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miércoles, 15 de julio de 2015

Maestro cantor; de Orson Scott Card

"Ansset se puso a cantar de nuevo, con un tono tranquilizador, pero Kya-Kya se puso en pie de un salto y retrocedió.
-¡Otra vez no! ¡No me engañarás de nuevo! ¡Cántale a las piedras y hazlas llorar, pero no me engañarás otra vez!
Salió corriendo de la habitación, cerrando la puerta de golpe, y dejando atrás la canción del niño, su rostro vacío. Ansset era un monstruo, no había nada real en él, y Kya-Kya lo odiaba.
Pero al mismo tiempo recordaba su canción y le amaba, y ansiaba regresar a su celda para oírle cantar eternamente."
SINOPSIS
Secuestrado a muy temprana edad, el joven Ansset ha sido educado en el aislamiento de la Casa del Canto. Su vida es la música y la canción. Su voz posee cualidades nunca oídas antes. Su arte puede reflejar las esperanzas y los miedos de su audiencia y, amplificando las emociones que inspira, puede incluso servir para sanar. Aunque también para destruir… Ansset se convertirá en Pájaro Cantor de Mikal el Terrible, el emperador de la galaxia, pero deberá demostrar su capacidad para calmar con sus canciones la conciencia atormentada del temible gobernante.
Una sobrecogedora historia de poder y de amor. La saga de formación de un artista y su educación sentimental y política. Una vida trágica y gloriosa, narrada con la mano experta en el tratamiento de sentimientos y emociones que le han valido a su autor los premios Hugo y Nébula por El juego de Ender y La voz de los muertos. 

Después de la lectura de El juego de Ender, hace ya varios años, no me quedaron ganas de seguir con las aventuras de este personaje en La voz de los muertos y el resto de novelas de la saga. Pensé que era un buen final para las aventuras de este niño obligado a madurar antes de tiempo y que no merecía la pena darle más vueltas, porque eso sólo serviría para cansarme de una historia que, aunque bien contada, no había terminado de seducirme. (Excluyendo su impactante final.) No obstante, cuando buscando un libro para regalar me encontré con esta novela menos conocida Orson Scott Card, la sinopsis me pareció tan atractiva que, una vez conocida la sentencia positiva de su dueña y primera lectora, quise acercarme a él. 

Pese a que no tengo El juego de Ender fresco en la memoria, es inevitable encontrar paralelismos entre este Maestro cantor y la obra más conocida del escritor. El protagonista, Ansset, es un nuevo Ender, o tal vez fue al revés, pues esta obra se publicó seis años antes de que el famoso personaje viese la luz. Tanto uno como otro son niños que se ven obligados a dar lo mejor de sí mismos demasiado pronto, a dejar de lado sus deseos más espontáneos para hacer frente a un destino que se les presenta en forma de una gran responsabilidad: salvar a la humanidad de la invasión extraterrestre en un caso, mantenerla pacíficamente unida en otro.
-Es un lugar lleno de orgullo -dijo Ansset.
-¿Qué, la Tierra? -preguntó Riktors Ashen.
-¿Qué he visto de la Tierra?
-Todo el planeta es así. Mikal no diseñó esta ciudad, ¿sabes? Fue un regalo.
-¿El planeta entero es así de hermoso?
-No. Altivo. Con la nariz al aire. La gente de la Tierra está muy orgullosa de ser el "centro de la humanidad". El corazón, vaya tontería. En el margen, eso es lo que son, y un margen loco, si quieres saber mi opinión. Se aferran a sus insignificantes identidades nacionales como si fueran religiones. Es un lugar terrible para una capital... este planeta está más fragmentado que el resto de la galaxia. Hay incluso movimientos independentistas.
-¿Para independizarse de qué?
-De Mikal. De su planeta capital, y piensan que sólo una porción del planeta debería librarse de él -rió Riktors.
Ansset estaba completamente sorprendido.
-¿Pero cómo pueden dividirlo? ¿Pueden coger un trozo del planeta y llevarlo al espacio? ¿Cómo pueden ser independientes?
-Eso mismo pienso yo.
Orson Scott Card construye a sus personajes desde dentro, intentando otorgar de sentido emocional a sus acciones, explorando hasta las entrañas los porqués de su forma de ser. 

