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sábado, 20 de febrero de 2016

Del color de la leche; de Nell Leyshon

"hay una cosa que tienes que saber.
escribo esto con mi propia mano en este año del señor mil ochocientos treinta y uno y estoy orgullosa de escribirlo con mi propia mano.
ya verás por qué."

SINOPSIS [no sé si conviene leerla o dejarse sorprender]
Elias Canetti escribió que en las escasas ocasiones en que las personas logran liberarse de las cadenas que las atan suelen, inmediatamente después, quedar sujetas a otras nuevas. Mary, una niña de quince años que vive con su familia en una granja de la Inglaterra rural de 1830, tiene el pelo del color de la leche y nació con un defecto físico en una pierna, pero logra escapar momentáneamente de su condena familiar cuando es enviada a trabajar como criada para cuidar a la mujer del vicario, que está enferma. Entonces, tiene la oportunidad de aprender a leer y escribir, de dejar de ver «sólo un montón de rayas negras» en los libros. Sin embargo, conforme deja el mundo de las sombras, descubre que las luces pueden resultar incluso más cegadoras, por eso, a Mary sólo le queda el poder de contar su historia para tratar de encontrar sosiego en la palabra escrita. En Del color de la leche, Nell Leyshon ha recreado con una belleza trágica un microcosmos apabullante, poblado de personajes como el padre de Mary, que maldice a la vida por no darle hijos varones; el abuelo, que se finge enfermo para ver a su querida Mary una vez más; Edna, la criada del vicario que guarda tres sudarios bajo la cama, uno para ella, y los otros para un marido y un hijo que no tiene; todo ello, enmarcado por un entorno bucólico que fluye al compás de las estaciones y las labores de la granja, que cobra vida con una inocencia desgarradora gracias al empeño de Mary de dejar un testimonio escrito del destino adquirido, al cual ya no tiene la posibilidad de renunciar.

sí, voy a ser el colmo de la originalidad y voy a escribir esta entrada como mary escribió su libro. el libro de mary se titula Del color de la leche. sólo tiene mayúsculas en el título.

conocí la novela de mary (o la de Nell Leyshon, si nos rendimos a las mayúsculas) en algún momento y en algún lugar de la blogosfera. y después, compré la novela de mary en la librería más cercana a mi casa, un día en que me propuse comprar más en las pequeñas librerías. la novela de mary fue un regalo para un día de reyes. también, un poco, un auto-regalo. el librero me dijo que era una muy buena novela. los blogueros dicen que es una muy buena novela. es libro del año dos mil catorce por el gremio de libreros de madrid.

y yo digo que es una muy buena novela. es un bibliofilosis letrae. la he terminado hoy y va a resucitar el blog. porque, en una época en que soy un ojo de mal asiento, he encontrado un libro en el que refugiarme por simple placer. de los que está ahí también mientras no lees. voy a ser otra vez el colmo de la originalidad y voy a decir: el mejor perfume viene en frasco pequeño.

me gustan varias cosas de la novela de mary.

para empezar, me gusta mary: es la primera persona más especial que me ha contado su historia. es una campesina que insiste en que nos va a contar todo lo que pasó. así que a algún punto querrá llegar. y ese punto está ahí suspendido durante toda la lectura, y se asoma un poco más cada vez que mary insiste.
estoy cansada de hacer esto y me duele la muñeca de hacer esto.
pero me prometí a mí misma que escribiría la verdad y las cosas que pasaron. eso es lo que voy a hacer.
vive en una granja con su abuelo, sus padres y sus hermanas. trabajan de sol a sol. solo trabajan. yo no sería feliz con la vida de mary, pero ella lo es. esa es la vida que conoce. el campo, los pájaros, ordeñar las vacas, recoger los huevos, arrancar las malas hierbas, arar los campos con sus hermanas y su padre. no desea otra cosa.
a veces me tengo que recordar a mí misma que estoy triste por algo. si no, me pongo contenta otra vez.
pero el dinero es importante para un granjero como su padre. y a su padre le pagan bien si la cede para prestar servicios en una casa cercana. así que se acabó el trabajo duro. no era lo que mary quería, pero no por ello deja de ser feliz con lo que tiene. tampoco por ello deja de decir lo que piensa, porque su lengua es afilada y su mente tan inquieta como su cuerpo. y su pelo, del color de la leche.

