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sábado, 20 de febrero de 2016

Del color de la leche; de Nell Leyshon

"hay una cosa que tienes que saber.
escribo esto con mi propia mano en este año del señor mil ochocientos treinta y uno y estoy orgullosa de escribirlo con mi propia mano.
ya verás por qué."

SINOPSIS [no sé si conviene leerla o dejarse sorprender]
Elias Canetti escribió que en las escasas ocasiones en que las personas logran liberarse de las cadenas que las atan suelen, inmediatamente después, quedar sujetas a otras nuevas. Mary, una niña de quince años que vive con su familia en una granja de la Inglaterra rural de 1830, tiene el pelo del color de la leche y nació con un defecto físico en una pierna, pero logra escapar momentáneamente de su condena familiar cuando es enviada a trabajar como criada para cuidar a la mujer del vicario, que está enferma. Entonces, tiene la oportunidad de aprender a leer y escribir, de dejar de ver «sólo un montón de rayas negras» en los libros. Sin embargo, conforme deja el mundo de las sombras, descubre que las luces pueden resultar incluso más cegadoras, por eso, a Mary sólo le queda el poder de contar su historia para tratar de encontrar sosiego en la palabra escrita. En Del color de la leche, Nell Leyshon ha recreado con una belleza trágica un microcosmos apabullante, poblado de personajes como el padre de Mary, que maldice a la vida por no darle hijos varones; el abuelo, que se finge enfermo para ver a su querida Mary una vez más; Edna, la criada del vicario que guarda tres sudarios bajo la cama, uno para ella, y los otros para un marido y un hijo que no tiene; todo ello, enmarcado por un entorno bucólico que fluye al compás de las estaciones y las labores de la granja, que cobra vida con una inocencia desgarradora gracias al empeño de Mary de dejar un testimonio escrito del destino adquirido, al cual ya no tiene la posibilidad de renunciar.

sí, voy a ser el colmo de la originalidad y voy a escribir esta entrada como mary escribió su libro. el libro de mary se titula Del color de la leche. sólo tiene mayúsculas en el título.

conocí la novela de mary (o la de Nell Leyshon, si nos rendimos a las mayúsculas) en algún momento y en algún lugar de la blogosfera. y después, compré la novela de mary en la librería más cercana a mi casa, un día en que me propuse comprar más en las pequeñas librerías. la novela de mary fue un regalo para un día de reyes. también, un poco, un auto-regalo. el librero me dijo que era una muy buena novela. los blogueros dicen que es una muy buena novela. es libro del año dos mil catorce por el gremio de libreros de madrid.

y yo digo que es una muy buena novela. es un bibliofilosis letrae. la he terminado hoy y va a resucitar el blog. porque, en una época en que soy un ojo de mal asiento, he encontrado un libro en el que refugiarme por simple placer. de los que está ahí también mientras no lees. voy a ser otra vez el colmo de la originalidad y voy a decir: el mejor perfume viene en frasco pequeño.

me gustan varias cosas de la novela de mary.

para empezar, me gusta mary: es la primera persona más especial que me ha contado su historia. es una campesina que insiste en que nos va a contar todo lo que pasó. así que a algún punto querrá llegar. y ese punto está ahí suspendido durante toda la lectura, y se asoma un poco más cada vez que mary insiste.
estoy cansada de hacer esto y me duele la muñeca de hacer esto.
pero me prometí a mí misma que escribiría la verdad y las cosas que pasaron. eso es lo que voy a hacer.
vive en una granja con su abuelo, sus padres y sus hermanas. trabajan de sol a sol. solo trabajan. yo no sería feliz con la vida de mary, pero ella lo es. esa es la vida que conoce. el campo, los pájaros, ordeñar las vacas, recoger los huevos, arrancar las malas hierbas, arar los campos con sus hermanas y su padre. no desea otra cosa.
a veces me tengo que recordar a mí misma que estoy triste por algo. si no, me pongo contenta otra vez.
pero el dinero es importante para un granjero como su padre. y a su padre le pagan bien si la cede para prestar servicios en una casa cercana. así que se acabó el trabajo duro. no era lo que mary quería, pero no por ello deja de ser feliz con lo que tiene. tampoco por ello deja de decir lo que piensa, porque su lengua es afilada y su mente tan inquieta como su cuerpo. y su pelo, del color de la leche.

otra cosa que me gusta es la construcción. dejando de lado la falta de mayúsculas,  me gusta el recorte máximo. ni siquiera guiones de diálogo son necesarios. descripciones, las justas. nada de explicaciones sin fin, sólo hechos, concisión estricta. es lo único que hace falta, y el lector pone el resto. el lector se imagina los gestos, los pensamientos. el lector construye en su cabeza los personajes a medida que ellos hacen y dicen. y así mary crece, su padre y sus hermanas crecen, y los otros personajes crecen y al final están ahí, enteros.

lo último que me gusta es el desenlace. ahí está todo, ahí se dirige todo y cuando llega, no te lo esperas (no me lo esperé), es perfecto, es perfecto en su forma y en su fondo. hace que te suba algo por la garganta, y con la última palabra ya te ha llegado a los ojos, y con el punto y final está resbalando por la piel de tu cara.

y te preguntas si construiste bien los personajes por lo que hacen y dicen, o deberías cambiar algo de la imagen que tienes de ellos.


sencillo. potente. bibliofilosis letrae.
mary, gracias por contarlo todo.

jueves, 7 de mayo de 2015

Kafka; de Robert Crumb y David Zane Mairowitz

"Milena era periodista y escritora, y una especie de feminista precursora. Si Kafka antes había considerado que las mujeres eran vampiros o valkirias que representaban para él toda la suciedad del odiado acto sexual, ahora estaba en presencia de alguien que lo obligaba a enfrentar el verdadero potencial femenino y sus propios temores. Cuando ella le sugirió que dejaran de cartearse y se encontraran en cuerpo y alma en Viena, él se asustó como de costumbre y dio mil excusas para no ir. En respuesta, ella le preguntó si era judío."

SINOPSIS
Casi un siglo después de su muerte, Franz Kafka permanece como uno de los escritores más modernos de entre todos los que son y han sido, persistiendo sus novelas y cuentos como influencia capital para cada nueva generación literaria. 
Por su parte, Robert Crumb, icono del underground de los años 60 al que hoy los museos pretenden desactivar incorporándolo a sus colecciones, resiste y se mantiene como uno de los autores de historieta más aclamados y libres del mundo. La obra de ambos comparte neurosis, humor agónico, aflicción existencial, una originalidad incontestable y cierta cualidad genial que la desplaza de su tiempo para hacerla inmortal. 
Secundando un texto de David Zane Mairowitz donde se desgrana el entorno, la vida y la obra de Kafka, Crumb se proyecta aquí en las circunstancias del escritor, las interpreta y nos las transmite en detalle con sus dibujos. El resultado es un extraordinario híbrido entre biografía, cómic y libro ilustrado, que supone el hermanamiento de dos de los artistas menos comunes y más hondos de nuestra era.

