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domingo, 28 de septiembre de 2014

La ciudad de los cazadores tímidos; de Tom Spanbauer

"Cámara lenta, extiendo los brazos y tal como me siento es la forma en que siempre he querido sentirme aunque no lo sabía. Es tal como se siente el océano, rizándose rizándose, la razón por la que a los pájaros les gusta tanto volar."

SINOPSIS
Junto a la cabina telefónica de san Judas, cuando todo lo demás ha fallado, pringado hasta el cuello, en un mundo de dolor, cuando he matado a un poli, mi mal aliento en una línea averiada de NY&TT es lo único que queda. Nueva York, años 80. Ronald Reagan y la cocaína te hacen creer que eres el centro del mundo. William Parker llega desde un pueblo de vaqueros a Maniatan para descubrir la voluntad del cielo. Un prestidigitador, una idiota iluminada, un indio de pacotilla, un afroamericano super encantador, se cruzan en el camino de su busca infructuosa de Charlie 2 Lunas. La novela de una iniciación en tiempos del monstruo. La epidemia asola la ciudad de la piel de dragón. La última llamada, desde el teléfono roto, es siempre una llamada a Dios. Exista o no.

Cuando uno se va de viaje quiere que todo salga bien: que el avión llegue puntual, no olvidarse nada en casa, que el hotel resulte lo que esperaba, no perder sus pertenencias en el camino, no hacerse un esguince el primer día... Pero, en ocasiones, son ese tipo de obstáculos que nos encontramos en el camino los que hacen que el viaje quede en nuestra memoria como uno de los recordados con más nostalgia. Momentos que nos hicieron sufrir pasan a ser anécdotas que contar y con las que reír, dándose uno cuenta de que el viaje no hubiese sido lo mismo sin ellos.
Esa reflexión está basada en experiencias reales que espero que vosotros también hayáis tenido, porque me sirven como perfecta analogía para explicar lo que he vivido durante los cuatro meses que me ha durado la lectura de La ciudad de los cazadores tímidos. Y es algo difícil de explicar.

Aprovecho para dar paso a esta oportuna intervención de Ruby, uno de los personajes de la novela:
Claro, dijo Ruby. Es como cuando viajas y te pones el chip del viaje, ¿vale? Vas sólo con lo que va a pasar después -el coche de alquiler, el próximo restaurante, dónde vas a parar a orinar-, dejas que las cosas te vengan como te vienen. Pero, ¿por qué esperar a viajar para meterte el chip del viaje? ¿Por qué no vives la vida con el chip del viaje? La vida ocurre así, quieras o no, tío. Mejor probarlo.El chip del viaje es la clave, dijo Ruby.
Pequeñas cosas como esa eran las que me hacían pensar que merecía mucho la pena seguir leyendo, pese a que otras veces me atascara entre letras que, quizá, se me hacían repetitivas o, quizá, me parecía que contaban hechos que poco me importaban. En realidad hay pocos hechos realmente trascendentes en esta novela, lo cual no quiere decir que no los haya, sino que están diluidos en un buen puñado de páginas. Lo que ocurre es que Tom Spanbauer SABE NARRAR. Sabe hacer trascendente algo que no lo es, y además sabe hacerlo sin ninguna floritura, dejando caer las cosas con una cadencia precisa que pulsa las teclas de tu sensibilidad en el orden necesario para provocarte ternura, pena, amor o alegría de vivir, según desee.

A mí me ha resultado inevitable enamorarme de esa forma de escribir. Esos diálogos sin guiones son diálogos libres y vivos, espontáneos. Después están las expresiones y frases que utiliza como "estribillo" de la novela, incluyéndolas repetidamente en las situaciones, de manera que sabes, por ejemplo, cuándo un personaje siente lo mismo que sintió cuando le pasó aquello otro.

En cuanto a la historia, nos sumerge de lleno, muy de lleno, en el Nueva York de los años 80, durante la epidemia del SIDA. Es todo muy americano. Yo no conozco Nueva York, y menos el de esos años, pero me he sentido envuelta por el ambiente algo oscuro, entre homosexuales y drag queens. Jamás me hubiera visto leyendo un libro de esta temática, no me va nada ese ambiente, lo hubiera rechazado automáticamente. Por fortuna, La ciudad de los cazadores tímidos entró por la puerta grande, era un recomendado, un VIB (Very Important Book).