otra cosa que me gusta es la construcción. dejando de lado la falta de mayúsculas,  me gusta el recorte máximo. ni siquiera guiones de diálogo son necesarios. descripciones, las justas. nada de explicaciones sin fin, sólo hechos, concisión estricta. es lo único que hace falta, y el lector pone el resto. el lector se imagina los gestos, los pensamientos. el lector construye en su cabeza los personajes a medida que ellos hacen y dicen. y así mary crece, su padre y sus hermanas crecen, y los otros personajes crecen y al final están ahí, enteros.

lo último que me gusta es el desenlace. ahí está todo, ahí se dirige todo y cuando llega, no te lo esperas (no me lo esperé), es perfecto, es perfecto en su forma y en su fondo. hace que te suba algo por la garganta, y con la última palabra ya te ha llegado a los ojos, y con el punto y final está resbalando por la piel de tu cara.

y te preguntas si construiste bien los personajes por lo que hacen y dicen, o deberías cambiar algo de la imagen que tienes de ellos.


sencillo. potente. bibliofilosis letrae.
mary, gracias por contarlo todo.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Los Buenos Vecinos; de Julia Pons Montoro

"Ynmóniel era todo un artista. Le regalaron sus primeras agujas con sólo seis años y un dedal de plata irrompible y acolchado por dentro con terciopelo rojo. Era capaz de hacer vestidos y trajes tan sutiles que prácticamente no se notaban sobre la piel. Podía tejer vestidos de agua, refrescantes para el verano, o trajes de sol para los días nublados, y esas son sólo algunas de las primeras cosas que aprendió a hacer. Tejía inmensos trajes hechos con tela de araña, más suaves que la más suave de las telas, con cuellos plateados y puños dorados y botones de rosas y broches de margaritas y camelias. Confeccionaba delicados guantes con gotas de rocío, entretejidos con algodón de azúcar. Todos los habitantes de la región se volvían locos por tener unos así. Y, además, gozaba de tan buena vista que podía realizar piezas diminutas para seres de todo tamaño."

SINOPSIS
¿Y si la realidad escondiera mucho más de lo que podemos ver a simple vista? ¿Y si no estuviéramos solos? Susana nunca conoció a sus padres e Ynmóniel tampoco, si bien sus vidas son totalmente diferentes. Ella es una jovencita de doce años apasionada por los libros de misterio y enigmas sin resolver, mientras que él es un sastre mágico, capaz de confeccionar tejidos maravillosos dotados de grandes poderes. Pero sus destinos pronto se unirán, pues ambos corren un grave peligro. Extrañas sombras deambulan al acecho, susurrando misteriosas palabras: nada escapa al Señor de la Noche.

Me gustaría poder alabar Los Buenos Vecinos tanto como lo hice con Memorias del otro lado, pero me temo que esta novela autoconclusiva de Julia Pons Montoro no me ha enamorado de la misma forma que lo hicieron los primeros tomos de su saga fantástica.

Nada más empezar a leerla pienso que sí. Ahí está esa fantasía pura, con la marca de color e inocencia tan característica de la autora. Veo a Ynmóniel tejiendo fabulosos trajes que confecciona con sustancias y esencias de toda índole y materia. Ynmóniel, cuyo musical nombre también le sienta como un traje a medida. Parece que no leo sino que sueño ese segundo capítulo, al que tan bien acompañan las ilustraciones de la propia Julia.

