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miércoles, 25 de febrero de 2015

Conociendo a... Ana González Duque

La escritora:
Ana González Duque (biografía)

Hace unos días, la escritora canaria Ana González Duque regaló su presencia a los lectores madrileños en la firma de su novela Leyendas de la Tierra Límite, que tuvo lugar en la librería El dragón lector. Yo, lectora y madrileña, agacho la cabeza y pido humildemente perdón por haber dudado por unos minutos asistir al acto. Mis dudas, basadas en el reparo que me daba el ir sin compañía y sin muchas habilidades de conversación a la firma de un libro que ya tenía firmado, fueron echadas a un lado con la ayuda de la propia Ana, quien me animó a que me acercara para poder “desvirtualizarnos”. Allí, además de a Ana, conocí a más lectores, más blogueros e incluso más compañeros de profesión (algo que comparto con la escritora), y también me reí, me reí y me reí, y mientras volvía a casa seguía sonriendo de vez en cuando. Es que la "Doctora Jomeini" me dio una buena medicina para curar la seriedad. También salí con una visión renovada y de lo más interesante de la novela que había leído hace unas semanas, lo cual me animó a hacer unas cuantas preguntas a la autora, con la esperanza de conseguir alguna pequeña exclusiva literaria para traer por aquí… Y esto es lo que nos cuenta:

Si no recuerdo mal, llegué a tu anterior blog (La Doctora Jomeini) a través de una recomendación que encontré El Gerente de Mediado, un blog de la rama sanitaria que me fue presentado por un médico en cuya consulta estuve aprendiendo. En La Doctora Jomeini encontré justo lo que necesitaba: anécdotas médicas centradas en el lado más humano. Así que me quedé por allí durante un tiempo, leyendo tus entradas, al principio silenciosamente. Y varios meses después, te mudaste a El Fogón, más centrado en el mundo de los libros (y algunas recetas culinarias). ¿Por qué lo hiciste? 
Me costó mucho tomar la decisión. Yo empecé a escribir La Doctora Jomeini como válvula de escape para no volverme loca en mi vida de residente “viejona” con dos hijos. Fue mi entrada en el mundo de los blogs, me abrió puertas que nunca pensé en tocar dentro del campo de la Anestesia, pero, sobre todo, volvió a recuperar mi ilusión por escribir, que el trabajo había acabado por fulminar. Tres años después de terminar la residencia, mantener el blog no tenía mucho sentido. Mis hijos habían crecido y sus problemas eran “no contables” en el blog. Mis problemas en el trabajo también eran poco “contables” y además, me había pedido un recorte de jornada para escribir en serio. Mis prioridades habían cambiado totalmente. Pero no me dejan irme. A partir del mes que viene, La Doctora Jomeini vuelve, pero solo una vez al mes (el primer domingo de cada mes) y dentro de la página de AnestesiaR. 

El otro día comentabas en tu Facebook que tu primera novela, El blog de la Doctora Jomeini, se había convertido best-seller… 
Es que me hizo mucha gracia verme como best-seller en el catálogo de Nowtilus, que fue la editorial que la publicó. Sí que sabía que se había vendido bien y que se sigue vendiendo. De hecho, creo que la editorial la va a reeditar en otro formato. Pero lo de best-seller… Por un momento se me puso cara de Ken Follet (sin su cuenta corriente en el banco, claro). Está claro que El blog de la Doctora Jomeini se ha vendido porque a la gente le gusta reírse. Y de vez en cuando no está mal una novela ligerita con la que echarse unas risas. 

Y de repente das el salto a lo fantástico. En la dedicatoria de Leyendas de la Tierra Límite: Las Tierras Blancas (primera parte de una bilogía) te refieres a J.R.R.Tolkien, Ursula K.Le Guin, J.K. Rowling, Michael Ende y Laura Gallego. ¿Recuerdas cuál fue la primera novela que te hizo interesarte por ese género? ¿Cuál es el último libro de fantasía que has leído? 
La primera novela que me hizo interesarme por ese género fue La historia interminable de Michael Ende. La leí con 10 años. Me dejó profundamente impactada. Para mí, es la novela perfecta. Se puede seguir la historia por tantos lados…Detrás vinieron El señor de los anillos, Cuentos de Terramar, Memorias de Idhún… 
La última novela que he leído de ese género es Los hijos de las tinieblas de José Antonio Cotrina, mi gran descubrimiento de este año. Te lo recomiendo.



