viernes, 4 de enero de 2013

Invasores

Planeta Tierra. Año 2013. Una Avenida Principal como cualquier otra. El ser humano, envuelto en su telaraña inconmensurable de cotidianeidad. Una madre de familia, cobijada en su vehículo, se esfuerza por hacer caso omiso a la migraña mientras aprieta el acelerador, propulsa una avalancha de humo maloliente y atropella un montón de rayas blancas pintadas en el asfalto. Justo detrás, un hombre de negocios muy típico que cruza el paso de peatones consigue encestarle unos cuantos gritos por la ventanilla del automóvil. 

Nadie se da cuenta de que la ciudad ha sido invadida por una población de criaturas arrasadoras. 

Hay agazapado entre los árboles que bordean la Gran Avenida un temible ser. Su testa rota espasmódicamente en pequeños ángulos, sus ojos escrutan. Un apéndice intimidante protruye de su cabeza. Tal vez sus pupilas disparen rayos láser. No ha de cundir el pánico, sin embargo: su arma más peligrosa aún no está cargada. 

Unas acacias en hilera escoltan un Parque como cualquier otro. Al señor sentado en el banco intentan ocultarle la Avenida Principal, pero sólo lo logran parcialmente: entre sus troncos desnudos se cuela sin dificultad la banda sonora asociada a la vida del ciudadano común. Cuán poco gusto tiene el director del particular filme. 

El señor sentado en el banco tampoco está al tanto del peligro que acecha su Mundo. Se halla enfrascado en la anodina labor de desmenuzar el pan seco del día anterior. Es su manera de hacer amigos, y “gorrioncitos, gorrioncitos” saltan, pían, se alborozan a su alrededor. 

En una milésima de segundo muy concreta de la infinita línea del tiempo, la mirada del ser maligno se detiene en la escena. El apéndice que emerge de su cabeza se raja por la mitad y emite un arrullo capcioso. Extiende sus alas negras y, con delicadeza, sigilo y precisión nulos, aterriza entre los gorriones. Pequeños, rechonchitos y encantadores ellos; desgarbadas, gordas y sucias ellas…

Uno que camina por la Avenida Principal ve brotar de la barrera arbórea una bandada de avecitas asustadas. 

Tras la puesta en escena del primer ejemplar, un valiente palomo de nombre Grugrugur, Pluma de Carbón y Ojos de Sangre, el aire es inundado por el zureo de guerra de los invasores. Ugruru, digna hija de su padre, abandona también el follaje. No se quedan atrás Gurru, Ugurru, Gurrugú, Ugurgu y Gugugru. El pequeño Gugu no se atreve a bajar hasta un poco después, cuando ya la munición escasea en el suelo, pero su mamá le ha guardado unas cuantas partículas de pan. Apetitosas. 

No hay nada como el Parque para aplacar el hambre de las palomas y los palomos, así como no hay nada como la Fuente del Parque para saciar la sed. Y después… es que, a las palomas y los palomos les cae realmente mal la Estatua Esa que hay en la Gran Glorieta. Sí, esa, la arrogante, petulante, engreída, altiva Estatua Esa que, en pie sobre su pedestal, alza los brazos y la cabeza al cielo como si se creyera importante. ¡Como si pensara en gobernarlos a ellos! 

Ojos de Sangre alza el vuelo y vuela. Vuela, vuela, vuela. Uno que camina por la Avenida Principal ve a Pluma de Carbón volar. Detrás de él van Ugruru, Ugurru, Gurrugú, Gurru, Ugurgu y Gugugru. Todos sienten la munición bullendo en sus vientres. Desean soltarla, y más lo necesitan. Pero si lo hacen un poco después el placer será doble. Ya pueden ver la Estatua Esa acercándose. 

Para Gugu, sin embargo, son demasiadas tareas entre las que repartir su concentración: volar como un palomo digno, no separarse del grupo y sujetar la munición. Gugu tiene que descansar en la rama de un árbol, y uno que camina por la Avenida Principal ve aparecer una manchita blanca, que antes no estaba ahí, en la manga de su camiseta negra. Mira hacia arriba y ve a Gugu. Después mira hacia abajo y ve piedras. 

Qué absurda la Estatua Esa, con su dura mollera, declamando palabras mudas a una Avenida Principal que no para de cotorrear. Y Grugrugur posado en su cabeza, para mayor escarnio. 

Luego llegan los demás, y descargan la munición. Excrementos, cagarrutas, boñigas, heces. Caca. Es la guerra química. Todos están muy contentos, incluso cuando se dan cuenta de que Gugu ha desaparecido. 

—¿Por qué has hecho eso? –pregunta una niña en la Avenida Principal. 

—Porque mira –contesta su hermano mayor, enseñándole el lunar blanco de su camiseta –. Me ha cagado encima. 

—Seguro que lo ha hecho sin querer. Tú también cagas. 

—Yo no cago encima de la gente. Lo hago en el váter.

—Pero ella no tiene. 

—Da igual. Las palomas son animales repugnantes, no hacen más que cagar y estropearlo todo. Mira cómo está el Orador Eterno. 

—Es sólo una estatua tonta. 

La niña se acerca a Gugu y empieza a agacharse con el brazo extendido. 

—¡No la toques! –se escandaliza su hermano. La coge de la muñeca –. Vámonos. 

Gugu queda en el suelo intentando ignorar el dolor y anadear como un palomo digno, emitiendo como única queja el murmullo de sus plumas descompuestas. 

***

Planeta Tierra. Año Cada-vez-más-próximo. La amenaza no ha sido percibida, el enemigo no ha sido eliminado a tiempo; por tanto, la ciudad ha sido arrasada. Y también la provincia y el país, y otra ciudad, y el pueblo, y aquel continente. 

Un árbol murió ayer y fue el último, pero no era ninguno de los de la Avenida Principal. El último gorrión y la última paloma murieron hace un rato. Hace mucho que murió la última águila real. Y mañana morirá la última hormiga. 

Es similar a cuando murieron los dinosaurios, aunque mucho mejor, porque ahora también ha desaparecido la amenaza: el último ser humano murió un poco antes que el último rayo de sol. 

Menos mal que Gugu no lo vio. Se fue de allí mucho, mucho antes.

4 comentarios:

  1. No conocía esta faceta tuya o la prodigas muy poco y no lo recuerdo..
    Me ha encantado, sobre todo la reflexiónes entre parques y estatuas que caen mal.
    Genial, de verdad. Pobre Gugu que fue derribado y luego cayeron más..
    Besos

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  2. Que buena entrada. Un poco de arte nunca viene mal.

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  3. Jejeje... me has dejado totalmente desconcertada. Me decía.. ¿un libro?, ¿una película?,... umm.. jejeje.. Muy buena entrada. Besos

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  4. @mientrasleoMe has comentado lo mismo en otras ocasiones. Tengo mi faceta de escritora, aunque no disponga de mucho tiempo para que vea la luz. A veces tengo muchas ganas de escribir pero no consigo que salga nada. Además publico cosas muy seleccionadas. Un beso!

    @albantaGracias albanta. Sí, de vez en cuando apetece pasar al lado contrario al lector. =)

    @Marisa G.jaja La verdad es que el único sitio donde pone lo que es esto es en las etiquetas, así que tendrías que haber empezado por el final. Me alegro de que te haya gustado; ¡un besito, laureada! ;)

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