Termina este libro diciendo que, tras años de despreciar a Kafka, la nueva República Checa "está descubriendo a su extraño hijo judío, que ya no constituye una amenaza y es ahora, de repente, rentable como atracción turística". Curioso, porque este final me lleva a un principio, que es la razón de mi acercamiento a este escritor: Praga. Esa ciudad que me cautivó y a la cual parezco intentar mantenerme unida a través de Franz Kafka.

Kafka es un híbrido entre biografía ilustrada y novela gráfica, que expone de una manera magistral, sublime, amena (y muchos adjetivos positivos más) la vida del escritor que le da nombre. Lo desgrana todo, haciendo sencillo lo complejo: desde los aspectos más históricos y generales va acercándose a la figura del individuo y llega a bucear entre sus miedos y preocupaciones más profundas, relacionándolos a su vez con su obra. Y todo adquiere un sentido nuevo y mágico y dan ganas de ponerse ya mismo a leer La metamorfosis, pero también El proceso, El castillo, Carta al padre o cualquiera de sus innumerables y extraños relatos. Dan ganas de saber más.



Aunque hay alusiones a los acontecimientos históricos que vivió el escritor, lo que más me ha gustado de Kafka son las partes que profundizan en su psicología y, a través de ella, explican cómo podrían ser interpretadas sus obras y descubren elementos comunes en varias de ellas. Algunas de sus narraciones aparecen resumidas en forma de viñetas, y me ha dado un poco de rabia tener que enterarme así de las historias y de sus finales; es uno de los pocos inconvenientes que he encontrado a la lectura. Aún así me parece que merece la pena, porque como he comentado es muy interesante la forma en que se relaciona el pensamiento de Kafka con lo que cuenta en sus relatos. He intentado en esas ocasiones no profundizar mucho en lo que leía para retener el mínimo de información posible. De todas formas, no dejan de ser resúmenes muy breves y estoy segura de que las obras del autor albergarán muchos más matices y serán valiosas en sí mismas y en su conjunto más que por sus desenlaces.



La condena, La metamorfosis, La madriguera, La colonia penitenciaria, El proceso, El castillo, Un artista del hambre y El gran teatro natural de Oklahoma, son las obras que quedan recogidas gracias a las expresivas ilustraciones de Robert Crumb. A esas obras kafkianas se añade El Golem, novela del austríaco Gustav Meyrink basada en una leyenda judía de Praga. 

Los dibujos de Crumb complementan al texto biográfico a la perfección, otorgándole alma, transmitiendo el espíritu alienado y el surrealismo que envuelve al personaje. Kafka fue un hombre lleno de inseguridades, hipocondriaco, atormentado por la figura autoritaria de su padre y temeroso de las mujeres, con las que no conseguía relacionarse de manera eficaz. Todo ello queda reflejado en sus textos.

Estudió Derecho y trabajó en ese ámbito, pero llegó un momento en que empezó a dedicarse a la escritura más seriamente. Empezó a fantasear con un lugar apartado del mundo en el que llevar a cabo su trabajo en total soledad: escribir, escribir y escribir, parando solo para comer. Y de eso también salió un relato.


La relación con su padre dio como fruto su conocida Carta al padre en la que, se dice, puede encontrarse un valioso material para comprender la mente del escritor y la visión que tenía de sí mismo y de su vida.


"Hace poco me preguntaste por qué te temo", comienza, y sigue con una "respuesta" de cincuenta páginas.
[...]
Los diarios de Kafka, que llevó entre 1910 y 1923, no alcanzan el increíble nivel de autorrevelación que se observa en su Carta al padre. Este documento no es tan sólo un catálogo de los horrores cometidos por un padre, recopilados en la edad adulta gracias a la valentía otorgada por un sello postal. Es típico que al acusar a su padre, Kafka encuentre cientos de excusas para condenarse él también.
En cuanto a las relaciones que Kafka mantenía con mujeres eran básicamente epistolares. Con Felice (que vivía en Berlín, a unas horas en tren de Praga) intercambió correspondencia durante unos cinco años, pero sólo durante una pocas semanas hubo una relación presencial. El amor no parecía tan verdadero como el que se dejaba traslucir en las cartas que dirigía a Milena Jesenskà, periodista, escritora y casada. Pero la relación más real la mantuvo con Dora Diamant, con la que llegó trasladarse a vivir a Berlín y que suscitó su interés por el judaísmo. Eso son algunos ejemplos de las muchas mujeres, en su mayoría jóvenes, que se cruzaron en la vida del escritor.


En El Castillo, al igual que en las otras novelas de Kafka, desfila ante el lector un elenco en apariencia infinito de "actrices de reparto" y se repite la confianza que curiosamente deposita en ellas el personaje central.
[...]
El resultado de estas relaciones no suele ser "un acto íntimo" (salvo en el caso de Leni) y se vincula más con el poder que con los sentimientos personales. El talento de Kafka en general sugería el encuentro erótico en lugar de hacer que sus personajes se entregaran a ese acto que consideraba "repelente y absolutamente inútil".
Kafka murió por tuberculosis en 1924, lo cual probablemente lo libró del destino fatal que terminarían sufriendo sus tres hermanas, deportadas a campos de concentración. Praga, Kafka, Holocausto... parece que una cosa lleva a la otra, y con esa última palabra terrorífica van a tener que ver las próximas lecturas de las que hablaré por aquí.


Recomendaría el libro, desde luego, como primer acercamiento a Kafka y a su obra. Me ha maravillado conocer al personaje (Kafka fue una persona, pero también un personaje) de esta manera. Puede que a un erudito del tema le sepa a poco, pero a mí me ha hecho sentir eso inexplicable que se siente cuando un libro te gusta mucho. Algo así como un "amo a Kafka", un "necesito copiar cada frase" o un "quiero empapelar mi cuarto con estas ilustraciones". ¿Mariposas de papel en el estómago? En fin, todo se traduce en que, de una manera absolutamente subjetiva e impulsiva (como tiene que ser), no me queda otra que traducir esta sensación en una alegre exclamación:


miércoles, 17 de diciembre de 2014

Una colmena en construcción; de Luis Durán


SINOPSIS
Cuando abras este libro, brotarán ciudades de caminos y plazas inverosímiles imaginadas sin ayuda de croquis, alzadas o plano alguno. Asomarán casas y fuentes de colorines, maderas y plastilina. Y descubrirás bocacalles repletas de aquellos libros, cromos, adivinanzas y acordes que una vez olvidaste. Este es un libro plagado de náufragos y de Nautilus, de orillas esquivas e imposibles de cartografiar y de esas líneas amarillas que, a veces, dibujan las abejas cuando surcan el cielo... 
 Luis Durán , uno de los autores españoles más personales y prolíficos del panorama actual, nos presenta una historia de ambiente y matices, con unos personajes entrañables, que nos habla de la infancia, los sueños y las casualidades.

