sábado, 30 de junio de 2012

Fragmento: Subtrén

Hasta que se cerraban las puertas del subtrén, para sus pasajeros existía el ruido de la maquinaria y de la muchedumbre que entraba y salía. Después de cerradas parecía que todo se sumergía, y en el agua flotaban los ecos de la superficie y las palabras amortiguadas de quienes buceaban en ella. El interior del subtrén era un mundo aparte, detenido, impermeable a todo cuanto pudiera estar sucediendo más allá de sus cilíndricas entrañas.

Una vez ahí dentro, el último éxito de Miken sonaba en los auriculares de Salvador con la misma probabilidad que la clásica Grutas del Señor de la Montaña. La chica que se sentaba frente a él leía una parodia de zombies, y el chaval de su izquierda miraba por la ventana. El paisaje que podía contemplarse a través de la ventana de un subtrén era absolutamente sublime, casi tanto como esos valiosos óleos expuestos en los museos, cuyo título solía rezar: “Negro sobre negro”. 

Las campanillas atrajeron la atención de los viajantes. 

—Estamos llegando a –resonó una voz masculina–Vélez de Ugrún.

En pocos instantes volvería a ocurrir. El ruido, la lucha por salir, la pugna por entrar y la carrera hacia el asiento libre. Sonaba precisamente en esos momentos Grutas del Señor de la Montaña, versión piano. Una magnífica banda sonora para la ocasión en opinión de Salvador, quien observaba con fascinación el caos de partículas humanoides en ebullición. 

Escudriñó de reojo al chico que se sentaba a su lado. Seguía mirando por la ventana, que le devolvía a su vez una mirada oscura y fulgente. Salvador había desarrollado una teoría, y era la siguiente: que cuando alguien miraba por las ventanas de un subtrén en el momento en que éste recorría el interior de los túneles, lo que ese alguien en realidad buscaba era acechar algún pasajero con la discreción que le brindaba el reflejo del cristal. Basaba su teoría en la experiencia propia.

¿A quién espiaría? A él no, de seguro, pues su reflejo se vería entorpecido por la materialidad del propio observador. El chaval giró entonces la cabeza hasta mirar al frente, manteniendo la posición unos instantes.

—Estamos llegando a –brevísimo silencio–Vista.

Salvador sonrió mentalmente. Qué coincidencia. Vista. Notó por el rabillo del ojo que su acompañante volvía la suya muy pausadamente, con subrepción. Supo, una vez más por experiencia propia, que intentaba captar un atisbo de la persona con la que compartía asiento, o sea, de él mismo. 

Desvió su atención del chico a la lectora, reparando así en que no estaba leyendo ya, sino que lo miraba abiertamente a él; en concreto, tenía los ojos clavados en la parte inferior de su persona. De hecho, advirtió, la señora gorda del otro lado del vagón miraba sus pies con fijeza similar. Y el chico de su izquierda, él también, aunque enseguida se centró otra vez en el cristal. 

Salvador se miró los pies. 

Llevaba puestas las zapatillas de andar por casa. Eran sumamente cómodas, y por un descosido de la punta asomaba el dedo pulgar de su pie derecho. Ahí empezó el calor. Subió, y no tardó en sentir cómo su rostro lo irradiaba.

—Estamos llegando a –pausa– Salvador.

Era su parada. En todos los sentidos.

