domingo, 22 de noviembre de 2015

Los Buenos Vecinos; de Julia Pons Montoro

"Ynmóniel era todo un artista. Le regalaron sus primeras agujas con sólo seis años y un dedal de plata irrompible y acolchado por dentro con terciopelo rojo. Era capaz de hacer vestidos y trajes tan sutiles que prácticamente no se notaban sobre la piel. Podía tejer vestidos de agua, refrescantes para el verano, o trajes de sol para los días nublados, y esas son sólo algunas de las primeras cosas que aprendió a hacer. Tejía inmensos trajes hechos con tela de araña, más suaves que la más suave de las telas, con cuellos plateados y puños dorados y botones de rosas y broches de margaritas y camelias. Confeccionaba delicados guantes con gotas de rocío, entretejidos con algodón de azúcar. Todos los habitantes de la región se volvían locos por tener unos así. Y, además, gozaba de tan buena vista que podía realizar piezas diminutas para seres de todo tamaño."

SINOPSIS
¿Y si la realidad escondiera mucho más de lo que podemos ver a simple vista? ¿Y si no estuviéramos solos? Susana nunca conoció a sus padres e Ynmóniel tampoco, si bien sus vidas son totalmente diferentes. Ella es una jovencita de doce años apasionada por los libros de misterio y enigmas sin resolver, mientras que él es un sastre mágico, capaz de confeccionar tejidos maravillosos dotados de grandes poderes. Pero sus destinos pronto se unirán, pues ambos corren un grave peligro. Extrañas sombras deambulan al acecho, susurrando misteriosas palabras: nada escapa al Señor de la Noche.

Me gustaría poder alabar Los Buenos Vecinos tanto como lo hice con Memorias del otro lado, pero me temo que esta novela autoconclusiva de Julia Pons Montoro no me ha enamorado de la misma forma que lo hicieron los primeros tomos de su saga fantástica.

Nada más empezar a leerla pienso que sí. Ahí está esa fantasía pura, con la marca de color e inocencia tan característica de la autora. Veo a Ynmóniel tejiendo fabulosos trajes que confecciona con sustancias y esencias de toda índole y materia. Ynmóniel, cuyo musical nombre también le sienta como un traje a medida. Parece que no leo sino que sueño ese segundo capítulo, al que tan bien acompañan las ilustraciones de la propia Julia.

Después la ensoñación se me va escapando. Ynmóniel pierde el protagonismo ostentado en un primer momento y en su lugar aparece Susana, una niña de nuestro mundo en la que la autora parece haber depositado reflejos de ella misma. A Susana le entusiasman la mitología, las leyendas y lo sobrenatural; es fácil imaginarla recostada en su cuarto con un libro entre las manos y otros tantos apilados junto a ella, indagando acerca de otras realidades.

La dicotomía entre nuestro mundo y otros mundos la comparte Los Buenos Vecinos con Memorias del otro lado. Parece que también intenta hacernos ver que lo fantástico puede ser tan real como lo que nosotros entendemos por real. Así, muestra la fantasía como algo que está ahí, que ha estado y que estará, aunque permanezcamos ciegos a ello. Esos que se hacen llamar los Buenos Vecinos encarnan una fantasía viva que, cansada de que nadie repare en ella, termina por irrumpir en lo cotidiano sin siquiera llamar a la puerta. Y le toca a Susana recibirla.  

Me he sentido un poco perdida en una historia que no sabía bien dónde me quería llevar hasta que me he dado cuenta de que iba llegando a su fin. Intento explicarlo de otro modo: espero de un relato que me atrape poco a poco hasta apretar muy fuerte (en ese momento en que uno no puede escapar porque viene lo emocionante), para luego ir aflojando paulatinamente hasta dejarme otra vez libre. Pues bien, Los Buenos Vecinos me ha atrapado suavemente y después me ha soltado, pero no me ha hecho sentir que no podía escapar a sus garras de papel. 

En cuanto al desenlace (siempre me gusta hablar del desenlace, cuando hay algo que decir), me pareció adecuado, pero lo que mejor impresión me dejó fueron las últimas palabras. El modo en que recuerdan a ese "y vivieron felices y comieron perdices", pero con un toque especial.


Al final tengo la sensación de que Los Buenos Vecinos funciona muy bien como historia de aventuras para niños pero no logra alcanzar la profundidad suficiente para saciar a lectores de más edad. Ese algo indefinible que tenía Memorias del otro lado lo he hallado aquí muy debilitado. Su construcción se me antoja más sencilla, el mundo en el que se sustenta, algo indefinido y tambaleante. No me convencen sus criaturas y sus leyes internas. Eso sí, lnarración sigue siendo impecable, impregnada de sabor a cuento y llena de elementos que estimulan la imaginación: en varias ocasiones me he admirado de la creatividad inagotable de la autora.


3,5

martes, 10 de noviembre de 2015

El paso de la hélice; de Santiago Pajares

"-Supongo que los seres humanos nos hemos acostumbrado a ser al menos un poco infelices y, si no es así, nos buscamos excusas para creer que lo somos. Cogemos nuestros problemas y los agrandamos y agrandamos hasta que somos incapaces de afrontarlos. Si lo piensas un momento, no tenemos verdaderos problemas. Tenemos buenos trabajos, una economía estable, nos queremos; sólo un par de detalles nos apartan de ser felices."

SINOPSIS
¿Que es mas importante, una obra maestra de la literatura o el autor que se esconde tras ella? David Peralta, de profesion editor, es un tipo con suerte: trabaja en la editorial donde publica el misterioso escritor que, oculto durante años tras el seudónimo de Thomas Maud, ha creado una de las sagas mas brillantes y exitosas de la historia reciente de la literatura: La hélice, leída por millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, la editorial no ha recibido el nuevo y esperado volumen de la saga, y David acepta el encargo secreto de hallar a Thomas Maud y conseguir ese libro, que compromete el futuro de su empresa, «por lo civil o por lo criminal». Pero ¿como encontrar a alguien que aparentemente no existe? Siguiendo la única pista –el enigmático autor tiene seis dedos en su mano derecha–, sus pesquisas le conducirán a un pequeño pueblo del Valle de Arán, habitado por un elenco de los mas extravagantes personajes. 
Paralelamente a la delirante búsqueda de David, en la que se juega su matrimonio, su trabajo y su futura felicidad, uno de los millones de ejemplares de La hélice circula de mano en mano por Madrid: una secretaria solitaria, su sobrina convaleciente de un atropello, un yonqui que sobrevive en los arrabales y su ex compañero de piso, al que traiciono años atrás y con quien se reencuentra, van a ver sus vidas alteradas a medida que La hélice se cruza en su destino, removiendo a su paso las predecibles aguas de su existencia y convirtiéndolos en protagonistas de una trama inesperada en la que el libro y la vida se entrelazan asombrosamente.

Y este es el tercero de los libros que comento en relación a la iniciativa Serendipia Recomienda 2015 (recomendación de Marilú Cuentalibros), y el que más me ha gustado de todos. La edición que he leído no es la última publicada por Destino, sino una de Tabla Rasa que encontré la primavera pasada en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión por un buen precio. Después de leída me enteré de que en la nueva hay cambios y al principio me dio un poco de rabia no haberlo sabido antes. Desconozco si las versiones difieren mucho pero, ¿qué más da si me ha gustado igual? Además, poco después de terminarla, alguien me pidió que le recomendara una lectura, y adivinad cuál fue la elegida. ¡Con buenos resultados!

El paso de la hélice engancha aunque no sea una novela redonda. Lo consigue porque las situaciones que nos presenta son mundanas y los personajes como nosotros. Pero además hay algo especial en el ambiente, y no solo las fantasías que evocan los libros que rondan por la trama, sino los paisajes y los habitantes de ese pueblo del Pirineo lleno de misterios en el que se desarrollan la mayoría de los acontecimientos.  