Después la ensoñación se me va escapando. Ynmóniel pierde el protagonismo ostentado en un primer momento y en su lugar aparece Susana, una niña de nuestro mundo en la que la autora parece haber depositado reflejos de ella misma. A Susana le entusiasman la mitología, las leyendas y lo sobrenatural; es fácil imaginarla recostada en su cuarto con un libro entre las manos y otros tantos apilados junto a ella, indagando acerca de otras realidades.

La dicotomía entre nuestro mundo y otros mundos la comparte Los Buenos Vecinos con Memorias del otro lado. Parece que también intenta hacernos ver que lo fantástico puede ser tan real como lo que nosotros entendemos por real. Así, muestra la fantasía como algo que está ahí, que ha estado y que estará, aunque permanezcamos ciegos a ello. Esos que se hacen llamar los Buenos Vecinos encarnan una fantasía viva que, cansada de que nadie repare en ella, termina por irrumpir en lo cotidiano sin siquiera llamar a la puerta. Y le toca a Susana recibirla.  

Me he sentido un poco perdida en una historia que no sabía bien dónde me quería llevar hasta que me he dado cuenta de que iba llegando a su fin. Intento explicarlo de otro modo: espero de un relato que me atrape poco a poco hasta apretar muy fuerte (en ese momento en que uno no puede escapar porque viene lo emocionante), para luego ir aflojando paulatinamente hasta dejarme otra vez libre. Pues bien, Los Buenos Vecinos me ha atrapado suavemente y después me ha soltado, pero no me ha hecho sentir que no podía escapar a sus garras de papel. 

En cuanto al desenlace (siempre me gusta hablar del desenlace, cuando hay algo que decir), me pareció adecuado, pero lo que mejor impresión me dejó fueron las últimas palabras. El modo en que recuerdan a ese "y vivieron felices y comieron perdices", pero con un toque especial.


Al final tengo la sensación de que Los Buenos Vecinos funciona muy bien como historia de aventuras para niños pero no logra alcanzar la profundidad suficiente para saciar a lectores de más edad. Ese algo indefinible que tenía Memorias del otro lado lo he hallado aquí muy debilitado. Su construcción se me antoja más sencilla, el mundo en el que se sustenta, algo indefinido y tambaleante. No me convencen sus criaturas y sus leyes internas. Eso sí, lnarración sigue siendo impecable, impregnada de sabor a cuento y llena de elementos que estimulan la imaginación: en varias ocasiones me he admirado de la creatividad inagotable de la autora.


3,5

martes, 10 de noviembre de 2015

El paso de la hélice; de Santiago Pajares

"-Supongo que los seres humanos nos hemos acostumbrado a ser al menos un poco infelices y, si no es así, nos buscamos excusas para creer que lo somos. Cogemos nuestros problemas y los agrandamos y agrandamos hasta que somos incapaces de afrontarlos. Si lo piensas un momento, no tenemos verdaderos problemas. Tenemos buenos trabajos, una economía estable, nos queremos; sólo un par de detalles nos apartan de ser felices."

SINOPSIS
¿Que es mas importante, una obra maestra de la literatura o el autor que se esconde tras ella? David Peralta, de profesion editor, es un tipo con suerte: trabaja en la editorial donde publica el misterioso escritor que, oculto durante años tras el seudónimo de Thomas Maud, ha creado una de las sagas mas brillantes y exitosas de la historia reciente de la literatura: La hélice, leída por millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, la editorial no ha recibido el nuevo y esperado volumen de la saga, y David acepta el encargo secreto de hallar a Thomas Maud y conseguir ese libro, que compromete el futuro de su empresa, «por lo civil o por lo criminal». Pero ¿como encontrar a alguien que aparentemente no existe? Siguiendo la única pista –el enigmático autor tiene seis dedos en su mano derecha–, sus pesquisas le conducirán a un pequeño pueblo del Valle de Arán, habitado por un elenco de los mas extravagantes personajes. 
Paralelamente a la delirante búsqueda de David, en la que se juega su matrimonio, su trabajo y su futura felicidad, uno de los millones de ejemplares de La hélice circula de mano en mano por Madrid: una secretaria solitaria, su sobrina convaleciente de un atropello, un yonqui que sobrevive en los arrabales y su ex compañero de piso, al que traiciono años atrás y con quien se reencuentra, van a ver sus vidas alteradas a medida que La hélice se cruza en su destino, removiendo a su paso las predecibles aguas de su existencia y convirtiéndolos en protagonistas de una trama inesperada en la que el libro y la vida se entrelazan asombrosamente.