Will es un joven que llega desde Idaho a NY, donde empieza a trabajar de camarero. Para adaptarse a la vida en la gran urbe se vale de los consejos de sus amigos: lo más importante es poner cara de "jódete y cáete muerto". Hay que ser duro para sobrevivir en NY. Pero Will no viene a ser duro, Will es un chico muy sensible, y si está allí es solo para una cosa: encontrar a alguien a quien echa de menos. En medio de su búsqueda va conociendo a los personajes que quizá sean el alma de la novela: Fiona, Ruby, Rose y Tiro Acertado.
Por otro lado, está la parte que narra la vida de Will en el rancho (creo que se puede llamar así) cuando era niño, con su padre, su madre, su hermana Bobbie, su amigo Charlie2Lunas, sus caballos. Esta vertiente de la novela es con la que más he disfrutado y la que menos extensión tiene. Bobbie es un personaje que me ha parecido excelente (me recordaba un poco a George de los libros de Los cinco). La relación que establece Will con ella y con Charlie, así como el ambiente familiar, llevan a una serie de situaciones que desembocan en un punto culmen, la clave de todo. Y es una desembocadura magistral; para mí, el verdadero final de la novela (aunque después quede más por leer).
Tienes una hermana de armas tomar, dijo Charlie.
Es lesbiana, dije. 
Luego: ¿Qué es una lesbiana?, dije, y me arrimé. 
Una lesbiana es una mujer, dijo Charlie. Pero en realidad no es una mujer. Es un hombre con el poder de absorber la polla y las pelotas para dentro y sacar para fuera el pecho hasta que le salgan tetas. 
¿Te has inventado eso?, dije. 
No, dijo Charlie. Es verdad. 
Ratones en la paja, una racha de viento en la pizarra del tejado del establo. 
¿También ocurre al revés?, dije. 
¿Qué revés?, dijo Charlie. 
¿Puede una mujer, dije, tener el poder de sacar la pipa fuera para que le salga una polla y absorber las tetas para dentro?
Fiona, Ruby, Rose y Tiro Acertado. El alma de la novela. Fiona es compañera de trabajo, y Ruby, Rose y Tiro Acertado son... Me costó unas cuantas páginas enterarme de eso. Incluso, en algunos casos, saber si eran mujeres u hombres. Drag queens, drogadictos, indios, negros descomunales... Imaginármelos físicamente, creo que no lo llegué a conseguir del todo. Son personajes complejos que se me resistían, personajes con los que no tengo apenas puntos en común, personajes de los que hubiera huido en la vida real. Pero Spanbauer me los ha acercado despacio, para que no me asustara, y me ha mostrado que incluso ellos tienen cosas en común conmigo, y que son personas (aunque la sociedad los condene). Todo el mundo puede ser "encantador", al menos tener un gesto o una parte del cuerpo encantadora. Yo creo que para Will es así. Yo creo que él no se fija en la parte de fuera, porque si así fuera, no haría las cosas que hace por sus amigos. Por eso puede decirse que La ciudad de los cazadores tímidos va de amor, pero en su sentido más amplio. Hay escenas que desprenden amor puro, hay sexo explícito también, pero incluso ese sexo emana amor y ternura; fue en una de esas escenas donde algo eléctrico me recorrió, se me abrieron los ojos como platos y empecé a pensar que, verdaderamente, Spanbauer era un artista del lenguaje.
Tiene que haber algo que falla, dijo Rose, algo un poco raro para que encuentre sexy a un hombre. Una especie de cicatriz o una grieta o un ojo a la virulé, algo roto en él que se está reparando o que trata de tapar.
Es difícil decidirse entre recomendar o no un libro así. Tanto el inicio como el final son extraños; hay detalles de la historia cuyo sentido no he llegado a entender. Para mí ha merecido la pena, y ya estoy en trámites para conseguir otro libro de Spanbauer, porque sabe transmitir como nadie con las palabras. Quizá la temática no haya conectado del todo conmigo, o le sobren unas cuantas páginas, pero es que tiene escenas con tanta fuerza...

