domingo, 31 de octubre de 2010

El universo de la conciencia; de Gerald M. Edelman y Giulio Tononi

"¿Por qué sentimos el rojo de la manera en que lo sentimos? ¿Y sería posible que lo que tanto usted como yo llamamos rojo en realidad me parezca rojo a mí y verde a usted, y que eso no importe para nada?"

SINOPSIS
¿Qué pasa en nuestras cabezas cuando pensamos? Esta y otras preguntas similares acerca del fascinante universo de la consciencia nos las explican de froma magistral y atrevida Edelamn, Premio Nobel de Medicina y Tononi, distinguido neurobiólogo reconocido mundialmente.
A pesar de resultar en algunos casos complejo y pesado de leer, el libro ofrece una interesante descripción sobre los mecanismos subyacentes a nuestra conciencia. A través de un razonamiento progresivo (y asombroso) va guiando al lector desde los rudimentos de la conciencia hasta sus más intrincados mecanismos (o al menos tan intrincados como el lector medio es capaz de entender).

Al final, una acaba con una idea bastante definida de lo que es ser consciente, aunque siempre desde el punto de vista de los autores, claro, porque cada uno piensa de forma distinta. En este caso, el proceso consciente se presenta como algo unido pero a la vez separado, que tiene integridad pero al tiempo gran diferenciación. Esta gran paradoja es lo que más se repite, y lo que más me ha llamado la atención. Cómo, simplemente por perder una de estas dos cualidades, la conciencia deja de ser conciencia, y se transforma en ataque epiléptico o en sueño profundo.

Siempre queda abierto el debate de si estos procesos mentales son mera física y química, o hay algo más. Personalmente tendía a ser partidaria de lo segundo, aunque mi parte objetiva me decía que sólo lo hacía porque necesitaba esa parte espiritual en mi vida. En el fondo, siempre tenía una vocecita que me susurraba que todo era producto de las leyes de la naturaleza, que no había nada más. Pues bien, este libro me ha abierto los ojos a una nueva perspectiva: el enmarañado e inconmensurable mundo de conexiones de nuestro cerebro. ¿No es precisamente eso, la inmensidad de las conexiones de la mente, la complejidad de la física y la química que la rigen, algo de por sí sobrenatural? Posiblemente nos quede mucho para llegar a comprender ese ente casi inabarcable que es nuestra conciencia y, por muchas “leyes terrenales” que la rijan, estas seguirán siendo para nosotros parcialmente incomprensibles y legendarias.


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