¿Desde cuándo has querido ser escritora? ¿Por qué, siendo amante de las letras, escogiste una carrera “de ciencias”? ¿Crees que la práctica de tu profesión ayuda a entender mejor la naturaleza humana y crear personajes más profundos? En Leyendas de la Tierra Límite te centras mucho en explicar bien por qué los personajes son como son… 
He querido ser escritora desde siempre. Desde pequeña. Escogí una carrera de Ciencias después de dar Latín. Me dije. “Esto no lo aguanto yo más tiempo” y me fui a Ciencias puras. También estaba influenciada por los libros de Gerald Durrell en aquella época. Ser médico y ser escritor no es incompatible. Arthur Conan Doyle lo era y mira qué bien le fue. Creo que siendo médico veo al mismo tiempo lo mejor y lo peor de la humanidad y sí, creo que saber que la vida es esa especie de baile entre lo horrible y lo hermoso me ayuda cuando me planteo los personajes. 

En tu blog nos cuentas que les lees a tus hijos antes de irse a la cama, y tú sabes que me parece muy bonito y de película. ¿Les has leído Leyendas de la Tierra Límite o planeas hacerlo? 
Se lo empecé a leer, más que nada porque leer en voz alta me ayuda a ver los fallos en la última corrección, pero se me echaron a llorar a mares en el primer capítulo por lo que le pasa a Aïa, así que lo he dejado para más adelante. 

Hace poco leí que una lectora tuya decía que había cierto paralelismo entre novela y realidad, porque tú eres una sanadora que al mismo tiempo tienes que hacer de madre de tus hijos, como les ocurre a algunos personajes de Leyendas de la Tierra Límite. Yo creo que tiene razón, pero, ¿te ha salido queriendo o sin querer? 
Es que esa lectora es una lectora muy especial, que lleva leyéndome muchos años y que me conoce muy bien, aunque solo nos hemos visto una vez. Me ha salido sin querer. Pero tiene razón ella: tendemos a escribir de lo que sabemos, aunque el escenario sea distinto. 

¿Hubo alguna idea original a partir de la cual fue creciendo todo el universo de la Tierra Límite? (Por fa, por fa, vuelve a contar eso de la célula que me gustó tanto.) 
Jajajajaja, vaaaaale. La idea inicial surgió en una conferencia en la que me aburría como una ostra. El ponente, que era muy soso, hablaba sobre la célula y sobre las infecciones, cómo afectaban al interior celular y demás. Puso una foto muy grande de la pared de la célula. Y yo pensé que parecía un escudo. "¿Un escudo? Hummm. Lo que está dentro del escudo está protegido." Así nacieron las Tierras Blancas. "Lo que está fuera, está sujeto a ser infectado." Voilá, Tierras Oscuras. "¿Quién evita que se atraviese el escudo? Pues los médicos. Que son en su mayoría mujeres. Es decir, las sanadoras. ¿Quién lo protege con sus cuidados? Los enfermeros: los Guerreros del Alba." Salí de la conferencia con un mapa inicial en la cabeza y unas ganas tremendas de empezar a escribir, así que no hay mal que por bien no venga.


Algunos elementos de Leyendas de la Tierra Límite, como la Vara de Luz o el triángulo amoroso de dos chicos y una chica, me han recordado de manera muy directa a Memorias de Idhún. No me acuerdo bien, pero me parece que la protagonista de la trilogía de Laura Gallego llevaba algo parecido a un bastón con poderes. ¿Es casualidad? 
Si te digo la verdad, no me acuerdo. Me la leí hace mucho. Pero hay arquetipos dentro de la Fantasía que se repiten constantemente. La Vara es uno de ellos. ¿O te imaginas a Gandalf sin ella? Cada vez que le contaba a mi madre (que fue una de mis lectoras cero) un capítulo nuevo de la historia, me decía: “Eso es parecido a lo que sale en tal novela”, creándome un complejo de poco original que no te cuento. Hay cosas que sí que son elementos puestos adrede, como los dos soles, que es mi particular homenaje a Star Wars (El planeta Tatooine, el hogar de luke Skywalker, tenía dos soles). 
El triángulo amoroso de Memorias de Idhún fue una de las partes que menos me gustaron de la novela, porque yo tenía mi claro favorito. En Leyendas de la Tierra Límite no hay un triángulo real. 


