Mostrando entradas con la etiqueta romántica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta romántica. Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de julio de 2013

Cuéntame una noctalia; de Mónica Gutiérrez

"Teresa aparece de la nada, nos saluda contenta y pone sobre la mesa lo que ha decidido que necesitamos. Para Denninson un café con mucha leche, coronado con espuma cremosa, y un cruasán. Para mí un té de bergamota y un bollo de canela.
[...]
Yo no he pedido...
En el Sinaloa nadie pide, Teresa adivina —le susurro con rapidez antes de que meta la pata—. Podría cambiar el pedido pero sería una afrenta espantosa, algo nunca visto en este café desde hace cinco siglos.
El capitán me mira impasible y duda antes de llevarse su tazón de café con leche a los labios.
Sabe que los americanos tenemos miedo de ese café europeo espeso y negro como el alquitrán, ¿verdad?
Pruebe lo que le ha traído Teresa, capitán.
Denninson obedece y da un largo sorbo a su taza. Visiblemente complacido, me mira feliz y se atreve a morder con ganas su cruasán."
SINOPSIS
Grace vive en Londres y trabaja como cirujana de éxito en uno de los hospitales más prestigiosos de la ciudad pero se siente sola. En vísperas de Navidad decide volver a su pueblo natal, una pequeña aldea de Transilvania, donde viven sus abuelos y su padre. Grace se reencuentra con su infancia, con una vida plena y feliz, con su familia. Pero además de los excéntricos vecinos del pueblo, la mula de Cesare, el cotilla del farmacéutico y los misterios de su padre y su hermana, Grace va a encontrarse con algo que no esperaba y que trastocará todos sus planes.
"Cuéntame una noctalia" es una historia divertida y llena de ternura que seduce por el encanto de sus protagonistas y por un entorno mágico, cálido, del que cuesta muchísimo marcharse.
Lector, puede que el pueblo de Grace no salga en todos los mapas pero la felicidad y el amor saben llegar a cualquier sitio.

Con las críticas tan favorables que estaba cosechando, esa portada y ese título tan sugerentes, y tratándose de la primera novela publicada de Serendipia, una compañera bloggera cuyas reseñas son de lo más personales y bien logradas, tenía mucha curiosidad por leer Cuéntame una noctalia.

La mayoría de las reseñas que he leído comienzan explicando qué es una noctalia así que, en un alarde de falta de originalidad, haré lo mismo. En realidad, es necesario que lo sepáis para continuar con mi opinión:
Las noctalia son los cuentos que se explican desde siempre alrededor de un buen fuego. Para que sea una verdadera noctalia, deben darse tres condiciones indispensables: que sea de noche, que haga frío y que todos los que estén sentados escuchando estén cansados. Sólo así la noctalia da consuelo, porque siempre encierra un mensaje de esperanza. Como un faro, una luz cálida para los que están perdidos y exhaustos, en busca del camino.
Supongo que esta novela fue concebida como tal: una noctalia. Y puede que esperara de ella algo más porque, aunque en algunos aspectos he encontrado lo que buscaba, en otros no he quedado completamente satisfecha.

Cuéntame una noctalia ahonda de manera delicada y correcta en los personajes y los escenarios, que son los pilares sobre los que se sostiene la narración. Sin embargo, para mi gusto, le falta una trama a la que el lector pueda agarrarse; un nudo que le dé consistencia a la historia.


En cuanto al argumento, no puedo aportar mucho más que la sinopsis. Grace decide dejar atrás su vida en Londres para regresar con su familia a Mic-Napoca. El pueblo de su infancia no aparece en todos los mapas y, sin embargo, un día varios helicópteros con soldados americanos aterrizan en el campo de heno de Cesare. Grace tendrá que hacer de traductora, pero también enfrentarse a sensaciones perturbadoras... Se desenvuelve una historia de amor disimulada, que atraviesa las letras a pasitos cortos y silenciosos, tierna, sin hacerse notar de forma demasiado apasionada. He de decir que la parte masculina se ha convertido en mi personaje favorito de Cuéntame una noctalia; me ha llegado su mezcla de fuerza y debilidad, de enormidad y delizadeza.

Ya mencioné que tanto los personajes como los escenarios eran el punto fuerte de la novela. Y es que Mic-Napoca, lugar de hogares acogedores y afables habitantes, con su farmacéutico cotilla, un locutor de radio que pone al lector al día de las novedades, Teresa y su Sinaloa (la cafetería de la que siempre se sale más feliz de lo que se entró), un abuelo que lee La Odisea desde detrás de sus gafas de concha... es el protagonista auténtico de Cuéntame una noctalia.