Es una ópera prima y se puede intuir; el lenguaje es sencillo y, por decirlo de alguna manera, "típico": no sorprende en la construcción de la prosa ni creo que el autor hubiera encontrado todavía una voz propia. En una ocasión, mientras estaba leyéndolo en el metro, la persona que me acompañaba miraba las páginas de reojo y me comentó que le daba la impresión de haber leído lo mismo cientos de veces. Quizá algo exagerado, pero cierto en parte. Hay libros que basta abrir al azar para enamorarse de la fuerza y la originalidad de sus pasajes, y este no es uno de ellos. 

Me esperaba algo diferente a lo encontrado. Creía que era una historia con elementos mágicos, o surrealistas... No sé por qué me creé esa imagen en la cabeza, tal vez por la portada de la nueva edición, con esa nave voladora con forma de luna tan onírica. Pero mejor, porque cuanto más impredecible y desconocida me resulta una historia, más intriga y ganas de seguir leyéndola tengo. Lejos de ese surrealismo, me he encontrado con una realidad bien real. Cuando la realidad es muy real a veces duele porque es dura: hay prioridades enfrentadas que destrozan relaciones, drogas que convierten futuros felices en agujeros negros, muertes que persiguen a escondidas y raptan sin avisar a seres queridos. Aunque a veces esa dureza choca y se quiebra ante la fortaleza de las personas que son capaces de sobreponerse. No son superhéroes, sino minihéroes, esos héroes de la vida a los que se admira y se envidia un poco cuando uno se los encuentra. 

Me ha gustado también el final, en el que quedan todas las tramas resueltas sin faltar sorpresas, e incluso dejando una breve resaca de pensamientos existencialistas.



Pese a no haberme parecido una obra maestra, El paso de la hélice va a lo seguro y se gana al lector despertando su empatía a través de unos personajes que parecen reales por lo humano de sus reacciones y la naturalidad con que interaccionan. Y luego está el misterio (esa niebla en su portada me lo recuerda). Pero también está el truco fácil de ser uno de esos "libros que hablan de libros". ¡Así cualquiera! En fin, ha cumplido su propósito y se lo reconozco...

jueves, 15 de octubre de 2015

Lo que está por venir; de Pablo de Aguilar González

"Las primeras veces nunca se olvidan. Da igual de qué hablemos: amar, emborracharse...
Morir.
Nunca se olvida la primera vez.
El frío de febrero castiga la herida de la oreja de Fidel. Intenta calentarse las manos con un aliento que se convierte en vaho nada más separarse de sus labios. Trata de recuperar la sensibilidad de los dedos protegiéndolos en  los bolsillos de su gabardina; el tacto frío le recuerda qué lo ha llevado hasta el Puente de Vallecas.
Su primera visita a este lugar.
Su primer revólver..."

SINOPSIS
En el invierno de 1936, las tropas rebeldes que se habían sublevado contra la Segunda República Española bombardearon la ciudad de Madrid. El Gobierno republicano decidió entonces iniciar la evacuación de las obras pictóricas más valiosas del Museo del Prado. Se trataba de una misión muy aparatosa y compleja. Una arriesgada aventura en la que se verán involucradosdos de los protagonistas de esta novela, Fidel y Lisandro, compañeros de trabajo en el almacén de una importante ferretería de Madrid y que comparten una pasión a la que dedican todo su tiempo libre: la pintura. Los avatares de la contienda situará a ambos amigos en facciones distintas dentro del mismo bando.
Lo que está por venir es una historia de amistad y traición; de corazones puros y amores robados; la historia de unos personajes atrapados por una caótica y violenta realidad que desdibuja sus proyectos e ilusiones, y cuya lucha diaria se reduce a la simple supervivencia en estos duros tiempos que les ha tocado vivir. 

Qué poco me acerco a las novelas ambientadas en la Guerra Civil. Guerra Civil: son palabras que suenan tan familiares en el contexto de una novela que cuando aparecen arrasan con toda esperanza de que detrás de ellas pueda haber algo original. Guerra Civil en mi subconsciente debe de traducirse como algo parecido a: "¡Alerta, alerta, este camino está desprovisto de nuevas emociones! ¡Aléjate de inmediato si quieres aprovechar tu vida!". Entonces me alejo de esa novela que trata sobre la Guerra Civil y aprovecho mi vida en otras cosas, como leer estados insustanciales de Facebook. Por ejemplo.

Lo que está por venir tiene como telón de fondo la Guerra Civil. "¡Alerta, alerta...!" Espera subconsciente, espera que no he terminado. Antes de salir corriendo fíjate en el autor: Pablo de Aguilar González. ¿Qué más te da entonces si trata de la Guerra Civil o de fútbol? Sabes perfectamente que él no escribe sobre un tema, sino que lo hace de una manera

Admito que no es mi novela favorita del autor, pero eso es porque a mí las novelas, cuanto más raras, mejor. Esta es la menos arriesgada. En cuanto la leí pensé que, de entre todas las que Pablo ha escrito*, era la más apta para llegar a un público amplio. Tanto es así que una editorial se fijó en ella, y ahora puede llegar a todo el mundo. Todo el mundo que sea lo suficientemente razonable como para seguir las recomendaciones de los entusiastas y pesados seguidores de Pablo.

Uno de los escritores en los que se ha inspirado Pablo para encontrar su "voz" es Tom Spanbauer, y después de leer una novela suya pude confirmarlo, pues me recordó mucho a él, aunque en esta novela no sea tan evidente como en otras. Una característica que comparten es el empleo de "coros", que son frases que se repiten a lo largo del texto. Nunca se olvida la primera vez, A veces las cosas son lo que parecen... Son fórmulas evocadoras que pueden aplicarse a múltiples situaciones y, al ir apareciendo a lo largo de la narración, le dan unidad y enlazan emocionalmente unas escenas con otras. A mí es un recurso que me gusta  mucho.

Ya lo he dicho en varias ocasiones (puede que en cada una de las anteriores novelas comentadas del autor), pero como seguro que queda alguien por enterarse, no está de más recordar que el punto fuerte de las historias de Pablo son los personajes. Se salen de las páginas. Eso significa que terminas de leer el libro y no los pierdes de vista, porque antes de que lo cierres se escurren fuera de las tapas y te persiguen. A mí me pasó después de Los pelícanos...: pese a que la historia no me convenciera, sus personajes no pararon de perseguirme insistiendo en que leyera Intersecciones, hasta que por fin lo hice (menos mal). 

Los va construyendo, a los personajes, a través de sus experiencias, y es propenso a crear antihéroes. No es que sean malvados, sino más humanos, con sus torpezas, sus malos instintos y sus miedos arraigados. Aunque no están descritos con detalle, suele haber un rasgo que los distingue al tiempo que les otorga personalidad: los hay con los ojos saltones, con el pelo dorado, con un mechero en la mano, con pito champiñón...