3,5

domingo, 21 de septiembre de 2014

Rosalie Blum; de Camille Jourdy

SINOPSIS
En un pequeño y aburrido pueblo viven Vincent, un peluquero de treinta años que aún no ha conseguido cortar el cordón umbilical que le une a su excéntrica madre; Rosalie, una mujer que intenta ahogar su oscuro pasado a través del whisky, y Aude, que se deja arrastrar por la vida. La vida monótona de Vincent se verá perturbada por un encuentro que le generará una vaga e imprecisa reminiscencia de algo o alguien pasado y que derivará en obsesión. El detonante es la aparición de una mujer, Rosalie, que parece llevar una vida tan aburrida como la de Vincent. ¿Ayudará este encuentro a que Vincent supere sus demonios? 
 En Rosalie Blum asistiremos a tácticas de espionaje y contraespionaje y conoceremos a desternillantes personajes como el compañero de piso de Aude, que quiere montar un circo sin ningún tipo de recurso económico; la misteriosa Bernardette; la alocada y descarada Cécile, y la estrafalaria madre de Vincent. 
 Rosalie Blum ha recibido los premios RTL en 2009 y el de autor revelación en el Festival International de la Bande Dessinée de Angoulême en 2010.


No he sido muy asidua a los cómics desde aquellos días de mi infancia en que me leía una y otra vez los de Tintín o los de Mortadelo y Filemón, sobre todo, pero también las revistas de historietas que se compraba mi padre en los kioskos cuando era pequeño, y que aún conservaba. Puede que de la mano de los cómics me aficionara a la lectura, después de todo. Y los he dejado de lado... lo mío no tiene nombre.

Me pasa que no soy capaz de comprarlos. Quizá pienso que valen demasiado para lo que duran. Pero hay libros que tampoco duran tanto, y no me importa comprarlos. Y además los cómics son más bonitos de ver, que tienen dibujitos, y los puedes tener en la estantería y abrirlos de vez en cuando. Así que no sé. El caso es que estos los elegí de la biblioteca, después de hurgar y hurgar entre todos los estantes de la sección de cómics. Me atrajo su sinopsis y, sobre todo, me gustó el colorido de sus ilustraciones.

No tengo experiencia en esto de valorar cómics. Ni con qué comparar. Los que traigo no tienen nada que ver con los que leía de pequeña, es otro tipo de cómic muy distinto. Quizá más adulto. Intimista. Aunque más de uno me haya dicho que por las ilustraciones parecen libros para niños. Son cómics de los que, al menos yo, no había oído hablar en la vida, y mira por dónde, parece que la autora ha sido reconocida por ellos. Pero los he disfrutado, que es lo que cuenta.

Intimista, decía. 
Hay viñetas en las que aparece dibujado un simple escenario. Unas cuantas casas, o un parque. Una habitación. Un montón de cosas esparcidas en la mesita del salón. 
Otras veces los personajes hablan de asuntos que quizá no son relevantes para la trama, pero sí para mostrarnos su forma de ser. Incluso puede que no hablen, y les veamos mirar una escena y sonreírse, o sonrojarse ante alguna situación, o mirarse de reojo sin decir nada. Incluso soñar.
Son detalles que, de una forma muy acertada, hacen que nos sintamos cercanos a ellos.


En el primer volumen, Una sensación conocida, conocemos (valga la redundancia) al treintañero Vincent y a su entorno. Este primer tomo nos habla de estar solo y no atreverse a hacer nada por evitarlo, de dejarse arrastrar (no llevar) por la corriente de la vida. Todo cambia cuando Vincent se encuentra con una persona que es incapaz de sacarse de la cabeza, porque sabe que la ha visto en alguna parte. Se trata de una mujer algo mayor que él a la que empieza a seguir. A parte de eso, Vincent trabaja en una peluquería, piensa en la novia que se le fue a Francia y vive en un apartamento debajo del piso de su madre, a la que cuida. Esta vieja revieja aporta un punto de humor con sus excentricidades. En sus fantásticas ilustraciones Camille Jourdy nos muestra la casa de ella, llena de muñecos, y los gestos y diálogos que inventa cuando juega con ellos. Así vemos los pensamientos a veces macabros que cruzan en secreto la mente de la anciana. Aunque su hijo tampoco se queda corto, a veces. La relación entre ambos es muy particular.


En el segundo volumen, ¡Arriba las manos!, conocemos el otro  lado de la historia: Rosalie y, sobre todo, su sobrina Aude, que se entera de que hay un hombre que persigue a su tía y, junto con su grupo de amigas, toma cartas en el asunto. Esta vez, se une al elenco de excéntricos (aunque todos los personajes tienen su puntito) el compañero de piso de la joven, un holgazán que dice que quiere montar un circo (y así es como tiene su casa: como un circo). Aude, mi favorita, es un desastre y en ese sentido no tiene nada que ver conmigo, pero con su forma de ser y la personalidad que le da la autora (otra vez esos pequeños detalles de los que hablaba), me he sentido identificada con ella en varias ocasiones. Su tía es una mujer también solitaria que además parece que arrastra algo de su pasado. La historia se torna más animada gracias a que la juventud de los nuevos personajes irrumpe en ella con toda su energía. Y descubrimos que las viñetas del tomo anterior contienen pequeños detalles que no están ahí porque sí.