Como en cualquier novela autopublicada existe riesgo de que se cuelen erratas, y en esta también las hay, pero no hasta el punto de entorpecer la lectura. El lenguaje, en primera persona, es sencillo pero cuidado


El final aparece ante los ojos del lector sin sobresaltos, pero me ha parecido que, dentro de la tónica general de la novela, está bastante bien llevado y es original

Se trata, en fin, de una novela cortita cuya lectura me he tomado con calma y que, si bien no se hace pesada, sí que esperaba encontrarme con algo más contundente y, a medida que leía, iba dándome cuenta de que tal cosa no iba a ocurrir, porque la intención de la autora era probablemente otra: sumergirnos en la apacible población de Mic-Napoca, entre casas de piedra y cafés y chocolates cálidos mezclados con el frío del invierno.

------------
*Pinchar aquí para acceder a Cuéntame una noctalia en Amazon.
**Pinchar aquí para acceder al blog de la autora.

viernes, 28 de junio de 2013

Quizás mañana la palabra amor...; de Jordi Sierra i Fabra

"Siempre había palabras que camuflaban la verdad.
Un manicomio era un manicomio.
Los de dentro estaban locos, y los de afuera, cuerdos.
Más o menos.
Dejó atrás la parada del autobús, no prestó atención a los taxis que pasaban cerca y la miraban esperando una señal; lo único que quería hacer era andar.
En línea recta.
Mil pasos, dos mil, tres mil.
Disponía de toda una vida para llegar a casa del abuelo.
O, al menos, de toda la vida contenida en un día, unas horas, un momento que recordaría siempre.
Los de afuera decían que ella, una de dentro, ya no estaba loca ni era un peligro para sí misma.
Benditos fueran los muy capullos.
Dora no dejó de caminar."
SINOPSIS
Dora escucha cómo las puertas del psiquiátrico se cierran tras ella. Sabe que todavía está en la cuerda floja, como le recuerdan las marcas de sus muñecas. Necesita tiempo para ella, para asimilar lo que pasó, lo que la llevó a esa situación a la que está empezando a sobrevivir. 
 Hilario sabe que todo el mundo tiene secretos. Pero los suyos pesan como una losa. Todavía no sabe si ayudando a los demás se está ayudando a sí mismo. Necesita tiempo para él, para asimilar lo que pasó, aquello que le llevó hasta Dora.
Últimamente me cuesta enfrentarme a novelas juveniles. Tenía ganas de leer algo de Jordi Sierra, un autor del cual creía haber leído más en mi infancia pero ha resultado ser que no. Debe ser entonces que lo admiro de manera inconsciente y sin saber muy bien por qué. Así que aproveché con Quizás mañana la palabra amor..., una novela finita que gané en el blog de Babel.

Al final, no ha sido para tanto ni me ha dejado excesiva huella. Lo que no quiere decir que no sea una buena historia y bien contada para lectores más jóvenes y menos exigentes. Se nota que Jordi Sierra sabe narrar, y en esta breve novela emplea una prosa sencilla, pero fresca y elegante, distribuida en capítulos cortos.

Me gustó el comienzo. El intercambio entre Dora y su psiquiatra. La despedida de su compañera de habitación. Todas estas cosas de médicos me parecen interesantes, debido a lo muy cercano que me es ese mundo. Sin embargo, el periodo de la historia que transcurre en el psiquiátrico es mínimo; la novela se centra más, pues, en el modo en que Dora enfrenta su vida y se acepta a sí misma al salir de él. 

Un narrador omnisciente nos va contando los pensamientos que embargan a Dora a medida que el mundo se despliega ante ella después de un año recluida en el sanatorio mental. Poco a poco se va reintroduciendo en lo que antes era su vida: amigas, antiguos novios, vecinos... y entonces, entre esos pensamientos se intercalan diálogosPero además ha intentado suicidarse, y lo ha hecho por una razón que también tendrá que afrontar, volver a intentar asimilar.

Y sí, en un libro que se llama Quizás mañana la palabra amor... no puede faltar ese sentimiento tan presente en la literatura; tan trillado, me atrevería a decir, en todas las novelas juveniles. La pregunta es, ¿cómo lo hace Jordi Sierra? ¿Es éste otro de esos romances típicos tópicos? A decir verdad no tengo excesiva experiencia en estas lides, pero diría que "mitad y mitad". Me explico.