Me ha gustado mucho más el entorno en el que se desarrolla esta novela si se compara con la sensación claustrofóbica que transmitía El juego de Ender. Ya no son habitáculos cerrados flotando en el espacio, sino que el mundo se abre ante nosotros en forma de diversidad de paisajes y ciudades, de un universo entero lleno de planetas y ciudades que descubrir, aunque sólo visitemos con la imaginación un número reducido de estos lugares. Hay más naturaleza y no tanta maquinaria espacial, y eso me ha acercado más a la historia.

Todo el universo está gobernado por el emperador Mikal. Mikal reúne un amalgama de cualidades (ambición, sensibilidad, crueldad, amor) en unas proporciones tan perfectas que le han permitido obtener y conservar su puesto de poder y mantener a la Humanidad unida y "en paz". 
La Casa del Canto, en el pequeño planeta de Tew, mantiene cierta independencia respecto al gobierno del emperador. Se trata de una institución que enseña a sus alumnos a cantar hasta convertirlos en Pájaros Cantores, seres con un increíble talento para comunicarse a través de melodías. Una vez formados, los Pájaros Cantores pueden ser adquiridos temporalmente por la gente de toda la galaxia, pero sólo si la Casa del Canto considera que son capaces de apreciarlos. 

Lo de cantar suena muy simple, pero no es así. Me ha parecido un aspecto muy original y el mayor atractivo de esta novela. Los alumnos entrenados en la Casa del Canto son en su mayoría niños, algunos de ellos huérfanos que son acogidos y cuidados allí a lo largo de su vida. Los Maestros Cantores y sus alumnos se comunican a través de la música. Cuando alguien habla, no "dice", sino que "canta". Saben imprimir a sus palabras el ritmo adecuado para transmitir algo que va más allá de las mismas. O saben hablar sin palabras, tan solo desnudando su alma a través de melodías, aunque ese sea un arte difícil de dominar.

Y por supuesto, Ansset es el héroe, y como tal posee cualidades espectaculares. Quizá un tópico que se permite Orson Scott Card, igual que hará con Ender. Pero ambos personajes sufren una evolución; la evolución de Ansset desde el principio hasta el final de Maestro cantor es clara y el camino que recorre entre la multitud de personajes que pueblan la novela es largo, sinuoso y repleto de sentimientos. La palabra amor en su sentido más amplio flota sobre las letras desde la primera a la última página.
Oh, Ansset, eres un maestro, pensó Esste, pero también advirtió cosas que no había percibido con anterioridad: cómo su rostro se mostraba impasible antes y después de cantar: cómo su cuerpo permanecía rígido, concentrándose en conseguir el tono preciso. Nos manipula, pensó Esste. Nos manipula pero no lo hace ni con la mitad de perfección con que se manipula a sí mismo. Advirtió cómo el niño percibía la más mínima agitación, cada mirada del público, cómo se nutría de ella y la devolvía multiplicada por cien. Ansset es un espejo que amplifica, pensó Esste. Eres un espejo que amplía, tomando el amor que recibes y lo devuelves con más fuerza que antes, pero sin nada de dentro de ti. No eres completo.
Las relaciones que se establecen entre unos personajes y otros son cambiantes y llenas de matices. A veces, como en la vida real, no del todo definidas. Ansset es un niño que se va modelando a base de las presiones del entorno. Su maestra Esste será la encargada de manejar esas presiones de forma  que no san demasiado fuertes y hagan de Ansset un ser artificial, desprovisto de su propia humanidad. Las canciones de Ansset pronto se hacen famosas por su capacidad para reflejar las inquietudes y anhelos de los demás, pero parece claro que el pequeño ha enterrado sus propias emociones muy dentro de sí mismo. Puede controlar las de los demás, pero corre el peligro de ahogarse dentro de sí, en el pozo profundo de su Control.  

De errata a errata y tiro porque me toca

Casi se me olvida una pega muy gorda. Pero no es culpa de Card, sino de quien sea que haya editado este libro. Porque me ha parecido vergonzosa la cantidad de erratas absurdas que lo pueblan. Pero no erratas de no saber escribir, sino erratas de palabras juntas de debieran ir separadas, separadas que debieran ir juntas, cambios de letras dentro de palabras (de manera que la palabra la tienes que imaginar), comas por puntos, incluso cambios de letras por números (en vez de poner "lo", ponía "10"). Un auténtico jeroglífico cuya razón de ser no me explico. Pareciera que todo fuese fruto de una máquina en vez de un ser humano. Será que querían llevar la Ciencia Ficción al límite.


