lunes, 6 de julio de 2009

La culpa de El Otro


Hay un vaso encima de la mesa. Entonces se cae. ¿Que por qué? Eso no importa. Simplemente quedémonos con que se ha caído y se ha partido y disgregado en varios trozos de vidrio transparente y de bordes punzantes. O más sencillo, quedémonos con que se cayó y se rompió. ¿Quién tiene la culpa?


Si hubiera dos personas en el lugar del crimen, en ese lugar en que un vaso se cayó y se rompió, puede que una de ellas (por supuesto la más generosa) atribuya toda la culpa a la otra. El vaso se ha caído sin razón aparente. El vaso estaba sobre la mesa, pongamos en el centro de gravedad de la mesa, pongamos apoyado en una base de sustentación amplia y aparentemente a salvo de toda catástrofe. Pero se cae, por una razón que ahora no es de importancia. Y, por supuesto, alguien ha de tener la culpa. TODA la culpa. ¿Toda la culpa?


Eso es lo que cree esa persona tan generosa. Que El Otro ha de tener toda la culpa. Porque es El Otro el que ha puesto el vaso en la mesa. El Otro el que lo ha tocado antes de que el vaso estuviera en el centro de gravedad de la mesa, antes de que el vaso se apoyara en una base de sustentación amplia y a salvo de toda catástrofe, antes de que el vaso se cayera.


Y yo digo que no. Cómo iba a saber El Otro que el vaso se caería si estaba a salvo de toda catástrofe. Cómo iba a saber que segundos después de dejarlo a salvo el vaso se suicidaría como por hechizo. Pero- ¡oh, casualidad cruel!- El Otro lo tocó el último, y por tanto El Otro tiene que cargar con toda la culpa de la muerte del vaso.


¿Y esta historia absurda, de dónde me la saco? No lo sé. Bueno sí, experiencia-personal-e-intransferible. Hay gente que dice que siempre hay un porqué, y puede que sea verdad, aunque no siempre sea visible. A veces hay un terremoto, y muere gente, así de repente. Otras veces se cae un vaso que estaba a salvo de toda catástrofe, y se rompe, así de repente. Otras veces se caen Otras Cosas en condiciones que normalmente no se habían caído, así de repente. Y hoy he "aprendido" que la culpa de que estas cosas "así de repente" ocurran es de la última persona que tocó el objeto víctima.
Lo de aprender (de ahí las comillas) era una forma de hablar. No creo que la culpa de un terremoto sea del niño que aprendió a andar (y por tanto pisó la tierra el último) unos milisegundos antes de que ocurriera el terremoto, y por tanto alteró el equilibrio de la tierra y la hizo tambalear (ejemplo metafórico absurdo, lo sé, pero fue el primero que mi subconsciente airado elaboró y lo tenía que poner). Creo que muchas veces la culpa no es de Uno. Unas veces sí, evidentemente- o no tanto. Otras una serie de acontecimientos e entrecruzan y entremezclan de forma retorcida y provocan acontecimientos inauditos e inesperados ante los que nadie encuentra explicación. Hay un porqué, sí, en realidad muchos porqués, pero son demasiado intrincados para desenredarlos y descubrirlos a todos. También puede que haya culpables, muchos culpables, culpables que tal vez se remonten a años de antigüedad. Culpables de todas las naturalezas. Por eso no siempre se puede echar la culpa a El Otro.

1 comentario:

  1. Sí, eso es como un efecto mariposa, que va encadenando sucesos.

    Me gusta tu entrada :)

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