jueves, 2 de julio de 2009

El viento... un ser melancólico... el murmullo...

El viento, grácil esencia que se desliza entre las grietas del mundo... él puede volar, tan lejos como desee.


Un ser melancólico asomado al abismo, a las fauces de un paisaje, puede sentir su abrazo si presta atención.

Hace murmurar a los árboles y provoca los estremecimientos que recorren las verdes y húmedas briznas del prado.

Las rocas y el agua adquieren formas insólitas cuando él las toca.
Se atreve a penetrar cualquier barrera; siempre encuentra el resquicio apropiado.

Pero también se pone triste, y se desgarra en aullidos profundos.


El viento se desliza, vuela, salta, se agazapa, gira, da una voltereta, acaricia, corre veloz, mueve una rama, besa una flor, se lanza al abismo, sube, empuja una nube, baja, se balancea, flota, hace y deshace... en interminable vaivén. El viento, como la propia existencia, es impredecible y cambia constantemente.

Tal vez pudiera uno adaptarse mejor a la vida siguiendo su ejemplo.

2 comentarios:

  1. HOla de nuevo!!
    ME gustan mucho tus reflexiones, pero ésta especialmente.
    Las palabras qeu has usado tienen una fuerza increible, y nunca había concebido al viento de esa forma.
    Me encantaaaaaaa *O*

    ResponderEliminar