Y este es el tercero de los libros que comento en relación a la iniciativa Serendipia Recomienda 2015 (recomendación de Marilú Cuentalibros), y el que más me ha gustado de todos. La edición que he leído no es la última publicada por Destino, sino una de Tabla Rasa que encontré la primavera pasada en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión por un buen precio. Después de leída me enteré de que en la nueva hay cambios y al principio me dio un poco de rabia no haberlo sabido antes. Desconozco si las versiones difieren mucho pero, ¿qué más da si me ha gustado igual? Además, poco después de terminarla, alguien me pidió que le recomendara una lectura, y adivinad cuál fue la elegida. ¡Con buenos resultados!

El paso de la hélice engancha aunque no sea una novela redonda. Lo consigue porque las situaciones que nos presenta son mundanas y los personajes como nosotros. Pero además hay algo especial en el ambiente, y no solo las fantasías que evocan los libros que rondan por la trama, sino los paisajes y los habitantes de ese pueblo del Pirineo lleno de misterios en el que se desarrollan la mayoría de los acontecimientos.  

Es una ópera prima y se puede intuir; el lenguaje es sencillo y, por decirlo de alguna manera, "típico": no sorprende en la construcción de la prosa ni creo que el autor hubiera encontrado todavía una voz propia. En una ocasión, mientras estaba leyéndolo en el metro, la persona que me acompañaba miraba las páginas de reojo y me comentó que le daba la impresión de haber leído lo mismo cientos de veces. Quizá algo exagerado, pero cierto en parte. Hay libros que basta abrir al azar para enamorarse de la fuerza y la originalidad de sus pasajes, y este no es uno de ellos. 

Me esperaba algo diferente a lo encontrado. Creía que era una historia con elementos mágicos, o surrealistas... No sé por qué me creé esa imagen en la cabeza, tal vez por la portada de la nueva edición, con esa nave voladora con forma de luna tan onírica. Pero mejor, porque cuanto más impredecible y desconocida me resulta una historia, más intriga y ganas de seguir leyéndola tengo. Lejos de ese surrealismo, me he encontrado con una realidad bien real. Cuando la realidad es muy real a veces duele porque es dura: hay prioridades enfrentadas que destrozan relaciones, drogas que convierten futuros felices en agujeros negros, muertes que persiguen a escondidas y raptan sin avisar a seres queridos. Aunque a veces esa dureza choca y se quiebra ante la fortaleza de las personas que son capaces de sobreponerse. No son superhéroes, sino minihéroes, esos héroes de la vida a los que se admira y se envidia un poco cuando uno se los encuentra. 

Me ha gustado también el final, en el que quedan todas las tramas resueltas sin faltar sorpresas, e incluso dejando una breve resaca de pensamientos existencialistas.



Pese a no haberme parecido una obra maestra, El paso de la hélice va a lo seguro y se gana al lector despertando su empatía a través de unos personajes que parecen reales por lo humano de sus reacciones y la naturalidad con que interaccionan. Y luego está el misterio (esa niebla en su portada me lo recuerda). Pero también está el truco fácil de ser uno de esos "libros que hablan de libros". ¡Así cualquiera! En fin, ha cumplido su propósito y se lo reconozco...

jueves, 15 de octubre de 2015

Lo que está por venir; de Pablo de Aguilar González

"Las primeras veces nunca se olvidan. Da igual de qué hablemos: amar, emborracharse...
Morir.
Nunca se olvida la primera vez.
El frío de febrero castiga la herida de la oreja de Fidel. Intenta calentarse las manos con un aliento que se convierte en vaho nada más separarse de sus labios. Trata de recuperar la sensibilidad de los dedos protegiéndolos en  los bolsillos de su gabardina; el tacto frío le recuerda qué lo ha llevado hasta el Puente de Vallecas.
Su primera visita a este lugar.
Su primer revólver..."

