Ojalá que no sepáis de qué va esta novela. Ojalá que no, porque entonces no os la recomiendo, porque es divertido cuando crees que vas a leer una historia de amor típica (aunque solo sea un poquito típica) y las páginas que pasas no son más que una bofetada tras otra a tus previsiones, y tu gesto de "esto ya me lo sé" va mudando en uno de "un momento, que por aquí no es, que nos hemos salido del camino".
Albert nos introduce sin ningún sobresalto en el hogar de Marcos, y todo parece muy normal y hasta algo lento durante unas pocas páginas (es una novela corta y todo dura pocas páginas). Luego viene la primera extrañeza, la visita en medio de la noche, las jeringuillas llenas de algo, que no voy a decir qué es, si droga, si medicinas, si veneno... Y para rematar, Marcos enciende la tele y pone las noticias y entonces ya no sé qué estoy leyendo, por qué ocurren esas cosas. Es extraño, tan extraño que casi te hace preguntarte si estás leyendo una novela distinta a la que crees; cierras el libro, marcando con el dedo la página por la que ibas, y vuelves a mirar con atención la portada, la contraportada y los huecos que dejan las letras a ver si es que se te ha escapado algo importante.
No hay mucha acción. Se trata más bien de una novela intimista, centrada en lo que nos cuenta Marcos en primera persona y en lo que piensa. Y piensa mucho en su madre y en lo que ella le enseñaba. Empieza por hacernos reflexionar acerca del fascinante mundo de la noche y sus sonidos, de la importancia de las almohadas... Hasta que sale de su casa a la mañana siguiente no empiezan a pasar cosas. Marcos es requerido en su trabajo para una tarea importante que tiene que ver con un don suyo. Y allá que va, allá que realiza su cometido y desde allí que se va a otro lugar, esta vez guiado por su propio deseo o intuición. Y de ese lugar se va a otro donde toda la verdad le es revelada. Y cuando digo toda es toda, toda. Y cuando digo verdad es Verdad.
Lo que ocurre es lo que menos se narra. Predomina lo que medita a lo largo de su camino de un lugar a otro, lo que recuerda: los consejos de su madre acerca de las personas, del amor, del sexo y de la vida. Una madre con la que viajó mucho de ciudad en ciudad y de espectáculo en espectáculo. Solos él y su madre, a veces durmiendo juntos y otras bañándose juntos, aunque al principio tales cosas le eran incómodas. Ella no creía en el corazón, sino en el esófago; ella opinaba que "el mundo sería mejor si nuestro yo sexual invadiera nuestro yo de ir por casa. [...] Hablaba de que la felicidad que sentimos en la alcoba debía trasladarse a la oficina, a un día triste de invierno mientras paseamos por la calle o esperamos el autobús."
Y luego, sí, está la chica. La chica para Marcos. Porque él ama a su madre desde hace mucho, pero ahora de repente se encuentra con una chica a la que también ama. Sin embargo, aunque hay muchos tipos de amor en esta breve historia, el que menos predomina es aquel que uno espera encontrar en una novela (sí, me refiero al "de pareja").
Igual parece que me ha gustado mucho, pero sólo me ha gustado y ya. El problema es que no sabría decir los fallos, sólo los aciertos. Me ha gustado que me sorprenda, que juegue a despistar con ese título para después desplegar toda su originalidad ante el lector. Me han gustado algunas de las reflexiones, incluso las reflexiones sobre almohadas. Aunque es la primera novela que leo de él, creo que la forma de ver el mundo de este autor es distinta, lo cual se deja notar en sus palabras.
3,5