Finalmente, en ¡Al azar, Baltazar! (título que aún no comprendo), todo se mezcla.


No quiero ser muy explícita porque es de esas historias que se disfrutan más cuanto menos se sepa de ellas. Creo que por eso me han gustado tanto, y siempre tenía ganas de regresar a ellos, y me dio pena terminarlos, y me costará la separación cuando se los entregue a la bibliotecaria. Los misterios quedan resueltos al final, pero lo importante es ese regusto tan familiar, tan nostálgico, tan dulce, tan... tan, que deja cuando lo cierras.


NOTA: por lo que he podido ver no son cómics muy baratos en el mercado, aunque han sacado una edición completa con los tres que en cierto modo es más económica.

jueves, 11 de septiembre de 2014

En la colina de Brys-Néil (Memorias del Otro Lado II); de Julia Pons Montoro

"Los habitantes de los Reinos no miden el tiempo como nosotros. No cuentan en horas, días y años, pues sería inútil, ya que allí el tiempo no es exacto, a veces discurre lentamente y a veces se acelera. [...] Tal vez os parezca difícil de concebir, pero seguro que os hacéis una idea si pensáis en todas las veces que una maravillosa velada se os pasó en un instante, mientras que una tarea tediosa se os hizo interminable. Así podréis imaginaros cómo es el tiempo en el Otro Lado."

SINOPSIS
En esta segunda entrega de "Memorias del Otro Lado", Féyzlim, Dilion, Lil y Narizotas partirán en busca de Melvina, la cabeza perdida del rey de las quimeras. Ahora les acompaña Éylian, el hermano de la fábezmik, más desconfiado y suspicaz que ella, y su quimera Unna. El viaje les guiará hasta una misteriosa colina embrujada, donde se oculta un terrible secreto. En los Reinos la situación se está volviendo cada vez más crítica, corren muchos extraños rumores y la joven fábezmik deberá afrontar una de las pruebas más duras de su existencia. ¿La traicionará su exceso de confianza?

Volvemos a este mundo tan fantásticamente fantástico inventado por Julia Pons Montoro, del cual hablé en mi opinión acerca de la primera parte.

La historia en este segundo volumen de la saga continúa por donde se quedó, si bien toma unos derroteros algo distintos de lo que uno imaginaría. Además, se oscurece la claridad de la inocencia reinante en la primera parte para mostrar unos personajes que, sin dejar de ser infantiles, abandonan su transparencia y se niegan a enseñarnos su cara más oculta. La bondad y la maldad empiezan a difuminarse y a confundirse: ya no es tan fácil saber de quién fiarse.

Féyzlim y sus compañeros se dirigen hacia un destino muy concreto, pero algo se interpone en su camino y los detiene: en los buenos viajes siempre ocurren imprevistos. Entonces terminan todos en un hogar acogedor, dentro de un pueblo tenebroso del Bosque Alado (nombre que tiene su razón de ser). A su alrededor empiezan a aparecer personajes extraños que les descubren la existencia de objetos más extraños aún y de lugares que sería mejor no conocer.

Lo mejor de visitar el Otro Lado es descubrir cosas inesperadas y originales a cada paso. De esta nueva entrega de las Memorias me quedo con la forma que tienen de medir el tiempo los habitantes de los Reinos, y con eso que les pasa a las criaturas cuando se les acaba el mismo y les llega la muerte, tan distinta a la que nosotros conocemos. También he disfrutado de los nuevos personajes (incluyendo cada una de sus peculiaridades) y de esa lucha de Féizlim consigo misma, muy acertada para aportar relieve a un personaje en el momento preciso en que empezaba a necesitarlo, y más tratándose de toda una protagonista. 

Una rapidísima lectura, tan impecablemente escrita como la primera; un trocito más de fantasía que nos trae Julia Pons Montoro para evadir la mente de niños y mayores; un pequeño recuerdo de los varios que componen las Memorias del Otro Lado.