SINOPSIS
En el invierno de 1936, las tropas rebeldes que se habían sublevado contra la Segunda República Española bombardearon la ciudad de Madrid. El Gobierno republicano decidió entonces iniciar la evacuación de las obras pictóricas más valiosas del Museo del Prado. Se trataba de una misión muy aparatosa y compleja. Una arriesgada aventura en la que se verán involucradosdos de los protagonistas de esta novela, Fidel y Lisandro, compañeros de trabajo en el almacén de una importante ferretería de Madrid y que comparten una pasión a la que dedican todo su tiempo libre: la pintura. Los avatares de la contienda situará a ambos amigos en facciones distintas dentro del mismo bando.
Lo que está por venir es una historia de amistad y traición; de corazones puros y amores robados; la historia de unos personajes atrapados por una caótica y violenta realidad que desdibuja sus proyectos e ilusiones, y cuya lucha diaria se reduce a la simple supervivencia en estos duros tiempos que les ha tocado vivir. 

Qué poco me acerco a las novelas ambientadas en la Guerra Civil. Guerra Civil: son palabras que suenan tan familiares en el contexto de una novela que cuando aparecen arrasan con toda esperanza de que detrás de ellas pueda haber algo original. Guerra Civil en mi subconsciente debe de traducirse como algo parecido a: "¡Alerta, alerta, este camino está desprovisto de nuevas emociones! ¡Aléjate de inmediato si quieres aprovechar tu vida!". Entonces me alejo de esa novela que trata sobre la Guerra Civil y aprovecho mi vida en otras cosas, como leer estados insustanciales de Facebook. Por ejemplo.

Lo que está por venir tiene como telón de fondo la Guerra Civil. "¡Alerta, alerta...!" Espera subconsciente, espera que no he terminado. Antes de salir corriendo fíjate en el autor: Pablo de Aguilar González. ¿Qué más te da entonces si trata de la Guerra Civil o de fútbol? Sabes perfectamente que él no escribe sobre un tema, sino que lo hace de una manera

Admito que no es mi novela favorita del autor, pero eso es porque a mí las novelas, cuanto más raras, mejor. Esta es la menos arriesgada. En cuanto la leí pensé que, de entre todas las que Pablo ha escrito*, era la más apta para llegar a un público amplio. Tanto es así que una editorial se fijó en ella, y ahora puede llegar a todo el mundo. Todo el mundo que sea lo suficientemente razonable como para seguir las recomendaciones de los entusiastas y pesados seguidores de Pablo.

Uno de los escritores en los que se ha inspirado Pablo para encontrar su "voz" es Tom Spanbauer, y después de leer una novela suya pude confirmarlo, pues me recordó mucho a él, aunque en esta novela no sea tan evidente como en otras. Una característica que comparten es el empleo de "coros", que son frases que se repiten a lo largo del texto. Nunca se olvida la primera vez, A veces las cosas son lo que parecen... Son fórmulas evocadoras que pueden aplicarse a múltiples situaciones y, al ir apareciendo a lo largo de la narración, le dan unidad y enlazan emocionalmente unas escenas con otras. A mí es un recurso que me gusta  mucho.

Ya lo he dicho en varias ocasiones (puede que en cada una de las anteriores novelas comentadas del autor), pero como seguro que queda alguien por enterarse, no está de más recordar que el punto fuerte de las historias de Pablo son los personajes. Se salen de las páginas. Eso significa que terminas de leer el libro y no los pierdes de vista, porque antes de que lo cierres se escurren fuera de las tapas y te persiguen. A mí me pasó después de Los pelícanos...: pese a que la historia no me convenciera, sus personajes no pararon de perseguirme insistiendo en que leyera Intersecciones, hasta que por fin lo hice (menos mal). 

