"Oye, señor pájaro-que-da-cuerda, seguramente no lo entenderás. Pero cuando una chica de diecisiete años, desnuda, derrama lágrimas a medianoche bañada por el claro de luna, puede ocurrir cualquier cosa. Es así."
Cierto. Y tampoco sabe el señor pájaro-que-da-cuerda que, cuando se lee un libro de Haruki Murakami, puede ocurrir cualquier cosa... Le daría un 10 a este libro si no fuera porque lo terminé de leer, y hubo partes, sobre todo al final, que se me hicieron ligeramente pesadas. También es posible que parte de la culpa sea de que lo tuve que abandonar un tiempo por exámenes, y al retomarlo la trama no estaba tan fresca en mi memoria y por tanto me perdía un poco. Otra cosa es que no entiendo a qué viene meter tantas tramas de personajes secundarios, sobre todo también ya avanzado el libro. Una servidora se piensa que todas esas tramas tendrán su sentido oculto relacionado con la trama principal. Poco a poco, a medida que avanza la lectura y debido a lo surrealista de los hechos, van surgiendo más y más dudas acerca de esto o lo otro. Pensé que esas dudas serían en su mayoría resueltas con el transcurso de la lectura, pero a medida que leía surgían más cosas que no llegaba a comprender. Bueno, es lo que tiene el surrealismo, al fin y al cabo es lo que hace especial el libro, esas situaciones inesperadas e imposibles de imaginar. Pero llegas a la última página y ves que muchas de tus dudas no se han resuelto y que de ninguna manera sus respuestas cabrían en esas 33 líneas que te quedan por leer.
Conclusión:
-En un primer y largo momento es un libro que engancha bastante y merece mucho la pena.
-En un segundo momento, con la entrada de tantos personajes y tramas distintas, a mi personalmente se me hizo un pelin pesado a tramos.
-En general, es evidente que es un libro que alberga muchos mensajes y que te hace pensar por las situaciones que presenta, y creo que en cuanto a calidad literaria es muy bueno. Lo único que no me ha convencido es el final, y el hecho de que creo no he sido capaz de captar del todo lo que quería transmitir la historia. Pero leyendo un poco de aquí y de allá por internet he conseguido situarme un poco mejor.
Lo mejor:
El personaje de May Kasahara. Me encanta su forma de ver el mundo, lo que dice y cómo lo dice. Es el que más cosas me ha transmitido. Especialmente bonito me resultó el capítulo del cual extraje el fragmento del principio de esta entrada.
Encuentra lo que se esconde
jueves, 1 de julio de 2010
miércoles, 28 de abril de 2010
sábado, 27 de marzo de 2010
El pasillo y los barriles
He quedado con una amiga en la estación y acabo de llegar al andén, pero por más que miro a mi alrededor no consigo verla. Repentinamente, soy consciente de que este no es el lugar. Realmente mi amiga me está esperando en el andén de enfrente; puedo verla. De manera que vuelvo a las escaleras mecánicas para subir a la pasarela, que me llevará a otras escaleras mecánicas, que me conducirán al andén vecino.
Llevo conmigo una gigantesca maleta, casi tan grande como yo, pero el hecho no parece afectar mi marcha: puedo correr arrastrándola sin problemas, incluso sin darme cuenta de que la llevo conmigo. Pero… ¿qué ocurre? Estoy en las escaleras y no paran de subir y subir. Suben más alto de lo que deberían, y puedo contemplar como mi amiga se ve cada vez más distante allá abajo. Culpa mía. He elegido las escaleras inadecuadas. Allí, entre la de repente complicada madeja de escaleras mecánicas, diviso la más cortita que debería haber cogido. Es demasiado tarde para retroceder, así que dejo que la escalera me deposite en el piso más alto de la estación. Ya buscaré un camino hacia abajo, no tiene que ser muy difícil.
Pero todo es demasiado laberíntico. Tanto que acabo en un edificio que no reconozco. ¿No estaba en la estación? Vago por pasillos con puertas y ascensores. No sé dónde estoy. Pero algo acaba por indicármelo. Al torcer una esquina, en un rincón y enfrente de un ascensor, una puerta abierta con el letrero “habitación triple” me descubre el interior de una acogedora estancia. Dentro de ella, una cama enorme con colcha de color verde campo y una desmesurada cabecera de madera oscura. Junto a ella, una cama un poco más sencilla. Ambas camas eran tan grandes que podrían haber cabido tres personas en ellas. De hecho, creí distinguir tres hoyuelos en cada una de ellas, como si quienquiera que las hubiese usado para su descanso acabara de levantarse. Cuando vi aquella habitación, a parte de la agradable sensación de confortabilidad que me produjo, no puede evitar preguntarme si el letrero de la puerta no estaba confundido. Aquella tenía más pinta de habitación para 6 personas que para 3.
Tuve que abandonar el lugar. Se estaba haciendo tarde y no quería hacer esperar a mi amiga. Pero no sabía por dónde empezar a buscar. Finalmente, decidí salir de aquel edificio. Por lo menos así, suponía, mirándolo desde el exterior, podría distinguir un edificio de otro y ver dónde estaba la estación de tren, de la que sin darme cuenta había salido en algún momento. Estaba convencida de que estaría, por lo menos, bastante cerca de aquel hotel en el que había estado. Eso si no estaba al lado.
La sorpresa me la llevé al llegar a la calle. Allí no había más que muchos edificios, pero ninguna estación de tren. Empecé a dar vueltas a la manzana, desesperada, porque se hacía cada vez más tarde y no hallaba rastro de mi destino. Al final, decidí preguntar a una chica que pasaba por allí.