sábado, 16 de junio de 2012

Flavia de los extraños talentos; de Alan Bradley

"En cuanto conseguí entender las ecuaciones químicas del tipo K4FeC6N6 + 2K = 6KCN + Fe (que describe lo que pasa cuando se calienta el prusiato amarillo de potasa con potasio para producir cianuro de potasio) se me abrió el universo entero. Fue como haber encontrado un libro de recetas que en otros tiempos hubiera pertenecido a la bruja del bosque.
Lo que más me intrigaba era haber descubierto que todo, toda la creación -¡de principio a fin!-, se mantenía unido gracias a enlaces químicos invisibles. Me produjo un extraño e inexplicable consuelo saber que en algún lugar, aunque en nuestro mundo no pudiéramos verlo, existía auténtica estabilidad.
Al principio no establecí la obvia conexión entre el libro y el laboratorio abandonado que había descubierto de niña. Pero cuando finalmente relacioné una y otra cosa, mi vida cobró vida... si es que eso tiene sentido."
SINOPSIS
Imagínese una vieja casa de campo en algún lugar de Inglaterra, en los años 50. Imagínese una niña de casi 11 años, solitaria y de extraños talentos, que vive allí con una familia poco común: un padre viudo de carácter taciturno y unas hermanas a las que nuestra protagonista no soporta. Se llama Flavia de Luce y es la dueña y señora de un laboratorio químico de la época victoriana abandonado décadas atrás. 
La joven Flavia, como si fuera un detective, hurgará en al misterioso pasado de su padre y planeará la venganza contra sus hermanas Ofelia y Daphne mientras el material para su propio experimento científico es el cuerpo de un hombre que se encuentra enterrado en el jardín de su casa.
Con su protagonista excéntrica y brillante, Flavia de los extraños talentos es una novela absolutamente original, imaginativa, de lectura compulsiva, que engancha por su inteligencia y por su humor, a veces muy negro, que se burla de la macabra seriedad de la trama.

No recuerdo ahora cómo me fijé en este libro por primera vez; tal vez fuese tras verme atraída por La muerte no es un juego de niños, del mismo autor y de hecho la segunda parte de las aventuras de Flavia. Quise leerlo, pero también quería empezar por el principio.

El comienzo de la novela no podría ser más ingenioso y divertido. Nos metemos en la mente de una niña que, con tan solo 11 años, es más lista que cualquier adulto. Su pasión por la química y sus conocimientos acerca de la misma, su capacidad de reconocer cualquier compuesto por su olor o color, y su conocimiento acerca de todo tipo de venenos (algunos de los cuales experimenta con sus hermanas), llega hasta extremos caricaturescos.

La visualización de la portada unida al hecho de que la protagonista habite en una mansión, hace inevitable que uno se imagine una especie de familia Adams, pese a que no hay muchas más similitudes. En todo caso, la ambientación me ha gustado, y creo que otorga a la historia un halo de misterio tenebroso.

Flavia convive en su mansión con su padre y sus dos hermanas; su madre murió al poco tiempo de nacer ella. Pese a todo, constituye una protagonista más y aparece constantemente en los pensamientos de Flavia, incluyendo una escena muy graciosa que añade un matiz cómico al momento más dramático de la aventura. ¿Cómo el recuerdo de una madre fallecida en una situación a vida o muerte puede llegar resultar cómico? Es una pregunta retórica que acabo de hacerme, y cuya respuesta encontraréis entre las páginas de este libro...

El padre de Flavia, el coronel De Luce, es una figura un poco misteriosa, que solo aparece en contadas ocasiones, aunque su papel es importante. Da la impresión de ser un hombre distante, poco dado a muestras de cariño. Como Flavia dice en una ocasión,
"Es tan improbable que un De Luce le diga a otro que lo quiere como que un pico de la cordillera del Himalaya se incline para susurrarle palabras bonitas al risco de al lado."

Sus hermanas mayores, Ophelia y Daphne, son personajes peculiares, pues Flavia nos las presenta como seres desagradables, pero el lector no puede evitar sentir simpatía por ellas, preguntándose hasta qué punto no será Flavia la culpable de que la quieran tan mal. Flavia es lista, pero tanto que a alguien puede parecerle excesivo y repelente. Utiliza sus tretas para defenderse de los ataques de sus hermanas, pero también para atacarlas sin aparente motivo... Además, hago particular mención a Daphne: en la mesa del desayuno, en la escalera de la biblioteca, en todas las esquinas... no hay escena en la que esta ávida lectora no aparezca con un libro entre las manos y la nariz entre sus páginas.