Los va construyendo, a los personajes, a través de sus experiencias, y es propenso a crear antihéroes. No es que sean malvados, sino más humanos, con sus torpezas, sus malos instintos y sus miedos arraigados. Aunque no están descritos con detalle, suele haber un rasgo que los distingue al tiempo que les otorga personalidad: los hay con los ojos saltones, con el pelo dorado, con un mechero en la mano, con pito champiñón...

Ay, los pitos. No, los de silbar no, los otros. Porque, ¿sabéis que esta historia la cuenta una prostituta? Se llama Magdalena. Y pese a no haber vivido todo lo que ocurre en las páginas de Lo que está por venir, conoce las vidas de todos los personajes (y también todas las clases de pitos que existen). Es una licencia narrativa que me llamó la atención y que empieza a construirse desde el principio. Pablo pretendía escribir a través de una voz neutra en tercera persona. Cuando se puso con la primera escena de Magdalena se encontró con toda una rebelde que empezó a darle la lata con que ella quería ser la narradora. Al final se salió con la suya, a condición de prometer que se encargaría de conocer a fondo la historia:
"Las historias las cuenta quien las vive.
Aunque ésa no es toda la verdad; al menos, no la verdad completa: las historias las cuenta quien las conoce, quien las descubre, quien las adivina, quien las siente, quien las comparte...
Después de tanto tiempo, se ha cerrado el círculo. Hoy se termina todo. Yo soy quien conoce esta historia."
Varios de los personajes de Lo que está por venir aman la pintura o están relacionados de un modo u otro con ella, algo lógico, ya que el argumento se centra en el traslado de los cuadros del Museo del Prado para protegerlos de las bombas lanzadas durante la guerra sobre la ciudad de Madrid. A Magdalena le gusta visitar el Museo y perderse en sus cuadros. Los observa y busca en ellos historias escondidas: no hace falta ser experto para disfrutar del arte.  
"Contemplo la perfecta anatomía que Velázquez plasmó sobre el lienzo. Recuerdo otros tiempos, tan lejanos que casi me parecen de otra vida. Toda aquella algarabía lujuriosa; la revolución. 
Los sueños desgajados. 
Recuerdo cómo hubiera deseado que mis clientes se parecieran a ese Cristo crucificado; cuánto me hubiera gustado deshacer ese nudo, descubrir qué se ocultaba bajo ese paño. 
Es judío… 
Pito descapuchado."
El punto de vista de una prostituta es arriesgado y, si sale bien, atractivo. Creo que Pablo ha conseguido lo segundo, dando una visión peculiar a las escenas de sexo: Magdalena se entrega a ellas con temple y profesionalidad, hace el amor de un modo que parece desapasionado, con la única finalidad de satisfacer a sus clientes.

Hay personajes de todos los bandos y niveles económicos. Algunos cambian a conveniencia rojo por azul y azul por rojo. No hay posicionamiento a favor de unos o de otros. Al anarquista Fidel lo conocemos matando; a Lisandro, pintando. Ambos participarán en el traslado de los cuadros cuando el gobierno decida llevárselos a Valencia y después a Cataluña. La carga y descarga en los camiones y los largos y en ocasiones accidentados viajes hicieron que algunos lienzos importantes sufrieran desgarros y tuvieran que ser restaurados. Otro de los pocos personajes femeninos es Victoria, una joven de clase alta tan aficionada a la contemplación de cuadros como Magdalena. Cuando una historia se basa en sus personajes es difícil hablar de ellos sin sentir que estás desvelando cosas importantes, así que no sigo. Confieso que hubo alguno, como Lisandro, que me pareció más plano. Otros me parecieron sublimes en su caracterización y desarrollo. No me atrevo a decir cuál es mi favorito, porque disfruté y me sorprendí descubriendo cómo poco a poco se iba adueñando de mi simpatía.