Ay, los pitos. No, los de silbar no, los otros. Porque, ¿sabéis que esta historia la cuenta una prostituta? Se llama Magdalena. Y pese a no haber vivido todo lo que ocurre en las páginas de Lo que está por venir, conoce las vidas de todos los personajes (y también todas las clases de pitos que existen). Es una licencia narrativa que me llamó la atención y que empieza a construirse desde el principio. Pablo pretendía escribir a través de una voz neutra en tercera persona. Cuando se puso con la primera escena de Magdalena se encontró con toda una rebelde que empezó a darle la lata con que ella quería ser la narradora. Al final se salió con la suya, a condición de prometer que se encargaría de conocer a fondo la historia:
"Las historias las cuenta quien las vive.
Aunque ésa no es toda la verdad; al menos, no la verdad completa: las historias las cuenta quien las conoce, quien las descubre, quien las adivina, quien las siente, quien las comparte...
Después de tanto tiempo, se ha cerrado el círculo. Hoy se termina todo. Yo soy quien conoce esta historia."
Varios de los personajes de Lo que está por venir aman la pintura o están relacionados de un modo u otro con ella, algo lógico, ya que el argumento se centra en el traslado de los cuadros del Museo del Prado para protegerlos de las bombas lanzadas durante la guerra sobre la ciudad de Madrid. A Magdalena le gusta visitar el Museo y perderse en sus cuadros. Los observa y busca en ellos historias escondidas: no hace falta ser experto para disfrutar del arte.  
"Contemplo la perfecta anatomía que Velázquez plasmó sobre el lienzo. Recuerdo otros tiempos, tan lejanos que casi me parecen de otra vida. Toda aquella algarabía lujuriosa; la revolución. 
Los sueños desgajados. 
Recuerdo cómo hubiera deseado que mis clientes se parecieran a ese Cristo crucificado; cuánto me hubiera gustado deshacer ese nudo, descubrir qué se ocultaba bajo ese paño. 
Es judío… 
Pito descapuchado."
El punto de vista de una prostituta es arriesgado y, si sale bien, atractivo. Creo que Pablo ha conseguido lo segundo, dando una visión peculiar a las escenas de sexo: Magdalena se entrega a ellas con temple y profesionalidad, hace el amor de un modo que parece desapasionado, con la única finalidad de satisfacer a sus clientes.

Hay personajes de todos los bandos y niveles económicos. Algunos cambian a conveniencia rojo por azul y azul por rojo. No hay posicionamiento a favor de unos o de otros. Al anarquista Fidel lo conocemos matando; a Lisandro, pintando. Ambos participarán en el traslado de los cuadros cuando el gobierno decida llevárselos a Valencia y después a Cataluña. La carga y descarga en los camiones y los largos y en ocasiones accidentados viajes hicieron que algunos lienzos importantes sufrieran desgarros y tuvieran que ser restaurados. Otro de los pocos personajes femeninos es Victoria, una joven de clase alta tan aficionada a la contemplación de cuadros como Magdalena. Cuando una historia se basa en sus personajes es difícil hablar de ellos sin sentir que estás desvelando cosas importantes, así que no sigo. Confieso que hubo alguno, como Lisandro, que me pareció más plano. Otros me parecieron sublimes en su caracterización y desarrollo. No me atrevo a decir cuál es mi favorito, porque disfruté y me sorprendí descubriendo cómo poco a poco se iba adueñando de mi simpatía.


Me gusta cómo acaba Pablo sus novelas. Son finales con una combinación justa de tristeza y felicidad. Además, no sé si lo hace adrede o qué, pero ya me ha pasado varias veces terminar de leer y tener que volver al principio. La historia se convierte en algo circular: para alcanzar una comprensión completa necesitas volver a las primeras páginas y encontrar en ellas el sentido que permanecía invisible en la primera lectura. ¿Os animáis a comprobarlo?


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*Intersecciones: estuvo disponible en papel, actualmente no se distribuye.
Los pelícanos ven el norte: se pueden encontrar ejemplares en papel y digital.
El istmo del reloj de arena: auto-publicada en Amazon como libro digital.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Angelina y el Nuevo Mundo; de Carmen Martínez Gimeno

"- Me llamo Paloma.
- Está lindo tu nombre.
- ¿Hablas así porque eres de Guatemala?
- Eso creo.
- Guatemala está en América.
- Así es.
- Cristóbal Colón descubrió América.
- No, mi niña, no la descubrió.
- Sí. Yo lo he estudiado. Fue en 1492.
- No te vayas a enojar, mi niña, pero no fue así. Yo apenitas alcancé a ir a la escuela, pero sí estaba el día en que la maestra explicó bien clarito el viaje del señor Colón. Navegaba con sus tres carabelas buscando un paso para las Indias y se perdió en la mar; ya se moría de hambre con sus hombres cuando desembarcó en las tierras donde habitaban desde antiguo mis antepasados, cultivando sus milpas, cuidando sus animalitos, disfrutando de la vida, pues. Colón se asombró al verlos y no supo dónde estaba, por eso los llamó indios; mis antepasados se asombraron al ver al señor Colón con sus extraños ropajes y tampoco supieron de dónde venía, por eso lo imaginaron un dios. No, Cristóbal Colón no descubrió América, no se puede descubrir un lugar que ya está habitado. Es como si yo ahorita que llegué de Guatemala dijera: ¡Miren, descubrí España!"

SINOPSIS
«Angelina llegó a España con los ojos muy abiertos y un ligero temblor de rodillas que fue aumentando a medida que se acercaba al puesto de aduanas»: así comienza esta novela, ambientada en los años dorados de la joven democracia española, cuando se vivía la quimera de ser un país rico europeo y comenzaron a llegar inmigrantes de todas partes del mundo, sobre todo de América Latina, en un flujo inverso al seguido desde finales del siglo XV tras el desembarco en América de los navegantes españoles. 
A sus pocos años, Angelina se ha dejado convencer por su abuela para abandonar su Guatemala natal y viajar en busca de un Nuevo Mundo. ¿Encontrará El Dorado o las Siete Ciudades de Cíbola en las tierras españolas a las que acaba de llegar? ¿O acaso será el amor lo que descubra? 
Mezcla de tradiciones y modernidad, en esta narración se propone una mirada nueva de las cosas, una realidad maravillosa que sigue una lógica distinta. La trama no está exenta de sorpresas que mantendrán en vilo al lector hasta el final. 

Antes de acercarme a Angelina y el Nuevo Mundo, me acerqué a Carmen Martínez Gimeno. O ella se acercó a mí, no estoy segura. Fue en la presentación de un libro de otro autor cuando tuvimos oportunidad de charlar, y como me gustó su visión de las cosas en general y de la literatura en particular, quise probar con una de sus novelas (de las cuales creo recordar que no me habló en ningún momento de la conversación, y para mí la mejor publicidad es a veces la ausencia de publicidad). 

Después de acercarme a la autora me acerqué a su blog. Y finalmente, un buen día, la lectura de una de sus entradas hizo que me enamorara de un fragmento de esta novela. Y así llegué a conocer a Angelina, su linda voz y sus ojos de española.

Supongo que no soy la única persona que alberga suspicacias respecto a las novelas autopublicadas de Amazon. Como todo el mundo puede publicar, hay un gran riesgo de toparse con textos insuficientemente trabajados, de modo que cada vez tengo más cuidado a la hora de seleccionar las lecturas expuestas en ese gran gigante digital. Un vistazo a las primeras páginas ayuda mucho, y en este caso me confirmó que Carmen (traductora, editora, correctora y profesora, amén de escritora) se maneja estupendamente entre las letras. Más avanzada la lectura, comprobaría que además la autora sabe de lo que habla: parece bien trazado ese fondo histórico y cultural guatemalteco sobre el que se asientan las vidas de los personajes, y parece bien creíble y natural su modo de platicar (no han sido en vano sus viajes a América). Y nótese el "parece", porque esto es una opinión no más; quién soy yo y qué son mis escasos conocimientos para decidir lo que está bien o mal documentado.