¡Lo que me he encontrado! Llegué por casualidad a Una colmena en construcción. Algunos días lo había hojeado y al final había preferido llevarme otros, pero ese en concreto no localicé lo que buscaba en la biblioteca y, como se me acababa el tiempo de elegir, me dejé llevar por la portada. Y paso, ¡aviso!, a una opinión quizá más subjetiva de lo acostumbrado.
Puede que parezca un libro de lo que voy a intentar hablar. Probablemente lo sea por fuera. Pero por dentro, ya no. Lo abres y deja de ser un libro. Te das cuenta de que en realidad es... un sueño empaquetado. Cada vez que lo cierras sabes que no te hace falta dormir para soñar. Sabes que tienes un paquetito de sueño sobre la mesa, en un estante o disimulado en la librería. Y que cuando te apetezca, que puede ser porque estés nervioso o agobiado por la realidad o porque sí y punto, puedes hacerte una infusión mental y soñar despierto.
Hay algo en los dibujos que te transporta muy lejos, y no a un mundo fantástico, sino quizá a una realidad paralela en la que hasta el color de las cosas cambia. Ha sido  muy extraña la sensación que me han transmitido historia, ilustración y texto, como si todos los componentes de este libro encajaran a la perfección conmigo, como si fueran exactamente la clase de lectura (o desgustación de imágenes) que necesitara en este momento.
El psicólogo que escucha de sus pacientes relatos un poco disparatados; el arquitecto que, en el autobús de camino al trabajo, se convierte en vaquero del Salvaje Oeste gracias una novela; las gemelas con sus caretas a cuestas y sus juegos de rayuela y su imaginación infantil; la mujer que encuentra el mejor lugar para instalar sus colmenas; el anciano que construye una enorme y hermosa catedral; el hombre en busca de cerradura para su llave; el testador de juguetes traumatizado...
Los pequeños piratas de plástico que vienen con el detergente Ariel, la colección de cromos de Bimbo, el Exin Castillos, las novelas de Marcial Lafuente Estefanía y las de Corín Tellado...
Son muchas las pequeñas historias que van surgiendo, y las alusiones a un pasado que yo sólo he vivido a través de los recuerdos de otros que llegaron antes al mundo.
Como la vida misma, esta historia está llena de silencios. No siempre estamos hablando con alguien, así que los diálogos son los estrictamente necesarios. Las imágenes adquieren un protagonismo importante. A través de ellas vemos los movimientos de los personajes y los detalles del entorno y oímos los ruidos del ambiente. Eso fue algo que me dio un poco de miedo al echar el primer vistazo: la ausencia de texto me sugería algo poco consistente. Y no es así, aunque deje ciertas cosas en el aire, como si tuviera la intención de que cada uno siga el "sueño" como prefiera. Además, las ilustraciones son increíbles, no me cansaría de mirarlas una y otra vez. Me ha encantado la composición de colores, los tonos pasteles, el estilo tan personal, el candor de los personajes. Si no es un sueño, es una especie de poesía en imágenes.
Desgraciadamente, se me terminó. Como pega diré que se me hizo un poco brusco, además de simpático, el final, aunque a lo mejor sólo fue que me enfadé porque me había quedado sin reservas de "infusión mental". Pero ya sé que el lugar de donde vienen los sueños (no sé si todos, pero seguro que alguno) es la mente y la habilidad creativa de Luis Durán, y allí iré a buscar más. Si os adentráis aquí veréis que hay mucho por descubrir. De momento ya he sacado otro suyo que tenían en la biblioteca y que tampoco me llamó la atención en un primer vistazo (vaya un instinto que tengo). Y después, ahorraré o se los pediré a los Reyes. (Pero, ¿qué hago yo pensando en comprar cómics? Algo ha cambiado...)

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Las primeras páginas: (aquí).
Y este vídeo que me he encontrado:

lunes, 17 de noviembre de 2014

Persépolis; de Marjane Satrapi


SINOPSIS
Persépolis es la autobiografía de Marjane Satrapi , una mujer iraní nacida en Teherán en 1969 en el seno de una familia progresista. Pero, además del retrato de la vida de la autora, también es el reflejo de la revolución iraní de 1979 que dio lugar a un gobierno islámico y de cómo lo vivieron las familias del país. 
 Desde el inicio, con la introducción del velo en la vida social y la separación por sexos en las escuelas, hasta la vida universitaria y las revueltas estudiantiles, Satrapi hace un repaso a su vida que se remonta a sus antepasados, ayudándonos a entender las motivaciones históricas de la revolución islámica, mostrándonos a la vez una opinión crítica con el gobierno.

Aunque parece que son las novelas las que se llevan la mayor parte de la publicidad, de vez en cuando hay algún cómic que destaca por encima del resto. Y, en medio de esa multitud de novelas que hablan mucho y en voz más alta, un pequeño cómic consigue dar un salto y hacerse notar. Aún recuerdo cuando veía este en los expositores de las librerías, y las voces (no sé cuáles) decían que era "importante". Entonces este tipo de lectura me parecía algo lejano e inaccesible, y quizá como mecanismo de defensa, quizá porque de verdad lo sentía, pensaba que tenía pinta de ser un poquito aburrido para mí y miraba hacia otro lado. Pero pasados los años el destino ha querido que nos volvamos a encontrar en circunstancias distintas, y nada es inaccesible cuando está sobre el estante de una biblioteca.

Lo comencé, admito, con cierta precaución. Como se trata de una historia autobiográfica, las primeras viñetas están dedicadas a ponernos en contexto: primero el histórico de Irán, y después el familiar de Marjane. Para mí empezaba con un pelín de mal pie, porque ni soy amiga de temas políticos ni los entiendo con facilidad. Sin embargo, la explicación sobre el fin del reinado del Sha y el comienzo de la República islámica (allá por 1979) fue lo más breve y amena posible. Después, por fin, la pequeña Marji nos permite conocer a su familia y, con el paso de las viñetas, es difícil no caerse dentro de la historia. Sin que me lo esperara, llegó esa sensación tan codiciada por los lectores: el deseo, mientras no se lee, de proseguir la lectura.


La mejor Majane, para mí, es la de 10 años. Pese a que no he leído más que unas pocas tiras sueltas del famoso personaje creado por Tino, no podía evitar que en ocasiones me recordara a Mafalda. Criada por una familia de ideas progresistas, Marji desarrolla un espíritu crítico y suelta por su boca agudas observaciones y más de una linda contestación que deja al lector impresionado y, al mismo tiempo, casi temiendo por la vida (o la libertad) de la pequeña rebelde. Otras veces, en la soledad de su habitación, Marji mantiene conversaciones de igual a igual con Dios.