Me gusta cómo acaba Pablo sus novelas. Son finales con una combinación justa de tristeza y felicidad. Además, no sé si lo hace adrede o qué, pero ya me ha pasado varias veces terminar de leer y tener que volver al principio. La historia se convierte en algo circular: para alcanzar una comprensión completa necesitas volver a las primeras páginas y encontrar en ellas el sentido que permanecía invisible en la primera lectura. ¿Os animáis a comprobarlo?


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*Intersecciones: estuvo disponible en papel, actualmente no se distribuye.
Los pelícanos ven el norte: se pueden encontrar ejemplares en papel y digital.
El istmo del reloj de arena: auto-publicada en Amazon como libro digital.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Angelina y el Nuevo Mundo; de Carmen Martínez Gimeno

"- Me llamo Paloma.
- Está lindo tu nombre.
- ¿Hablas así porque eres de Guatemala?
- Eso creo.
- Guatemala está en América.
- Así es.
- Cristóbal Colón descubrió América.
- No, mi niña, no la descubrió.
- Sí. Yo lo he estudiado. Fue en 1492.
- No te vayas a enojar, mi niña, pero no fue así. Yo apenitas alcancé a ir a la escuela, pero sí estaba el día en que la maestra explicó bien clarito el viaje del señor Colón. Navegaba con sus tres carabelas buscando un paso para las Indias y se perdió en la mar; ya se moría de hambre con sus hombres cuando desembarcó en las tierras donde habitaban desde antiguo mis antepasados, cultivando sus milpas, cuidando sus animalitos, disfrutando de la vida, pues. Colón se asombró al verlos y no supo dónde estaba, por eso los llamó indios; mis antepasados se asombraron al ver al señor Colón con sus extraños ropajes y tampoco supieron de dónde venía, por eso lo imaginaron un dios. No, Cristóbal Colón no descubrió América, no se puede descubrir un lugar que ya está habitado. Es como si yo ahorita que llegué de Guatemala dijera: ¡Miren, descubrí España!"

SINOPSIS
«Angelina llegó a España con los ojos muy abiertos y un ligero temblor de rodillas que fue aumentando a medida que se acercaba al puesto de aduanas»: así comienza esta novela, ambientada en los años dorados de la joven democracia española, cuando se vivía la quimera de ser un país rico europeo y comenzaron a llegar inmigrantes de todas partes del mundo, sobre todo de América Latina, en un flujo inverso al seguido desde finales del siglo XV tras el desembarco en América de los navegantes españoles. 
A sus pocos años, Angelina se ha dejado convencer por su abuela para abandonar su Guatemala natal y viajar en busca de un Nuevo Mundo. ¿Encontrará El Dorado o las Siete Ciudades de Cíbola en las tierras españolas a las que acaba de llegar? ¿O acaso será el amor lo que descubra? 
Mezcla de tradiciones y modernidad, en esta narración se propone una mirada nueva de las cosas, una realidad maravillosa que sigue una lógica distinta. La trama no está exenta de sorpresas que mantendrán en vilo al lector hasta el final. 

Antes de acercarme a Angelina y el Nuevo Mundo, me acerqué a Carmen Martínez Gimeno. O ella se acercó a mí, no estoy segura. Fue en la presentación de un libro de otro autor cuando tuvimos oportunidad de charlar, y como me gustó su visión de las cosas en general y de la literatura en particular, quise probar con una de sus novelas (de las cuales creo recordar que no me habló en ningún momento de la conversación, y para mí la mejor publicidad es a veces la ausencia de publicidad). 

Después de acercarme a la autora me acerqué a su blog. Y finalmente, un buen día, la lectura de una de sus entradas hizo que me enamorara de un fragmento de esta novela. Y así llegué a conocer a Angelina, su linda voz y sus ojos de española.