Pero si Flavia piensa en alguna ocasión que su familia no la quiere o que su padre no lloraría demasiado por su muerte, está segura de que Dogger sí siente cariño por ella. Dogger, cuyo nombre me recuerda a un perro, no pertenece estrictamente a la familia, pero como si lo fuera. Es un hombre de color, fiel servidor del coronel De Luce, y que mantiene además una peculiar relación con su hija. Flavia es la única que lo ayuda a recuperar la compostura cuando le dan esos ataques de pánico, seguramente relacionados con un pasado oscuro. Estos momentos entre Flavia y Dogger transmiten una sutil, ligera, ligerísima sensación de ternura...

Todos estos y otros personajes desfilan por las páginas de este libro. La sensación que dan no es la de personajes que uno pudiera encontrarse en la vida real, sino que llegan al lector como entes caricaturescos con vida propia, cada uno con sus peculiaridades y rasgos definitorios que los hacen únicos. 

Flavia tendrá que moverse entre ellos para investigar un crimen, el del hombre que aparece moribundo frente a la ventana de su habitación, y a cuya expiración tiene la oportunidad de asistir, emocionada. Asesinatos, suicidios y robos filatélicos son los ingredientes de una trama que destaca por su originalidad, pero que (y esto es una opinión personal) no mantiene el nivel hilarante que tanto atrapa en las primeras páginas, aunque éste vuelva a recuperarse en las últimas.

Si decidís enfrentaros a Flavia de los extraños talentos, podéis esperar encontraros con un ingenioso y tenebroso sentido del humor que, si os gusta, os atrapará desde las primeras páginas. Os sumergiréis a continuación en una investigación llevada a cabo por una niña de 11 años (capaz de ruborizar hasta al más experimentado inspector) y, para finalizar... bueno, eso os lo dejo a vosotros.

3,5

viernes, 15 de junio de 2012

The Fantastic Flying Books of Mr. Lessmore

Mientras retomo las buenas costumbres y escribo reseñas pendientes, aprovecho para publicar este corto que hacía tiempo que quería traer por aquí. Sé que muchos o todos lo habréis visto, pero TENÍA que formar parte de mi colección de vídeos Bibliófilos. Así que aquí lo dejo: The Fantastic Flying Books of Mr.Morris Lessmore, ganador del Oscar, que seguro emocionará a los amantes de los libros. Al menos lo hizo, en mi caso.

No hay mejor forma de devolverle la vida a un libro, que leerlo...

sábado, 19 de mayo de 2012

La Tumba compartida; de Antonia Romero

"Todas las miradas tienen un destino, un lugar al que van dirigidas, para descubrir algo, para encontrar algo. La de Alberto, que iba destinada a su corazón, directa y certera como una flecha, dio en el blanco."
SINOPSIS
Maite, una joven anticuaria que viene acarreando cierto sentimiento de culpa desde la desaparición en el pasado de un miembro de su familia, va a ver su rutina alterada. Un día llega a su tienda, que dirige con su socio Adrián, un extraño amuleto corazón egipcio, de la época del faraón Akhenatón. 
Maite, Adrián y el conocido arqueólogo Mauricio Varona, además del equipo de éste, inician una expedición a Egipto en busca de la tumba de la reina Nefertiti, esposa del faraón. Pero todo se complica con muertes inesperadas, hallazgos de cadáveres, desconfianzas, envenenamientos, identidades desconocidas, que el lector va descubriendo y destapando de la mano de Maite. 
La historia del Rey hereje, del dios Atón, e incluso de la religión judía se entremezclan y se van abriendo ante el lector de tal manera que atrapa... 
¡Imposible no acompañar a Maite hasta el final!
No sé cómo empezar. Creo que se debe a que la historia es tan compleja que da mucho de qué hablar. Muchas cosas se me pasaban por la mente a medida que lo leía. "Esto lo tengo que mencionar en la reseña", pensaba. Ahora me doy cuenta de que mi memoria está demasiado saturada de otras cosas... ay, a quién se le ocurre inventar los exámenes. Eso es, La Tumba compartida es uno de esos libros que se leen el fin de semana anterior a un examen, mientras te maldices a ti mismo por no estar estudiando. Pero no puedes, no puedes dejarlo. No en esta página. Tal vez en la siguiente...

