escribir uno? Es un reto...

domingo, 19 de julio de 2009

Amanecer; de Stephenie Meyer

"La irrealidad era negra y en ella no me dolía tanto.
La realidad era roja y me hacía sentir como si me aserraran por la mitad, me atropellara un autobús, me golpeara un boxeador, me pisotearan unos toros y me sumergieran en ácido, todo a la vez."
SINOPSIS
«No tengas miedo», le susurré.
«Somos como una sola persona».
De pronto me abrumó la realidad de mis palabras.
Ese momento era tan perfecto, tan auténtico.
No dejaba lugar a dudas.
Me rodeó con los brazos, me estrechó contra él
y hasta la última de mis terminaciones nerviosas cobró vida propia.
«Para siempre», concluyó.

Nunca he comentado por aquí mi opinión acerca de ninguno de los libros de la saga Crepúsclo, porque los leí antes de empezar e blog, así que aprovecharé para escribir una breve opinión general sobre ellos.

A muchos he oído decir que son libros que enganchan pero que no están bien escritos, ni relatados de una forma bonita. No me atrevo a opinar acerca del estilo bueno o malo de su literatura. Es evidente que no utiliza un vocabulario ni forma de expresión rebuscados, pero en mi opinión no es un libro para leerlo y decir "qué mal escrito está". Yo lo veo como otros muchos libros que he leído. Y si engancha pues... ¡bien por él! Se supone que es lo que cualquier escritor querría para su libro, ¿no?

Lo que pensé cuando leí el primero fue que era mucho de lo mismo, mucho "te quiero te adoro te amo y yo más". La verdad, acabé un poco harta. Por eso me parece un misterio que la gente, como yo, diga: "me engancha, aunque me parece muy repetitivo". ¿Por qué entonces engancha? ¿Lleva la edición de Crepúsculo incluído un hechizo extraño que impregna el libro?

Los demás libros de la saga, menos mal, no siguieron la línea del primero. Tampoco fueron libros que me marcaran, y aunque no me acuerdo de ellos demasiado sé que no me mantuvieron "en vilo" como lo han hecho otros. Están bien, a secas.

Este último, Amanecer, ha conseguido algo que los otros no lograron. Al menos durante un tiempo. En sus primeras páginas, o tal vez ya un poco más avanzado, me atrapó. Me gustó lo que pasaba a lo largo de la mayor parte de la trama, aunque se me hizo un tanto pesado el momento en que Bella deja de ser protagonista por un tiempo. Luego por determinados motivos tuve que detener su lectura y perdí el hilo. También porque empezó a parecerme menos interesante. El último trecho lo acabé un poco de golpe; de repente me encontré en la última página. Así que en este sentido era igual que todos. Bien, a secas.

No es un libro que me haya dejado huella. Es una historia muy entretenida unos ratos, llevadera otros... Puede leerse, pero también puede dejarse de leer sin sufrir por ello.


martes, 14 de julio de 2009

Harta. O torrente de palabras.

La esperanza
ya está descarnada,
el afecto
para siempre enterrado
después de ser desgarrado
y sostenido
por las manos trémulas y apagadas
y colgantes de mis brazos
mortecinos,
rajados por las espadas
del olvido.

Adiós.

El pasado permanece
aunque escueza en el cerebro
que no sirva para nada.
Más que para arrancarlo
y romperlo y arrugarlo
y lanzarlo por detrás.
Lección práctica de olvido.
Diseccionando el recuerdo,
abrámoslo en canal.
Arranquémosle sus órganos
y veamos si es real
lo que por vivir pasamos
y ahora hay que desechar.

Adiós.

¿No sirvió para nada?
¿Sólo fuiste un bastón
con el que llegar a Ahora?
Y ahora me fallas y caigo
en el polvo de Ahora.
Y me estampo .
Gracias.