domingo, 16 de enero de 2011

El cerebro social; de Michael S. Gazzaniga

"Nuestra especie necesita creer. La creencia sirve de guía, de control y dicta las normas de comportamiento. Es evidente que todos desarrollamos una creencia sobre nosotros mismos. Es fácil imaginar que también necesitamos tener creencias sobre los acontecimientos externos. No importa que se llamen "Cristo", "Mahoma" o "mecánica cuántica", todas son creencias que posibilitan la acción humana."
SINOPSIS
Durante siglos, el pensamiento occidental ha alimentado la idea de que nuestra conducta y nuestros pensamientos son producto de una entidad unitaria -la «mente»- que reside en ese intrincado laberinto de conexiones neuronales que es el cerebro. Desentrañar la estructura oculta en la densa maraña cerebral es uno de los grandes desafíos de la ciencia moderna. Michael Gazzaniga -famoso por sus experimentos sobre el cerebro dividido- es uno de los exploradores que con más éxito se ha adentrado en este laberinto. El cerebro social es la crónica de sus viajes por las moradas de la mente, escrita en el lenguaje llano, asequible a todo el mundo y portadora de noticias sorprendentes: la mítica mente unitaria y consciente no existe. Lo que se oculta en el interior del laberinto es una «sociedad» de sistemas relativamente independientes (módulos), capaces de funcionar unos al margen de otros, y de los que nuestra conciencia muchas veces no tiene noticia. En palabras de D. Dennet, este libro constituye «una apasionante introducción a una serie de formas nuevas y sorprendentes de pensar sobre la mente humana».

Con “El cerebro social”, Gazzaniga nos abre las puertas al mundo de la investigación neurológica y analiza, a través de sus vivencias, una serie de descubrimientos que, poco a poco, nos llevan a una comprensión mayor de los procesos de la mente. Todo lo que al principio parecía evidente ya no lo es tanto: la manipulación del cerebro puede hacer que la realidad se transfigure y mostrarnos asombrosos fenómenos.

Una idea que se repite a lo largo de todo el libro es la modularidad. Continuamente se habla de cerebro izquierdo y cerebro derecho, de módulo intérprete y módulo lingüístico o “hablante”… De un modo muy gráfico, el autor explica la presencia en el cerebro de distintos tipos de módulos. Cada uno codifica un determinado tipo de estímulo o información. Pero lo más curioso es cómo unos pueden exteriorizar verbalmente esa información, mientras que otros son incapaces. Y son precisamente esos módulos “mudos” los que no tienen otra forma de darse a conocer que generar en el individuo otro tipo de respuestas, actos o movimientos que nosotros calificamos de “inconscientes”. Esto me lleva a pensar, ¿qué cantidad de información del mundo que nos rodea se escapará a nuestra conciencia, solo porque los módulos que la procesan no son capaces de dárnosla a entender de forma verbal? 

Asombroso es también el modo en que se explica la formación de creencias, a través de un hemisferio izquierdo que trabaja como intérprete de nuestros a veces incomprensibles actos. Y cómo, por tanto, nuestras creencias variarán en función de la manera en que lo hagan nuestros actos. Lo cual me lleva a plantearme si realmente tenemos control sobre nosotros mismos, o es nuestro cerebro el dueño y señor de todo...

Un libro más, entretenido unos ratos pero insustancial otros. A pesar de ser interesante, hay veces que da muchas vueltas para volver a decir lo mismo, y al final la idea general se repite capítulo a capítulo (aunque vista desde perspectivas distintas). 


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