Maestro Cantor es una novela compleja en cuanto a contenido pero de lectura sencilla y bastante adictiva. Últimamente es difícil que una novela capte mi atención desde el principio, y esta lo ha hecho desde el prólogo, si bien es verdad que iba inflándose y desinflándose y que esperaba algo más del final, después de la gran sorpresa que me llevé con el de El juego de Ender. Al final he disfrutado más del camino que de la meta. Ha sido uno diferente a los que había recorrido hasta ahora.

sábado, 4 de julio de 2015

El chico sobre la caja de madera; de Leon Leyson

"Me fijé en que los nazis convencidos me miraban los zapatos o daban cuerda a su reloj cuando alguien mencionaba la guerra. Si alguien hacía algún comentario sobre las desgracias sufridas por los judíos, su manida respuesta era: «Nosotros no sabíamos nada». El doctor Neu no era así. Me preguntó sobre mis experiencias y escuchó atentamente lo que le conté. Me acordé de que Oskar Schindler también me había hecho preguntas y había escuchado mis respuestas. El doctor Neu no intentaba encubrir lo que había pasado. Un día, mientras yo le contaba una historia, su mujer nos oyó. «Nosotros no sabíamos nada», murmuró. Él le lanzó una mirada penetrante y dijo: «No digas eso»"

SINOPSIS
Incluso en los tiempos más oscuros, especialmente en los tiempos más oscuros, hay espacio para la fuerza y la valentía. Una memoria notable de Leon Leyson, uno de los niños más pequeños sobrevivientes del Holocausto en la lista de Oskar Schindler. 

¿Qué me sugería, hasta hace unas semanas, el nombre "Schindler"? Pensaba en una lista. ¿De alumnos? ¿De tareas? ¿De la compra? Nada de eso. Solo en una lista. Como mucho, de personas. Pero no sabía para qué.

¿Qué me sugiere, ahora, el nombre de "Schindler"? Pienso en la palabra héroe. En un hombre que luchó por salvar la vida de personas (él sí las consideraba personas), que no tuvo más remedio que hacerlo pagando por cada una de ellas a costa de su propio fracaso. Sin obtener nada a cambio. Miento. La gratitud de miles no es "nada". Ahora, cuando pienso en Oskar Schindler, siento orgullo ajeno (que es como la vergüenza ajena pero en orgullo). 

No ha sido El chico sobre la caja de madera una lectura inolvidable ni que me provocara grandes emociones, pero sí una puerta abierta a una pequeña parcela de la Segunda Guerra Mundial que yo no conocía. Y no sólo me he asomado a ella sino que he sentido la necesidad de atravesarla y acercarme más a ese personaje extraordinario. Lo hice poco tiempo después, gracias a la película La lista de Schindler.

Tampoco es que Oskar Schindler fuese un hombre ejemplar. No hay seres humanos perfectos, al fin y al cabo. Pero sí que podría decirse que fue un héroe, y el razonamiento de Leon Leyson viene a demostrarlo:
Habría podido decidir que su vida dependía de obligarnos a trabajar hasta la muerte, pero no lo hizo. En cambio, ponía en peligro su vida cada vez que nos protegía por la sencilla razón de que era lo que había que hacer. Yo no soy filósofo, pero creo que Oskar Schindler es un excelente ejemplo de heroísmo. Demuestra que una persona puede hacerle frente al mal y cambiar las cosas.
Yo soy una prueba viviente de ello.
Recuerdo una entrevista televisiva que vi una vez con el escritor y académico Joseph Campbell. Nunca he olvidado su definición de «héroe». Según Campbell, un héroe es una persona normal y corriente que hace «lo mejor que se puede hacer en el peor de los momentos». Oskar Schindler personifica esa definición.
Schindler llevaba una existencia algo contradictoria. A parte de pertenecer al partido nazi, era un hombre mujeriego (infiel a su esposa), dado a la bebida y a las fiestas, pero utilizaba las mujeres, la bebida y las fiestas para mantenerse en buenas relaciones con sus compañeros de partido: era el perfecto organizador de juergas. 
Gracias a estas buenas relaciones y a su inteligencia, se colocó en una posición óptima para ayudar a los débiles sin sufrir el castigo por parte de los poderosos. Así, pudo acoger en su fábrica a varios cientos de judíos a los que evitaba la tortura de los campos de concentración y de exterminio. No es que tuvieran una vida muy cómoda, pero al menos comían algo (poco) y no eran maltratados. Ellos, los que formaban parte de la lista de trabajadores de la fábrica, se sentían afortunados. Les sorprendía que su superior les considerase personas y hablara con ellos como si fuesen sus iguales.