Angelina y el Nuevo Mundo trata de eso: de la llegada al Nuevo Mundo de Angelina, una niña proveniente de un país (Guatemala) donde las niñas se ven obligadas a madurar más rápidamente que en el nuestro. Una niña sin padres ("A mi papá lo mataron los militares por no aguantarse y querer defender sus derechos pisoteados y mi mamá murió del sufrimiento porque era pobre y nadie la ayudó"), cuya abuela decide que su mejor futuro se encuentra en España.
"-[...] Mi abuelita quería protegerme como se protege a un hijo, dándome lo bueno de su corazón, y me envió a España pensando que acá la ley me cuidaría para que no me maltraten, no me den susto, no me hagan sufrir, pensando que viviría segura, trabajando por mi gusto y ganando bien, porque ustedes tienen derechos humanos."
Angelina aterriza en Madrid y no son fáciles los inicios, conoce a mucha gente mala y buena, los rincones de la ciudad enorme, los pasillos del metro, el verde parque del Retiro. ¿Encontrará esos "derechos humanos" que vino a buscar? 

Se trata de una historia corta pero bien narrada, impregnada de la cultura guatemalteca, un poco mágica y con unos diálogos deliciosos. El habla propia del otro lado del Atlántico (algunas de cuyas expresiones suelen resultarme entrañables) está tan bien reflejada que casi se puede escuchar el acento. Observamos nuestro país desde ese ángulo cultural y lo vemos un poco distinto; las cosas que no parecían importantes ahora llaman nuestra atención, porque estamos metidos en la piel de Angelina.

Flojea para mi gusto cuando empieza a intercalar las vivencias de la abuela en Guatemala con las de su nieta en España, pues en ese punto había cogido tal simpatía por Angelina que ya no me apetecía saber qué era de doña Chona. No obstante, admito que es un punto de vista que enriquece la novela. A parte de aportar los conocimientos sobre el país en el que ha echado raíces, doña Chona es una ilol o curandera y, a través de hierbas y rituales, sabe cuidar de los suyos y maneja la muerte casi tanto como la vida. 

Y el final, aunque no es malo, también me ha traído una pequeña decepción. Me hubiera gustado algo más... apoteósico. No quedarme con esa sensación de suspenso, como de no haber terminado de salir de la historia o de haber dejado una puerta sin cerrar.

Pero, ¿sabéis que hace tiempo que soy incapaz de usar mi lector de ebooks? Necesito libros en papel, lo digital se me hace tan distante... Sin embargo, he leído esta novela íntegramente en el teléfono móvil; debe ser que sus letras son tan cercanas y tan cálidas que neutralizan la frialdad de la pantalla de cualquier aparato.


Os animaría a buscar en Amazon y someter a examen las primeras páginas de Angelina y el Nuevo Mundo: las probabilidades de que os gusten son altas. Porque tiene el regusto de la literatura de antes, de mi literatura de antes. Seguir las aventuras de la pequeña protagonista guatemalteca ha traído a mi memoria aquella época en que de niña seguía las aventuras de otros niños, como la Celia de Elena Fortún. Angelina es inocente pero madura, capaz de hacernos pensar con sus sentencias, porque pese a lo joven que es, ha experimentado lo suficiente como para empezar a vislumbrar la sabiduría

sábado, 5 de septiembre de 2015

Luna de verano; de P.G.Wodehouse

"Jane examinaba su plato de entremeses, lamentando amargamente, como siempre ocurre, la equivocación que había cometido al elegirlos.
-No le pasa a usted -dijo a Joe- que después de que le sirven los entremeses se da usted cuenta de que lo que realmente quería era sardinas?
-Creo haber explicado bastante concretamente que lo que quiero es a usted.
-No, hombre. Quiero decir sardinas en vez de ensaladilla de patatas y berza en vinagre.
-Vale más no extraviarnos por los caminos de la ensaladilla de patatas -dijo él-. Me parece que no se ha dado usted cuenta de que le he dirigido el máximo piropo que puede dirigirse a una mujer, como he leído no sé dónde.
-Ya, ya lo he notado.
-Entonces, vayamos al grano y dejémonos de esas banalidades de la berza en vinagre y demás. Le he pedido que se case conmigo. ¿Por qué no acepta?
-Porque he hecho a mamá solemne juramento de no dar promesa de casamiento a un hombre a los cinco minutos de conocerlo."

SINOPSIS
Es verano en el castillo de Sir Buckstone Abbott, y el buen tiempo enciende las pasiones: Joe Vanringham languidece por Jane Abbott, quien a su vez suspira por Adrian Peake y cree ser correspondida por él. Pero Joe sabe algo que Jane ignora: Adrian es una especie de perrito faldero -o gigoló, según los días– de señoras acaudaladas y, ahora, está comprometido con nada más y nada menos que la princesa Von und Zu Dwornitzchek, antaño conocida como señora Vanringham... Y hay una vuelta de tuerca más en esta divertidísima ronda de pasiones estivales: el padre de Jane, el no menos tremebundo sir Buckstone Abbott, ha planeado venderle su solariega –y horrible– mansión a la princesa para salvar así sus maltrechas finanzas.

La recomendación tan insistente de este autor por parte de Ana González Duque fue lo que me llevó a elegir esta novela como indudable candidata para participar en la iniciativa Serendipia Recomienda 2015. Además, por fin iba a descubrir qué era esa humor británico que a tanta gente le gusta. Y que, visto lo visto, a mí no me genera demasiado entusiasmo. Creo que han sido más carcajadas lo que he echado en falta. 

La lectura ha resultado agradable, eso sí. Creo que es muy posible que encante a determinado tipo de lector: ese del que hablaba, el que ama el humor inglés. La forma de expresarse del autor me ha parecido una mezcla encantadora de ironía y lenguaje bucólico, que llama la atención desde el inicio:
Era una espléndida mañana dorada y azul, de nubes aborregadas e insectos que zumbaban a la luz del sol. Lo que el locutor del boletín meteorológico de la BBC -que puede equivocarse como cualquier hijo de vecino- hubiera llamado "una zona de alta presión atmosférica que se extiende al sur de las islas Shetland sobre gran parte del Reino Unido", funcionaba perfectamente.
Tampoco los personajes están mal: uno puede reírse de ellos para sus adentros, por sus ocurrencias y las situaciones en las que se ven envueltos, aunque no se llega al punto de encariñarse, de sentir con ellos, de echarlos de menos y no olvidarlos nunca jamás. Quizá no quede más remedio y sean así las cosas en la comedia: uno se puede divertir con una caricatura, pero difícilmente llegará a amarla, al no sentirla próxima a su realidad. 

En Luna de verano encontramos enredos amorosos en toda regla. Iba a calificar la novelita de sencilla hasta que me he acordado de lo que me costó seguir cada uno de los hilos que entretejían el enredo. Que si el enamorado, que si la prometida, que si el padre, que si el yerno, que si el otro enamorado, que si la otra muchacha, y luego los nombres y los apellidos y los parentescos varios. Alguno diréis que no es para tanto, pero yo a veces tenía que pararme a respirar para recomponer en mi cabeza todo el cuadro.

No puedo dejar de comentar otra cosa buena que he sacado de esta lectura: conocí una preciosa librería de segunda mano llamada Arrebato Libros. De esas llenas de tesoros "enterrados", con libreros encantadores y marcapáginas incluido en la compra. Y una puerta de entrada a la que dan ganas de sacarle fotos desde todos los ángulos.


Aunque Luna de verano no ha cumplido mis expectativas, tampoco me ha hecho sufrir. He llegado a percibir en ella un encanto especial que me permite entender que pueda entusiasmar a cierto tipo de lector. Cierto tipo al que parece que no pertenezco.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Nuestro último verano en Escocia

SINOPSIS
Doug y Abi son dos padres normales que tienen tres hijos encantadores aunque muy excéntricos. Cuando el estrés de ser padres pone en peligro su estabilidad mental y su matrimonio, deciden realizar un viaje a Escocia con sus hijos. Allí participarán en una gran reunión familiar y se reencontrarán con Gordie, el increíblemente extravagante padre de Doug. Sin embargo, lo que prometían ser unas vacaciones para la reconciliación pronto se convierte en un campo de minas no exento de situaciones hilarantes en el que rencores familiares, malentendidos y egos maltrechos conforman el orden del día. Cuando los niños precipitan un giro inesperado en los acontecimientos, la familia se ve obligada a aparcar sus diferencias y a colaborar, pues de lo contrario corren el riesgo de perder aquello que más aprecian.