La otra pieza de esta historia, cuyos pensamientos son también conocidos por ese omnisciente narrador, es HilarioPoco creíble me ha resultado el modo en que "el chico" se enamora de "la chica", pero dejémoslo ahí. En este caso, diría que Hilario es la parte ñoña (por llamarlo de alguna forma) de la pareja, mientras que Dora no se deja llevar tan fácilmente desde el principio (al fin y al cabo, aún está asentándose en su recuperada vida normal). Sin embargo, dejando de lado ese enamoramiento milagroso, Hilario es un personaje bastante digno y me ha atrapado casi más su historia que la de Dora. Él también esconde secretos del pasado, aunque sean bastante predecibles. Pero tiene una vida difícil, con un núcleo familiar desastroso (ganas dan de hacerle algo muy malo a su madre). Trabaja de voluntario haciéndose cargo del abuelo de Dora, que se está recuperando de una fractura de cadera, y será cuando esta regrese a casa cuando se produzca el encuentro entre ambos.

Quizás mañana la palabra amor... es una historia de amor no demasiado pastelosa, aunque sí algo extraña (creíble a medias), entre dos jóvenes que arrastran un pasado perturbador y que, al tiempo que descubren sus sentimientos, intentan volver a tomar las riendas de sus vidas. Recomendable para lectores jóvenes que quieran disfrutar de una historia entretenida y de las letras de este prolífico y reconocido escritor.

3,5

miércoles, 22 de mayo de 2013

22:22; de Dianna M. Marqués

"En la ancha avenida situada frente a mí, algún aventurero osaba conducir con lentitud su vehículo, convirtiendo la nieve sobre el asfalto en una masa marrón y sucia.
Una belleza realmente efímera, la de la nieve.
Me di la vuelta y saqué una preciosa instantánea del edificio de oficinas.
Una anciana cargada con varias bolsas de plástico me miró y sonrió al verme hacer otra nueva fotografía.
La miré, devolviéndole cortésmente  la sonrisa, mientras se alejaba por la calle.
El viento había cesado y ahora los copos caían con lentitud.
Eché un último vistazo antes de volver a mi rutina, llenando mis pulmones con el frío aire.
Un grito, precedido de un  ruido sordo, me hizo mirar en la dirección por donde se había marchado la anciana"
SINOPSIS
Para April, ya nada será igual después de perder a su padre. Rehacer su vida y encontrar el amor será algo prácticamente impensable, y menos cuando hay alguien que se empeña en añadir problemas por el camino, amenazando su felicidad. Por suerte, fuerzas desconocidas hasta el momento para ella, la ayudarán a darse cuenta de que el destino ya tiene sus planes.
Desde que conocí a Dianna a través de aNobii tenía la mosca detrás de la oreja, pero nunca encontraba el momento de leer algo suyo. Después de un tiempo volví a toparme con ella, esta vez a través de su blog. Entonces ya había escrito nuevas obras y algunas de ellas se ajustaban más a mis gustos que la primeras. Sin embargo,  he de admitir que no me animé del todo hasta que este libro apareció físicamente delante de mis narices, cuando una amiga lectora me lo prestó. Por cierto que la portada, diseñada por la propia autora, es una maravilla.

Os adelanto que no me ha decepcionado, pero tampoco me ha encantado. Los motivos son varios y personales en su mayoría. Tal vez el corte de esta novela es un poco más juvenil de lo que a mí me gusta. Pero, una cosa que me ha molestado y que tiene menos excusa, ha sido la presencia de numerosas faltas ortográficas. Se distribuían de manera curiosa, pues uno podía estar leyendo una prosa correcta durante varias páginas, y de repente se topaba con una concentración de palabras mal escritas en unas pocas líneas. Más curioso aún, un alto porcentaje de estas concentraciones se producían en los puntos más tensos de la trama. Evidentemente no he hecho un estudio estadístico; todo esto son las percepciones que he tenido y puedo estar equivocándome.

La novela tiene un buen comienzo; de hecho, antes de planear leerla eché un vistazo a las primeras líneas y despertó mi interés. Aunque pienso que la autora tiene que adquirir aún algo de destreza a la hora de escribir, me gustaron las descripciones de las calles nevadas de Barcelona y las percepciones del personaje con el que comienza la narración. También me llamó la atención la  gran cantidad de puntos y a parte; la mayoría de los párrafos constaban de una sola frase, pero eso es algo que puede o no gustar al lector (igual que puede o no gustarle, me vienen a la mente las reseñas de algunos de vosotros, el abundante uso de puntos suspensivos de Albert Espinosa).