¿Te parece bien que digan que es una novela juvenil, o no te gusta que la encasillen dentro de un grupo de edad? 
No me importa realmente, aunque lo veo un poco encorsetado. Yo creo que la novela es “apta a partir de los 12 años”. La puede leer un adolescente o una señora en viaje del Inserso. Lo que tiene que tener joven es la mente, no el carnet de identidad. 

Ya cuentas con varias opiniones y reseñas de Leyendas de la Tierra Límite. ¿Hay algún aspecto que te hubiera gustado que fuera comentado en el que tus lectores no se hayan fijado? ¿O algo en lo que se hayan fijado que te haya sorprendido? 
Hay cosas en las que no se han fijado que me hubiera gustado pulir más. Pero hay un momento en el que tienes que parar de revisar. Me ha sorprendido que tanta gente me pida un spin-off de la historia de Kiraeth y Tarus, que ni siquiera aparecían en la primera versión de la novela. 

Hoy en día salen escritores de debajo de las piedras, y a veces llueven del cielo (¿es que todo el mundo es escritor?). Pero tengo la impresión de que para ti el escribir no es una simple afición, sino que cada vez te lo tomas más en serio. Aparte de ti como inventora y escritora de la historia, ¿con qué personas has contado para conseguir un resultado final tan bueno en la auto-edición? Tanto por dentro como por fuera. 
Este libro ha sido realmente una “UTE (Unión Temporal de Empresas)". Cuento con un grupo de lectores cero increíble al que llamo “Las mentes pensantes” que me ayudan a mantener los pies en el suelo. Carlos Gil y Víctor J. Sanz lo editaron, haciendo una corrección tanto ortográfica como de estilo. Alicia Borges, una ilustradora con la que tengo dos trabajos en proyecto, ilustró la portada (¿A qué es preciosa?) y dibujó el mapa del principio a partir de un esquema mío (lo cual tiene todavía más mérito) y Esperanza Franco lo maquetó, sufriendo mil cambios de última hora. Pero, sin duda, la persona a la que más gracias tengo que darle es a mi madre: Isabel (o, como es conocida en redes, Jane Jubilada), porque se leyó cada borrador, me frenó cuando me ponía en plan George R. R. Martin asesino, me corrigió ortográficamente y, sobre todo, porque les ha vendido el libro a todos sus amigos. 

Revélanos cuál ha sido tu mejor momento como escritora; la mayor alegría que tus letras te hayan dado. 
No lo sé: han sido tantas. El recibir el “Félix Francisco Casanova”, cuando me escribió la primera editorial, la primera firma en Madrid en la Casa del Libro, con una cola inmensa de “jomeinistas”, conocer a escritores que yo leía y comentar con ellos sus libros, conocer a lectores habituales que me han hecho disfrutar con sus comentarios o con sus cartas… Cada foto que me envían me pone una sonrisa en la cara. Me han llegado fotos desde las Islas Seychelles (Sí, yo también tuve que mirar dónde estaban). 

Yo seguiría haciendo preguntas, pero creo que es momento de parar. Por eso que dicen de “lo bueno, si breve, dos veces bueno”, y aunque esto no haya sido nada breve. Ahora te conozco, te conocemos, y a lo mejor, incluso te conoces más. Aunque creo que a tu clasificación de escritores le falta alguna categoría, me parece que al final te vas a parecer más a "el de los colores"… ¡Muchas gracias por la paciencia y por las risas! 
Lo que espero es no haber sido como “el plomo”. Muchas gracias a ti por el “pedazo-entrevista” que te has currado. Y por invitarme a tu blog.


Las novelas:
El blog de la Doctora Jomeini
Planes de boda
Instrucciones para sobrevivir a los hijos
Leyendas de la Tierra Límite: Las Tierras Blancas

lunes, 23 de febrero de 2015

El mago descalzo; de Luis Durán


SINOPSIS
El 19 de mayo de 1918, entraba en vigor un nuevo Código de Derecho Canónigo aprobado para toda la Iglesia por el Papa Benedicto XV, según el cual quedaba prohibido llevar imágenes de santos en las procesiones que se celebraran durante la festividad del Corpus Christi, así como ejecutar danzas populares y escenificaciones teatrales durante las mismas. Esto provocó que los parroquianos de algunos pequeños pueblos y aldeas se opusieran a secundar esta medida...

