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—Yo no he pedido...
—En el Sinaloa nadie pide, Teresa adivina —le susurro con rapidez antes de que meta la pata—. Podría cambiar el pedido pero sería una afrenta espantosa, algo nunca visto en este café desde hace cinco siglos.
El capitán me mira impasible y duda antes de llevarse su tazón de café con leche a los labios.
—Sabe que los americanos tenemos miedo de ese café europeo espeso y negro como el alquitrán, ¿verdad?
—Pruebe lo que le ha traído Teresa, capitán.
Denninson obedece y da un largo sorbo a su taza. Visiblemente complacido, me mira feliz y se atreve a morder con ganas su cruasán."
Con las críticas tan favorables que estaba cosechando, esa portada y ese título tan sugerentes, y tratándose de la primera novela publicada de Serendipia, una compañera bloggera cuyas reseñas son de lo más personales y bien logradas, tenía mucha curiosidad por leer Cuéntame una noctalia.
La mayoría de las reseñas que he leído comienzan explicando qué es una noctalia así que, en un alarde de falta de originalidad, haré lo mismo. En realidad, es necesario que lo sepáis para continuar con mi opinión:
Las noctalia son los cuentos que se explican desde siempre alrededor de un buen fuego. Para que sea una verdadera noctalia, deben darse tres condiciones indispensables: que sea de noche, que haga frío y que todos los que estén sentados escuchando estén cansados. Sólo así la noctalia da consuelo, porque siempre encierra un mensaje de esperanza. Como un faro, una luz cálida para los que están perdidos y exhaustos, en busca del camino.
Supongo que esta novela fue concebida como tal: una noctalia. Y puede que esperara de ella algo más porque, aunque en algunos aspectos he encontrado lo que buscaba, en otros no he quedado completamente satisfecha.
Cuéntame una noctalia ahonda de manera delicada y correcta en los personajes y los escenarios, que son los pilares sobre los que se sostiene la narración. Sin embargo, para mi gusto, le falta una trama a la que el lector pueda agarrarse; un nudo que le dé consistencia a la historia.
En cuanto al argumento, no puedo aportar mucho más que la sinopsis. Grace decide dejar atrás su vida en Londres para regresar con su familia a Mic-Napoca. El pueblo de su infancia no aparece en todos los mapas y, sin embargo, un día varios helicópteros con soldados americanos aterrizan en el campo de heno de Cesare. Grace tendrá que hacer de traductora, pero también enfrentarse a sensaciones perturbadoras... Se desenvuelve una historia de amor disimulada, que atraviesa las letras a pasitos cortos y silenciosos, tierna, sin hacerse notar de forma demasiado apasionada. He de decir que la parte masculina se ha convertido en mi personaje favorito de Cuéntame una noctalia; me ha llegado su mezcla de fuerza y debilidad, de enormidad y delizadeza.
Ya mencioné que tanto los personajes como los escenarios eran el punto fuerte de la novela. Y es que Mic-Napoca, lugar de hogares acogedores y afables habitantes, con su farmacéutico cotilla, un locutor de radio que pone al lector al día de las novedades, Teresa y su Sinaloa (la cafetería de la que siempre se sale más feliz de lo que se entró), un abuelo que lee La Odisea desde detrás de sus gafas de concha... es el protagonista auténtico de Cuéntame una noctalia.
Como en cualquier novela autopublicada existe riesgo de que se cuelen erratas, y en esta también las hay, pero no hasta el punto de entorpecer la lectura. El lenguaje, en primera persona, es sencillo pero cuidado.
El final aparece ante los ojos del lector sin sobresaltos, pero me ha parecido que, dentro de la tónica general de la novela, está bastante bien llevado y es original.
Se trata, en fin, de una novela cortita cuya lectura me he tomado con calma y que, si bien no se hace pesada, sí que esperaba encontrarme con algo más contundente y, a medida que leía, iba dándome cuenta de que tal cosa no iba a ocurrir, porque la intención de la autora era probablemente otra: sumergirnos en la apacible población de Mic-Napoca, entre casas de piedra y cafés y chocolates cálidos mezclados con el frío del invierno.
Cuéntame una noctalia ahonda de manera delicada y correcta en los personajes y los escenarios, que son los pilares sobre los que se sostiene la narración. Sin embargo, para mi gusto, le falta una trama a la que el lector pueda agarrarse; un nudo que le dé consistencia a la historia.
En cuanto al argumento, no puedo aportar mucho más que la sinopsis. Grace decide dejar atrás su vida en Londres para regresar con su familia a Mic-Napoca. El pueblo de su infancia no aparece en todos los mapas y, sin embargo, un día varios helicópteros con soldados americanos aterrizan en el campo de heno de Cesare. Grace tendrá que hacer de traductora, pero también enfrentarse a sensaciones perturbadoras... Se desenvuelve una historia de amor disimulada, que atraviesa las letras a pasitos cortos y silenciosos, tierna, sin hacerse notar de forma demasiado apasionada. He de decir que la parte masculina se ha convertido en mi personaje favorito de Cuéntame una noctalia; me ha llegado su mezcla de fuerza y debilidad, de enormidad y delizadeza.
Ya mencioné que tanto los personajes como los escenarios eran el punto fuerte de la novela. Y es que Mic-Napoca, lugar de hogares acogedores y afables habitantes, con su farmacéutico cotilla, un locutor de radio que pone al lector al día de las novedades, Teresa y su Sinaloa (la cafetería de la que siempre se sale más feliz de lo que se entró), un abuelo que lee La Odisea desde detrás de sus gafas de concha... es el protagonista auténtico de Cuéntame una noctalia.
Como en cualquier novela autopublicada existe riesgo de que se cuelen erratas, y en esta también las hay, pero no hasta el punto de entorpecer la lectura. El lenguaje, en primera persona, es sencillo pero cuidado.
El final aparece ante los ojos del lector sin sobresaltos, pero me ha parecido que, dentro de la tónica general de la novela, está bastante bien llevado y es original.
Se trata, en fin, de una novela cortita cuya lectura me he tomado con calma y que, si bien no se hace pesada, sí que esperaba encontrarme con algo más contundente y, a medida que leía, iba dándome cuenta de que tal cosa no iba a ocurrir, porque la intención de la autora era probablemente otra: sumergirnos en la apacible población de Mic-Napoca, entre casas de piedra y cafés y chocolates cálidos mezclados con el frío del invierno.
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