La protagonista es una joven en la veintena que trabaja en un laboratorio de Los Ángeles, pero mantiene continuamente el contacto con su familia española. Allí la llaman April y vive en un piso con su amiga Danielle. Antes de que todo empiece a cambiar, está contenta con su trabajo y se lleva aceptablemente bien con su simpático compañero Ethan y con Steve, su jefe. Con la muerte de su padre tiene que regresar por un tiempo a España; donde vive con su madre y su hermana pequeña, y su nombre cambia a Abril. Sin embargo, la novela se centra en los hechos que se suceden tras el fatal acontecimiento, cuando April retoma de nuevo su vida y su trabajo y tiene que afrontarlo todo, pasando de ser una persona alegre por naturaleza a empezar a fingir que lo es. 

Al principio me mantuvo enganchada en una lectura agradable y entretenida. Los capítulos son cortos y sencillos de leer. Pese a que no ocurran grandes acontecimientos, tampoco se hace lenta. Es una novela de sentimientos (no hace falta que os diga que el principal es el amor) y de superación. No estoy segura de que el segundo factor esté bien tratado; en cuanto al amor, me parece que comienza magníficamente y  termina convirtiéndose en algo demasiado empalagoso de tan perfecto.

Mientras que April está aún en duelo por la muerte de su padre empiezan a sucederle cosas raras, tanto buenas como malas. Las malas, acosos y amenazas. Las buenas, grandes casualidades que parecen guiarla hacia un destino prefijado: sí, ese destino es el "amor de su vida". Esas grandes casualidades están articuladas en torno al número 22. April, como bióloga, es una persona muy cabal y no cree en estas cosas, pero llega un momento en que se hace evidente que el número 22 le está intentando decir algo. O... que alguien está intentando decirle algo a través de ese número. No puedo contaros más.

Si hay una parte de 22:22 que me ha gustado es esa idea mágica que contiene acerca de las "señales". Acostumbro a imaginar que hay determinados indicios a nuestro alrededor, ya sea en forma de coincidencias o mensajes ocultos que pasamos por alto. Esperad, no me toméis por loca todavía. Sólo es un componente de mi pensamiento mágico: me gusta creer que a veces la energía que nos rodea se comunica de alguna forma con nosotros... No sé, a veces son hechos tan simples como que el día de tu cumpleaños haga sol después de haber estado lloviendo toda la semana.

No os he hablado de la media naranja de April. No lo he hecho porque, en realidad, es tal la cantidad de candidatos que rodean a la protagonista antes de que el libro se vuelva pasteloso, que al principio no se sabe del todo con cuál va a terminar. También es muy graciosa la forma en la que se desarrolla la relación con él, y el chico es un encanto, pero sólo hasta que empieza a transformarse en la perfección completa desde (casi) todos los puntos de vista. 

Y después de una primera mitad bastante respetable y una segunda mitad tan solo aceptable, acontece el final. Para qué negarlo, pese a no ser una maravilla, me sorprendió. He de admitir que hay ahí un juego de palabras muy ingenioso

En definitiva, recomiendo este libro a quien le gusten este tipo de historias, ni más ni menos. Una mezcla de amor, con una pizca de humor, otro tanto de tragedia, e incluso suspense, personificado en la figura del misterioso acosador al acecho (recordad lo de la cantidad de candidatos que mencionaba).

miércoles, 15 de febrero de 2012

El cielo es azul, la tierra blanca; de Hiromi Kawakami

"Cuando giré la cabeza, ahí estaba el maestro. Llevaba una chaqueta ligera que parecía abrigar y su inseparable maletín en la mano. Estaba de pie, tieso como de costumbre.
-¡Maestro! ¿Qué está haciendo aquí?
-He salido a dar un paseo. Hoy hace una noche espléndida.
Me pellizqué el dorso de la mano para asegurarme de que aquello no era un producto de mi imaginación, y me dolió. Por primera vez en mi vida, constaté que el truco de pellizcarse para comprobar que uno no estaba soñando funcionaba de verdad.
-Maestro-lo llamé en voz baja, todavía sin acercarme.
-Tsukiko-respondió él. Sólo pronunció mi nombre."

SINOPSIS
Tsukiko tiene 38 años y lleva una vida solitaria. Considera que no está dotada para el amor. Hasta que un día encuentra en una taberna a su viejo maestro de japonés. Entre ambos se establece un pacto tácito para compartir la soledad. Escogen la misma comida, buscan la compañía del otro y les cuesta separarse, aunque a veces intenten escapar el uno del otro: el maestro, en el recuerdo de la mujer que un día lo abandonó; Tsukiko, en un antiguo compañero de clase. Con una prosa sensual y despojada, Kawakami nos cuenta una historia de amor muy especial: el acercamiento sutil de dos amantes, con toda su íntima belleza, ternura y profundidad. Todo un descubrimiento literario.

