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sábado, 28 de febrero de 2015

Recordatorio de emergencia

Hazle caso: él sabe lo que te conviene, sabe mucho de eso que llaman vida, pues la tiene dentro de él y te la regala a cada segundo. La envía a tus dedos y, sin que tú lo notes, te recorre brazos y piernas; la lanza también hacia arriba, pétalos de rosa al cielo, sangre al cerebro.

Si desde ahí no lo ves, tan cerca como estás, aléjate. Un poco más. Si lo consigues, observa bien. Deberías divisar, entero y pequeño, tu propio trozo de tiempo. Quizá esté rodeado de los trozos de tiempo de más gente. A lo mejor algunos trozos se ven cruzados. Todos forman un camino más o menos largo e intrincado. Date cuenta, sobre todo, de lo pequeños que son y de lo bonito que sería llenarlos de sensaciones (unas hermosas, otras tristes). ¿No resultaría aburrido dejarlos vacíos?

Eso de lo que te arrepientes, ahora o quizá más tarde, lo has hecho guiado por él, por ese que bate y bate dentro de ti. Y sabes que él lo único que hace todo el rato es no parar de vivir. Su único movimiento, latir y latir, es para eso y para nada más. Así que los impulsos que él te da, ya sea a susurros o a gritos, y que tú sigues después, no pueden ser destinados a otro propósito sino a ese. Y, si se sucumbe a un empujón con tan noble fin, luego no cabe la posibilidad de avergonzarse. Ni aunque uno termine sufriendo por su causa.

Un impulso alegre, una caída al abismo, porque todo lo que sube baja y sin subir no hay bajar y sin bajar no hay subir. Y esas son las cosas que llenan tu trozo de tiempo y hacen que merezca la pena tenerlo.


viernes, 8 de julio de 2011

Semillas olvidadas

Pintura de Jorge Murillo
¿Cuántas personas habrá que, sin saberlo, son el 
centro de los pensamientos de muchas otras?
¿Que se sienten desgraciadas, pensando 
erróneamente que están solas en el mundo?
¿Que han ido robado, sin percatarse, trocitos de 
corazones allá por donde pasaban, porque se iban
quedando enganchados en su alma?

 ¿Cuantos desgraciados que, habiendo sido 
condenados con la maldición de la timidez, son 
incapaces de manifestar su amor?
¿Que se sienten desgraciados, pensando en lo que 
podría ser de ellos y de su relación con esas 
personas, por las que sienten especial cariño, si 
pudieran abrir para ellas la caja de sus sentimientos?
¿Que han ido perdiendo, 
irremisiblemente, retazos de corazón, 
esparciéndose estos poco a poco por el mudo, 
como semillas enganchadas al fino tejido 
de las almas?

¿Semillas que necesitan ser regadas, 
nutridas y alimentadas de gestos, palabras 
y manifestaciones de cariño, para crecer?
¿Semillas que, de lo contrario, habrán sido
sembradas inútilmente?

Dedicado a todas las personas que nunca sabrán que las quiero.

viernes, 28 de agosto de 2009

Ilusión

Está allí. Es una ilusión. Es tu ilusión. Es una luz que ilumina tus días; lejana, es verdad, pero poderosa. Es una lámpara como una estrella, una de esas con muchos cristales que tintinean como campanillas, reflejando la luz blanca en todas direcciones y rompiéndola en pedazos de color que dibujan tu vida con alegres trazos...
Tú, sumido en lo oscuro de la existencia , caminas hacia ella, abriéndote paso entre los días que la separan de ti, sin fijar tu vista en otra cosa que no sea ese punto lejano y brillante que cada vez se acerca más, crece más...
Hasta que llegas a él.
¡Puedes tocarlo! Está al alcance de tus dedos; esa lámpara, esa luz, esa ilusión por la cual has vivido, en la que has basado tu razón de existir, está ahora al alcance de tu mano. Es tan bella, tan hermosa...
Es tan como un sueño que apenas te das cuenta de que está ahí, hasta que pasas de largo y te alumbra la espalda y ves tu negra sombra proyectada sobre el camino que recorres... Miras atrás pero la luz se aleja: intentas atraparla, pero se ha ido.
¡Se ha marchado, dejándote por único regalo una oscura sombra! ¡Pero si ni siquiera te ha dado tiempo de disfrutarla, de admirarla! ¡Pero si era tu ilusión, tu sostén! ¿Cómo es que ya ha pasado? ¿Qué será ahora de tu vida?
No te preocupes, pronto encontrarás otra de esas luces.
Pero esta vez procura llevar contigo cada uno de sus brillos, no perderte uno solo de sus trazos de arco iris.
¡No te quedes solo con tu sombra!

martes, 7 de julio de 2009

Amistad

Cuando nos sumimos en la sábana agobiante de la oscuridad, sólo la luz puede salvarnos. Debemos echar mano de las velas en ese momento. Pero no hemos de olvidar que para echar mano de ellas debemos llevarlas con nosotros. Siempre.