El cómic está dividido en cuatro partes, distintas etapas de la vida de Marjane. Esta podemos conocerla simplemente leyendo el pequeño resumen biográfico del final del libro, pero adquiere su propia alma contada a través del dibujo simplista y los certeros textos de la autora. Marji desaparece para dar paso a un personaje más maduro pero no menos díscolo y apasionante. Pierde su cara redonda de niña y sus rasgos se transforman cada vez más a lo largo de las páginas, hasta que le sale su característico lunar a la derecha de la nariz. 


Es de admirar cómo Marjane ha sido capaz de "desnudarse" de esa forma, porque si es cierto lo que cuenta, no todo es agradable de sacar a la luz. La adolescencia es un periodo difícil, más aún si se mezcla con adaptarse a vivir en otro lugar, como ella tuvo que hacer cuando, ante los problemas políticos en Irán y por el bien de su futuro, sus padres la enviaron a estudiar al Liceo francés de Austria. Allí, con sus catorce años, a parte de construirse una nueva vida, aprender un idioma y hacerse un lugar entre sus compañeros, empieza a darse cuenta de los prejuicios de los europeos hacia su cultura y su país (uno de los hechos, supongo, que le llevaron a escribir este libro).

Después de la lectura tuve la oportunidad de ver la película, una adaptación animada cuya composición me encantó, aunque su contenido se quedó demasiado corto en comparación con todo lo que puede extraerse del cómic. Me sorprendió comprobar como se quitaban media historia de un plumazo, enumerando en unos segundos hechos que en el cómic duran páginas y páginas y permiten una mejor profundización en el personaje y en sus circunstancias. Y al hilo de lo que iba diciendo sobre los prejuicios, pude volver a comprobarlos por mi misma cuando una amiga con la que estaba viendo la película me preguntó: "¿Pero los iraníes no han llevado el velo siempre?" Y no la culpo, porque yo antes de que me lo contara Marjane hubiera pensado parecido, incluso esa amiga me lo dijo con tal convicción que me hizo dudar. Como si Marjane no lo dejara bien claro en las páginas finales. 


Pero Marjane crece, y sigue creciendo. Al final, después de cuatro años en Viena, regresa al que fue su hogar. Las cosas allí son ahora muy distintas a como empezaron. Tanto los hombres como las mujeres tienen que vestir de un modo determinado. A estas se las obliga a llevar el velo (sus cabellos al aire podrían excitar a los hombres...). De nuevo en Irán, se encuentra muy confundida. En Europa se ha perdido a sí misma, ya no sabe quién es, necesita volver a ser fiel a sus principios (su abuela es quien más se encarga de recordárselo). Y otra vez a reconstruirlo todo, a buscar un propósito, y a aclararse con su vida amorosa (Bastante enrevesada, por cierto. Y realista, porque claro, esto es real.)


Marjane Satrapi tiene el don de saber contar la tragedia de modo que no lo parezca tanto, aderezada con inteligentes toques de humor. Los personajes (las personas) son cercanos y muy expresivos pese a la sencillez de los trazos. Pero un mérito añadido al conjunto es que nos enseña cómo es en realidad su país, qué oculta Irán detrás del velo que lo cubre a nuestros ojos. Al final terminé entendiendo por qué la llamaban imprescindible.

sábado, 2 de agosto de 2014

Los Mumin: La llegada del cometa; de Tove Jansson

"El Mumintroll contemplaba el desolador paisaje y pensaba que la Tierra debía estar aterrorizada viendo la bola de fuego que se acercaba. Pensaba lo muchísimo que amaba todo: el bosque, el mar, la lluvia y el viento, el sol, la hierba y el musgo, y que sería imposible vivir sin ellos.
Pero luego pensó: mamá sabrá cómo salvarlo todo. "

SINOPSIS
Un día todos los colores desaparecen del valle donde viven los mumin. ahora los árboles son grises, las flores son grises, el puente multicolor que acaba de construir papá Mumin es gris, incluso el río y el cielo son grises. Su hijo, el Mumintroll, junto con su amigo el animalito Snif, emprende una peligrosa misión en balsa río abajo para averiguar si realmente su valle está amenazado por la llegada de un cometa. Durante el viaje, harán amistad con un variopinto grupo de criaturas. Cada uno posee algo que es lo que más ama en el mundo y que quiere salvar del cataclismo... 
Tove Jansson, conocida por esta serie sobre los habitantes del Valle Mumin, creó un mundo paralelo, mágico, amable y sorprendente habitado por el Mumintroll y su familia. Jansson realizó un aporte novedoso y audaz al folclore nórdico: si hasta entonces el troll era un personaje temible, desmañado y estúpido, con estos cuentos para niños la palabra troll comenzó a identificarse con seres que resultan conmovedores por su profunda bondad y su sentido del compañerismo.


Ya hace meses contaba por aquí la historia de cómo este libro llegó a mis manos por arte de magia (básicamente cerré los ojos, pedí un deseo y apareció sin hacerse esperar demasiado). Aún ahora sigo intentando la misma maniobra, pero no vuelve a resultar. Excepto en aquella ocasión en que, en la caseta de Siruela de la Feria del Libro de Madrid, me topé con la colección entera de Los Mumin y una simpática dependienta que me dio una sorpresa: me contó que los habían reeditado, con motivo del centenario del nacimiento de la autora.
Tove Jansson con sus personajes

Es uno de esos libros para niños y adultos, que me ha sabido deliciosamente gracias a una narrativa que combina inocencia y perspicacia de manera magistral. Eso y las ilustraciones (de la propia autora); reconozco que sin ellas no hubiera sido lo mismo. 

Es fácil evadirse cuando entras en el Valle Mumin. 
Allí está la casa del Mumintroll, en una colina verde, junto a un río con un puente y, por supuesto, árboles, flores y un cielo muy azul. Así es, hasta que llega el cometa y todo se cubre de un polvo gris.
El valle donde vivían era maravilloso. Estaba lleno de bichos felices y árboles grandes y verdes. El río corría a través del prado, daba una vuelta por la casa azul de los mumin y desaparecía hacia otros lugares con otros animalitos que se preguntaban de dónde vendría.