-¿Perdone, dónde está el aeropuerto?
No sé por qué, pero de repente tenía necesidad de encontrar un aeropuerto en vez de una estación de tren. La mujer me respondió enseguida:
-Ahí- dijo señalando la puerta que teníamos justo al lado.
Miré en esa dirección, pero lo único que vi fue la puerta negra de un portal, a decir verdad algo envejecido. Lo contemplé sin entender.
-¿Ahí?- repetí como para asegurarme.
-Sí, sí- dijo la señora.
Me condujo hacia el lugar y abrió la puerta. Al otro lado un oscuro pasillo empezaba gris y terminaba en la más invisible negrura.
-Tienes que atravesar estos pasillos, encontrar el camino a través de ellos…
Mientras hablaba, yo ya había entrado en aquel sitio y avanzaba en la penumbra; enseguida me quedé envuelta en oscuridad y tuve que tantear las paredes. Pero todavía podía oír la voz de la mujer y visualizar en mi mente todo lo que me describía.
-Justo enfrente de esta puerta, una vez hayas atravesado el pasillo, encontrarás un hombre,…
Continué avanzando; la voz de la mujer se iba apagando cada vez más. Además el pasillo tenía muchas curvas y yo me esforzaba por mantener la orientación, ya que aquello tenía pinta de laberinto, y si debía encontrar a un hombre justo enfrente de la puerta, en esa dirección tenía que dirigirme.
-…lanzará… barril, pero… segunda… lo dejara caer… cogerlo.
Apenas la oía ya, y al poco rato, inesperadamente pronto, vi una luz y me dirigí a ella. El techo del pasillo era muy bajo, pero en aquel lugar de donde venía la luz descubrí que el claustrofóbico corredor se abría al aire libre a través de una pequeña puerta. Había allí un pequeño patio, un cuadrado de césped entre cuatro paredes, y sobre ese terreno se alzaba un hombre muy alto, muy alto. Un gigante, según pensé.
El gigante me lanzó un barril, y yo lo cogí al vuelo. Sabía que tenía que hacerlo si quería que me dejara pasar al aeropuerto, según me había dicho la señora. Pero recordé tarde la siguiente instrucción de la mujer, tal vez en parte porque no la llegué a oír. El gigante lanzó un segundo barril, pero esta vez me lo puso más difícil dejándolo caer más cerca de él y por tanto más lejos de mí. Como me pilló por sorpresa, no lo conseguí coger al vuelo. Y eso que había sido avisada de que el segundo lanzamiento de barril sería más difícil… Tonta de mi…
La llegada al aeropuerto/estación de tren no llegó a producirse, porque desperté.
viernes, 5 de febrero de 2010
La casa veneciana; de Mary Nickson
"-¿Qué te hace pensar que conocías a Richard tan bien?-replicó Guy-. El Richard con el que vivías era en gran parte producto de tu imaginación."
Leí este libro porque una persona me djo que lo había devorado, y me dio hambre. Sí que estaba rico, sí. Fue un manjar la mar de casero, sencillo y a la vez exquisito.
Lo que más me llamó la atención es la familiaridad que desprende. Sentí unos personajes muy reales. Realmente me los imaginaba como si existieran. Podrían haberlo hecho perfectamente. Altamente recomendado a modo de entretenimiento.
Leí este libro porque una persona me djo que lo había devorado, y me dio hambre. Sí que estaba rico, sí. Fue un manjar la mar de casero, sencillo y a la vez exquisito.
Lo que más me llamó la atención es la familiaridad que desprende. Sentí unos personajes muy reales. Realmente me los imaginaba como si existieran. Podrían haberlo hecho perfectamente. Altamente recomendado a modo de entretenimiento.
lunes, 9 de noviembre de 2009
Olvidado rey Gudú; de Ana María Matute
"'Y sólo de tan frágil materia está hecha la vida: de imposibles recuperaciones, de imposibles regresos y de imposibles comienzos', sollozó. Y entre lágrimas vio cómo avanzaba hacia ella el Príncipe de los ojos de hielo, abriéndose paso entre carcajadas de sirvientes y soldados, y niños disfrazados con suntuosos harapos,y muñecos ahorcados bamboleándose en el Árbol de un irremediable invierno."
Antes que nada: que no engañe su posiblemente aburrido y poco llevadero comienzo, pues tal fue para mí. En un primer momento este libro me pareció inabarcable, pues adentrándome en los comienzos de la historia la encontré sin sentido y atractivo alguno, y el ver las más de 900 páginas que me quedaban dudaba si algún día de mi vida lo acabaría. Por fortuna, no soy dada a abandonar libros, y le di a esta joya una oportunidad bien merecida. Porque lo que he descubierto en sus 900 y pico páginas ha sido lo menos parecido a una historia sin sentido.
Resumiendo, se trata de un CUENTO GIGANTE. Sin resumir, se trata de una narración de estilo algo arcaico, que en mi opinión le da belleza, y que consigue no sólo acercarte a los personajes, sino que evoques irremisiblemente tu infancia, esos tiernos recuerdos olvidados que tanta ilusión hace recuperar. Era fácil sumergirse en él y creerse por un momento ese niño o niña que leía los cuentos de los hermanos Grimm, o los de Andersen, o Caperucita Roja, o Blancanieves... Pues como he dicho el libro es un cuento gigante, un cuento que nunca se acaba, o que, al menos, nunca debería acabar... Y los personajes desfilan por ese cuento en una maravillosa cabalgata multicolor, uno detrás de otro, y uno detrás de otro dejan de desfilar. Pero eso sólo en las páginas. Uno acaba con la impresión de que en su mente el desfile continúa.
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