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sábado, 18 de octubre de 2014

Una madre; de Alejandro Palomas

"Y, como un pequeño destello que ilumina apenas la oscuridad de esta zona del parque, se me ocurre de pronto que es posible que esta noche confluyan a la mesa de mamá momentos, energías y requiebros tan dispares, tan largamente reprimidos, que quizá –y solo quizá- lo que mamá lleva tanto tiempo esperando – esa noche de charlas fluidas y tiempo en calma- sea una pequeña playa a la que de pronto han de llegar los restos de varios naufragios, con sus baúles llenos de intimidades, ropa mojada y botellas con mensajes."

SINOPSIS
El retrato de una ciudad acogedora y esquiva a partes iguales, de una familia unida por los frágiles lazos de la necesidad y del amor y la mirada única de una mujer maravillosa en un momento extraordinario.Faltan unas horas para la medianoche. Por fin, después de varias tentativas, Amalia ha logrado a sus 65 años ver cumpli do su sueño: reunir a toda la familia para cenar en Nochevieja. Una madre cuenta la historia de cómo Amalia entreteje con su humor y su entrega particular una red de hilos invisibles con la que une y protege a los suyos, zurciendo los silencios de unos y encauzando el futuro de los otros. Sabe que va a ser una noche intensa, llena de secretos y mentiras, de mucha risa y de confesiones largo tiempo contenidas que por fin estallan para descubrir lo que queda por vivir. Sabe que es el momento de actuar y no está dispuesta a que nada la aparte de su cometido.Un cartel luminoso que emite mensajes desde una azotea junto al puerto, una silla en la que desde hace años jamás se sienta nadie, una Barcelona de cielos añiles que conspira para que vuelva una luz que parecía apagada, unos ojos como bosques alemanes y una libreta que aclara los porqués de una vida entera; Una madre no es solo el retrato de una mujer valiente y entrañable, y de los miembros de su familia que dependen de ella y de su peculiar energía para afrontar sus vidas, sino también un atisbo de lo que la condición humana es capaz de demostrarse y mostrar cuando ahonda en su mejor versión.

El primer empujón para llegar a esta lectura me lo dio la reseña de alguien que cuenta lo que lee, y el segundo, la lectura conjunta organizada por alguien que sabe los libros que hay que leer. Como se aproximaba el momento y no tenía a mano el libro, me apresuré a buscarlo en las bibliotecas más cercanas, donde no lo encontré. Fue en mi afanosa insistencia que me topé con unas extrañas criaturas llamadas bibliobuses, a las que me aficioné de inmediato (gracias, libro). Y de uno de ellos nació mi ejemplar de Una madre.

Cuando, de noche, paso entre dos hileras de edificios, me veo atraída por las ventanas iluminadas. Me hace ilusión atisbar una lámpara encendida o el brillo de la televisión, e imaginar gente reunida en ese interior acogedor. Abrir este libro es como asomarse a una de esas ventanas. Parece cuando empiezas a leer que vislumbras, desde la oscuridad de la última noche del año, la calidez luminosa de un salón ajeno. A través de los reflejos del cristal frío se mueve la silueta de la madre colocando el mantel, distribuyendo la vajilla, procurando que todo esté preparado a la llegada de los invitados. Esos minutos previos a la visita, la impaciencia, el salto que da el estómago o el corazón cuando finalmente suena el timbre.

Entonces resbalas y caes dentro, en medio de toda esa familia que no es la tuya pero podría parecerse. Fernando, el hijo, se encarga de ponerte al día: en ese tiempo de espera te va confiando poco a poco los pormenores de la historia de cada miembro, de sus hermanas, de su tío, de los novios y de las novias. De los perros (ellos también se merecen su trocito de historia). No te preguntas por qué deposita tanta confianza en ti, y sólo escuchas porque te gusta conocer lo que hay detrás de lo que son las personas (porque lo vas aprendiendo: las personas son lo que son por lo que hay en su pasado). "Yo no tenía mucha gente con quien compartirme", te cuenta Fer, que es depositario de confidencias de casi todos e intenta ser un apoyo, pero que también necesita alguien que le empuje a un mundo al que no se atreve del todo a salir. He visto un poco de mí en Fer, y al final, su madre Amelia también nos ha obsequiado a los dos con varios consejos. 