No hay familia más acogedora que la que vive en el Valle Mumin. 
Papá Mumin, con su sombrero de copa, es alguien cortés con sus invitados, aunque no protagoniza muchas aventuras en La llegada del cometa. Lo conoceremos mejor en Memorias de Papá Mumin, la novela que adquirí en la Feria del Libro y que ya estoy deseando leer, después de ojearlo y ver lo graciosamente que está escrito.
Mamá Mumin es una mamá en toda regla, siempre pendiente de que todo esté en su sitio, de que a nadie (a nadie) le falte un plato de comida casera o un lugar confortable para dormir. Es una mamá que lo lleva todo con mucha calma, que no es demasiado sobreprotectora ni tampoco despreocupada. No tiene problemas en dejar que su hijo el Mumintroll se vaya de aventuras con sus amigos, y siempre lo estará esperando para recibirlo a la vuelta con un buen abrazo de madre.
El Mumintroll es el protagonista, al menos de esta historia, junto con su amigo Snif, que aunque no es un mumin (tiene forma de canguro) es como de la familia. El primero es aventurero y valiente, y el segundo aventurero y miedica, y un poco codicioso (le encantan las cosas brillantes). Me ha hecho mucha gracia la personalidad de Snif; creo que es el personaje más infantil y se comporta como lo hacemos cuando somos niños, siempre buscando presumir de algo o ser el protagonista, cogiendo rabietas cuando no le hacen caso suficiente...  
La madre Mumintroll estaba en el jardín colocando conchas alrededor de las flores.
¿Lo habéis pasado bien?, preguntó.
¡Hemos estado por lo menos a diez millas de aquí!, explicó el Mumintroll. ¡He visto el mar! He buceado en unas olas enormes y he encontrado unas cosas preciosas que empiezan por P y terminan con S... Pero no puedo decir lo que son, porque es un secreto.
Y yo he encontrado una cosa que empieza con C y termina con A, gritó Snif. En algún lugar en medio hay una U y también hay una E y una V. ¡Pero no digo más!

Y después, a lo largo del viaje que emprenden para descubrir por qué se ha llenado todo de polvo gris, conocen a más compañeros de aventura. Y cada criaturita tiene su forma de ser y su obsesión en la vida y su forma de ganarse un hueco dentro de nosotros, porque seguro que nos veremos identificados con sus manías. 
Como el sabio Snusmumrik, que tiene forma de espantapájaros y toca la armónica.
O el Desmán, con un carácter de lo más pesimista y pasota.
O los hemul, cada uno obsesionado con sus propios hobbies como si no existiera otra cosa en el mundo.
O esas otras muchas criaturas que quien se atreva a adentrarse en el mundo creado por Tove Jansson podrá conocer.
Todo se complica más cuando se quiere ser propietario de las cosas. Yo sólo las miro, y cuando me voy las llevo en la cabeza y así puedo hacer algo más divertido que llevar un montón de sacos a cuestas.

Llama la atención que los diálogos sean directos, sin ningún tipo de indicación (ni guiones, ni comillas...). Nunca había leído una novela escrita así y curiosamente se me han juntado ahora varias a la vez. Me parece un recurso que queda elegante y espontáneo.  

En fin, que estoy muy contenta de haber descubierto estos libros; además, creo que la autora es de esas escritoras con una vida interesante, al menos en lo que a creación artística se refiere. Hablar sobre ella y sobre el origen de los mumin daría para una buena entrada, pero yo no tengo habilidad para construir biografías así que, si os interesa, os animo a cotillear vosotros mismos por la red. Es una pena que sus libros no sean muy conocidos (me cuesta horrores dar con ellos en los comercios corrientes). Sin embargo, estos días sí que se puede ver por las librerías otra novela suya fuera de esta colección, editada también por Siruela con motivo del centenario, y su título no puede ser más adecuado pues se trata de El libro del verano. Es una historia más realista y no tiene mala pinta, aunque yo de momento me quedo un rato más con los mumin.

Hace mucho que no doy cinco libritos, y creo que tengo que aprovechar el momento, que ya tenía ganas. Vale que no es el novelón del siglo, pero como libro para niños (y no tan niños), se lo ha ganado.

domingo, 19 de enero de 2014

El temor de un hombre sabio; de Patrick Rothfuss

"-¿Qué es puta?
Supongo que no os extrañará que esa no fuera una de las palabras que Tempi y yo habíamos intercambiado en el ciclo pasado. Me planteé mentir, pero no habría podido.
-Dice que tu madre es una persona a la que los hombres dan dinero a cambio de tener relaciones sexuales con ella. 
Tempi miró al mercenario y asintió con la cabeza.
-Eres muy amable. Gracias.
El rostro de Tam se ensombreció, como si sospechara que se estaban burlando de él.
-Cobarde. Por un penique abollado te daría tal paliza que no te encontrarías la polla.
Tempi se volvió otra vez hacia mí.
-No entiendo a este hombre -dijo-. ¿Qué quiere, tener relaciones sexuales conmigo? ¿O quiere que peleemos?"
SINOPSIS
El hombre había desaparecido. El mito no. Músico, mendigo, ladrón, estudiante, mago, trotamundos, héroe y asesino, Kvothe había borrado su rastro. Y ni siquiera ahora que le han encontrado, ni siquiera ahora que las tinieblas invaden los rincones del mundo, está dispuesto a regresar.
Pero su historia prosigue, la aventura continúa, y Kvothe seguirá contándola para revelar la verdad tras la leyenda.
No puedo decir que después de leer El nombre del viento me quedase con muchas ganas de leer su continuación. Y no porque hubiese sido una mala lectura, de ningún  modo. Simplemente, no me quedé demasiado intrigada por saber más. Sin embargo, sí que me gustó el estilo de este escritor, porque tiene un no sé qué poético que, ahora sí, ha terminado de cautivarme: aunque no las tenía todas conmigo y enfrentarme a un ejemplar tan gordito me daba pereza, al final resultó ser una muy buena lectura.

Me ha gustado más que la primera parte. Para conseguirlo, el autor lo tenía tan sencillo como continuar desarrollando la trama de la Universidad, que fue mi favorita en El nombre del viento. Sólo tenía que darle protagonismo al excéntrico profesor Elodin, o a la huidiza y tierna habitante de los tejados, Auri. Dos personajes que poco a poco se están ganando en mi mente el puesto de "míticos". Sí, Kvothe continúa sus andanzas en la Universidad, con una dinámica bastante similar a la anterior novela, pero sería demasiado monótono y poco original si nuestro héroe no se moviera del sitio, ¿no? Así que Patrick lleva a su personaje de viaje por otras tierras, algo a lo que yo le tenía miedo pues no me gustó mucho cómo lo había hecho en la primera parte. 

El lector sigue a Kvothe; deja atrás la Universidad (teniendo que soportar la lejanía de Elodin y Auri) y se adentra en Vintas. Y, en la ciudad de Severen, asiste a una nueva función en la que Kvothe tendrá que usar todo su ingenio para relacionarse con la alta nobleza. Y ahí se cuece de todo... 

Aunque disfruté mucho de sus enredos en Severen, aún me esperaba lo mejor: conocer a Tempi. Este mercenario adem ha sido todo un descubrimiento. No solo él, sino toda la civilización de Ademre. Kvothe lo conoce al verse obligado a liderar un grupo de mercenarios para cumplir una misión en el bosque, y poco a poco va descubriendo lo que se esconde detrás de la aparente insociabilidad de su taciturno compañero. Después tendrá que acompañarlo a su hogar, y verse sumergido de lleno en una cultura muy distinta a la suya, que pone patas arriba su (y nuestra) concepción sobre lo que es correcto y lo que no. 