Si alguien ha leído la sinopsis y le ha despertado el interés por este tebeo, perfecto. Si le ha ocurrido todo lo contrario, es importante que ese alguien conozca que yo pasé por esa situación. Que sepa que, pese a todo, lo leí y sobreviví a ello. No, sobrevivir no es la palabra adecuada. ¡Significa "vivir en condiciones adversas"! Lo que sí se podría afirmar es que este libro me ayudó a sobrevivir. En una época en la que llegaba cansada al final de un día de estudio continuado, sin ganas ni de leer, mi rutina salvadora consistía en sentarme a la cabecera de la cama, taparme hasta el cuello, sacar los brazos y, descalza pero abrigada, abrir El mago descalzo. Y ya sabréis lo que viene después de abrir un libro.


Hay veces que encuentras una manera de ver el mundo que te gusta. Encaja. Como un puzzle entero al que le falta una pieza y esa pieza está en algún lugar dentro de ti que tú no conoces. Pero el puzzle llega y se te mete y encuentra a la pieza y ahí está todo entero, todo el paisaje tal como siempre habías querido verlo. Esa forma de ver el mundo, que si puedo describiré, la tienen en común El mago descalzo y Una colmena en construcción, otro cómic de Luis Durán del que hablé a finales del año pasado. Algo me dice que esa forma de ver el mundo, o una parecida, estará también en el resto de obras del autor, o tal cosa me he arriesgado a suponer y por eso me he lanzado a su colección.

¿Qué forma de ver el mundo? Lo que a mí me parece es que es una forma que busca la parte mágica de la realidad, que persigue las casualidades, cómo las cosas que le pasan a uno juegan con las que le suceden a otro, y los caminos se cruzan de forma caprichosa. Personajes que pierden o que dejan escapar algo muy pequeño sin saber que el batir de las alas de una mariposa aquí puede provocar un torbellino allá. Otros ángulos de observación, imaginación. Arte que se transforma sin destruirse, tal como lo haría la energía. Inocencia, descubrimiento. Pasado, nostalgia. Y cada vez se me diluye más en palabras sueltas este intento de descripción.


A Un mago descalzo le falta quizá la complejidad de Una colmena en construcción, pero es igualmente apto para el disfrute de aquellos a los que guste dejarse llevar de la mano y con tranquilidad por mundos que se diría que son paralelos al nuestro, y que una vez más, parecen extraídos de una ensoñación. Quizá por eso me parece mentirosa su sinopsis tan llena de realidad.

Aunque los dibujos carecen esta vez de color, mantienen el estilo personal y trabajado, lo cual significa que los personajes, con sus particulares rostros y maneras de moverse, me han resultado igual de entrañables. El guión es fantástico y, sin faltar tesoros escondidos entre los bocadillosno hay palabra de más ni de menos. Sin embargo, tuve la sensación de que perdía un poco de fuerza a medida que se acercaba el final, dejando de lado algunas ideas que por su genialidad me hubiera gustado ver más desarrolladas.


Me veo obligada a aclarar que no hay aventuras trepidantes en Un mago descalzo, aunque sí podrían parecerlo para los pequeños protagonistas que las viven. Hay que tomarse este cómic, que comienza con el hallazgo de una bota diminuta en un bosque nevado, como un ingenioso homenaje a la imaginación

La religión, también presente, aparece encarnada en un cura y en un escultor de figuras de procesión. Pero, no sé si así lo expreso bien, no tiene tanta trascendencia en lo contado en cuanto a religión, sino que sirve de excusa para hacer evolucionar, en paralelo a las andanzas de los niños, otras andanzas de adultos que también persiguen sus propias ilusiones.

Se notará que intento no ahondar en detalles, porque sí, es esta una de esas historias que ganan si uno se interna en ellas sin conocer la ruta a seguir, apartando ramas y avanzando despacio como penetrando en un bosque misterioso.


Cada vez que uno se adentra en un arte termina por encontrar en él un artista predilecto. En lo que se refiere a mi corta experiencia con el arte que llaman noveno, Luis Durán se alza actualmente con el primer premio.