De izquierda a derecha: Oskar Schindler, Lis y su marido Leon Leyson.
Sí: posiblemente El chico sobre la caja de madera sea "una novela más del holocausto". Esta vez no voy a decir que es diferente a las demás o una digna competidora de La ladrona de libros (con la que, por otra parte, no tiene nada que ver en cuanto a estilo). Pienso que lo único que la hace más especial es su carácter autobiográfico, pues su autor, Leon Leyson, vivió de primera mano lo que en ella se cuenta: fue arrancado en su infancia primero de su hogar y después de su familia; formó parte de esa lista (fue el superviviente más joven); conoció a ese héroe. Y lo que más destaca de su declaración es la devoción manifiesta hacia el hombre al que debe su existencia.
Fallecido hace dos años, Leon Leyson era al principio reacio a hablar de esa época de su vida, pero con el paso de los años perdió ese miedo y ha ofrecido discursos y entrevistas*. 


Oskar Schindler: si no conoces al hombre que hay detrás de ese nombre, esta novela es una buena forma de empezar a hacerlo, a través de los ojos de uno de los cientos de judíos a los que salvó.

3,5

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*En Youtube pueden encontrarse algunas; dejo este enlace como breve ejemplo: (aquí).

miércoles, 20 de mayo de 2015

Jameson Notodofilmfest en el Matadero de Madrid: una de cortos

Alguna vez he pensado en dedicar entradas del blog a hablar de lugares o experiencias de ocio. En una ciudad tan grande y variopinta como Madrid, uno se encuentra de vez en cuando con sorpresas y buenos ratos inesperados que apetece compartir. 

No había estado nunca en el Matadero de Madrid hasta el miércoles 13 de este mes cuando, por cosas de tener tiempo libre y una amiga investigadora de propuestas diferentes de ocio, asistimos a la proyección de cortos que organizaba Jameson Notodofilmfest en la Cineteca. Lo primero que me sorprendió fue la zona, más grande de lo que pensaba, llena de edificios de ladrillo y piedra que me encantaron, cada uno destinado a un propósito que no tuve tiempo de investigar. Por dentro el espacio era amplio y acogedor; la sala donde se proyectaron los cortos no tiene nada que envidiar a una sala de cine convencional, más bien al contrario.


Jameson Notodofilmfest es un festival de cine desarrollado sobre todo a través de Internet, en el que los artistas del cortometraje pueden dar a conocer sus creaciones. Dispone de una página web que lo explica todo mucho mejor que yo, así como de un canal de YouTube repleto de cortos gratuitos y del que, visto lo visto, me voy a tener que hacer más asidua.

La proyección, The very best of Jameson Notodofilmfest (Vol IV), comenzó con cada uno de los directores presentando brevemente sus cortos, y continuó con una sucesión de todo tipo de escenas y situaciones, desde las más divertidas a las más tristes, pasando por las más incomprensibles. Los veintitrés cortos, seleccionados de entre todos los existentes a lo largo de los trece años de vida del festival, tuvieron una duración total de ochenta minutos y estuvieron acompañados de aplausos y, sobre todo, de buen rollo y risas. Fue una tarde muy agradable que repetiría con gusto. (¡Y gratis!) Es verdad que algunos me resultaron totalmente incomprensibles, y otros me supieron a poco o a nada, pero varios de ellos me hicieron reír hasta que tuve que sacar el pañuelo (también es verdad que el ambiente risueño contribuyó a ello).

Voy a dejar aquí una selección de los ocho que más me gustaron, explicando brevemente por qué. Vamos, una selección de la selección. Vedlos si podéis, ¡no se tarda nada y puede que paséis un buen rato!

El mueble de las fotos
Captó mi atención por la espontaneidad del narrador y me hizo sonreír hasta su original final, que arrancó un buen aplauso al público. Su director es Giovanni Maccelli (Goya al mejor cortometraje de animación por Juan y la nube, que no he podido encontrar completo).



Defensa propia
Uno de los más graciosos. Quizá el que más me gustó en su conjunto, por su giro tan divertido. Al menos en el momento de verlo en pantalla grande. Quizá pierde gracia en visionados posteriores, porque ya sabes lo que está pasando... Su director es Javier Ruiz Caldera (director de la película Spanish Movie).