Tuve ocasión de ver Nuestro último verano en Escocia en una de las pocas visitas que hago a la gran pantalla, y di gracias una y mil veces por haberme cruzado con ella. La elección fue espontánea: unas amigas querían ver actuar a David Tennant fuera de la serie Doctor Who; yo, a parte de esa curiosidad, fui pescada por una crítica que la comparaba con Pequeña Miss Sunshine (una de mis películas favoritas). No siempre las comparaciones son odiosas o desacertadas, y sí que me recordó a Pequeña Miss Sunshine en algo: el estilo de los personajes. Todos son peculiares, carismáticos, vivos.

The truth is, every human being on this planet is ridiculous in their own way. So we shouldn't judge, we shouldn't fight, because in the end... in the end, none of it matters. 
(La verdad es que todo ser humano de este planeta es ridículo a su manera. Así que no deberíamos juzgar, no deberíamos pelearnos, porque al final... al final nada de eso importa.) 
Es cierto que el argumento peca un poco de esperpéntico, cada vez más a medida que avanza la cinta, pero a mí no me molestó. Supongo que es algo intencionado y busca la complicidad del espectador, robarle una sonrisa o una lágrima, a veces una sonrisa diluida en llanto. Y llegó un momento en que pensé que me sería imposible disimular. Podía justificar mis lágrimas diciendo que habían sido exprimidas por las carcajadas, aunque quizá eso no fuera una justificación sino una verdad. O a lo mejor sí, a lo mejor estaba llorando de verdad. Los ojos rojos. El pañuelo saliendo continuamente del bolso en auxilio de la nariz. Lo admito: mi reacción fue exagerada (a lo mejor partía de un estado de ánimo algo lábil), pero mis carcajadas no fueron solitarias, y tampoco fui la única que salió contenta de la sala.


Me gusta la sinopsis que leí antes de ver la película, que es la que he puesto debajo de la foto de cartel, extraído de la página de filmaffinity. Me gusta porque no revela nada importante y, de hecho, la película tomó un camino que me pilló por sorpresa. Se abrió sin previo aviso un abanico de sentimientos y reflexiones. Apareció una profundidad inesperada en la que me caí.


Poco después descubrí que a este tipo de películas se les llama feel good movies (siempre con esa manía de usar el inglés, que parece que queda más guay que el castellano) y fui consciente, aunque no me importó, de que estaba llena de mensajes tópicos ("Vive la vida, que son dos días", "Aprovecha el tiempo con la gente que te rodea"...). No me importó porque en mí funcionó la fórmula, porque los miembros de la familia protagonista tienen una personalidad tan desbordante que es difícil no quererlos y emocionarte con ellos. Especialmente con los tres niños, cuya actuación no voy a entrar a valorar, pero que, con sus reacciones inesperadas y sus diálogos inocentes y directos al grano, aportan gran parte de su esencia a la película (y de las carcajadas).


Cuando una historia, ya sea escrita o audiovisual, me hace sentir de este modo, acude a mi mente la palabra catarsis y el comentario de un libro de texto del colegio, que decía que eso era lo que buscaban las obras dramáticas clásicas griegas. Como si las lágrimas arrastraran todo el estrés fuera del cuerpo (y quizá haya parte de verdad en ello). En fin, quién iba a decir que no me importarían los tópicos: a mí me ha encantado esta comedia británica con un toque de drama.


miércoles, 15 de julio de 2015

Maestro cantor; de Orson Scott Card

"Ansset se puso a cantar de nuevo, con un tono tranquilizador, pero Kya-Kya se puso en pie de un salto y retrocedió.
-¡Otra vez no! ¡No me engañarás de nuevo! ¡Cántale a las piedras y hazlas llorar, pero no me engañarás otra vez!
Salió corriendo de la habitación, cerrando la puerta de golpe, y dejando atrás la canción del niño, su rostro vacío. Ansset era un monstruo, no había nada real en él, y Kya-Kya lo odiaba.
Pero al mismo tiempo recordaba su canción y le amaba, y ansiaba regresar a su celda para oírle cantar eternamente."
SINOPSIS
Secuestrado a muy temprana edad, el joven Ansset ha sido educado en el aislamiento de la Casa del Canto. Su vida es la música y la canción. Su voz posee cualidades nunca oídas antes. Su arte puede reflejar las esperanzas y los miedos de su audiencia y, amplificando las emociones que inspira, puede incluso servir para sanar. Aunque también para destruir… Ansset se convertirá en Pájaro Cantor de Mikal el Terrible, el emperador de la galaxia, pero deberá demostrar su capacidad para calmar con sus canciones la conciencia atormentada del temible gobernante.
Una sobrecogedora historia de poder y de amor. La saga de formación de un artista y su educación sentimental y política. Una vida trágica y gloriosa, narrada con la mano experta en el tratamiento de sentimientos y emociones que le han valido a su autor los premios Hugo y Nébula por El juego de Ender y La voz de los muertos. 

Después de la lectura de El juego de Ender, hace ya varios años, no me quedaron ganas de seguir con las aventuras de este personaje en La voz de los muertos y el resto de novelas de la saga. Pensé que era un buen final para las aventuras de este niño obligado a madurar antes de tiempo y que no merecía la pena darle más vueltas, porque eso sólo serviría para cansarme de una historia que, aunque bien contada, no había terminado de seducirme. (Excluyendo su impactante final.) No obstante, cuando buscando un libro para regalar me encontré con esta novela menos conocida Orson Scott Card, la sinopsis me pareció tan atractiva que, una vez conocida la sentencia positiva de su dueña y primera lectora, quise acercarme a él. 

Pese a que no tengo El juego de Ender fresco en la memoria, es inevitable encontrar paralelismos entre este Maestro cantor y la obra más conocida del escritor. El protagonista, Ansset, es un nuevo Ender, o tal vez fue al revés, pues esta obra se publicó seis años antes de que el famoso personaje viese la luz. Tanto uno como otro son niños que se ven obligados a dar lo mejor de sí mismos demasiado pronto, a dejar de lado sus deseos más espontáneos para hacer frente a un destino que se les presenta en forma de una gran responsabilidad: salvar a la humanidad de la invasión extraterrestre en un caso, mantenerla pacíficamente unida en otro.
-Es un lugar lleno de orgullo -dijo Ansset.
-¿Qué, la Tierra? -preguntó Riktors Ashen.
-¿Qué he visto de la Tierra?
-Todo el planeta es así. Mikal no diseñó esta ciudad, ¿sabes? Fue un regalo.
-¿El planeta entero es así de hermoso?
-No. Altivo. Con la nariz al aire. La gente de la Tierra está muy orgullosa de ser el "centro de la humanidad". El corazón, vaya tontería. En el margen, eso es lo que son, y un margen loco, si quieres saber mi opinión. Se aferran a sus insignificantes identidades nacionales como si fueran religiones. Es un lugar terrible para una capital... este planeta está más fragmentado que el resto de la galaxia. Hay incluso movimientos independentistas.
-¿Para independizarse de qué?
-De Mikal. De su planeta capital, y piensan que sólo una porción del planeta debería librarse de él -rió Riktors.
Ansset estaba completamente sorprendido.
-¿Pero cómo pueden dividirlo? ¿Pueden coger un trozo del planeta y llevarlo al espacio? ¿Cómo pueden ser independientes?
-Eso mismo pienso yo.
Orson Scott Card construye a sus personajes desde dentro, intentando otorgar de sentido emocional a sus acciones, explorando hasta las entrañas los porqués de su forma de ser. 