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Las primeras páginas: (aquí)

martes, 17 de febrero de 2015

Un médico rural (Pequeños relatos); de Franz Kafka

"Justo donde las calles se separan, Wese se detiene, sólo se apoya con el bastón mirando hacia la calle más alejada. Su humor del momento. El cielo nocturno lo atrae, el azul oscuro, y lo dorado. Lo observa, sin saber. Sin saber, se pasa la mano por el pelo, bajo el sombrero levantado. Allá arriba, nada se junta para mostrarle el futuro inminente. Todo permanece en su lugar, inexplorable y sin sentido. En realidad, es juicioso que Wese siga andando, pero camina hacia el cuchillo de Schmar. 
-¡Wese! -grita Schmar, alzado sobre las puntas de los pies, con el brazo en alto y el cuchillo apuntando hacia abajo-. ¡Wese! ¡Julia te espera en vano!- y Schmar lo apuñala, a la derecha del cuello, y profundamente en el vientre. Cuando se abren de una cuchillada, las ratas de agua emiten un sonido como el de Wese.
-Hecho -dice Schmar, y arroja el cuchillo, ese lastre innecesario, contra la fachada más próxima-. ¡La bendición de asesinar! ¡El alivio, la inspiración por el correr de la sangre ajena! Wese, vieja sombra nocturna, amigo, camarada de cervezas, te escurres por el oscuro suelo de la calle. ¿Por qué no eres simplemente una burbuja llena de sangre, para que me pudiera sentar sobre ti, y así desaparecerías del todo? No todo se cumple, no todos los sueños en flor han madurado, tus pesados restos reposan aquí, inaccesibles ya a todo andar."
Fragmento de Un fratricidio
SINOPSIS
Fue en el Hradschin, el Barrio del Castillo de Praga, en el número 22 de la Callejuela del Oro, donde Franz Kafka (1883-1924) escribió estos relatos, que ya se publicaron en vida del autor bajo el título de
Un médico rural.
En sus breves textos Kafka evoca una y otra vez un mundo en parte irracional y en parte impredecible, pero siempre atemorizador, del que es prácticamente imposible escapar. Una vez el falso sonar de la campanilla del médico desencadena un rosario de desgracias, otra vez aparecen nómadas extraños frente a los que incluso el Emperador es impotente. Los chacales hablantes o el casi indefinible Odralek raptan al lector hacia el surrealismo. ¿Existe alguna salida de este desasosiego? Durante la búsqueda de la Ley, el guardián de la puerta da una respuesta: "Es posible, pero no ahora".

París, Londres... parece que son ciudades populares que todo el mundo quiere visitar. Pero hace varios meses que conocí Praga, y soy incapaz de pensar en ella sin evocar su ambiente envolvente, en el que unas veces flotaba Historia y otras romanticismo. Ninguna ciudad me ha transmitido tanto como esa. Lo nuestro (lo mío por ella) es un amor platónico y en el fondo temo el reencuentro, por si se rompe el bonito recuerdo que me llevé de allí. Bueno, uno de ellos, porque yo espero que Un médico rural, con su elegante edición en tapa dura, resista muchos años. Y a hablar de él y de su autor (y un poco de la ciudad que en algún momento compartieron) me dispongo.

Monumento a Franz Kafka (Praga)

En el complejo de edificios que conforma el Pražský hrad (Castillo de Praga), hay una calle estrecha llamada Zlatá ulička (Callejón del Oro). En el número 22 de la misma fue donde Kafka escribió los relatos que componen este librito. Supongo que en aquellos años se trataba de un lugar tranquilo, lejos de la algarabía de turistas que hoy visitan las tiendas y exposiciones aposentadas en lo que entonces eran viviendas. Tampoco sé si las paredes estarían tan bien pintadas y coloridas en aquellos tiempos. Sea como fuere, el Zlatá ulička es uno de los lugares con encanto de Praga y en su momento debió de ser tranquilo, porque el escritor, cansado de los ruidos que rodeaban su vivienda, lo eligió como refugio. Y a él se trasladó durante un año, junto con su hermana, para escribir los relatos que nos ocupan

Callejón del Oro (Praga)
A la izquierda, el número 22, ocupado ahora por una diminuta librería con títulos en varios idiomas.

El nuevo abogado, Un médico rural, En la galería, Un viejo manuscrito, Ante la ley, Chacales y árabes, Una visita en la mina, El pueblo siguiente, Un mensaje imperial, La inquietud del padre de familia, Once hijos, Un fratricidio, Un sueño e Informe para una academia son los catorce relatos que lo componen. Con una extensión que va desde las pocas líneas hasta las quince páginas, todos comparten sus extraordinarias rarezas. Tiene algo atrayente su surrealismo. Yo creo que son más para dejarse llevar por las sensaciones o imágenes que sugieren, porque no cuentan con un hilo argumental muy definido.

