Pues no. Este no. Balance negativo. No es que sea horrible, tampoco es eso, porque la escritura es, tal como dice la sinopsis, inteligente, y tal como añado yo, elegante y sensible. No he leído muchos libros de "estilo Jane Austen" (únicamente uno de la mencionada autora, que yo recuerde), pero me he pasado toda la lectura pensando que el ambiente de El despertar de la señorita Prim podría encajar con ese tipo de novelas (al menos, con como yo me las imagino).
El principal problema que le encuentro es que hay algo que no he hallado entre sus páginas: un conflicto lo suficientemente importante. Conflictos hay, claro. Inevitablemente surgen pequeñísimos conflictos cuando hablas con alguien, y Prudencia Prim, a lo largo de esta novela, lo más importante que hace es hablar con gente: la gente que habita el pueblo de San Ireneo de Arnois. De hecho, la cosa va de guerras dialécticas.
Se dice que es una novela sobre las pequeñas cosas. He leído tantas frases sobre esta novela que quedaba tan bien decirlas; quiero decir, frases con las que es fácil convencer a alguien de que lea un libro. No hay más que ver este seductor booktrailer y ser un poco idealista para que se te caiga la baba por El despertar de la señorita Prim. Por una cosa u otra, piqué y me lo compré en la Feria del Libro, hasta firmado me lo llevé, y ahora me arrepiento de no haberme decantado por otro con lo difícil que es seleccionar las compras por esas fechas.
Y al final no hay más: la señorita Prim que llega a un pueblo idílico donde está el señor del sillón que vive con muchos niños idílicos (raros), la señorita Prim que da paseos por el pueblo idílico y habla con sus educados e idílicos pobladores. Y muchas reflexiones originales en esas conversaciones (sobre el amor, sobre la educación...), pero que en el fondo no han conseguido despertar mi interés (lo cual no descarta que lo puedan hacer en otros lectores). Ni siquiera me he identificado demasiado con esa protagonista tan sumamente estricta consigo misma y con los demás.
La parte más interesante es la relación que se establece entre la señorita Prim y el jefe para el cual trabaja de bibliotecaria (el hombre del sillón). Ambos tienen modos distintos de pensar y chocan continuamente, se pelean usando las palabras en debates en los que el señor del sillón es especialmente hábil y saca de sus casillas a Prudencia. Luego se reconcilian. Así y todo, parece que no hay evolución y (salvando el final final) termina siendo un ciclo que se repite continuamente con pequeñas variaciones. Tira y afloja, tira y afloja, tira...
Y como me he quedado sin más argumentos, concluyo: no creo que sea una mala novela, pero en lo personal no ha conseguido llegar más allá de la superficie de mi piel, y el corazón queda mucho más profundo.