También necesitan nuestros cuidados. Tenemos, evidentemente, que mantenerlas encendidas si queremos que nos alumbren. Por sí mismas no pueden más que irse consumiendo, devorando la cera y el oxígeno que les da alimento hasta que no les quedan más nutrientes que la muerte. La luz muere y llega la oscuridad. No lo permitamos. Mantengamos la llama brillante, pues la lucecilla bailarina zigzagueando en nuestra vida puede llegar a ser importante. Si no nos damos cuenta ahora, lo haremos entonces, cuando su danza anaranjada desaparezca y con ella se apaguen los colores de nuestra vida.

Es verdad que a veces hay muchas llamas. Demasiadas llamas que mantener. Demasiado poco tiempo para hacerlo. También es cierto que hay llamas más potentes; otras más luchadoras. Si han sido tratadas suficientemente bien, tal vez resistan algo más de lo normal nuestra ausencia, sin consumirse en el olvido. Pero, tarde o temprano, acaban sucumbiendo. Nos necesitan.

Desgraciadamente, a veces nos toca vivir la muerte de una. Vemos como tiembla y se debilita. Titila. Envía sus últimas llamaradas de socorro. Intentamos ayudarla, hacer saltar la chispa que la salve, pero por más que lo intentamos la chispa no se forma. A veces la llama resurge, pero en unos segundos vuelve a declinar. La estamos perdiendo. Hacemos todo lo posible para recuperarla, aun sabiendo que el fin ha llegado para ella, pero no podemos hacer más. Lo sentimos de verdad, pero ella se va. Sentimos pesar por la marcha de una vela que alumbró tantas de nuestras horas de oscuridad.

Finalmente hemos de asumirlo. La vela es ahora la de un barco que navega a la deriva, empujado por el viento en cualquier dirección menos la que lo lleva a nosotros. Lo vemos alejarse en un mar tempestuoso cubierto de nubes grises y cielo oscuro rajado por los rayos. Allí en el horizonte, probablemente, la espere alguien que sepa cuidarla mejor.

lunes, 6 de julio de 2009

La culpa de El Otro


Hay un vaso encima de la mesa. Entonces se cae. ¿Que por qué? Eso no importa. Simplemente quedémonos con que se ha caído y se ha partido y disgregado en varios trozos de vidrio transparente y de bordes punzantes. O más sencillo, quedémonos con que se cayó y se rompió. ¿Quién tiene la culpa?


Si hubiera dos personas en el lugar del crimen, en ese lugar en que un vaso se cayó y se rompió, puede que una de ellas (por supuesto la más generosa) atribuya toda la culpa a la otra. El vaso se ha caído sin razón aparente. El vaso estaba sobre la mesa, pongamos en el centro de gravedad de la mesa, pongamos apoyado en una base de sustentación amplia y aparentemente a salvo de toda catástrofe. Pero se cae, por una razón que ahora no es de importancia. Y, por supuesto, alguien ha de tener la culpa. TODA la culpa. ¿Toda la culpa?


Eso es lo que cree esa persona tan generosa. Que El Otro ha de tener toda la culpa. Porque es El Otro el que ha puesto el vaso en la mesa. El Otro el que lo ha tocado antes de que el vaso estuviera en el centro de gravedad de la mesa, antes de que el vaso se apoyara en una base de sustentación amplia y a salvo de toda catástrofe, antes de que el vaso se cayera.


Y yo digo que no. Cómo iba a saber El Otro que el vaso se caería si estaba a salvo de toda catástrofe. Cómo iba a saber que segundos después de dejarlo a salvo el vaso se suicidaría como por hechizo. Pero- ¡oh, casualidad cruel!- El Otro lo tocó el último, y por tanto El Otro tiene que cargar con toda la culpa de la muerte del vaso.


