domingo, 18 de agosto de 2013

El hotel

Ernest Descals - Pintor

Se entregó en bañador. Fue por pudor: no le gustaba enseñar la parte de abajo. 

Lo recibió sin reservas, envolviéndolo en un abrazo suave. 

Se sintió arrastrado hacia ella por un embrujo ajeno e inexplicable, se arrodilló y la dejó hacer unos minutos.
 
Ella lo acariciaba y él se mecía adelante y atrás, adelante y atrás. 

Finalmente perdió el equilibrio. Una embestida firme y cariñosa, casi como sin querer, lo dejó tumbado de espaldas. Sus manos, en un principio erráticas y desconocedoras de su labor, se acoplaron ahora a las curvas de ella. 

Las acometidas empezaron a volverse atrevidas, a penetrar sin vergüenza entre sus piernas, y él se balanceaba adelante y atrás, adelante y atrás, ahogando gemidos de disfrute en suspiros profundos y mudos. 

–¡Fede, salte ya, que nos volvemos al hotel! 

Pero él estaba en la gloria allí, la mar acunándolo entre sus olas, el barro escurriéndose entre sus dedos y esparciéndose en una ingravidez acuática...

5 comentarios:

  1. Qué manera de romper el momento al muchacho! :D

    Saludos!

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  2. A lo largo de este fragmento me he ido esperando ciertas cosas, y me has sorprendido con otras!

    Un fuerte abrazo,
    Nimue

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  3. Vale, pues yo estaba intrigadísima porque no podía pensar mal del todo por el pudor de él.
    Pero al final me hiciste soltar una carcajada
    Besos

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  4. @Ana Blasfuemiajaja Seguro que ni siquiera se había dado cuenta de lo que estaba disfrutando...

    @La biblioteca de SeshatGracias, te confieso que pensé que era demasiado predecible. =)

    @mientrasleoPues yo me quedo tan contenta con tu carcajada. Un beso!

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  5. Me has hecho reir con el final!! Me ha gustado.
    Un beso!

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