Ay, Amelia. Por supuesto, ella es el alma de Una madre. Yo pensaba que la historia era más para llorar, pero por culpa de Amelia sólo he podido reír. Aunque yo, cuando leo, me río por dentro (como mucho emerge a mi superficie una sonrisa o una risa murmurada entre dientes), Una madre es una de las novelas con las que más he reído. Me ha podido la ternura y la inocencia de Amelia que, liberada de las ataduras impuestas por su marido, se desparrama sin control por la vidaMe gusta de su filosofía el modo que tiene de ver a las personas. Es una niña que corre sin pensar, que todo lo observa y que experimenta sin importarle mucho qué pase después. Y a veces, cuando ella habla, el mundo se pinta de surrealismo.

"–Tú que escribes tan bien, cariño. ¿No podrías pensar en una frase que me sirva para pedir perdón a tus hermanas y que suene bonito? Es que me da tanto miedo que suene feo… Y que no me perdonen."

Pero ya van llegando. Llegadas anticipadas desde el balcón, bienvenidas a lametones, intercambios de gestos... Y vidas remolcadas que también se cuelan discretas entre los invitados y que de pronto, tal vez en la cena, puede que después de las uvas, se dejan ver

Mi segundo favorito, el tío Eduardo, ya está aquí. Fernando apenas me ha hablado de él y de sus viajes y es inevitable que me atraiga porque, como a casi todo el mundo femenino, me van los hombres misteriosos (al menos, los ficticios). Y el tío Eduardo sí que sabe hacer cosas interesantes, y también hacerse el interesante. Casi se me olvida que detrás de su fachada despreocupada hay una persona corriente...

Hay más (Silvia, Emma...), pero no os voy a hablar de todos. Me ha dicho Fer que podéis pasaros por allí cuando queráis. Estáis invitados a hacerlo la próxima Nochevieja. O si no, cuando mejor os venga, podéis charlar con él en su propia casa, en el escalón que da a la terraza, bebiendo una infusión con la enorme compañía de su perro Max y la panorámica de un cartel publicitario muy particular

He leído varias comentarios acerca de esta novela, opiniones de personas que se han sentido tocadas muy adentro. Tengo que confesar que mi caso no ha llegado a ese extremo: puede que mi vida (aún corta) no se parezca mucho a la de esta familia, o que sea dura de roer por las letras. No obstante, he llegado a reconocer (es fácil hacerlo) el talento de una narración íntima y bien llevada: son personajes muy vivos los que se retratan en Una madre, diálogos tan espontáneos, situaciones (aunque surrealistas algunas) tan llenas de realidad, que es fácil que con poco te sientas parte de ellas. Esperaba algo más del final, no sé bien qué, pero aún así me quedo con el camino recorrido y rescato esta última perla de las muchas que encontré en el trayecto:
 
"No hay amaneceres violetas sin ojos que los reflejen, ni largos caminos sin pies que los recorran." 

domingo, 12 de octubre de 2014

El despertar de la señorita Prim; de Natalia Sanmartín Fenollera

"Mentir, por otra parte, estaba descartado. Aunque quisiese, y definitivamente ella no quería, estaba aquel penoso asunto del enrojecimiento de su nariz. La señorita Prim poseía una nariz dotada de gran sensibilidad moral. No enrojecía ante cumplidos, tampoco lo hacía ante los gritos, no había retrocedido jamás frente a un desplante, ni siquiera lo había hecho ante un insulto. Pero ante la mentira, ante la mentira no había nada que hacer. Una involuntaria inexactitud, una sola exageración, algún inocente engaño y su nariz se encendía espléndida como una llama."