Aparece en este punto todo un abanico de ideas que despiertan debates internos en el lector; además, la cultura adem me ha recordado mucho en algunos aspectos a la oriental (aunque no soy ni mucho menos conocedora de la cultura oriental, más bien se trata de una intuición). Por ejemplo, la disciplina de lucha que ellos llaman Ketan, y que consta de movimientos con nombres tales como Oso Dormido, Nieve que Cae o Gorrión Golpea al Halcón. O el camino del Lethani, que es un término espiritual tan difícil de definir como el amor. En fin, que me lo he pasado en bomba y hasta he terminado hablando con la gente en términos como "eso no es del Lethani".

Pero algo que me ha impactado mucho de la cultura adem es la forma de comunicarse. Me ha parecido un punto muy interesante que ha dado mucho juego a la novela y personalidad a Tempi y a todos los adem. Y no digo más porque creo que es mejor llevarse la sorpresa durante la lectura. 

Patrick sabe crear personajes que gusten a lector; al menos, a mí todos me han parecido muy bien conseguidos y cada uno tiene sus peculiaridades que lo hacen único y entretenido de leer. También me ha dado la sensación de que se profundiza más en la relación de Kvothe con sus amigos de la Universidad y en la personalidad de los mismos, que antes me parecían bastante pasivos y un poco indistinguibles entre sí.

El único pero que les pongo a ambos libros es que no me gustan los "interludios". Los momentos en que se corta la historia y vemos al Kote del presente son necesarios y seguro que importantes en el desarrollo de la historia, pero no podía evitar decepcionarme cada vez que me encontraba uno de esos capítulos. No termino de conectar con los personajes de la taberna, con Bast o Cronista, aunque tampoco me parecen malos personajes. 

Patrick Rothfuss ha logrado conquistarme. Lamenté mucho no poder ir a la firma que hizo en Madrid, porque encima coincidió con el momento en que me estaba leyendo el libro y tenía una pregunta muy interesante que hacerle (SPOILER ¿Cómo sonreiría un adem con la mano?). Aunque escribe de forma aparentemente sencilla, introduce alguna que otra preciosa metáfora y sus letras transmiten el cuidado y el cariño que les dedica a sus historias.

sábado, 18 de mayo de 2013

Danza de dragones; de George R.R. Martin

"Los hombres viven sus vidas atrapados en un presente eterno, entre las nieblas de la memoria y el mar de sombras, que es todo cuanto conocemos de los días que vendrán. Hay mariposas que viven toda su vida en un solo día, pero para ellas, ese pequeño espacio de tiempo dura tanto como para nosotros los años y las décadas. Un roble vive hasta trescientos años; una secuoya, tres mil. Un arciano puede vivir indefinidamente si nada lo daña. Para ellos, las estaciones son como el revoloteo de las alas de una mariposa, y el pasado, el presente y el futuro son lo mismo."
SINOPSIS
Daenerys Targaryen intenta mitigar el rastro de sangre y fuego que dejó en las Ciudades Libres al erradicar la esclavitud en Meereen. Mientras, un enano parricida, un príncipe de incógnito, un capitán implacable y un enigmático caballero acuden a la llamada de los dragones desde el otro lado del mar Angosto, ajenos al peligro que se cierne sobre el Norte, y que solo las menguadas huestes de uno de los reyes en discordia y la Guardia de la Noche se aprestan a afrontar.
Se me hace muy difícil enfrentarme a esta reseña. Está claro que no podré ser objetiva con ella, porque a mí ya me tienen ganada este señor y su saga Canción de hielo y fuego. Me puede contar lo que quiera acerca de sus personajes, que yo me lo leeré como una niña buena y me gustará igual. Bueno, a lo mejor no sirve cualquier cosa, pero sí es cierto que los seguidores de esta saga estamos tan metidos en ella, en su universo y entre sus personajes, que ya no sirve eso de "¿y a mí que me importa lo que le está pasando a este?". Cualquier cosa importa, no sé si me entendéis. Cuando conoces tanto a alguien, se ve ampliado el rango de hechos de su vida que te importan. Es tu amigo... o tu enemigo. O, simplemente, aún estás deseando conocerlo mejor.

Por eso no me importa que este libro de más de mil páginas termine casi  igual que como empezó. Casi, ¿eh? No del todo, que algo pasa. 

El libro comienza con intriga desde la primera, primerísima página: la portada. Sí, una espectacular portada que promete... algo que no sé si llega a ofrecer. Muchos creen que es un spoiler muy grande. ¿Lo es? Lo sabrás, lector, si haces lo propio con este libro. Es entretenido ir siguiendo las aventuras de Daenerys (uno de los personajes con los que más disfruto) y estar continuamente preguntándose, ¿será ahora lo del dragón?, ¿será entonces lo del dragón? Hasta terminar pensando, ¿cuándo narices llega lo del dragón? Hasta que llega, y lo tienes que leer aunque sea mientras caminas por la calle sin mirar por donde vas. Sí, bueno, esperaba más. Pero Dany montada en un dragón es Dany montada en un dragón. Emocionante ya de por sí. Y lo que viene después... ya es más criticable. Si no fuera por eso de que me importa cualquier cosa que les pase a los personajes, la despedida de este en concreto es larga, lenta y un pelín decepcionante.

Y mi otro favorito: Tyrion. A él sí, le pase lo que le pase, a él sí que le sigo hasta el fin del mundo (que a este paso llegará ahí). Tenía un poco de miedo con el Tyrion de Danza porque había oído que no era el de siempre, que decepcionaba. Yo no lo veo así: claro que es distinto, tenía que serlo por la fuerza después de todo lo que le ha pasado y le sigue pasando. Pero pienso que su cambio está más que justificado y que no es tan drástico. No, no me ha decepcionado en absoluto; aunque sí que lo ha hecho, una vez más, la lentitud con la que avanzan los acontecimientos, el no ver llegar determinados momentos que uno espera que lleguen. El tener que esperar la llegada de los Vientos de invierno... 

Tal vez, la trama que más novedades ha mostrado ha sido la de Bran. No me esperaba para nada la aparición de SPOILER los hijos del bosque, con su peculiar fisionomía que me dejó fascinada, o ese extraño ser-árbol... FIN DEL SPOILER. Si bien es cierto que tampoco hay muchos capítulos, sí que introduce elementos nuevos e interesantes. Más complejidad para una historia que cada vez se enreda más, en especial a esa especie de competición entre dioses/religiones que... ¿podría ser el verdadero eje de la saga?

Pero una de las cosas que más sorprende es la aparición repentina de cierto personaje que da un giro inesperado a los acontecimientos. ¿Será verdad? Las malas lenguas dicen que es otro de los trucos de los conspiradores que rondan el Trono de Hierro. Y pensar en ellos me hace recordar el final de Danza de dragones, un final que esperaba temerosa de que no estuviera a la altura y que, pese a no ser perfecto, consiguió sorprenderme lo suficiente como para dejarme cierto grado de satisfacción. 