Los Reyes Magos
Hay que admitir que el atractivo de este corto de animación no radica tanto en la parte visual como en el diálogo sobre el cual se construye: un padre que le cuenta a su hijo (un tanto rarito) que no existen los Reyes Magos. Se proyectó otro corto de este mismo director (lo incluiré más abajo), y parece que sus personajes se caracterizan por un modo de hablar que a mí me asusta un poco: me parece, quizá, agresivo o demasiado franco. Cuidado porque este en concreto abusa de las malas palabras y los insultos. Es, digamos, políticamente incorrecto. Pero parece que eso hizo gracia al público, que no paró de reír. Su director es Alberto González.



Sheeple
No pensaba incluir este corto porque no lo entendí la primera vez que lo vi, pero lo acabo de volver a ver y, como casi todo lo que me resulta cercano y cotidiano, me ha convencido lo suficiente como para añadirlo. Es muy breve y quizá os dé qué pensar. Intuyo que su título surge de una mezcla entre las palabras inglesas sheep (oveja) y people (gente). Su director es Alejandro Pérez Blanco.



Precipitaciones
No me convenció del todo, admito que lo incluyo por el escenario. Para que, la próxima vez que paséis por la Puerta del Sol de Madrid a las 11:11 h, sintáis un poco de terror... Quien lo presentó (no recuerdo si fue el director o una representante) comentó que la plaza madrileña aparecía convertida en un Triángulo de las Bermudas. Su director es Josué Ramos Sosso.



Los paralelos
Es un diálogo a cuatro bandas muy rápido, extraño y al principio confuso. Un poco locura, pero me gustó por alguna razón. Tal vez, simplemente, porque me sorprendió. Es una idea complicada y parece que funciona la manera en que está construida. Su director es Sergio Granda Rodríguez.

Este no he conseguido encontrarlo en YouTube, así que AQUÍ dejo el enlace a una página que lo contiene.

Fracasados por el mundo
A mí me ponen imágenes de Praga y soy feliz. Pero además, oye, esta parodia de Españoles por el mundo tiene su gracia. Su director es Gonzalo Gurrea.



El regalo
El broche de oro que cerró la proyección; este no os lo perdáis: junto con Defensa propia, fue uno de mis preferidos. Quizá un poco predecible, pero igualmente enamora su cotidianidad. ¡Y está basado en hechos reales! Su director es Javier Fesser (el mismo de El milagro de P. Tinto, Mortadelo y Filemón, o Camino).



Si, llegados a este punto, habéis visto todos los vídeos, ¡enhorabuena! Y si no, os lo agradezco igualmente. En uno u otro caso, me encantaría leer vuestras impresiones. ¿Cuál os ha sorprendido? ¿Cuál os ha hecho reír más? ¿Y pensar? Espero que llorar ninguno, porque los tristes no llegaron a encontrarse entre mis favoritos (más abajo tenéis los enlaces al resto de cortos proyectados).

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-Suerte (David Barrocal): sobre la ludopatía de una madre.
-Cirugía (Alberto González Vázquez): animación; diálogo surrealista entre una mujer y un hombre.
-Mensaje (Juan Nonzioli): sobre el Alzheimer.
-Tiquismiquis (Gabriel Ochoa): este no lo entendí hasta que supe que se debía a que era mujer; si es que a veces somos unas tiquismiquis...
-Neorrealismo (Óscar Girón): conversación entre dos senegaleses en un restaurante; creo que este no lo entendí por ser una inculta del mundillo del cine.
-Niña bonita (Yerko Espinoza Zuñiga y Anastasia Karelia): sobre un mendigo y una prostituta.
-Blanca (Diego Casado): sobre la trata de ídem.
-En el agujero (Pablo Arreba): humor breve e inesperado, que no me hizo mucha gracia.
-Sexto (Martín Escribano): conversación entre dos vecinas y madres en el rellano de la escalera.
-Dolo (Virginia Rota): este no veía por donde cogerlo.
-El partido (Álex Rodrigo): parodia de un partido político; ganador del premio La Térmica al mejor proyecto de Serie Web.
-Álex (Cesc Gay): conversación telefónica; no terminé de entender si había algún mensaje oculto o simplemente lo que se ve.
-Tarkovsky (Daniel Monzón): tiene su gracia, pero tampoco lo entendí del todo.
-Por activa y por pasiva (Rodrigo Cortés): cuatro niños discutiendo como adultos; otro corto cuya finalidad no entendí, quizá recuerda a los políticos que hablan mucho y no dicen nada.