Supongo que no soy la única persona que alberga suspicacias respecto a las novelas autopublicadas de Amazon. Como todo el mundo puede publicar, hay un gran riesgo de toparse con textos insuficientemente trabajados, de modo que cada vez tengo más cuidado a la hora de seleccionar las lecturas expuestas en ese gran gigante digital. Un vistazo a las primeras páginas ayuda mucho, y en este caso me confirmó que Carmen (traductora, editora, correctora y profesora, amén de escritora) se maneja estupendamente entre las letras. Más avanzada la lectura, comprobaría que además la autora sabe de lo que habla: parece bien trazado ese fondo histórico y cultural guatemalteco sobre el que se asientan las vidas de los personajes, y parece bien creíble y natural su modo de platicar (no han sido en vano sus viajes a América). Y nótese el "parece", porque esto es una opinión no más; quién soy yo y qué son mis escasos conocimientos para decidir lo que está bien o mal documentado.

Angelina y el Nuevo Mundo trata de eso: de la llegada al Nuevo Mundo de Angelina, una niña proveniente de un país (Guatemala) donde las niñas se ven obligadas a madurar más rápidamente que en el nuestro. Una niña sin padres ("A mi papá lo mataron los militares por no aguantarse y querer defender sus derechos pisoteados y mi mamá murió del sufrimiento porque era pobre y nadie la ayudó"), cuya abuela decide que su mejor futuro se encuentra en España.
"-[...] Mi abuelita quería protegerme como se protege a un hijo, dándome lo bueno de su corazón, y me envió a España pensando que acá la ley me cuidaría para que no me maltraten, no me den susto, no me hagan sufrir, pensando que viviría segura, trabajando por mi gusto y ganando bien, porque ustedes tienen derechos humanos."
Angelina aterriza en Madrid y no son fáciles los inicios, conoce a mucha gente mala y buena, los rincones de la ciudad enorme, los pasillos del metro, el verde parque del Retiro. ¿Encontrará esos "derechos humanos" que vino a buscar? 

Se trata de una historia corta pero bien narrada, impregnada de la cultura guatemalteca, un poco mágica y con unos diálogos deliciosos. El habla propia del otro lado del Atlántico (algunas de cuyas expresiones suelen resultarme entrañables) está tan bien reflejada que casi se puede escuchar el acento. Observamos nuestro país desde ese ángulo cultural y lo vemos un poco distinto; las cosas que no parecían importantes ahora llaman nuestra atención, porque estamos metidos en la piel de Angelina.

Flojea para mi gusto cuando empieza a intercalar las vivencias de la abuela en Guatemala con las de su nieta en España, pues en ese punto había cogido tal simpatía por Angelina que ya no me apetecía saber qué era de doña Chona. No obstante, admito que es un punto de vista que enriquece la novela. A parte de aportar los conocimientos sobre el país en el que ha echado raíces, doña Chona es una ilol o curandera y, a través de hierbas y rituales, sabe cuidar de los suyos y maneja la muerte casi tanto como la vida. 

Y el final, aunque no es malo, también me ha traído una pequeña decepción. Me hubiera gustado algo más... apoteósico. No quedarme con esa sensación de suspenso, como de no haber terminado de salir de la historia o de haber dejado una puerta sin cerrar.

Pero, ¿sabéis que hace tiempo que soy incapaz de usar mi lector de ebooks? Necesito libros en papel, lo digital se me hace tan distante... Sin embargo, he leído esta novela íntegramente en el teléfono móvil; debe ser que sus letras son tan cercanas y tan cálidas que neutralizan la frialdad de la pantalla de cualquier aparato.


Os animaría a buscar en Amazon y someter a examen las primeras páginas de Angelina y el Nuevo Mundo: las probabilidades de que os gusten son altas. Porque tiene el regusto de la literatura de antes, de mi literatura de antes. Seguir las aventuras de la pequeña protagonista guatemalteca ha traído a mi memoria aquella época en que de niña seguía las aventuras de otros niños, como la Celia de Elena Fortún. Angelina es inocente pero madura, capaz de hacernos pensar con sus sentencias, porque pese a lo joven que es, ha experimentado lo suficiente como para empezar a vislumbrar la sabiduría

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