¿Y esta historia absurda, de dónde me la saco? No lo sé. Bueno sí, experiencia-personal-e-intransferible. Hay gente que dice que siempre hay un porqué, y puede que sea verdad, aunque no siempre sea visible. A veces hay un terremoto, y muere gente, así de repente. Otras veces se cae un vaso que estaba a salvo de toda catástrofe, y se rompe, así de repente. Otras veces se caen Otras Cosas en condiciones que normalmente no se habían caído, así de repente. Y hoy he "aprendido" que la culpa de que estas cosas "así de repente" ocurran es de la última persona que tocó el objeto víctima.
Lo de aprender (de ahí las comillas) era una forma de hablar. No creo que la culpa de un terremoto sea del niño que aprendió a andar (y por tanto pisó la tierra el último) unos milisegundos antes de que ocurriera el terremoto, y por tanto alteró el equilibrio de la tierra y la hizo tambalear (ejemplo metafórico absurdo, lo sé, pero fue el primero que mi subconsciente airado elaboró y lo tenía que poner). Creo que muchas veces la culpa no es de Uno. Unas veces sí, evidentemente- o no tanto. Otras una serie de acontecimientos e entrecruzan y entremezclan de forma retorcida y provocan acontecimientos inauditos e inesperados ante los que nadie encuentra explicación. Hay un porqué, sí, en realidad muchos porqués, pero son demasiado intrincados para desenredarlos y descubrirlos a todos. También puede que haya culpables, muchos culpables, culpables que tal vez se remonten a años de antigüedad. Culpables de todas las naturalezas. Por eso no siempre se puede echar la culpa a El Otro.

lunes, 22 de junio de 2009

Cuando todo empezó

" ¡Ay! ¡Al fin puedo escribir en tí, mi querido y anhelado diario! ¡Se acabaron esas formas de escribir, contando lo que sucede en la realidad! Desde ahora escribiré lo que pienso, dejando que mis pensamientos fluyan desde mi cerebro hasta la punta del boli [...]. Desde hace mucho tiempo quería mancharte con un poco de tinta dibujando hermosas palabras, pero parecía que el mundo entero intentaba impedírmelo. Primero, los deberes, luego, los exámenes, y cuando tengo unos minutos libres... ¡Celiaaaa [...]! justo cuando la punta del boli rozaba tus páginas. "

Recordando cómo empezó ese amor platónico por la literatura. Este fragmento de hace (miro la fecha)... ¡¿sólo 5 años?! podría tratarse de mi primera declaración oficial. Mucho antes leía libros, cuentos, de todo... Pero aquí fue donde empecé a tomar cartas en el asunto. Descubrí que estaba "enamorada" de verdad. Entonces volqué todas mis ganas en el asunto, y a parte de leer empecé a abrir la puerta de otro mundo en el que podía crear lo que leía. Lo que yo leía y lo que los demás leían. Empecé a experimentar el placer de tener en mis manos algo salido de mi cabeza. Parecía magia. Mucho antes, cuando era muy muy pequeña, no recuerdo la edad exacta, ya había escrito cuentos. Tengo que encontrar esos cuentos. Eran muy absurdos. Pero su gran significado es evidente. Además, tenían dibujitos debajo del escaso texto. Como los libros para niños.

Ahora ese amor se ha consolidado, pero también ha cambiado. Ya no existen los mimos y carantoñas del principio, esa cercanía acaramelada de los "recién casados". No necesitamos vernos tan a menudo, ni podemos hacerlo por mi culpa. Pero sigue ahí cada vez que la necesito. Nos basta una mirada para que la una sepa que la otra no la ha abandonado. Y que tampoco tiene planeado hacerlo.

viernes, 19 de junio de 2009

¿Aleluya?

¡Qué de preocupaciones! ¿Seguro? Sólo tenía que estudiar... Sólo preocuparme por estudiar. Era aburrido, sí, y estaba deseando, sí, acabar de una vez por todas... Qué digo deseando. Ansiando. Desesperando. Imaginando un mundo idílico y surrealista (eso me parecía por entonces) en el que estar en casa no fuese sinónimo de estar estudiando. Estar en casa, pensaba, sería sinónimo de tranquilidad, relajación, meditación, descanso, lectura, escritura, conversación, libertad... Hacer lo que siempre estaba deseando hacer y nunca era capaz de emprender. Por la culpa de esas hojas llenas de apuntes, y sobre todo y en especial por la culpa de esas hojas vacías de apuntes que había que llenar.

Ya tengo lo que quería. ¡ALELUYA! ALELUYA. Aleluya. ¿Aleluya?


No sé, esto acaba de empezar y tal vez me precipite, pero... ¿no es demasiado soso? ¿No existe término medio? ¿Tiene que ser o todo o nada? A lo mejor lo de no hacer nada se sube a la cabeza y te vuelve un borracho desprovisto de más iniciativas que mirar a tu alrededor y decir ¿qué hago? ¿qué hago? ¿qué hago? continuamente, hasta que te das cuenta de que ya no puedes hacer mucho más que volver a la rutina que tanto ansiabas aniquilar.