SINOPSIS
El despertar de la señorita Prim, de Natalia Sanmartin Fenollera, es una deliciosa historia sobre la belleza de las pequeñas cosas. Narrado con ingenio, brillantez e inteligencia, El despertar de la señorita Prim nos sumerge en un inolvidable viaje en busca del paraíso perdido, de la sencillez y la belleza y la profundidad que se esconde tras las cosas pequeñas. Esta novela de narrativa española relata la deliciosa historia de un pueblecito cuyos habitantes han decidido declarar la guerra a las influencias del mundo moderno y volver a lo esencial. Atraída por un sugestivo anuncio en el periódico, Prudencia Prim llega a San Ireneo de Arnois, un pequeño lugar lleno de encanto y donde nada resulta ser lo que parece. La señorita Prim ha sido contratada para organizar la biblioteca del Hombre del Sillón, un hombre inteligente, profundo y cultivado, pero sin pizca de delicadeza. Pese a las frecuentes batallas dialécticas con su jefe, poco a poco la bibliotecaria irá descubriendo el peculiar estilo de vida del lugar y los secretos de sus nada convencionales habitantes. Todos ellos pondrán a prueba su visión del mundo, sus prejuicios y temores más íntimos y sus más profundas convicciones.

Pues no. Este no. Balance negativo. No es que sea horrible, tampoco es eso, porque la escritura es, tal como dice la sinopsis, inteligente, y tal como añado yo, elegante y sensible. No he leído muchos libros de "estilo Jane Austen" (únicamente uno de la mencionada autora, que yo recuerde), pero me he pasado toda la lectura pensando que el ambiente de El despertar de la señorita Prim podría encajar con ese tipo de novelas (al menos, con como yo me las imagino). 

El principal problema que le encuentro es que hay algo que no he hallado entre sus páginas: un conflicto lo suficientemente importante. Conflictos hay, claro. Inevitablemente surgen pequeñísimos conflictos cuando hablas con alguien, y Prudencia Prim, a lo largo de esta novela, lo más importante que hace es hablar con gente: la gente que habita el pueblo de San Ireneo de Arnois. De hecho, la cosa va de guerras dialécticas.

Se dice que es una novela sobre las pequeñas cosas. He leído tantas frases sobre esta novela que quedaba tan bien decirlas; quiero decir, frases con las que es fácil convencer a alguien de que lea un libro. No hay más que ver este seductor booktrailer y ser un poco idealista para que se te caiga la baba por El despertar de la señorita Prim. Por una cosa u otra, piqué y me lo compré en la Feria del Libro, hasta firmado me lo llevé, y ahora me arrepiento de no haberme decantado por otro con lo difícil que es seleccionar las compras por esas fechas. 

Y al final no hay más: la señorita Prim que llega a un pueblo idílico donde está el señor del sillón que vive con muchos niños idílicos (raros), la señorita Prim que da paseos por el pueblo idílico y habla con sus educados e idílicos pobladores. Y muchas reflexiones originales en esas conversaciones (sobre el amor, sobre la educación...), pero que en el fondo no han conseguido despertar mi interés (lo cual no descarta que lo puedan hacer en otros lectores). Ni siquiera me he identificado demasiado con esa protagonista tan sumamente estricta consigo misma y con los demás.

La parte más interesante es la relación que se establece entre la señorita Prim y el jefe para el cual trabaja de bibliotecaria (el hombre del sillón). Ambos tienen modos distintos de pensar y chocan continuamente, se pelean usando las palabras en debates en los que el señor del sillón es especialmente hábil y saca de sus casillas a Prudencia. Luego se reconcilian. Así y todo, parece que no hay evolución y (salvando el final final) termina siendo un ciclo que se repite continuamente con pequeñas variaciones. Tira y afloja, tira y afloja, tira...