Me ha gustado mucho más el entorno en el que se desarrolla esta novela si se compara con la sensación claustrofóbica que transmitía El juego de Ender. Ya no son habitáculos cerrados flotando en el espacio, sino que el mundo se abre ante nosotros en forma de diversidad de paisajes y ciudades, de un universo entero lleno de planetas y ciudades que descubrir, aunque sólo visitemos con la imaginación un número reducido de estos lugares. Hay más naturaleza y no tanta maquinaria espacial, y eso me ha acercado más a la historia.

Todo el universo está gobernado por el emperador Mikal. Mikal reúne un amalgama de cualidades (ambición, sensibilidad, crueldad, amor) en unas proporciones tan perfectas que le han permitido obtener y conservar su puesto de poder y mantener a la Humanidad unida y "en paz". 
La Casa del Canto, en el pequeño planeta de Tew, mantiene cierta independencia respecto al gobierno del emperador. Se trata de una institución que enseña a sus alumnos a cantar hasta convertirlos en Pájaros Cantores, seres con un increíble talento para comunicarse a través de melodías. Una vez formados, los Pájaros Cantores pueden ser adquiridos temporalmente por la gente de toda la galaxia, pero sólo si la Casa del Canto considera que son capaces de apreciarlos. 

Lo de cantar suena muy simple, pero no es así. Me ha parecido un aspecto muy original y el mayor atractivo de esta novela. Los alumnos entrenados en la Casa del Canto son en su mayoría niños, algunos de ellos huérfanos que son acogidos y cuidados allí a lo largo de su vida. Los Maestros Cantores y sus alumnos se comunican a través de la música. Cuando alguien habla, no "dice", sino que "canta". Saben imprimir a sus palabras el ritmo adecuado para transmitir algo que va más allá de las mismas. O saben hablar sin palabras, tan solo desnudando su alma a través de melodías, aunque ese sea un arte difícil de dominar.

Y por supuesto, Ansset es el héroe, y como tal posee cualidades espectaculares. Quizá un tópico que se permite Orson Scott Card, igual que hará con Ender. Pero ambos personajes sufren una evolución; la evolución de Ansset desde el principio hasta el final de Maestro cantor es clara y el camino que recorre entre la multitud de personajes que pueblan la novela es largo, sinuoso y repleto de sentimientos. La palabra amor en su sentido más amplio flota sobre las letras desde la primera a la última página.
Oh, Ansset, eres un maestro, pensó Esste, pero también advirtió cosas que no había percibido con anterioridad: cómo su rostro se mostraba impasible antes y después de cantar: cómo su cuerpo permanecía rígido, concentrándose en conseguir el tono preciso. Nos manipula, pensó Esste. Nos manipula pero no lo hace ni con la mitad de perfección con que se manipula a sí mismo. Advirtió cómo el niño percibía la más mínima agitación, cada mirada del público, cómo se nutría de ella y la devolvía multiplicada por cien. Ansset es un espejo que amplifica, pensó Esste. Eres un espejo que amplía, tomando el amor que recibes y lo devuelves con más fuerza que antes, pero sin nada de dentro de ti. No eres completo.
Las relaciones que se establecen entre unos personajes y otros son cambiantes y llenas de matices. A veces, como en la vida real, no del todo definidas. Ansset es un niño que se va modelando a base de las presiones del entorno. Su maestra Esste será la encargada de manejar esas presiones de forma  que no san demasiado fuertes y hagan de Ansset un ser artificial, desprovisto de su propia humanidad. Las canciones de Ansset pronto se hacen famosas por su capacidad para reflejar las inquietudes y anhelos de los demás, pero parece claro que el pequeño ha enterrado sus propias emociones muy dentro de sí mismo. Puede controlar las de los demás, pero corre el peligro de ahogarse dentro de sí, en el pozo profundo de su Control.  

De errata a errata y tiro porque me toca

Casi se me olvida una pega muy gorda. Pero no es culpa de Card, sino de quien sea que haya editado este libro. Porque me ha parecido vergonzosa la cantidad de erratas absurdas que lo pueblan. Pero no erratas de no saber escribir, sino erratas de palabras juntas de debieran ir separadas, separadas que debieran ir juntas, cambios de letras dentro de palabras (de manera que la palabra la tienes que imaginar), comas por puntos, incluso cambios de letras por números (en vez de poner "lo", ponía "10"). Un auténtico jeroglífico cuya razón de ser no me explico. Pareciera que todo fuese fruto de una máquina en vez de un ser humano. Será que querían llevar la Ciencia Ficción al límite.


Maestro Cantor es una novela compleja en cuanto a contenido pero de lectura sencilla y bastante adictiva. Últimamente es difícil que una novela capte mi atención desde el principio, y esta lo ha hecho desde el prólogo, si bien es verdad que iba inflándose y desinflándose y que esperaba algo más del final, después de la gran sorpresa que me llevé con el de El juego de Ender. Al final he disfrutado más del camino que de la meta. Ha sido uno diferente a los que había recorrido hasta ahora.

sábado, 4 de julio de 2015

El chico sobre la caja de madera; de Leon Leyson

"Me fijé en que los nazis convencidos me miraban los zapatos o daban cuerda a su reloj cuando alguien mencionaba la guerra. Si alguien hacía algún comentario sobre las desgracias sufridas por los judíos, su manida respuesta era: «Nosotros no sabíamos nada». El doctor Neu no era así. Me preguntó sobre mis experiencias y escuchó atentamente lo que le conté. Me acordé de que Oskar Schindler también me había hecho preguntas y había escuchado mis respuestas. El doctor Neu no intentaba encubrir lo que había pasado. Un día, mientras yo le contaba una historia, su mujer nos oyó. «Nosotros no sabíamos nada», murmuró. Él le lanzó una mirada penetrante y dijo: «No digas eso»"

SINOPSIS
Incluso en los tiempos más oscuros, especialmente en los tiempos más oscuros, hay espacio para la fuerza y la valentía. Una memoria notable de Leon Leyson, uno de los niños más pequeños sobrevivientes del Holocausto en la lista de Oskar Schindler. 

¿Qué me sugería, hasta hace unas semanas, el nombre "Schindler"? Pensaba en una lista. ¿De alumnos? ¿De tareas? ¿De la compra? Nada de eso. Solo en una lista. Como mucho, de personas. Pero no sabía para qué.

¿Qué me sugiere, ahora, el nombre de "Schindler"? Pienso en la palabra héroe. En un hombre que luchó por salvar la vida de personas (él sí las consideraba personas), que no tuvo más remedio que hacerlo pagando por cada una de ellas a costa de su propio fracaso. Sin obtener nada a cambio. Miento. La gratitud de miles no es "nada". Ahora, cuando pienso en Oskar Schindler, siento orgullo ajeno (que es como la vergüenza ajena pero en orgullo). 

No ha sido El chico sobre la caja de madera una lectura inolvidable ni que me provocara grandes emociones, pero sí una puerta abierta a una pequeña parcela de la Segunda Guerra Mundial que yo no conocía. Y no sólo me he asomado a ella sino que he sentido la necesidad de atravesarla y acercarme más a ese personaje extraordinario. Lo hice poco tiempo después, gracias a la película La lista de Schindler.