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*Pinchar aquí para acceder a En la colina de Brys-Néil en Amazon (también disponible en papel).
**Pinchar aquí para acceder al blog de la autora.

jueves, 21 de agosto de 2014

Her

SINOPSIS
En un futuro cercano, Theodore, un hombre solitario a punto de divorciarse que trabaja en una empresa como escritor de cartas para terceras personas, compra un día un nuevo sistema operativo basado en el modelo de Inteligencia Artificial, diseñado para satisfacer todas las necesidades del usuario. Para su sorpresa, se crea una relación romántica entre él y Samantha, la voz femenina de ese sistema operativo.

Me ha sorprendido. Sabía que era rara y que por tanto tenía probabilidades de gustarme, pero no sabía que me envolverían tanto ese mundo y ese Theodore tan reales y tan cercanos

Her está muy bien ambientada, en un futuro que no requiere de ostentosas máquinas o vehículos volando entre rascacielos. Porque es un futuro no muy lejano, en el que la tecnología ha evolucionado hasta el punto de existir inteligencia artificial o videojuegos de realidad virtual con cuyos personajes se puede interactuar.

Cómo me divertí mientras lo iba descubriendo todo, cómo disfruté de la película con todos los sentidos, ya que es una película de sensaciones, que evoca con sus sonidos (y no me refiero a la banda sonora exclusivamente), sus colores (me encanta el vestuario) y sus (no) texturas.


Sus no-texturas. ¿Cuánto importa que puedas tocar a una persona para poder amarla? ¿Y para comprometerte con ella el resto de la vida? ¿Y si no es una persona? ¿Cuánto importa que sea una máquina? ¿Qué piensa una máquina, qué hace mientras no está contigo? ¿Siente, o está programada para sentir?

No pensé que me haría tantas preguntas, aunque conocía el mensaje global de la película antes de verla. Pero lo consiguió, consiguió que me hiciera preguntas sobre el amor, sobre los celos, sobre las relaciones. Hay pocas películas que hayan planteado el tema como lo ha hecho Her (si es que hay alguna), y el añadido de una parte artificial como elemento de la pareja amorosa le otorga un enfoque inesperado y diferente, pero que al mismo tiempo se puede aplicar a la realidad cotidiana. 


Las escenas están impregnadas de la melancolía y la mirada azul hipnotizante del protagonista, que acapara gran parte del metraje. En medio de su soledad, se encuentra con un cartel audiovisual que anuncia un nuevo sistema de inteligencia artificial llamado OS (Operating System), y no tarda en adquirirlo. Entonces comienza a interactuar con él, con una voz de mujer llamada Samantha que empieza a despertarle sentimientos inquietantes.


Hay mucha humanidad reflejada en la gente que pasea por las calles, pero la realidad te golpea cuando ves cómo cada persona va metida en su mundo, con sus auriculares-última-tecnología que les van poniendo al día de las noticias y de los correos electrónicos o que, incluso, utilizan para hablar con sus OS mientras caminan. La sociedad va siendo invadida por la tecnología y adaptándose a nuevas posibilidades en el ámbito de las relaciones, humanas y artificiales.



Y a Samantha, a ella también hay que intentar comprenderla. Enamorarse siendo un programa de ordenador tiene sus desventajas, como no tener cuerpo. Pero no os paréis a pensar en las ventajas, que también las hay. Es más divertido y asombroso descubrirlo viendo Her.

domingo, 17 de agosto de 2014

El camino de las luciérnagas; de Mónica Rouanet

"Comenzó a pasar lista. Lo hacía todos los días. ¡Con lo fácil que era levantar la cabeza para comprobar si alguien con mucha suerte había dejado su sitio vacío! Yo estaba seguro de que era para joderme a mí, decir mi nombre en voz alta y resarcirse así de las miles de veces que sus profesores habían vociferado el suyo en su época de estudiante: ¡Donato Monedero Pobre! Aunque a lo mejor lo hacía porque había bajado el número de vocaciones y quería engancharme para formar parte del clero...
-Iván Aberasturi de la Serna.
-¡Presente!
-Pedro Alzueta Megías.
-¡Presente!
-Alberto Baena Romero.
-¡Presente!
-Rodrigo Castro Alvear.
-¡Presente!
-Atanasio Cuervo Feliz.
¡La boca se le llenaba! Disfrutaba al decirlo y lo hacía siempre mirándome con fijeza, echándomelo en cara."