Ilustración para Un fratricidio

Esta edición de Vitalis incluye al final unas páginas añadidas que nos sitúan en el contexto de la obra. Su lectura no se asemeja a la de una enciclopedia sino que está enfocada como la narración de la historia de un personaje. Habla de cómo llegó Kafka al Callejón del Oro, de algunas de sus relaciones con la familia, de cómo era la casa y, en general, de lo que estaba pasando en el mundo durante aquel año 1616 en el que nacieron todos estos relatos. Intercala fragmentos extraídos de las cartas que el propio Kafka escribió, durante esos meses, a su prometida, a su padre o a su hermana. Y para mí, claro, fue un placer volver a ver Praga a través de otros ojos. Y también ahondar en los relatos ya leídos. Respecto a ellos se comentan de pasada algunos detalles sobre cómo podrían interpretarse. Y se afirma algo que me dejó muy tranquila:
Quizá la enigmática criatura llamada Odralek, del relato La inquietud del padre de familia, soltaría una estrepitosa carcajada ante tales intentos de dar con una explicación, pues los relatos son como el propio Odralek: "inapresables". Por mucho que nos esforcemos en clasificarlos, no encajan en ningún molde interpretativo, porque en los pasajes decisivos la realidad textual de la narración no coincide con el contexto del mundo real.  
Muestra de las páginas anexas al final del libro

He quedado contenta de haberme acercado a un autor que parece que es imprescindible conocer, y de haberlo hecho sin demasiado esfuerzo. Algunos relatos carecían totalmente de sentido, y no me gustaban nada, pero otros tenían algo especial (aunque tampoco tuvieran sentido). He echado en falta en varias ocasiones (¿en todas?) encontrar un mensaje; a veces sentía que estaba a punto de alcanzar ese mensaje pero sólo podía rozarlo, ver su silueta borrosa sin poder llegar a observarlo con nitidez. Pero ahora sé que es normal, que son relatos "inapresables" y que solo cabe dejarse manejar por su prosa apasionada, onírica o morbosa
Mi abuelo solía decir: "La vida es asombrosamente corta. Ahora, en el recuerdo, caigo de pronto en la cuenta de que, por ejemplo, a duras penas entiendo cómo un joven puede decidirse a cabalgar hasta el pueblo más próximo sin tener miedo de que, aparte de alguna desafortunada casualidad, el tiempo que dura una vida corriente y dichosa no baste ni con mucho para hacer semejante excursión."
Relato El pueblo siguiente



De lo que no tengo dudas es de que se trata del mejor recuerdo que he elegido en unas vacaciones. Un imprescindible si os animáis a convertiros en turistas de Praga.

3,5 / 5

lunes, 9 de febrero de 2015

Muertos de sueño; de Davide Reviati

SINOPSIS
UNA VISIÓN PERSONAL DE LA VIDA EN UNA COLONIA INDUSTRIAL 
 Los partidos de fútbol que nunca se acaban, robar melocotones al vecino, las carreras en bicicleta, tirarle piedras a un árbol, la primera borrachera… David Reviati retrata con mucho cariño esos veranos de cuando éramos pequeños y que se han quedado grabados a fuego en nuestro espíritu, a esos amigos que nunca hemos vuelto a ver. Un homenaje a la vida en una colonia industrial, a las comunidades que viven por y para una empresa que no siempre les trata como debería.