martes, 12 de mayo de 2015

Maus; de Art Spiegelman


SINOPSIS
Maus es la biografía de Vladek Spiegelman, un judío polaco superviviente de los campos de exterminio nazis, contada a través de su hijo Art, un dibujante de cómics que quiere dejar memoria de la aterradora persecución que sufrieron millones de personas en la Europa sometida por Hitler y de las consecuencias de este sufrimiento en la vida cotidiana de las generaciones posteriores. Apartándose de las formas de literatura creadas hasta la publicación de Maus, Art Spiegelman se aproxima al tema del Holocausto de un modo absolutamente renovador, y para ello relata la experiencia de su propia familia en forma de memoir gráfica, utilizando todos los recursos estilísticos y narrativos tradicionales de este género y, a la vez, inventando otros nuevos. La radicalidad narrativade esta obra marcó un antes y un después en el universo de la novela gráfica, y por ello Maus obtuvo el primer y único premio Pulitzer otorgado a un cómic.

Me encuentro con que en un corto espacio de tiempo he observado el Holocausto desde perspectivas muy diversas. Primero fue la real, la visita al campo de concentración de Terezín, que avivó mi curiosidad (ya despierta) sobre los que vivieron en esa época y en ese lugar. Me sorprendió mucho encontrarme con aquello, que era la prueba definitiva de que lo que hasta entonces había visto en películas y leído en libros existió de verdad. Podía tocar las enormes estructuras de madera que fueron en el pasado lechos duros de donde dormían judíos hacinados. Las celdas. Las duchas. Todo. Y experiencias, tantas que se necesitarían varias visitas (y saber inglés o checo) para leerlas todas, colgadas en las paredes de habitaciones-museo.


Aparece una breve mención de Terezín en Maus, esta biografía que Spiegelman construye a partir de lo que su padre Vladek le relata sobre sus desventuras como superviviente del Holocausto. Recientemente prohibida en Rusia por ser considerada "propaganda nazi", Maus es, por el momento, la única novela gráfica que ha ganado el premio Pulitzer.

No me esperaba tanta metaficción en Maus. Por ejemplo, podemos ver, y leer, cómo el propio autor grababa las entrevistas a su padre. También asiste el lector al momento en que Art Spiegelman concibe las caras de sus personajes, esas zoomorfas que dependen de la nacionalidad o ideología de cada uno (ratones para los judíos, gatos para los alemanes, cerdos para los polacos, ranas para los franceses...).


Me ha parecido que el aspecto animal de los personajes, lejos de deshumanizarlos, les hace más entrañables y cercanos. A lo mejor, la perspectiva actual también contribuye a otorgar naturalidad a la narración: el lector se siente parte de la familia Spiegelman y es tan testigo del relato de Vladek como su hijo Art. Este, además de soportar las excentricidades propias de la vejez y la complicada relación que su padre mantiene con su madrastra, intenta asumir el pasado de su familia y su papel como depositario y difusor de un testimonio tan duro e importante para la humanidad. Para ello cuenta con la ayuda y el apoyo de Françoise Mouly, su esposa francesa, que decide convertirse al judaísmo para satisfacer los deseos de Vladek. Será en la revista Raw, editada por ambos, donde hacia 1980 empezará a publicarse la serie de cómics que se reúnen ahora en esta obra.

Había leído antes novelas ambientadas en este periodo histórico, tales como Cuando el mundo gira enamorado, o El niño con el pijama de rayas, o La ladrona de libros, y me preguntaba mientras leía Maus cómo podía saber tan pocas cosas de todo aquello por lo que pasaron los judíos. Ahora me doy cuenta de que la primera de esas lecturas apenas la recuerdo, la segunda (leída en inglés) es quizá la que más directamente trata el tema, y la magnífica tercera no se centra tanto en la vida en un campo de concentración. Así que sólo tenía una idea vaga y general de lo que había supuesto el Holocausto para los que lo sufrieron, y una imagen de los campos de concentración formada a partir de fragmentos de películas, la mayoría de cuyos títulos ni siquiera recordaba.


Antes de que los nazis llegaran a destruir sus vidas, muchos judíos, como Vladek Spiegelman, trabajaban en empresas que les proporcionaban dinero para llevar una vida acomodada. A medida que les iban arrebatando cuanto tenían, habían de improvisar trucos para conservar, escondidas, parte de sus riquezas, las cuales podían ser muy útiles (tanto o más que un cigarrillo) para eso tan importante que era sobrevivir un día más. Por supuesto, no sólo les arrebataban el dinero y los bienes materiales. Había que proteger a los ancianos. Había que salvar a los niños. Y, pese a los ingeniosos escondites que ideaban las familias en sus casas, no todos evitaban que fueran descubiertos y deportados a guetos y campos.