En fin, que esto es muy difícil. Cada uno de los personajes cuenta con momentos determinantes que marcan sus vidas de manera más o menos importante. Pongo de ejemplo a Cersei. Mencionaría tantas cosas... pero soltaría un spoiler detrás de otro. Es sin duda un libro para hablar de lector a lector. Para elaborar mil y una teorías y más. Y es que si algo tiene Canción de hielo y fuego, es que da para especular y desmadejar hilos y ver cómo pueden unirse de la mejor manera. Cosa que se me da fatal, aunque hay quien descubre interesantes conexiones. Hay tanto escondido entre las letras...


Pese a la pega del lento avance de los acontecimientos, para mí sigue siendo  un:

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Alehop; de José Antonio Fortuny

"Una de las reglas cardinales de un buen espectáculo es: nunca lo interrumpas abruptamente, en pleno funcionamiento, porque sería como si le quitaras el plato a un perro que está comiendo, o que un cantante se parase en medio de un estribillo que está siendo coreado. Cuando la rueda está girando, es muy peligroso meter la mano"

SINOPSIS
Un misterioso circo llega a un pueblo remoto. Mientras la población se queda hipnotizada por el espectáculo tan vanguardista que se despliega ante ella, una pareja de ancianos trata de solucionar lo que es, a todas luces, un insignificante problema doméstico. Sin pretenderlo, se verán involucrados en una aventura trepidante, en una compleja trama -en la que el circo y su sibilino mánager tendrán su papel- que les llevará hasta límites insospechados. Alehop es una original comedia negra que, bajo una apariencia de historia desenfadada, hace aflorar con sutil maestría temas universales como el abuso de poder, la confrontación ideológica, la manipulación de las masas... José Antonio Fortuny firma ahora una parábola sobre el desamparo de los más vulnerables en una sociedad hedonista y, para mucha gente, directamente hostil.


Tras leer varias reseñas sobre este libro y dejarlo relegado un punto indefinido de la lista de deseos, llegó a mi conocimiento el sorteo que del mismo realizaba el autor en su blog, y no lo dudé: con Alehop me estrené en el mundo de los sorteos. No gané el libro, pero gané unas ganas irreprimibles por leerlo.

"Una farsa negrísima, angustiosamente divertida, ingeniosa, inteligente y muy actual". Alehop es lo que dice ser, lo que Rosa Montero dice que es. Palabra a palabra. Como el propio autor asevera en su blog, esta frase sintetiza muy bien el argumento de la novela. Pero de todos los calificativos, resalto especialmente uno: "angustiosa". No porque la angustia sea el componente predominante, sino porque era el  que menos me esperaba y el que más me ha sorprendido cuando ha empezado a invadirme sin previo aviso. Era una angustia sutil, pero angustia al fin y al cabo.

Una farsa. Y tan farsa. Al empezar a leer, uno percibe cierto aire de comedia, de historia caricaturesca. No pude evitar imaginarme a los personajes como caricaturas andantes. El aire que lo envuelve todo no es real; desde el principio huele a absurdo, a burla, pero no es hasta más avanzada la novela cuando ese olor empieza a solidificarse en un enredo surrealista, que hace que los ojos del lector sobresalgan un poco más de sus órbitas a cada página. 

Negrísima, angustiosamente. Continua e incondicionalmente preocupado por el bienestar de su mujer encamada, el anciano protagonista es al principio el personaje cabal, el encargado de mantenerse a sí mismo y al lector con los pies pegados al suelo. Es tranquilo; disfruta de placeres tan sencillos como mirar cada mañana el árbol del centro de su huerto. Pero no es nada bueno lo que le espera. Sus intereses para con su mujer chocan frontalmente con los del circo y, por ende, los del alcalde y los de todo el pueblo. El maremágnum que se desata a su alrededor termina por arrastrarlo y no tendremos más remedio que ir con él, acompañándole en sus desventuras rocambolescas, que no son pocas ni son tontería. Todo se vuelve en su contra, y todo es tan injusto, y parece que no puede dar un paso sin chocar con un obstáculo, sin enredarse en una asfixiante tela que lo envuelve más y más. Su situación, con una esposa que no puede levantarse de la cama por sí misma y que va hundiéndose en las simas de la depresión, no es tampoco agradable.

Divertida. Sí, también. No he soltado carcajadas en voz alta, pero sí me he reído por lo bajo. Pasan cosas que uno no espera, y también otras que espera; ambas hacen reír por igual. Y es que, aunque Alehop sea una novela corta, no hay una página de desperdicio. A cada lado del papel acecha algo: nunca sabes si será una nueva carcajada o una apertura extra de los párpados debida a cualquier inesperado acontecimiento o ingeniosa ocurrencia. Si pensáis que la situación ha llegado demasiado lejos, descuidad: puede alejarse más aún. De hecho, tened por seguro que tan solo unas pocas páginas más adelante el escenario habrá cambiado por completo. Cualquier cosa es posible, y por esa razón la historia no decae en ningún momento: carece de esos pasajes en los que el lector se relaja y desvía un momento la mirada, deja el libro a un lado y descansa... No, no está permitido desconectar (además, la novela está dividida en muchos capítulos cortos que la hacen más rápida y cómoda de leer si cabe).

Ingeniosa, inteligente. Un punto que quiero destacar del libro es el ingenio, pero no sólo el ingenio a la hora de atrapar al lector, de inventar un sin fin de situaciones irónicas, sino también el ingenio que derrocha el autor en el empleo del lenguaje. Exceptuando un par de construcciones gramaticales que me chirriaron en las primeras páginas, el resto da gusto leerlo. No por ser poético, o bonito; no, lo que hace José Antonio Fortuny, y muy bien, es poner las palabras a su servicio, y el servicio que requiere de ellas es que transmitan gracia, agudeza, socarronería, sarcasmo. Las combinaciones que usa para ello son particulares; un estilo muy propio y cuidado sin duda. Nunca imaginé que determinados adjetivos podían acompañar a determinados nombres.

Y muy actual. Aún no os he hablado del circo. Porque tiene que haber un circo: sale en la portada. Pese a que no aparece directamente y pocas veces nos acercamos a su carpa y asistimos a las funciones, el circo está presente en las mentes de la mayoría de los personajes y, por ende, en la nuestra. El circo es la gran metáfora de esta historia: un protagonista que intenta pasar desapercibido pero siempre está ahí, en el subconsciente, mientras leemos. El circo se extiende a la vida y la vida se mezcla con el circo. En la vida se incluyen la prensa y la política, que también forman parte de Alehop. En la vida se encuadran asimismo las distintas religiones y creencias. En la vida hay ambición, peces grandes y peces chicos. Al principio parece que no, pero llega un momento en que te das cuenta de que Alehop no deja títere con cabeza; empiezas a pensar si  no va a ser verdad que lo que hasta ahora era tu realidad no es más que una sucesión de extravagancias circenses. 
Entre los personajes que acompañan a este circo metafórico destacan el anciano, su esposa, el alcalde del pueblo, el mánager del circo, y muchas y diversas personalidades que van apareciendo por sorpresa y desfilando por el escenario. Muchos, la mayoría, carecen de nombre. Otros, más adelante, sí que han sido bautizados, y algunos apelativos despiertan inevitablemente una sonrisa. 