SINOPSIS
El lector tiene en sus manos una de esas historias que, desde las primeras páginas y sin apenas percatarse de ello, lo agarran por la solapa y lo llevan en volandas hasta el final; una novela que logra el deseo irrefrenable de llegar a casa, tumbarse en el sofá y continuar leyendo por el párrafo donde quedó el marcapáginas. El camino de las luciérnagas es una novela colmada de crímenes, sospechas, confusiones…, escrita magistralmente en dos planos temporales. Mónica Rouanet nos narra la historia de Tano alternando su adolescencia en los 80 —el bachillerato en un colegio de curas, los primeros escarceos con el alcohol y las chicas— con su vida actual, 30 años después. Mónica Rouanet, una nueva autora dotada con una habilidad innata para tramar argumentos, ya logró entusiasmar a varios miles de lectores con la versión digital de El camino de las luciérnagas, que ahora aparece publicada en papel.

Con esta reseña hablo por primera vez, al mismo tiempo, de una autora, de una novela y de una editorial. Y es que La Fea Burguesía Ediciones acaba de nacer y, por lo que veo, promete buenas novelas con una edición muy atractiva y al mejor precio. En este caso ha dado vida a la edición digital de El camino de las luciérnagas, que durante un tiempo estuvo disponible a la venta en Amazon (y ahí sigue, pero yo me quedo con esta "fea" edición).

Y como, no hace mucho, editorial, autora y novela se acercaron a presentarse a Madrid, con ese aire tan educado y elegante que les otorgan sus oscuros bombines, aproveché la ocasión. La presentación fue multitudinaria, divertida e interesante, y lo malo de estas cosas es que se hacen cortas, pero lo mismo pasa con las novelas de características tales. Y esta, la gente que ya la había leído aseguraba que te agarraba y no te soltaba, y la editorial, que te devolvía el dinero si no era así. Así que... bueno, no me ha enganchado nada.

¿He sido lo suficientemente creíble?

El camino de las luciérnagas tiene un comienzo tan simpático que es imposible que no te atrape ni un poquitín. Supongo que un comienzo es bueno si consigue mantenerme leyendo más de veinte páginas del tirón (no muchas de las novelas que leo lo consiguen). Un tema muy recurrente en la novela son los nombres y los apellidos. Combinaciones graciosas de nombres y apellidos que dan para unas cuantas (son)risas. El protagonista vive marcado por el suyo, Atanasio Cuervo Feliz, y tiene tendencia a fijarse en gente que, como él, ha sufrido las consecuencias de unos progenitores cuyos apellidos encajan demasiado bien. Es un recurso que, sin llegar a hacerse pesado, otorga escenas de humor a la novela y le da parte de su personalidad. No en vano fue una anécdota similar la que, según contó Mónica, dio origen a la historia tal como es hoy.

Así que Atanasio Cuervo Feliz, escena del pasado tras escena del presente, escena del presente tras escena del pasado, va narrando lo que le ocurrió durante uno de sus cursos de instituto allá por 1985 y cómo en la actualidad se ha tropezado de nuevo con ese episodio que habría querido dejar atrás. Y a medida que avanza la lectura, aumentan los descubrimientos del presente y la información que recibimos del pasado, presente y pasado crecen y se entretejen hasta que la imagen del lienzo se hace al final completamente nítida.

Son pocos personajes porque ninguno sobra, y son pocas páginas por la misma razón (y si no lo son, lo parecen). Están los padres, los amigos y los profesores en el pasado; los compañeros de trabajo, la familia y los reencuentros en el presente. Está el colegio de curas, las idas y venidas de chicos y chicas, amor del de verdad (ni el de las películas ni el de las novelas), escarceos con el cigarro y la pastilla, tardes de estudio y noches de fiesta, estudiosos y juerguistas. Y ahora está ese crimen que lo trae todo de vuelta, que lo trae a él de vuelta, a aquel amigo que se hacía llamar Hans, porque en cuanto a nombres y apellidos era de los suyos. En cuanto a nombres y apellidos.

La única expectativa que no se ha cumplido ha sido que pensaba que el final iba a ser más apoteósico. Tal vez demasiado apoteósico para que la novela siguiera conservando esa acertada sensación de realismo que transmite. Así que mejor que se quede como está, y yo con las ganas de saber algún detalle más del pasado (mi parte favorita era ver cómo se las arreglaba Atanasio con su vida social de los ochenta).

Pues sí, la novela es entretenida y capaz de mantener la atención. Está escrita de forma sencilla pero pícara a ratos, haciendo sonreír aunque lo que cuente sea muy serio. Y Atanasio, sobre todo de niño, es un antihéroe de esos a los que es fácil comprender, más aún si alguna vez te sentiste un poco pringado cuando eras joven.

3,75
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