Me ha sorprendido muy gratamente. Recuerdo con claridad el momento en que lo empecé a leer, tumbada en la cama, y ya desde ese momento me dije: "este libro me tiene ganada". Y eso que me quedé dormida a las pocas páginas, pero os aseguro que no era culpa de la historia, ¿eh? Ya he leído en varias opiniones que, si hay algo que tiene La tumba compartida, es un principio de vértigo. Lo ratifico. También me gustó lo de "El diario de Paquita", para qué negarlo.


En fin, que después de ese inicio trepidante, conocemos al joven Marc, que está empeñado en que su padre vea el "Diario de Paquita". Víctor no está muy por la labor: detesta ese tipo de programas donde todo es una actuación melodramática con el único fin de dar morbo. Pero finalmente accede, y no tenemos más remedio que ver el programa con él sin dejar de preguntarnos: ¿qué mosca le ha picado a Marc? Pronto se nos desvela que el pasado de Víctor no es el que él pensaba. Los cimientos de su vida se desmoronan y va a tener que reconstruirlos; lo cual, a parte de ser tarea difícil, es algo tremendamente doloroso para él.


A raíz de lo cual se nos presenta el personaje de Maite, la verdadera protagonista (al menos en mi opinión), llena de matices y aficionada a construir muros a su alrededor para protegerse de los hombres. Protagonista que, curiosamente, no pude evitar asociar en todo momento a Antonia Romero, la autora. Era una sensación extraña, como si autora y personaje se fusionaran en mi mente de forma totalmente inconsciente y sin ninguna razón de ser (luego encontré un asombroso paralelismo entre la foto de perfil de su blog y una escena del libro). Alrededor de Maite, que es anticuaria, empiezan a aparecer y a perfilarse multitud de personajes. Son tantos que no voy a pararme a mencionarlos a todos, pero de entre ellos destacan, por su importancia en la trama, su compañero Adrián o el arqueólogo Mauricio Varona (posiblemente mi favorito). 


Con todos estos ingredientes muy bien mezclados y aderezados, va cocinándose una trama que poco a poco, o tal vez no tan poco a poco, resulta suculenta y llena de sabores. A destacar los diálogos, naturales e ingeniosos, y de entre ellos me quedo con las conversaciones-discusiones entre Maite y Mauricio y con los pensamientos de Maite, rebosantes de ironía. Además, casi pude sentir la soledad de Maite en Egipto, rodeada de extraños, como una colegiala novata entre compañeros empeñados en hacerle la vida imposible. 


Todo ello y el trasfondo histórico, que también forma parte importante de la trama, me mantuvieron pegada al ebook. El trasfondo histórico, otro ingrediente que faltaba. Me ha dejado alucinada la teoría de Maite/Antonia, e inevitablemente me pregunto si esa teoría existía antes de este libro. La lectura del trabajo de fin de carrera de Maite me resultó la mar de interesante, en especial las conclusiones finales acerca de la verdadera naturaleza del faraón Akhenatón. Nunca he sido amante de la historia egipcia ni había leído libros relativos al tema, pero este ha despertado mi curiosidad muy mucho.