Eh, ¿y los puntos negativos? Me gustaría poner alguno. Nunca me han agradado las historias en las que todos acaban felices y comen perdices, y en esta opinión pasa algo parecido. Pero de verdad que no se me ocurre nada especialmente reseñable (a parte de ese par de expresiones chirriantes que mencioné). Iba a quejarme de lo cortito que es, pero bien sabido es que lo bueno, si breve, dos veces bueno. No hay libros perfectos, pero sí los hay que rozan la perfección. Hacía mucho que no exclamaba:


miércoles, 15 de febrero de 2012

El cielo es azul, la tierra blanca; de Hiromi Kawakami

"Cuando giré la cabeza, ahí estaba el maestro. Llevaba una chaqueta ligera que parecía abrigar y su inseparable maletín en la mano. Estaba de pie, tieso como de costumbre.
-¡Maestro! ¿Qué está haciendo aquí?
-He salido a dar un paseo. Hoy hace una noche espléndida.
Me pellizqué el dorso de la mano para asegurarme de que aquello no era un producto de mi imaginación, y me dolió. Por primera vez en mi vida, constaté que el truco de pellizcarse para comprobar que uno no estaba soñando funcionaba de verdad.
-Maestro-lo llamé en voz baja, todavía sin acercarme.
-Tsukiko-respondió él. Sólo pronunció mi nombre."

SINOPSIS
Tsukiko tiene 38 años y lleva una vida solitaria. Considera que no está dotada para el amor. Hasta que un día encuentra en una taberna a su viejo maestro de japonés. Entre ambos se establece un pacto tácito para compartir la soledad. Escogen la misma comida, buscan la compañía del otro y les cuesta separarse, aunque a veces intenten escapar el uno del otro: el maestro, en el recuerdo de la mujer que un día lo abandonó; Tsukiko, en un antiguo compañero de clase. Con una prosa sensual y despojada, Kawakami nos cuenta una historia de amor muy especial: el acercamiento sutil de dos amantes, con toda su íntima belleza, ternura y profundidad. Todo un descubrimiento literario.

Es una pequeña gran historia. Sus 210 páginas son capaces de enamorar, entretener y apaciguar. Son un remanso tranquilo, un camino sin sobresaltos con un final que, en el fondo, el caminante-lector ya conoce. Es el ejemplo perfecto de que "no es tan importante lo que se cuenta, como la manera de contarlo", y de "cómo transformar un argumento simple en una narración emocionante". Es, en definitiva, literatura japonesa; esa literatura en la que los hechos más cotidianos se nos revelan no sólo importantes y dignos de contar, sino también hermosos.

A mi me ha conquistado poco a poco, lo cual tiene su mérito si se tiene en cuenta su corta extensión. Lo encontré en la librería de mi casa (una reciente adquisición de mi progenitora), y me atrajeron su fino perfil y elegantes colores, su lomo delgado entre los orondos libros que suelen poblar por lo general la estantería. Solo con ojearlo y leer el principio, decidí que sería mi próxima lectura, y cuando terminé con El baile de los secretos así lo hice (aunque ya había leído unas cuantas páginas del primer capítulo en varias incursiones previas).


Los capítulos tienen un título sugerente y una longitud muy cómoda. En ellos, se narra el acercamiento paulatino, o más bien el caminar paralelo y sutilísimos roces, entre un maestro y su antigua alumna. ¿Es una historia de amor como reza la portada? Tal vez, pero muy poco usual. Hiromi Kawakami hace que sea el propio lector quien intuya ese amor, sin llegar apenas a expresarlo directamente. Maneja a sus personajes de manera que son sus gestos, acciones y palabras los que nos hacen intuir una relación que, muy paulatinamente, se va perfilando, pero que rara vez llega a hacerse completamente palpable. Eso otorga a la narración su mayor atractivo, mantiene en vilo al lector, aguanta su aliento por momentos para de repente expulsarlo en una exclamación de sorpresa o en una risita incrédula. Y, latente entre las palabras, se agazapa la belleza de la sencillez.


Como dije, me atrapó poco a poco: al principio era un libro normal y corriente, pero cuando me quise dar cuenta me había embrujado. Me encanta esa sensación que producen algunos libros que, mientras no los lees, estás continuamente echándolos de menos. De alguna manera, viven dentro de ti.

Es algo difícil de explicar; por eso voy a mostraros algunas citas con las que me siento más identificada: 
“El cielo es azul, la tierra blanca es una de las historias de amor más bellas que he leído en mi vida. No me refiero a uno de esos amores cursis y pretenciosos que proliferan tanto en cierto tipo de libros, sino a algo mucho más profundo y real, la lenta y sólida relación de dos seres solitarios, necesitados el uno del otro, capaces de encontrar la ternura y de compartirla con el amado en medio de los más pequeños gestos cotidianos, comer, beber, dar un paseo, sentarse junto a una ventana en la oscuridad... Y narrado de una manera tan delicada, tan justa, que parece un pedazo de vida real –quizá lo sea– pintado en un lienzo y ofrecido a nuestros ojos para ayudarnos a ser más sabios. Léanlo y disfruten”.Ángeles Caso, La Vanguardia.
“Lo que Hiromi Kawakami cuenta es tan carnal, hermoso y estimulante para el lector, que no exige ser más explícita. Su misterio radica en el extraordinario poder alusivo de la escritura, legado de los grandes artistas de la narrativa japonesa moderna. Sin duda.”Robert Saladrigas, La Vanguardia
“Esa gradación contenida, demorada, es quizá el mayor encanto de una novela que deja un poso de sosiego y armonía, que propugna por encima de la aridez y la soledad una reconciliación con la vida.”Carlos Martínez Shaw, El Periódico

La autora (sí; Hiromi es un nombre femenino), nacida en Tokio, estudió Ciencias naturales y fue profesora de Biología hasta que en 1994 apareció su primera novela. Sus libros han recibido los más reputados premios literarios, que la han convertido en una de las escritoras japonesas más leídas. 
Esta novela es su primer libro traducido al español, recibió el Premio Tanizaki y fue llevada al cine con gran éxito (por más que he buscado, he podido encontrar poco rastro de la película a excepción de esto). Su título original, Sensei no kaban, significa algo así como La maleta del maestro (aunque leí en un blog que kaban no solo se refería a maleta, sino a todo contenedor de objetos personales).
En español tiene publicados otros dos libros, uno de relatos y otro al que ya le tengo echado el ojo: Algo que brilla como el mar.

Ahí lo dejo caer.