Tampoco es que Oskar Schindler fuese un hombre ejemplar. No hay seres humanos perfectos, al fin y al cabo. Pero sí que podría decirse que fue un héroe, y el razonamiento de Leon Leyson viene a demostrarlo:
Habría podido decidir que su vida dependía de obligarnos a trabajar hasta la muerte, pero no lo hizo. En cambio, ponía en peligro su vida cada vez que nos protegía por la sencilla razón de que era lo que había que hacer. Yo no soy filósofo, pero creo que Oskar Schindler es un excelente ejemplo de heroísmo. Demuestra que una persona puede hacerle frente al mal y cambiar las cosas.
Yo soy una prueba viviente de ello.
Recuerdo una entrevista televisiva que vi una vez con el escritor y académico Joseph Campbell. Nunca he olvidado su definición de «héroe». Según Campbell, un héroe es una persona normal y corriente que hace «lo mejor que se puede hacer en el peor de los momentos». Oskar Schindler personifica esa definición.
Schindler llevaba una existencia algo contradictoria. A parte de pertenecer al partido nazi, era un hombre mujeriego (infiel a su esposa), dado a la bebida y a las fiestas, pero utilizaba las mujeres, la bebida y las fiestas para mantenerse en buenas relaciones con sus compañeros de partido: era el perfecto organizador de juergas. 
Gracias a estas buenas relaciones y a su inteligencia, se colocó en una posición óptima para ayudar a los débiles sin sufrir el castigo por parte de los poderosos. Así, pudo acoger en su fábrica a varios cientos de judíos a los que evitaba la tortura de los campos de concentración y de exterminio. No es que tuvieran una vida muy cómoda, pero al menos comían algo (poco) y no eran maltratados. Ellos, los que formaban parte de la lista de trabajadores de la fábrica, se sentían afortunados. Les sorprendía que su superior les considerase personas y hablara con ellos como si fuesen sus iguales.

De izquierda a derecha: Oskar Schindler, Lis y su marido Leon Leyson.
Sí: posiblemente El chico sobre la caja de madera sea "una novela más del holocausto". Esta vez no voy a decir que es diferente a las demás o una digna competidora de La ladrona de libros (con la que, por otra parte, no tiene nada que ver en cuanto a estilo). Pienso que lo único que la hace más especial es su carácter autobiográfico, pues su autor, Leon Leyson, vivió de primera mano lo que en ella se cuenta: fue arrancado en su infancia primero de su hogar y después de su familia; formó parte de esa lista (fue el superviviente más joven); conoció a ese héroe. Y lo que más destaca de su declaración es la devoción manifiesta hacia el hombre al que debe su existencia.
Fallecido hace dos años, Leon Leyson era al principio reacio a hablar de esa época de su vida, pero con el paso de los años perdió ese miedo y ha ofrecido discursos y entrevistas*. 


Oskar Schindler: si no conoces al hombre que hay detrás de ese nombre, esta novela es una buena forma de empezar a hacerlo, a través de los ojos de uno de los cientos de judíos a los que salvó.

3,5

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*En Youtube pueden encontrarse algunas; dejo este enlace como breve ejemplo: (aquí).

miércoles, 20 de mayo de 2015

Jameson Notodofilmfest en el Matadero de Madrid: una de cortos

Alguna vez he pensado en dedicar entradas del blog a hablar de lugares o experiencias de ocio. En una ciudad tan grande y variopinta como Madrid, uno se encuentra de vez en cuando con sorpresas y buenos ratos inesperados que apetece compartir. 

No había estado nunca en el Matadero de Madrid hasta el miércoles 13 de este mes cuando, por cosas de tener tiempo libre y una amiga investigadora de propuestas diferentes de ocio, asistimos a la proyección de cortos que organizaba Jameson Notodofilmfest en la Cineteca. Lo primero que me sorprendió fue la zona, más grande de lo que pensaba, llena de edificios de ladrillo y piedra que me encantaron, cada uno destinado a un propósito que no tuve tiempo de investigar. Por dentro el espacio era amplio y acogedor; la sala donde se proyectaron los cortos no tiene nada que envidiar a una sala de cine convencional, más bien al contrario.


Jameson Notodofilmfest es un festival de cine desarrollado sobre todo a través de Internet, en el que los artistas del cortometraje pueden dar a conocer sus creaciones. Dispone de una página web que lo explica todo mucho mejor que yo, así como de un canal de YouTube repleto de cortos gratuitos y del que, visto lo visto, me voy a tener que hacer más asidua.

La proyección, The very best of Jameson Notodofilmfest (Vol IV), comenzó con cada uno de los directores presentando brevemente sus cortos, y continuó con una sucesión de todo tipo de escenas y situaciones, desde las más divertidas a las más tristes, pasando por las más incomprensibles. Los veintitrés cortos, seleccionados de entre todos los existentes a lo largo de los trece años de vida del festival, tuvieron una duración total de ochenta minutos y estuvieron acompañados de aplausos y, sobre todo, de buen rollo y risas. Fue una tarde muy agradable que repetiría con gusto. (¡Y gratis!) Es verdad que algunos me resultaron totalmente incomprensibles, y otros me supieron a poco o a nada, pero varios de ellos me hicieron reír hasta que tuve que sacar el pañuelo (también es verdad que el ambiente risueño contribuyó a ello).

Voy a dejar aquí una selección de los ocho que más me gustaron, explicando brevemente por qué. Vamos, una selección de la selección. Vedlos si podéis, ¡no se tarda nada y puede que paséis un buen rato!

El mueble de las fotos
Captó mi atención por la espontaneidad del narrador y me hizo sonreír hasta su original final, que arrancó un buen aplauso al público. Su director es Giovanni Maccelli (Goya al mejor cortometraje de animación por Juan y la nube, que no he podido encontrar completo).


Defensa propia
Uno de los más graciosos. Quizá el que más me gustó en su conjunto, por su giro tan divertido. Al menos en el momento de verlo en pantalla grande. Quizá pierde gracia en visionados posteriores, porque ya sabes lo que está pasando... Su director es Javier Ruiz Caldera (director de la película Spanish Movie).



Los Reyes Magos
Hay que admitir que el atractivo de este corto de animación no radica tanto en la parte visual como en el diálogo sobre el cual se construye: un padre que le cuenta a su hijo (un tanto rarito) que no existen los Reyes Magos. Se proyectó otro corto de este mismo director (lo incluiré más abajo), y parece que sus personajes se caracterizan por un modo de hablar que a mí me asusta un poco: me parece, quizá, agresivo o demasiado franco. Cuidado porque este en concreto abusa de las malas palabras y los insultos. Es, digamos, políticamente incorrecto. Pero parece que eso hizo gracia al público, que no paró de reír. Su director es Alberto González.



Sheeple
No pensaba incluir este corto porque no lo entendí la primera vez que lo vi, pero lo acabo de volver a ver y, como casi todo lo que me resulta cercano y cotidiano, me ha convencido lo suficiente como para añadirlo. Es muy breve y quizá os dé qué pensar. Intuyo que su título surge de una mezcla entre las palabras inglesas sheep (oveja) y people (gente). Su director es Alejandro Pérez Blanco.


Precipitaciones
No me convenció del todo, admito que lo incluyo por el escenario. Para que, la próxima vez que paséis por la Puerta del Sol de Madrid a las 11:11 h, sintáis un poco de terror... Quien lo presentó (no recuerdo si fue el director o una representante) comentó que la plaza madrileña aparecía convertida en un Triángulo de las Bermudas. Su director es Josué Ramos Sosso.



Los paralelos
Es un diálogo a cuatro bandas muy rápido, extraño y al principio confuso. Un poco locura, pero me gustó por alguna razón. Tal vez, simplemente, porque me sorprendió. Es una idea complicada y parece que funciona la manera en que está construida. Su director es Sergio Granda Rodríguez.

Este no he conseguido encontrarlo en YouTube, así que AQUÍ dejo el enlace a una página que lo contiene.

Fracasados por el mundo
A mí me ponen imágenes de Praga y soy feliz. Pero además, oye, esta parodia de Españoles por el mundo tiene su gracia. Su director es Gonzalo Gurrea.