Muerto de sueño corre el riesgo de quedarse el lector ante el guión de esta novela gráfica, que se salva por lo evocador de sus ilustraciones en blanco y negro. La elegí en la biblioteca un día que sólo me dio tiempo a guiarme por su aspecto  más superficial, y no acerté. Pensé que encontraría algo profundo en ella, y lo más profundo que hallé fue la sensación de melancolía y lobreguez que transmite. O ese misterio que humea de entre sus páginas y que no llega a consolidarse en nada. 
Recuerdo poco de ella, porque la leí hace tiempo y ya al terminarla tampoco me dejó un poso definido en la memoria. Partidos de fútbol entre chavales, eso sobre todo. Pelotas que rompen cristales. Noches de verano. Campos llenos de ranas. Una fábrica amenazadora (1) en el horizonte de una zona residencial. Niños que ven a sus padres volver del trabajo o que se alegran de que lo hagan vivos. Niños que se enteran de que los padres de sus amigos no han tenido tanta suerte. Motos y gamberros. Piedras y gatos callejeros. No mucho más de lo que ofrece la sinopsis, a la que no se puede tachar de mentirosa. Pero se supone que dentro de un libro ha de ocultarse algo más que su sinopsis.
Se me hizo difícil identificar a los personajes por sus rasgos, a veces todos me parecían iguales. El hilo de la historia no logré encontrarlo, sólo escenas sueltas de las vidas de los niños del barrio. Y al no ser capaz de individualizarlos, ni por su aspecto ni por sus acciones, tampoco lo fui de tomarles un aprecio o un desprecio especial.
Me esfuerzo en encontrar algo positivo y, a parte de las ya mencionadas ilustraciones y el hecho de que transmite alguna sensación (algo que lo diferencia de esta otra decepción), no se me ocurre más. Así que pocas palabras me quedan por exprimir de mis impresiones acerca de este cómic. Cuando me pasa esto, me queda una duda: ¿me he perdido algo? 
Sintiéndolo mucho, Muertos de sueño me ha parecido un poco:

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(1) Fábrica ANIC, empresa italiana de petroquímica construida en Rávena, en 1958, en torno a la cual se levantó una colonia industrial (fuente).
*Algunas páginas de Muertos de sueño: (aquí)

viernes, 6 de febrero de 2015

Un mundo soñado; de Grace McCleen

"Padre dice que de todas formas cualquier día alguien hará explotar el mundo, o el dinero dejará de tener valor, o un virus nos exterminará a todos, o el agujero del tamaño de Groenlandia de la capa de ozono alcanzará el tamaño de Australia. De modo que es una suerte que llegue el Armagedón y ya no quede nada de este viejo mundo. 
Y a mí me parece que eso es bueno porque los osos polares se están muriendo de hambre y los árboles se están muriendo y si dejas una bolsa de plástico por ahí no desaparece nunca y la tierra ya está harta de bolsas de plástico. Y porque en el nuevo mundo veré a mi madre. "

SINOPSIS
Distinguida con el Desmond Elliott Prize 2012, esta audaz y conmovedora primera novela de la escritora galesa Grace McCleen fue recibida con ferviente entusiasmo por la crítica literaria del Reino Unido y sin duda permanecerá en el recuerdo del lector durante largo tiempo. 
 El personaje central es una niña extraordinaria en una situación extraordinaria. Huérfana de madre desde su nacimiento, Judith vive atrapada entre dos mundos excluyentes. Por un lado su padre, un fundamentalista cristiano que recorre las calles predicando la verdadera fe y le impone una rigurosa disciplina anclada en el pasado. Y por otro la escuela, donde su carácter peculiar incita las burlas y agresiones de sus compañeros. Para evadirse, Judith ha construido en su habitación una réplica de su ciudad con figuritas de alambre, un cielo de gasa, un arco iris de brillante papel de caramelos y muchos otros elementos rescatados de la basura: un auténtico refugio donde dejar volar la imaginación. Así, cuando, al día siguiente de haber simulado que la nieve cubría su poblado en miniatura, una nevada verdadera cae prematuramente a comienzos del otoño, Judith se cree capaz de obrar milagros. A partir de ese momento, una serie de coincidencias entre los juegos de la niña y determinados hechos que ocurren a su alrededor refuerzan su misticismo y la aproximan peligrosamente a la delgada línea que separa la realidad de la ficción. 
Seleccionada por la cadena de librerías Waterstones como uno de los nuevos talentos literarios de su país, McCleen ha escrito una historia de suspense creciente que brinda al lector la posibilidad de asomarse al opaco universo del fundamentalismo religioso, donde la fe y la razón libran una batalla despiadada. La asombrosa voz de Judith, su mirada inocente y carente de prejuicios otorgan al relato una perspectiva fresca y diferente que emociona e invita a la reflexión.