Y como me he quedado sin más argumentos, concluyo: no creo que sea una mala novela, pero en lo personal no ha conseguido llegar más allá de la superficie de mi piel, y el corazón queda mucho más profundo. 

martes, 7 de octubre de 2014

El amo del fuego; de Enrique Osuna

"[...] lo que me parece incongruente es que se sienta repulsión por el inocuo olor humano y se tolere la perniciosa pestilencia de los hidrocarburos. Más que evolución yo hablaría de involución, al menos en lo que respecta al sentido común. Hemos desarrollado el cerebro de manera extraordinaria, pero no somos inteligentes. Me niego a aceptar que pueda llamarse inteligente una especie que destruye su propio medio."

SINOPSIS
Daniel Salgado es un joven universitario, de familia acomodada y acostumbrado a una existencia plácida. Sin saber muy bien cómo, un día retrocede en el tiempo cientos de miles de años. Angustiado por la situación y aferrándose a la pesadilla como única explicación posible, se ve indefenso, perdido en un paraje inhóspito y obligado a sobrevivir sin más ayuda que su inteligencia. 
 Pero ¿es tan poderosa la elogiada mente del Homo sapiens? ¿Sería el hombre actual capaz de fabricar útiles, encender el fuego, enfrentarse con éxito a las fieras con armas rudimentarias, guarecerse del frío y procurarse alimentos? Con su mayor capacidad craneal y su ingente arsenal de conocimientos, ¿lograría usted sobrevivir como lo hacían nuestros primitivos ancestros? 
 El amo del fuego es una historia de lucha, de solidaridad, de sacrificio y de amor en un mundo mucho más cercano de lo que parece.

Es la segunda vez que Enrique Osuna visita el blog, y lo hace esta vez en el contexto de la lectura conjunta organizada por el blog Libros que hay que leer. Se podría decir que su administradora, Laky, está organizando mis lecturas de estos días, ya que sus proposiciones encajan a la perfección con libros que yo quería leer sí o sí, y hacerlo junto con otros blogueros es una experiencia distinta que hacía más de dos años que no probaba. 

Esperaba que en El amo del fuego me iba a encontrar una historia como mínimo entretenida y original, y eso lo esperaba por el autor que la ha escrito; también suponía que se ambientaría en la Prehistoria, y eso lo suponía por la portada y la sinopsis. Pero no podía imaginar del todo el enfoque, que creo que es parte del intríngulis de la novela, lo que mantiene al lector en vilo para ver por dónde van los tiros, qué derroteros tomará la historia. Por eso se me hace difícil escribir esta opinión, porque no sé hasta qué punto deberían revelarse ciertos aspectos de la trama para no estropear las sorpresas e incertidumbres de la narración.

Pues sí, en efecto, gran parte de la acción se sitúa en la Prehistoria. Nos metemos en la piel de alguien como nosotros, que se ve enfrentado al reto de sobrevivir entre animales salvajes y trogloditas sin más armas que unos calzoncillos de Los Simpson. Algo que parecería una tarea ardua, un drama de supervivencia, es tratado sin embargo como un homenaje a la Naturaleza y al vivir sin artificios: solo uno y lo que el Sol y la Tierra le ofrecen. Hay humor, superación y, sobre todo, mucha ternura en los personajes y sus relaciones en ese periodo del pasado. Esta parte del libro, mi favorita, te recuerda que tienes que valorar lo que te ofrece el día a día, y te sorprende mostrándote en qué acontecimientos tan sencillos se puede hallar la felicidad. La parte mala: puede no resultar creíble la facilidad con que se adapta a tal entorno un ser humano tan acostumbrado a las comodidades.

Comparando pasado con presente, la forma de vida y los avances actuales son despreciados, y las relaciones humanas deshumanizadas. El autor consiguió transmitirme el agobio del protagonista al enfrentarse al mundo real, sentir lo que él sentía pese a que si me lo hubiera encontrado por ahí lo hubiera tenido por loco de remate. Pero lo que experimenté a cambio fue angustia y pena. La evolución de Daniel es tremenda desde principio hasta el final, y cuando te quieres dar cuenta las cosas han llegado demasiado lejos.