Finalmente, sí, también hay pegas. Una de ellas se refiere simplemente a la relativa incomodidad de la lectura: cuando lo compré en Amazon y fui a transformarlo con Calibre, el DRM no me dejaba. Afortunadamente Antonia tuvo la amabilidad de enviarme el documento sin DRM y así pude introducirlo en el ebook, sin más problemas que el hecho de que los párrafos aparecían más separados de lo normal y sin justificar, y de vez en cuando un número de página cortaba el texto. No es algo que haya entorpecido mucho la lectura, pero hacía que el ebook "no quedara bonito". 


Otras cuestiones más literarias son, en primer lugar, que la trama de Víctor me dejó algo indiferente, y eché de menos un poco más de desarrollo del personaje de Marc. Es como si esa trama, que empieza con mucha fuerza, perdiera fuelle a lo largo de la lectura. Y, en segundo lugar, una pega que deriva de un halago: si hay un punto fuerte de La tumba compartida, son los personajes llenos de matices y el desconcierto que producen algunos a lo largo de todo el desarrollo de la trama. Sientes que no te puedes fiar de nadie, y de hecho llega un momento en que pones en duda todo lo que dicen. Quieres llegar al final y descubrir de una vez qué es lo que realmente pasa. Poco a poco se descubren cosas, y a medida que se llega al final se precipitan una serie de acontecimientos cual montaña rusa, dejando al lector lleno de adrenalina... pero un poco confuso. Esa es la pega: que, para entender exactamente lo que ha pasado, quién sabe qué cosa y desde qué momento la sabe, quién hace qué cosa y por qué lo hace, casi se hace necesaria una segunda lectura. O puede que, en mi ansia por comerme el libro, haya leído demasiado rápido. 


En todo caso, si buscáis un libro para devorar, éste es el vuestro. Pero tened cuidado de que no os devore él a vosotros.


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*Pinchar aquí para acceder a La Tumba compartida en Amazon.
**Pinchar aquí para acceder al blog de la autora.

miércoles, 16 de mayo de 2012

La rebeldía del alma; de Armando Rodera

"En mi subconsciente ya me estaba yendo por las ramas y seguía sin saber qué hacía allí, quizás en el umbral de la morada del Ente. Sí, ese ente que de verdad regía el mundo, si de verdad existía a ciencia cierta. Podía asumir que yo sí creía en algo al fin y al cabo, pero se trataba de algo mucho más prosaico que las consabidas historias de Jesús, Buda o Mahoma. Una entidad más cercana al Ser planteado por Aristóteles, una fuerza intangible que insuflaba todo su poder para que el universo siguiera girando."

SINOPSIS
Susan Mckennan atraviesa una dulce etapa en su vida, tanto personal como profesionalmente, aunque las desavenencias con su familia le impiden disfrutar de ese buen momento. Decide entonces ir a la casa familiar para intentar arreglar esos problemas, pero el destino le juega una mala pasada. En el camino se detiene un momento a sacar dinero de un cajero y entonces es atacada por un delincuente, que la dispara y deja malherida en medio de la calle. Susan es trasladada de urgencia al hospital y operada para salvar su vida, pero los médicos no pueden impedir que caiga en coma.

Días después, aunque para el resto del mundo continué en esa situación, Susan se percata de que su organismo se encuentra en un estado intermedio entre la conciencia y el coma. No puede hablar, ver ni moverse, pero el resto de sus sentidos se han agudizado al máximo, siendo consciente de todo lo que ocurre a su alrededor. En esas circunstancias conocerá de primera mano las disputas entre miembros de su familia o las conversaciones entre el personal médico. La angustiosa situación que vive la protagonista empeorará al conocer que ella es la única testigo de un hecho crucial, motivo por el cual ha sido tiroteada.

Susan deberá esforzarse para recuperarse del coma, ya que tanto ella como su pareja están en peligro. Oscuros intereses se mueven detrás de estos sucesos y Susan es la única que puede impedir el fatal desenlace. Se verá entonces abocada a una lucha cruenta contra su propio organismo y la maldad personificada de sus enemigos si quiere seguir viviendo.
Con esta reseña me estreno en el mundo de las lecturas conjuntas, pues me animé a participar en la que organizan Tatty (El universo de los libros) y Laky (Libros que hay que leer).