La lectura de Maus me ha acercado a detalles que me han sorprendido y abierto los ojos. Sorprendente, por ejemplo, lo importante que podía llegar a ser una rebanada de pan, una onza de chocolate o un simple cigarrillo. Una rebanada y una onza eran un exquisito manjar... para compartir entre unos cuantos judíos. Un cigarrillo podía servir para comprar más rebanadas o más onzas. O queso o cualquier otra cosa comestible. Cualquier otra cosa que sirviera para sobrevivir y alcanzar con vida el final de la guerra, si es que este llegaba.


Maus es, en definitiva, una de las mejores novelas gráficas que he leído. Me recuerda mucho a Persépolis en el sentido de que cuenta una historia que entretiene y enseña, y además porque lo hace empleando el dramatismo justo y con cierto humor entreverado en sus viñetas.

jueves, 7 de mayo de 2015

Kafka; de Robert Crumb y David Zane Mairowitz

"Milena era periodista y escritora, y una especie de feminista precursora. Si Kafka antes había considerado que las mujeres eran vampiros o valkirias que representaban para él toda la suciedad del odiado acto sexual, ahora estaba en presencia de alguien que lo obligaba a enfrentar el verdadero potencial femenino y sus propios temores. Cuando ella le sugirió que dejaran de cartearse y se encontraran en cuerpo y alma en Viena, él se asustó como de costumbre y dio mil excusas para no ir. En respuesta, ella le preguntó si era judío."

SINOPSIS
Casi un siglo después de su muerte, Franz Kafka permanece como uno de los escritores más modernos de entre todos los que son y han sido, persistiendo sus novelas y cuentos como influencia capital para cada nueva generación literaria. 
Por su parte, Robert Crumb, icono del underground de los años 60 al que hoy los museos pretenden desactivar incorporándolo a sus colecciones, resiste y se mantiene como uno de los autores de historieta más aclamados y libres del mundo. La obra de ambos comparte neurosis, humor agónico, aflicción existencial, una originalidad incontestable y cierta cualidad genial que la desplaza de su tiempo para hacerla inmortal. 
Secundando un texto de David Zane Mairowitz donde se desgrana el entorno, la vida y la obra de Kafka, Crumb se proyecta aquí en las circunstancias del escritor, las interpreta y nos las transmite en detalle con sus dibujos. El resultado es un extraordinario híbrido entre biografía, cómic y libro ilustrado, que supone el hermanamiento de dos de los artistas menos comunes y más hondos de nuestra era.

Termina este libro diciendo que, tras años de despreciar a Kafka, la nueva República Checa "está descubriendo a su extraño hijo judío, que ya no constituye una amenaza y es ahora, de repente, rentable como atracción turística". Curioso, porque este final me lleva a un principio, que es la razón de mi acercamiento a este escritor: Praga. Esa ciudad que me cautivó y a la cual parezco intentar mantenerme unida a través de Franz Kafka.

Kafka es un híbrido entre biografía ilustrada y novela gráfica, que expone de una manera magistral, sublime, amena (y muchos adjetivos positivos más) la vida del escritor que le da nombre. Lo desgrana todo, haciendo sencillo lo complejo: desde los aspectos más históricos y generales va acercándose a la figura del individuo y llega a bucear entre sus miedos y preocupaciones más profundas, relacionándolos a su vez con su obra. Y todo adquiere un sentido nuevo y mágico y dan ganas de ponerse ya mismo a leer La metamorfosis, pero también El proceso, El castillo, Carta al padre o cualquiera de sus innumerables y extraños relatos. Dan ganas de saber más.



Aunque hay alusiones a los acontecimientos históricos que vivió el escritor, lo que más me ha gustado de Kafka son las partes que profundizan en su psicología y, a través de ella, explican cómo podrían ser interpretadas sus obras y descubren elementos comunes en varias de ellas. Algunas de sus narraciones aparecen resumidas en forma de viñetas, y me ha dado un poco de rabia tener que enterarme así de las historias y de sus finales; es uno de los pocos inconvenientes que he encontrado a la lectura. Aún así me parece que merece la pena, porque como he comentado es muy interesante la forma en que se relaciona el pensamiento de Kafka con lo que cuenta en sus relatos. He intentado en esas ocasiones no profundizar mucho en lo que leía para retener el mínimo de información posible. De todas formas, no dejan de ser resúmenes muy breves y estoy segura de que las obras del autor albergarán muchos más matices y serán valiosas en sí mismas y en su conjunto más que por sus desenlaces.