Hay cosas que me han rechinado. Como la prosa demasiado recargada de palabras a veces rimbombantes o rebuscadas. Hacía mucho que no necesitaba usar tanto el diccionario, y está bien enseñar vocabulario al lector (y yo estoy encantada de aprenderlo), pero tal vez no a costa de dejar la narración "maquillada como una puerta". Hay varios narradores, y a ninguno de ellos le pega expresarse así, pero especialmente al que nos cuenta la última parte de la historia, al que yo imaginaba como alguien mucho más coloquial. Otro apunte más subjetivo es que la historia da pie a expresar ideología interesante (la mencionada acerca del ser humano, su modo de vida y sus prioridades), pero a veces peca de ser explícito y moralista, en lugar de dejar de vez en cuando al lector sacar sus propias conclusiones.

En cuanto al final, que pende como un interrogante sobre la cabeza del lector desde las primeras páginas (¿qué está pasando? ¿cómo va a acabar esto?), se resuelve de un modo diplomático, sin contentar a unos ni a otros, cada cual que imagine lo que prefiera. Me ha gustado, pese al nudo en el estómago que aún se me ata un poco cuando pienso en ciertos personajes entrañables que han quedado atrás.

3,5
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*Pinchar aquí para acceder a El amo del fuego en Amazon.
**Pinchar aquí para acceder al blog del autor.

domingo, 28 de septiembre de 2014

La ciudad de los cazadores tímidos; de Tom Spanbauer

"Cámara lenta, extiendo los brazos y tal como me siento es la forma en que siempre he querido sentirme aunque no lo sabía. Es tal como se siente el océano, rizándose rizándose, la razón por la que a los pájaros les gusta tanto volar."

SINOPSIS
Junto a la cabina telefónica de san Judas, cuando todo lo demás ha fallado, pringado hasta el cuello, en un mundo de dolor, cuando he matado a un poli, mi mal aliento en una línea averiada de NY&TT es lo único que queda. Nueva York, años 80. Ronald Reagan y la cocaína te hacen creer que eres el centro del mundo. William Parker llega desde un pueblo de vaqueros a Maniatan para descubrir la voluntad del cielo. Un prestidigitador, una idiota iluminada, un indio de pacotilla, un afroamericano super encantador, se cruzan en el camino de su busca infructuosa de Charlie 2 Lunas. La novela de una iniciación en tiempos del monstruo. La epidemia asola la ciudad de la piel de dragón. La última llamada, desde el teléfono roto, es siempre una llamada a Dios. Exista o no.

Cuando uno se va de viaje quiere que todo salga bien: que el avión llegue puntual, no olvidarse nada en casa, que el hotel resulte lo que esperaba, no perder sus pertenencias en el camino, no hacerse un esguince el primer día... Pero, en ocasiones, son ese tipo de obstáculos que nos encontramos en el camino los que hacen que el viaje quede en nuestra memoria como uno de los recordados con más nostalgia. Momentos que nos hicieron sufrir pasan a ser anécdotas que contar y con las que reír, dándose uno cuenta de que el viaje no hubiese sido lo mismo sin ellos.
Esa reflexión está basada en experiencias reales que espero que vosotros también hayáis tenido, porque me sirven como perfecta analogía para explicar lo que he vivido durante los cuatro meses que me ha durado la lectura de La ciudad de los cazadores tímidos. Y es algo difícil de explicar.