Es una pequeña gran historia. Sus 210 páginas son capaces de enamorar, entretener y apaciguar. Son un remanso tranquilo, un camino sin sobresaltos con un final que, en el fondo, el caminante-lector ya conoce. Es el ejemplo perfecto de que "no es tan importante lo que se cuenta, como la manera de contarlo", y de "cómo transformar un argumento simple en una narración emocionante". Es, en definitiva, literatura japonesa; esa literatura en la que los hechos más cotidianos se nos revelan no sólo importantes y dignos de contar, sino también hermosos.

A mi me ha conquistado poco a poco, lo cual tiene su mérito si se tiene en cuenta su corta extensión. Lo encontré en la librería de mi casa (una reciente adquisición de mi progenitora), y me atrajeron su fino perfil y elegantes colores, su lomo delgado entre los orondos libros que suelen poblar por lo general la estantería. Solo con ojearlo y leer el principio, decidí que sería mi próxima lectura, y cuando terminé con El baile de los secretos así lo hice (aunque ya había leído unas cuantas páginas del primer capítulo en varias incursiones previas).


Los capítulos tienen un título sugerente y una longitud muy cómoda. En ellos, se narra el acercamiento paulatino, o más bien el caminar paralelo y sutilísimos roces, entre un maestro y su antigua alumna. ¿Es una historia de amor como reza la portada? Tal vez, pero muy poco usual. Hiromi Kawakami hace que sea el propio lector quien intuya ese amor, sin llegar apenas a expresarlo directamente. Maneja a sus personajes de manera que son sus gestos, acciones y palabras los que nos hacen intuir una relación que, muy paulatinamente, se va perfilando, pero que rara vez llega a hacerse completamente palpable. Eso otorga a la narración su mayor atractivo, mantiene en vilo al lector, aguanta su aliento por momentos para de repente expulsarlo en una exclamación de sorpresa o en una risita incrédula. Y, latente entre las palabras, se agazapa la belleza de la sencillez.


Como dije, me atrapó poco a poco: al principio era un libro normal y corriente, pero cuando me quise dar cuenta me había embrujado. Me encanta esa sensación que producen algunos libros que, mientras no los lees, estás continuamente echándolos de menos. De alguna manera, viven dentro de ti.

Es algo difícil de explicar; por eso voy a mostraros algunas citas con las que me siento más identificada: 
El cielo es azul, la tierra blanca es una de las historias de amor más bellas que he leído en mi vida. No me refiero a uno de esos amores cursis y pretenciosos que proliferan tanto en cierto tipo de libros, sino a algo mucho más profundo y real, la lenta y sólida relación de dos seres solitarios, necesitados el uno del otro, capaces de encontrar la ternura y de compartirla con el amado en medio de los más pequeños gestos cotidianos, comer, beber, dar un paseo, sentarse junto a una ventana en la oscuridad... Y narrado de una manera tan delicada, tan justa, que parece un pedazo de vida real –quizá lo sea– pintado en un lienzo y ofrecido a nuestros ojos para ayudarnos a ser más sabios. Léanlo y disfruten”.Ángeles Caso, La Vanguardia.
“Lo que Hiromi Kawakami cuenta es tan carnal, hermoso y estimulante para el lector, que no exige ser más explícita. Su misterio radica en el extraordinario poder alusivo de la escritura, legado de los grandes artistas de la narrativa japonesa moderna. Sin duda.”Robert Saladrigas, La Vanguardia
“Esa gradación contenida, demorada, es quizá el mayor encanto de una novela que deja un poso de sosiego y armonía, que propugna por encima de la aridez y la soledad una reconciliación con la vida.”Carlos Martínez Shaw, El Periódico

La autora (sí; Hiromi es un nombre femenino), nacida en Tokio, estudió Ciencias naturales y fue profesora de Biología hasta que en 1994 apareció su primera novela. Sus libros han recibido los más reputados premios literarios, que la han convertido en una de las escritoras japonesas más leídas. 
Esta novela es su primer libro traducido al español, recibió el Premio Tanizaki y fue llevada al cine con gran éxito (por más que he buscado, he podido encontrar poco rastro de la película a excepción de esto). Su título original, Sensei no kaban, significa algo así como La maleta del maestro (aunque leí en un blog que kaban no solo se refería a maleta, sino a todo contenedor de objetos personales).
En español tiene publicados otros dos libros, uno de relatos y otro al que ya le tengo echado el ojo: Algo que brilla como el mar.

Ahí lo dejo caer.