El regalo
El broche de oro que cerró la proyección; este no os lo perdáis: junto con Defensa propia, fue uno de mis preferidos. Quizá un poco predecible, pero igualmente enamora su cotidianidad. ¡Y está basado en hechos reales! Su director es Javier Fesser (el mismo de El milagro de P. Tinto, Mortadelo y Filemón, o Camino).


Si, llegados a este punto, habéis visto todos los vídeos, ¡enhorabuena! Y si no, os lo agradezco igualmente. En uno u otro caso, me encantaría leer vuestras impresiones. ¿Cuál os ha sorprendido? ¿Cuál os ha hecho reír más? ¿Y pensar? Espero que llorar ninguno, porque los tristes no llegaron a encontrarse entre mis favoritos (más abajo tenéis los enlaces al resto de cortos proyectados).

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-Suerte (David Barrocal): sobre la ludopatía de una madre.
-Cirugía (Alberto González Vázquez): animación; diálogo surrealista entre una mujer y un hombre.
-Mensaje (Juan Nonzioli): sobre el Alzheimer.
-Tiquismiquis (Gabriel Ochoa): este no lo entendí hasta que supe que se debía a que era mujer; si es que a veces somos unas tiquismiquis...
-Neorrealismo (Óscar Girón): conversación entre dos senegaleses en un restaurante; creo que este no lo entendí por ser una inculta del mundillo del cine.
-Niña bonita (Yerko Espinoza Zuñiga y Anastasia Karelia): sobre un mendigo y una prostituta.
-Blanca (Diego Casado): sobre la trata de ídem.
-En el agujero (Pablo Arreba): humor breve e inesperado, que no me hizo mucha gracia.
-Sexto (Martín Escribano): conversación entre dos vecinas y madres en el rellano de la escalera.
-Dolo (Virginia Rota): este no veía por donde cogerlo.
-El partido (Álex Rodrigo): parodia de un partido político; ganador del premio La Térmica al mejor proyecto de Serie Web.
-Álex (Cesc Gay): conversación telefónica; no terminé de entender si había algún mensaje oculto o simplemente lo que se ve.
-Tarkovsky (Daniel Monzón): tiene su gracia, pero tampoco lo entendí del todo.
-Por activa y por pasiva (Rodrigo Cortés): cuatro niños discutiendo como adultos; otro corto cuya finalidad no entendí, quizá recuerda a los políticos que hablan mucho y no dicen nada.

martes, 12 de mayo de 2015

Maus; de Art Spiegelman


SINOPSIS
Maus es la biografía de Vladek Spiegelman, un judío polaco superviviente de los campos de exterminio nazis, contada a través de su hijo Art, un dibujante de cómics que quiere dejar memoria de la aterradora persecución que sufrieron millones de personas en la Europa sometida por Hitler y de las consecuencias de este sufrimiento en la vida cotidiana de las generaciones posteriores. Apartándose de las formas de literatura creadas hasta la publicación de Maus, Art Spiegelman se aproxima al tema del Holocausto de un modo absolutamente renovador, y para ello relata la experiencia de su propia familia en forma de memoir gráfica, utilizando todos los recursos estilísticos y narrativos tradicionales de este género y, a la vez, inventando otros nuevos. La radicalidad narrativade esta obra marcó un antes y un después en el universo de la novela gráfica, y por ello Maus obtuvo el primer y único premio Pulitzer otorgado a un cómic.

Me encuentro con que en un corto espacio de tiempo he observado el Holocausto desde perspectivas muy diversas. Primero fue la real, la visita al campo de concentración de Terezín, que avivó mi curiosidad (ya despierta) sobre los que vivieron en esa época y en ese lugar. Me sorprendió mucho encontrarme con aquello, que era la prueba definitiva de que lo que hasta entonces había visto en películas y leído en libros existió de verdad. Podía tocar las enormes estructuras de madera que fueron en el pasado lechos duros de donde dormían judíos hacinados. Las celdas. Las duchas. Todo. Y experiencias, tantas que se necesitarían varias visitas (y saber inglés o checo) para leerlas todas, colgadas en las paredes de habitaciones-museo.


Aparece una breve mención de Terezín en Maus, esta biografía que Spiegelman construye a partir de lo que su padre Vladek le relata sobre sus desventuras como superviviente del Holocausto. Recientemente prohibida en Rusia por ser considerada "propaganda nazi", Maus es, por el momento, la única novela gráfica que ha ganado el premio Pulitzer.

No me esperaba tanta metaficción en Maus. Por ejemplo, podemos ver, y leer, cómo el propio autor grababa las entrevistas a su padre. También asiste el lector al momento en que Art Spiegelman concibe las caras de sus personajes, esas zoomorfas que dependen de la nacionalidad o ideología de cada uno (ratones para los judíos, gatos para los alemanes, cerdos para los polacos, ranas para los franceses...).


Me ha parecido que el aspecto animal de los personajes, lejos de deshumanizarlos, les hace más entrañables y cercanos. A lo mejor, la perspectiva actual también contribuye a otorgar naturalidad a la narración: el lector se siente parte de la familia Spiegelman y es tan testigo del relato de Vladek como su hijo Art. Este, además de soportar las excentricidades propias de la vejez y la complicada relación que su padre mantiene con su madrastra, intenta asumir el pasado de su familia y su papel como depositario y difusor de un testimonio tan duro e importante para la humanidad. Para ello cuenta con la ayuda y el apoyo de Françoise Mouly, su esposa francesa, que decide convertirse al judaísmo para satisfacer los deseos de Vladek. Será en la revista Raw, editada por ambos, donde hacia 1980 empezará a publicarse la serie de cómics que se reúnen ahora en esta obra.

Había leído antes novelas ambientadas en este periodo histórico, tales como Cuando el mundo gira enamorado, o El niño con el pijama de rayas, o La ladrona de libros, y me preguntaba mientras leía Maus cómo podía saber tan pocas cosas de todo aquello por lo que pasaron los judíos. Ahora me doy cuenta de que la primera de esas lecturas apenas la recuerdo, la segunda (leída en inglés) es quizá la que más directamente trata el tema, y la magnífica tercera no se centra tanto en la vida en un campo de concentración. Así que sólo tenía una idea vaga y general de lo que había supuesto el Holocausto para los que lo sufrieron, y una imagen de los campos de concentración formada a partir de fragmentos de películas, la mayoría de cuyos títulos ni siquiera recordaba.


Antes de que los nazis llegaran a destruir sus vidas, muchos judíos, como Vladek Spiegelman, trabajaban en empresas que les proporcionaban dinero para llevar una vida acomodada. A medida que les iban arrebatando cuanto tenían, habían de improvisar trucos para conservar, escondidas, parte de sus riquezas, las cuales podían ser muy útiles (tanto o más que un cigarrillo) para eso tan importante que era sobrevivir un día más. Por supuesto, no sólo les arrebataban el dinero y los bienes materiales. Había que proteger a los ancianos. Había que salvar a los niños. Y, pese a los ingeniosos escondites que ideaban las familias en sus casas, no todos evitaban que fueran descubiertos y deportados a guetos y campos.


La lectura de Maus me ha acercado a detalles que me han sorprendido y abierto los ojos. Sorprendente, por ejemplo, lo importante que podía llegar a ser una rebanada de pan, una onza de chocolate o un simple cigarrillo. Una rebanada y una onza eran un exquisito manjar... para compartir entre unos cuantos judíos. Un cigarrillo podía servir para comprar más rebanadas o más onzas. O queso o cualquier otra cosa comestible. Cualquier otra cosa que sirviera para sobrevivir y alcanzar con vida el final de la guerra, si es que este llegaba.


Maus es, en definitiva, una de las mejores novelas gráficas que he leído. Me recuerda mucho a Persépolis en el sentido de que cuenta una historia que entretiene y enseña, y además porque lo hace empleando el dramatismo justo y con cierto humor entreverado en sus viñetas.