Aprovecho para dar paso a esta oportuna intervención de Ruby, uno de los personajes de la novela:
Claro, dijo Ruby. Es como cuando viajas y te pones el chip del viaje, ¿vale? Vas sólo con lo que va a pasar después -el coche de alquiler, el próximo restaurante, dónde vas a parar a orinar-, dejas que las cosas te vengan como te vienen. Pero, ¿por qué esperar a viajar para meterte el chip del viaje? ¿Por qué no vives la vida con el chip del viaje? La vida ocurre así, quieras o no, tío. Mejor probarlo.El chip del viaje es la clave, dijo Ruby.
Pequeñas cosas como esa eran las que me hacían pensar que merecía mucho la pena seguir leyendo, pese a que otras veces me atascara entre letras que, quizá, se me hacían repetitivas o, quizá, me parecía que contaban hechos que poco me importaban. En realidad hay pocos hechos realmente trascendentes en esta novela, lo cual no quiere decir que no los haya, sino que están diluidos en un buen puñado de páginas. Lo que ocurre es que Tom Spanbauer SABE NARRAR. Sabe hacer trascendente algo que no lo es, y además sabe hacerlo sin ninguna floritura, dejando caer las cosas con una cadencia precisa que pulsa las teclas de tu sensibilidad en el orden necesario para provocarte ternura, pena, amor o alegría de vivir, según desee.

A mí me ha resultado inevitable enamorarme de esa forma de escribir. Esos diálogos sin guiones son diálogos libres y vivos, espontáneos. Después están las expresiones y frases que utiliza como "estribillo" de la novela, incluyéndolas repetidamente en las situaciones, de manera que sabes, por ejemplo, cuándo un personaje siente lo mismo que sintió cuando le pasó aquello otro.

En cuanto a la historia, nos sumerge de lleno, muy de lleno, en el Nueva York de los años 80, durante la epidemia del SIDA. Es todo muy americano. Yo no conozco Nueva York, y menos el de esos años, pero me he sentido envuelta por el ambiente algo oscuro, entre homosexuales y drag queens. Jamás me hubiera visto leyendo un libro de esta temática, no me va nada ese ambiente, lo hubiera rechazado automáticamente. Por fortuna, La ciudad de los cazadores tímidos entró por la puerta grande, era un recomendado, un VIB (Very Important Book).

Will es un joven que llega desde Idaho a NY, donde empieza a trabajar de camarero. Para adaptarse a la vida en la gran urbe se vale de los consejos de sus amigos: lo más importante es poner cara de "jódete y cáete muerto". Hay que ser duro para sobrevivir en NY. Pero Will no viene a ser duro, Will es un chico muy sensible, y si está allí es solo para una cosa: encontrar a alguien a quien echa de menos. En medio de su búsqueda va conociendo a los personajes que quizá sean el alma de la novela: Fiona, Ruby, Rose y Tiro Acertado.
Por otro lado, está la parte que narra la vida de Will en el rancho (creo que se puede llamar así) cuando era niño, con su padre, su madre, su hermana Bobbie, su amigo Charlie2Lunas, sus caballos. Esta vertiente de la novela es con la que más he disfrutado y la que menos extensión tiene. Bobbie es un personaje que me ha parecido excelente (me recordaba un poco a George de los libros de Los cinco). La relación que establece Will con ella y con Charlie, así como el ambiente familiar, llevan a una serie de situaciones que desembocan en un punto culmen, la clave de todo. Y es una desembocadura magistral; para mí, el verdadero final de la novela (aunque después quede más por leer).
Tienes una hermana de armas tomar, dijo Charlie.
Es lesbiana, dije.
Luego: ¿Qué es una lesbiana?, dije, y me arrimé.
Una lesbiana es una mujer, dijo Charlie. Pero en realidad no es una mujer. Es un hombre con el poder de absorber la polla y las pelotas para dentro y sacar para fuera el pecho hasta que le salgan tetas.
¿Te has inventado eso?, dije.
No, dijo Charlie. Es verdad.
Ratones en la paja, una racha de viento en la pizarra del tejado del establo.
¿También ocurre al revés?, dije.
¿Qué revés?, dijo Charlie.
¿Puede una mujer, dije, tener el poder de sacar la pipa fuera para que le salga una polla y absorber las tetas para dentro?
Fiona, Ruby, Rose y Tiro Acertado. El alma de la novela. Fiona es compañera de trabajo, y Ruby, Rose y Tiro Acertado son... Me costó unas cuantas páginas enterarme de eso. Incluso, en algunos casos, saber si eran mujeres u hombres. Drag queens, drogadictos, indios, negros descomunales... Imaginármelos físicamente, creo que no lo llegué a conseguir del todo. Son personajes complejos que se me resistían, personajes con los que no tengo apenas puntos en común, personajes de los que hubiera huido en la vida real. Pero Spanbauer me los ha acercado despacio, para que no me asustara, y me ha mostrado que incluso ellos tienen cosas en común conmigo, y que son personas (aunque la sociedad los condene). Todo el mundo puede ser "encantador", al menos tener un gesto o una parte del cuerpo encantadora. Yo creo que para Will es así. Yo creo que él no se fija en la parte de fuera, porque si así fuera, no haría las cosas que hace por sus amigos. Por eso puede decirse que La ciudad de los cazadores tímidos va de amor, pero en su sentido más amplio. Hay escenas que desprenden amor puro, hay sexo explícito también, pero incluso ese sexo emana amor y ternura; fue en una de esas escenas donde algo eléctrico me recorrió, se me abrieron los ojos como platos y empecé a pensar que, verdaderamente, Spanbauer era un artista del lenguaje.
Tiene que haber algo que falla, dijo Rose, algo un poco raro para que encuentre sexy a un hombre. Una especie de cicatriz o una grieta o un ojo a la virulé, algo roto en él que se está reparando o que trata de tapar.
Es difícil decidirse entre recomendar o no un libro así. Tanto el inicio como el final son extraños; hay detalles de la historia cuyo sentido no he llegado a entender. Para mí ha merecido la pena, y ya estoy en trámites para conseguir otro libro de Spanbauer, porque sabe transmitir como nadie con las palabras. Quizá la temática no haya conectado del todo conmigo, o le sobren unas cuantas páginas, pero es que tiene escenas con tanta fuerza...