Lo primero que me llevó a fijarme en Un mundo soñado fue la perspectiva infantil desde la que está escrito, algo que siempre ayuda a redescubrir la realidad. Pero es que además la pequeña Judith es hija de un hombre religioso que le ha inculcado sus creencias, lo cual otorga una vuelta de tuerca más a esa perspectiva y obliga a hacer un esfuerzo extra por entender la forma de razonar de los personajes. Así que estamos una novela que da qué pensar. A mí me ha hecho pensar en cómo es posible que la gente crea determinadas cosas. ¿Qué clase de argumentos habrá dentro de las mentes de esas personas? 

Cuando eres niño, puede ocurrir que tu realidad sea la que te transmiten tus mayores. Si tu padre te dice que se va a acabar el Mundo, tú te lo crees. También te crees que cuando se acabe, Dios te llevará, si has confiado en él y en su existencia, a la "Tierra de la Decoración", un paraíso donde te reunirás con una mamá a la que echas de menos desde que murió. 

Esta historia comienza de una manera a la que no me pude resistir. Su comienzo me dijo: "léeme porque estoy escrita de un modo que te va a encantar". Empieza con Judith contándonos el proceso de la Creación, el suyo particular:
Al principio había una habitación vacía, un poco de espacio, un poco de luz, un poco de tiempo.
Dije: «Voy a hacer campos», y los hice con manteles individuales, alfombra, pana marrón y fieltro. Luego hice ríos con papel crepé, celofán y papel de aluminio reluciente, y montañas con papel maché y corteza de árbol. Y miré los campos y miré los ríos y miré las montañas y vi que todo era bueno.
Y así es como poco a poco va formándose un pueblo en miniatura en el cuarto de Judith, un pueblo cuyos habitantes no pararán de crecer e incluso de moverse de un sitio a otro por mano de su creadora, sufriendo las inclemencias del tiempo y de la vida que esta con su propia mano inocente desencadena... ¿o son solo coincidencias? Todo empieza el día que hace que nieve en su pueblo de juguete, y a la mañana siguiente encuentra que la nieve adorna el paisaje tras la ventana de su cuarto. La niña empieza a sentirse culpable porque ella no debería hacer esas cosas, porque los Milagros sólo los puede hacer Dios, pero es que además los "milagros" se le empiezan a ir de las manos, y cada vez que intenta contárselo a Padre, este se enfada.

Parece que no hay muy buena comunicación entre Judith y su estricto progenitor. Las cosas empiezan a ponerse difíciles para ambos: para él, que por sus convicciones religiosas se niega a secundar la huelga en su trabajo, y para ella, que es vista como una niña rara por sus compañeros del colegio, y recibe algo más que burlas.

¿Está bien logrado el "modo infantil"? Yo diría que la narración no casa con una niña que (me parece) ronda los diez años. Lo cual, la verdad sea dicha, me ha dado exactamente igual. Me han gustado demasiado las letras de Grace McCleen, así que bienvenida sea la licencia literaria que se ha tomado. Su estilo es limpio, tierno, sencillo, poético, puro... No importa. Es algo tan personal que no acierto a describirlo, y puede que otro lector esté completamente en desacuerdo conmigo.
En cuanto a la parte más superficial de la estructura, es uno de esos textos divididos en capítulos cortos con títulos atractivos, y se salta de uno a otro casi sin darse cuenta.

Hay algo de thriller psicológico en Un mundo soñado, porque al final uno ve a Judith hablando con Dios (que a veces más parece el Diablo) y se pregunta si se está volviendo loca esa pobre niña constreñida por su entorno. El lector se pregunta, también un poco, si se está volviendo loco él mismo. Y no sabe cómo puede acabar eso, pero cada vez pinta peor. Porque los personajes y sus circunstancias evolucionan de una manera que asusta.
No tenía mucha gente con la que hablar excepto Padre, así que empecé a hablar con Dios. Siempre pensé que tarde o temprano me contestaría. Me lo imaginaba como una llamada telefónica de larga distancia. El cable estaba deteriorado, había pájaros posados en él y hacía mal tiempo, y por eso no entendía qué me decía la otra voz, pero nunca dudé que al final lo entendería. Y un día los pájaros echaron a volar, dejó de llover y yo lo entendí.
Esta novela, con un tinte autobiográfico, me mantuvo interesada durante todas sus páginas un poco por su escritura y otro poco por querer descubrir dónde empiezan y dónde acaban los extremos de una ideología tan arraigada. ¿Algo malo? Sí, quizá durante algunos tramos puede hacerse repetitiva. Pero eso también es una forma de lograr que la atmósfera sea un poco asfixiante...

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