viernes, 19 de junio de 2009

¿Aleluya?

¡Qué de preocupaciones! ¿Seguro? Sólo tenía que estudiar... Sólo preocuparme por estudiar. Era aburrido, sí, y estaba deseando, sí, acabar de una vez por todas... Qué digo deseando. Ansiando. Desesperando. Imaginando un mundo idílico y surrealista (eso me parecía por entonces) en el que estar en casa no fuese sinónimo de estar estudiando. Estar en casa, pensaba, sería sinónimo de tranquilidad, relajación, meditación, descanso, lectura, escritura, conversación, libertad... Hacer lo que siempre estaba deseando hacer y nunca era capaz de emprender. Por la culpa de esas hojas llenas de apuntes, y sobre todo y en especial por la culpa de esas hojas vacías de apuntes que había que llenar.

Ya tengo lo que quería. ¡ALELUYA! ALELUYA. Aleluya. ¿Aleluya?


No sé, esto acaba de empezar y tal vez me precipite, pero... ¿no es demasiado soso? ¿No existe término medio? ¿Tiene que ser o todo o nada? A lo mejor lo de no hacer nada se sube a la cabeza y te vuelve un borracho desprovisto de más iniciativas que mirar a tu alrededor y decir ¿qué hago? ¿qué hago? ¿qué hago? continuamente, hasta que te das cuenta de que ya no puedes hacer mucho más que volver a la rutina que tanto ansiabas aniquilar.

Si algo se aprende de esto, es una regla que siempre se cumple (aunque siempre sea una palabra demasiado rotunda). El ser humano nunca se conforma con lo que tiene. Es más, el ser humano está condenado a no conformarse JAMÁS con lo que tiene.

No me gusta esta condena.

1 comentario:

  1. ¿insensatez? Yo creo que fue una decisión acertada... tus recomendaciones nunca son en vano y me encanta los textos que escribes... No a ctualizas mucho, pero por eso son tus actualizaciones las que más interés tienen para mi,
    Besos, Caminante

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