3,5

domingo, 21 de septiembre de 2014

Rosalie Blum; de Camille Jourdy

SINOPSIS
En un pequeño y aburrido pueblo viven Vincent, un peluquero de treinta años que aún no ha conseguido cortar el cordón umbilical que le une a su excéntrica madre; Rosalie, una mujer que intenta ahogar su oscuro pasado a través del whisky, y Aude, que se deja arrastrar por la vida. La vida monótona de Vincent se verá perturbada por un encuentro que le generará una vaga e imprecisa reminiscencia de algo o alguien pasado y que derivará en obsesión. El detonante es la aparición de una mujer, Rosalie, que parece llevar una vida tan aburrida como la de Vincent. ¿Ayudará este encuentro a que Vincent supere sus demonios? 
 En Rosalie Blum asistiremos a tácticas de espionaje y contraespionaje y conoceremos a desternillantes personajes como el compañero de piso de Aude, que quiere montar un circo sin ningún tipo de recurso económico; la misteriosa Bernardette; la alocada y descarada Cécile, y la estrafalaria madre de Vincent. 
 Rosalie Blum ha recibido los premios RTL en 2009 y el de autor revelación en el Festival International de la Bande Dessinée de Angoulême en 2010.


No he sido muy asidua a los cómics desde aquellos días de mi infancia en que me leía una y otra vez los de Tintín o los de Mortadelo y Filemón, sobre todo, pero también las revistas de historietas que se compraba mi padre en los kioskos cuando era pequeño, y que aún conservaba. Puede que de la mano de los cómics me aficionara a la lectura, después de todo. Y los he dejado de lado... lo mío no tiene nombre.

Me pasa que no soy capaz de comprarlos. Quizá pienso que valen demasiado para lo que duran. Pero hay libros que tampoco duran tanto, y no me importa comprarlos. Y además los cómics son más bonitos de ver, que tienen dibujitos, y los puedes tener en la estantería y abrirlos de vez en cuando. Así que no sé. El caso es que estos los elegí de la biblioteca, después de hurgar y hurgar entre todos los estantes de la sección de cómics. Me atrajo su sinopsis y, sobre todo, me gustó el colorido de sus ilustraciones.