Si algo se aprende de esto, es una regla que siempre se cumple (aunque siempre sea una palabra demasiado rotunda). El ser humano nunca se conforma con lo que tiene. Es más, el ser humano está condenado a no conformarse JAMÁS con lo que tiene.

No me gusta esta condena.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Información de interés para escritores

Se descubre a veces una extraña enfermedad en el escritor. Se contagia cuando escribe a mano, prescindiendo de las altas tecnologías de la modernidad. Y consiste en una mutación que lo transforma en dibujante.

Todo comienza con una página en blanco. También puede tratarse de la hoja de un cuaderno, de tal manera que sobre el blanco aparece una cuadrícula, contituyéndo todo el conjunto una hoja cuadriculada. A partir de ahí, la enfermedad se adquiere desde el momento en que el escritor agarra el bolígrafo, pluma o instrumento que desee emplear en su labor (tal objeto recibe el nombre de herramienta de escritura).

Los síntomas son unos movimientos definidos del instrumento sobre la hoja. El enfermo, con su herramienta de escritura, puede seguir las líneas de la cuadrícula, o bien colorear los cuadros correspondientes a ésta. Construye así variadas formas geométricas, cuya reproducción y crecimiento es rápido, sobre todo en los márgenes, que constituyen su hábitat natural. En casos extremos pueden llegar a invadir la página entera. Afortunadamente, se han registrado pocos de estos casos.
La enfermedad puede cursar de otro modo si los afectados no utilizan cuadrícula, o bien deciden prescindir de ella. En tales ocasiones, además de formas geométricas, la cuartilla se ve invadida por una serie de dibujos. Estos sobreviven en el mismo hábitat que las formas geométricas y se reproducen de forma similar.
En su estado terminal, el escritor olvida completamente su verdadero objetivo y se transforma en dibujante.

Desgraciadamente, la única sustancia que puede combatir la enfermedad es la inspiración. Extraída de la mente y especialmente del entorno es, sin embargo, poco abundante y de difícil adquisición.

Es por ello que se recomiendan medidas preventivas que resultan bastante eficaces:

Primera. Cuando vaya a escribir, NO TOQUE su herramienta de escritura hasta que no tenga una idea definida de lo que va a contar.

Segunda. Trace las letras con concentración y cuidado, y en ningún momento pierda el hilo de su historia. En el caso de que cualquier evento distraiga su concentración y le haga olvidar lo que quería escribir, SUELTE inmediatemente su herramienta de escritura.

Tercera. Es muy recomendable el AHORRO de inspiración. Puede encontarse con ella en cualquier momento. Guárdela en lugar seguro, de manera que pueda disponer de ella sin dificultades en cualquier momento que lo desee. A tal fin se recomienda cualquier material en que se pueda escribir y que sea de tamaño pequeño, para que pueda llevarlo siempre con usted.

NOTA IMPORTANTE: Todos los materiales en que se puede escribir se adaptan también a la actividad de dibujar. Por ello, deben ser empleados por el escritor con suma cautela.

Esperamos que la información les haya sido de utilidad.

domingo, 10 de agosto de 2008

Instante


Añorando todo lo antiguo. Hacía cosas antes. Cuando era pequeña, cuando era más pequeña que ahora, aunque tal vez esa edad no pueda considerarse pequeña... ¿Ah, es que hay edades pequeñas? ¿Es que las edades son algo? ¿Números? ¿Años? ¿Acaso se ven las edades? ¿Eh, eh?

Pero hacía cosas antes. Cuando era pasado, cuando el tiempo aún no había avanzado hasta alcanzar el fugaz instante en que me encuentro, el cual, por cierto, acaba de irse para siempre. Voy a intentar correr, a ver si lo alcanzo. No, espera, va demasiado deprisa. No me apetece correr tras él. Me canso. Me agoto. Jadeo. Me caigo. Me arrastro por el camino del tiempo. Me ahogo con los granos de arena. Oh, no es arena, son segundos. Los segundos corren detrás del instante fugaz, aún más rápido que los pollitos detrás de la gallina. Porque, ¿sabes? Hay una gallina a mi lado, aleteando también en pos de su instante fugaz, y va tras ella una hilera muy larga de pollitos amarillos.

¿Mas, por qué me haces entretenere en detalles sin imortancia? Intentaba hablar de mi pasado, y has hecho que me hunda en el intricado laberinto de elucubraciones metafísicas y existenciales de mi mente herida.

Por cierto, ni la gallina ni yo hemos alcanzado nuestro instante fugaz. ¡Ah, tampoco los polluelos! Nadie alcanza su instante fugaz. Huyen rápido, los instantes malditos.