Es difícil que, tras leer el argumento de esta novela, el lector no quede con ganas de zambullirse entre sus páginas, penetrando el mar de su portada. Y es que la situación a la que Armando Rodera somete a la protagonista femenina es, cuanto menos, espeluznante. Tal cosa fue probablemente lo que más me animó a leerla, además del hecho de tratarse de un autor español "novel" (con muchas comillas). 

Todo el desarrollo de la historia tiene como trasfondo las tensas relaciones familiares entre Susan y su familia debido a que ellos (en su mayoría) no terminan de aceptar su relación con Denisse, y eso que aún no conocen del embarazo de esta última... Esta parte es tratada con mucha naturalidad, con escenas y diálogos que me han parecido muy bien llevados y realistas; casi parecía que estaba metida en la reunión familiar mirando a uno y otro miembro y escuchando sus debates.

La rebeldía del alma narra, pues, un momento azaroso en la vida de una familia, que tiene además que enfrentarse al estado comatoso de uno de sus miembros, con toda la angustia que eso conlleva. Aunque Susan, la protagonista, nos dibuja su punto de vista hablando en primera persona, no es el único personaje en el que se centra la narración. Podemos, de esta forma, conocer la manera en que cada miembro de la familia se enfrenta al suceso, meternos en la piel del delincuente responsable de tal desgracia e incluso, me atrevería a decir, sentir una ligerísima compasión por la situación del susodicho.


Tiene esta novela, como puede deducirse ya en su sinopsis, un claro componente médico, que como estudiante de medicina no he podido dejar de analizar minuciosamente a medida que iba leyendo. Lo primero que cabe preguntarse es si una situación así (de encierro corporal) es científicamente posible. Nos habían hablado a los alumnos varias veces del síndrome del cautiverio, muy similar a lo que le ocurre a Susan, con la diferencia de que el paciente encerrado en su cuerpo puede comunicarse moviendo los ojos o los párpados, pues no se ven afectadas las vías nerviosas encargadas de la musculatura ocular extrínseca (y aquí dejo los términos técnicos). En definitiva, que no paré de preguntarme si aquello sería posible o habría ocurrido alguna vez, pero hay misterios que se quedan sin respuesta. No hay más remedio que aceptarlo, porque los caminos de la naturaleza son inescrutables... En cuanto al ambiente hospitalario opino que está bien logrado, con esas enfermeras y médicos cada uno con su carácter, como ocurre en la vida real (al menos en España, que no sé cómo serán los americanos). 


Lo que más me ha impresionado es la capacidad del autor para generar interés en la trama de un personaje que está sencillamente tumbado en una cama de hospital sin poder moverse ni relacionarse con el medio. Armando Rodera aprovecha la situación para hacer interaccionar a Susan con lo único que le queda: su alma, su conciencia. Con esa excusa nos da a conocer los entresijos de su pasado y sus miedos, tanto pretéritos como presentes.


Mi "yo" tiquismiquis quiere añadir una pega: como siempre, pequeñas faltas gramaticales poco importantes, que en este caso pueden contarse probablemente con los dedos de una sola mano. 


Por lo demás, el lenguaje es sencillo, sin florituras, y la historia avanza despacio y con buena letra hasta un final que puede sorprender a los menos previsores (como una servidora). El hilo argumental, relativamente sencillo, no deja sin embargo de entretener, y las últimas páginas se leen de corrido.


Por lo que he podido leer y lo que he observado del resto de las obras de Armando Rodera, deduzco con La rebeldía del alma el autor ha explorado nuevos terrenos (¿entre ellos el continente americano?). Yo he empezado por ellos, y en un futuro espero conocer los antiguos. El enigma de los vencidos me parece un manjar bastante apetecible.

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***Pinchar aquí para ver la lista de participantes en la lectura conjunta.