La condena, La metamorfosis, La madriguera, La colonia penitenciaria, El proceso, El castillo, Un artista del hambre y El gran teatro natural de Oklahoma, son las obras que quedan recogidas gracias a las expresivas ilustraciones de Robert Crumb. A esas obras kafkianas se añade El Golem, novela del austríaco Gustav Meyrink basada en una leyenda judía de Praga. 

Los dibujos de Crumb complementan al texto biográfico a la perfección, otorgándole alma, transmitiendo el espíritu alienado y el surrealismo que envuelve al personaje. Kafka fue un hombre lleno de inseguridades, hipocondriaco, atormentado por la figura autoritaria de su padre y temeroso de las mujeres, con las que no conseguía relacionarse de manera eficaz. Todo ello queda reflejado en sus textos.

Estudió Derecho y trabajó en ese ámbito, pero llegó un momento en que empezó a dedicarse a la escritura más seriamente. Empezó a fantasear con un lugar apartado del mundo en el que llevar a cabo su trabajo en total soledad: escribir, escribir y escribir, parando solo para comer. Y de eso también salió un relato.


La relación con su padre dio como fruto su conocida Carta al padre en la que, se dice, puede encontrarse un valioso material para comprender la mente del escritor y la visión que tenía de sí mismo y de su vida.


"Hace poco me preguntaste por qué te temo", comienza, y sigue con una "respuesta" de cincuenta páginas.
[...]
Los diarios de Kafka, que llevó entre 1910 y 1923, no alcanzan el increíble nivel de autorrevelación que se observa en su Carta al padre. Este documento no es tan sólo un catálogo de los horrores cometidos por un padre, recopilados en la edad adulta gracias a la valentía otorgada por un sello postal. Es típico que al acusar a su padre, Kafka encuentre cientos de excusas para condenarse él también.
En cuanto a las relaciones que Kafka mantenía con mujeres eran básicamente epistolares. Con Felice (que vivía en Berlín, a unas horas en tren de Praga) intercambió correspondencia durante unos cinco años, pero sólo durante una pocas semanas hubo una relación presencial. El amor no parecía tan verdadero como el que se dejaba traslucir en las cartas que dirigía a Milena Jesenskà, periodista, escritora y casada. Pero la relación más real la mantuvo con Dora Diamant, con la que llegó trasladarse a vivir a Berlín y que suscitó su interés por el judaísmo. Eso son algunos ejemplos de las muchas mujeres, en su mayoría jóvenes, que se cruzaron en la vida del escritor.


En El Castillo, al igual que en las otras novelas de Kafka, desfila ante el lector un elenco en apariencia infinito de "actrices de reparto" y se repite la confianza que curiosamente deposita en ellas el personaje central.
[...]
El resultado de estas relaciones no suele ser "un acto íntimo" (salvo en el caso de Leni) y se vincula más con el poder que con los sentimientos personales. El talento de Kafka en general sugería el encuentro erótico en lugar de hacer que sus personajes se entregaran a ese acto que consideraba "repelente y absolutamente inútil".
Kafka murió por tuberculosis en 1924, lo cual probablemente lo libró del destino fatal que terminarían sufriendo sus tres hermanas, deportadas a campos de concentración. Praga, Kafka, Holocausto... parece que una cosa lleva a la otra, y con esa última palabra terrorífica van a tener que ver las próximas lecturas de las que hablaré por aquí.


Recomendaría el libro, desde luego, como primer acercamiento a Kafka y a su obra. Me ha maravillado conocer al personaje (Kafka fue una persona, pero también un personaje) de esta manera. Puede que a un erudito del tema le sepa a poco, pero a mí me ha hecho sentir eso inexplicable que se siente cuando un libro te gusta mucho. Algo así como un "amo a Kafka", un "necesito copiar cada frase" o un "quiero empapelar mi cuarto con estas ilustraciones". ¿Mariposas de papel en el estómago? En fin, todo se traduce en que, de una manera absolutamente subjetiva e impulsiva (como tiene que ser), no me queda otra que traducir esta sensación en una alegre exclamación:


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