No tengo experiencia en esto de valorar cómics. Ni con qué comparar. Los que traigo no tienen nada que ver con los que leía de pequeña, es otro tipo de cómic muy distinto. Quizá más adulto. Intimista. Aunque más de uno me haya dicho que por las ilustraciones parecen libros para niños. Son cómics de los que, al menos yo, no había oído hablar en la vida, y mira por dónde, parece que la autora ha sido reconocida por ellos. Pero los he disfrutado, que es lo que cuenta.

Intimista, decía. 
Hay viñetas en las que aparece dibujado un simple escenario. Unas cuantas casas, o un parque. Una habitación. Un montón de cosas esparcidas en la mesita del salón. 
Otras veces los personajes hablan de asuntos que quizá no son relevantes para la trama, pero sí para mostrarnos su forma de ser. Incluso puede que no hablen, y les veamos mirar una escena y sonreírse, o sonrojarse ante alguna situación, o mirarse de reojo sin decir nada. Incluso soñar.
Son detalles que, de una forma muy acertada, hacen que nos sintamos cercanos a ellos.


En el primer volumen, Una sensación conocida, conocemos (valga la redundancia) al treintañero Vincent y a su entorno. Este primer tomo nos habla de estar solo y no atreverse a hacer nada por evitarlo, de dejarse arrastrar (no llevar) por la corriente de la vida. Todo cambia cuando Vincent se encuentra con una persona que es incapaz de sacarse de la cabeza, porque sabe que la ha visto en alguna parte. Se trata de una mujer algo mayor que él a la que empieza a seguir. A parte de eso, Vincent trabaja en una peluquería, piensa en la novia que se le fue a Francia y vive en un apartamento debajo del piso de su madre, a la que cuida. Esta vieja revieja aporta un punto de humor con sus excentricidades. En sus fantásticas ilustraciones Camille Jourdy nos muestra la casa de ella, llena de muñecos, y los gestos y diálogos que inventa cuando juega con ellos. Así vemos los pensamientos a veces macabros que cruzan en secreto la mente de la anciana. Aunque su hijo tampoco se queda corto, a veces. La relación entre ambos es muy particular.


En el segundo volumen, ¡Arriba las manos!, conocemos el otro  lado de la historia: Rosalie y, sobre todo, su sobrina Aude, que se entera de que hay un hombre que persigue a su tía y, junto con su grupo de amigas, toma cartas en el asunto. Esta vez, se une al elenco de excéntricos (aunque todos los personajes tienen su puntito) el compañero de piso de la joven, un holgazán que dice que quiere montar un circo (y así es como tiene su casa: como un circo). Aude, mi favorita, es un desastre y en ese sentido no tiene nada que ver conmigo, pero con su forma de ser y la personalidad que le da la autora (otra vez esos pequeños detalles de los que hablaba), me he sentido identificada con ella en varias ocasiones. Su tía es una mujer también solitaria que además parece que arrastra algo de su pasado. La historia se torna más animada gracias a que la juventud de los nuevos personajes irrumpe en ella con toda su energía. Y descubrimos que las viñetas del tomo anterior contienen pequeños detalles que no están ahí porque sí.


Finalmente, en ¡Al azar, Baltazar! (título que aún no comprendo), todo se mezcla.


No quiero ser muy explícita porque es de esas historias que se disfrutan más cuanto menos se sepa de ellas. Creo que por eso me han gustado tanto, y siempre tenía ganas de regresar a ellos, y me dio pena terminarlos, y me costará la separación cuando se los entregue a la bibliotecaria. Los misterios quedan resueltos al final, pero lo importante es ese regusto tan familiar, tan nostálgico, tan dulce, tan... tan, que deja cuando lo cierras.


NOTA: por lo que he podido ver no son cómics muy baratos en el mercado, aunque han sacado una edición completa con los tres que en cierto modo es más económica.

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